#Aristegui: entre el vendaval autoritario y el Jauja de la liberad de expresión

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (22 de marzo de 2015)

Carmen Aristegui, por segunda ocasión, concluyó sus transmisiones radiofónicas a través de los micrófonos de MVS Noticias en medio de un escándalo público. El caso es controvertido y polémico, especialmente porque no queda totalmente claro por qué MVS Noticias decidió presionar para que la periodista dejara su espacio luego de que ella y su equipo utilizaran la imagen institucional de la empresa para participar en una alianza con la iniciativa Mexicoleaks. Como ya lo he escrito en otra parte, públicamente no existe la suficiente información para hacer un juicio final sobre el asunto. Me parece evidente que el uso indebido de la marca, que fue la justificación de MVS para crear una campaña pública inaudita en contra de Aristegui, para despedir y acusar de pérdida de confianza a dos de los reporteros del equipo de esta periodista, y para cambiar la línea y dinámica editorial de sus espacios informativos de forma unilateral, es algo desproporcionado y carente de lógica. Por otro lado, resulta ingenuo pensar que Aristegui y su equipo no hayan dimensionado que el uso de la marca de MVS les traería problemas. Lo que es inobjetable es el resultado: el caso devino en el desmembramiento de un equipo de periodistas que hizo una de las piezas de mayores repercusiones políticas en la historia del periodismo contemporáneo en México. Quien decida ignorar este resultado, está cometiendo un grave error analítico.

Entre muchas otras perspectivas, las cuales valdrá la pena analizar en el futuro, esta coyuntura revela una disputa por el control de la memoria colectiva. En días recientes hemos visto cómo el pasado está sirviendo para interpretar y dar sentido al presente. Carmen Aristegui, tanto en su último programa en MVS, como en la rueda de prensa que ofreció el jueves 19 de marzo, utilizó el pasado para enmarcar su discurso. La periodista habló de un “vendaval autoritario” y de una vuelta a los tiempos del presidente Echeverría. Estos marcos discursivos fueron reproducidos y ampliados por distintos reporteros y medios de comunicación que simpatizan con Aristegui. Muchos recordaron el golpe al Excélsior y sugirieron que Aristegui debería imitar lo que en su momento hizo Julio Scherer junto con otros periodistas: fundar un nuevo medio de comunicación, como fue el caso del semanario Proceso. También ha sido común que el caso de Aristegui se entienda como una continuidad o resurrección del autoritarismo mexicano.

Al discurso del “vendaval autoritario” se han opuesto muchas voces. Distintos comentaristas han señalado que es un error igualar lo que actualmente está ocurriendo en México, con el orden de cosas de hace cuarenta años. México vive en una democracia, incipiente, pero democracia al fin, argumentan. En los tiempos que corren hay libertad de expresión y muchos comunicadores aseguran que pueden criticar a quien sea sin el riesgo de ser censurados. Prueba de ello, por ejemplo, es que Aristegui pudo hacer público el reportaje de la Casa Blanca. En tiempos del autoritarismo mexicano bastaba una llamada del Secretario de Gobernación para que un reportaje no viera la luz pública. En el periodo autoritario los periodistas críticos fueron anulados y excluidos de los medios de comunicación. En cambio, la periodista de marras tiene la posibilidad de mantener el sitio Aristegui Noticias, un programa de televisión en la cadena transnacional CNN y una columna de opinión en el periódico Reforma. Además, quien así lo desee, puede discutir públicamente este tema sin temor de tener represalias a su libertad de expresión. La conclusión, entonces, es que todo este drama se trató de un asunto entre una empleada y un patrón que no supieron ponerse de acuerdo.

Ambas posturas parten de una idea común: México vivió un periodo autoritario en el que la libertad de expresión fue un derecho altamente vulnerado. Aunque todavía hace falta un gran trabajo de investigación al respecto (el cual se verá truncado por la reciente decisión de impedir el acceso a los archivos sobre la guerra sucia), pocos niegan un pasado en el que el régimen priísta creó distintas estructuras y prácticas para controlar la libertad de expresión de los periodistas y ciudadanos en general. Sin embargo, aquí acaban las coincidencias. Quienes hablan del “vendaval autoritario” y de la regresión de las manecillas del reloj a la década de los setenta, buscan igualar el pasado con el presente, cuando claramente no es el caso. El sistema de medios es distinto, especialmente porque hay más medios de comunicación que producen información noticiosa. Las audiencias ya no son masivas y han tendido a fragmentarse. Y la opinión pública internacional genera grandes presiones cuando un gobierno atropella la libertad de expresión de sus ciudadanos.

Por otro lado, quienes argumentan que vivimos en el Jauja de la libertad de expresión, olvidan mencionar muchas cosas. Por ejemplo, que en la última década los medios de comunicación han estado sumidos en una profunda crisis económica que los ha llevado a despedir a sus periodistas más experimentados y a depender, cada vez más, de los ingresos que los gobiernos pagan por anunciarse. Olvidan decir que, en medio de la crisis de seguridad, periodistas han sido asesinados, desaparecidos y amedrentados por el crimen organizado y por distintos gobiernos mexicanos. También olvidan mencionar que la autocensura actúa en aquellos periodistas que dicen nunca haber sido censurados (¿Cómo van a ser censurados si no se atreven a decir aquello que al poder incomoda?)

El caso MVS-Aristegui hizo evidentes, en tan solo una semana, muchos de los rasgos más negativos de la vida política y del sistema de comunicación en México. Son los rasgos de un sistema político en el que no ha podido proliferar un sistema de comunicación que constantemente produzca información crítica sobre el mundo político. La polarización discursiva en la lucha por el control de la memoria colectiva no será una vía para tener un sistema de comunicación crítico y democrático. El discurso del vendaval autoritario puede llevar a la caudillización del caso y el discurso del Jauja de la libertad de expresión a construir la imagen de un país inexistente.

La caudillización del caso, altamente probable en sistemas políticos y culturales como el mexicano, resulta indeseable porque lo importante no es la figura de Aristegui atada a la memoria de los padres fundadores del periodismo crítico en México, un periodismo que pocos, por cierto, han analizado concienzudamente. Lo importante, en todo caso, es que esta coyuntura desemboque en transformaciones radicales del sistema de comunicación en México, transformaciones que reviertan la escasez de información crítica, el excesivo poder de los capitales privados en los sistemas de comunicación contemporáneos o las pésimas condiciones labores y de seguridad de los periodistas.

Este artículo fue publicado el 22 de marzo de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

 

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Mario Vázquez Raña, ¿el Ciudadano Kane mexicano?

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (22 de febrero de 2015)

A diferencia de otros empresarios como “El Tigre” Azcárraga, Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego, Mario Vázquez Raña tuvo una vida pública gris y poco sobresaliente, mucho más activa como dirigente deportivo internacional, que como el dueño de una de las cadenas de periódicos más grandes del mundo. Aunque ejerció un gran protagonismo en la información que se publicaba día a día en sus periódicos, que en las últimas décadas pocas personas leían, su influencia en otros medios de comunicación fue escaza en comparación con otros de los barones de la comunicación en México. Sin embargo, en la historia empresarial de Mario Vázquez Raña hay rasgos y coyunturas similares a las de sus coetáneos. En particular, en la historia de los cuatro empresarios aludidos hay un “momento de fortuna” (coyuntura), a partir del cual su poder económico creció desorbitadamente: en 1960 la dinastía Azcárraga aseguró su futuro cuando el Congreso mexicano publicó una ley a modo de Televisa y en la primera mitad de los noventa el Gobierno Federal vendió, a un módico precio, las paraestatales Telmex e Imevisión, con lo cual favoreció a Slim y a Salinas Pliego. De la misma forma, en la década de los setenta, Echeverría hizo algunos regalos a Vázquez Raña, quien desde entonces se convirtió en un incondicional escudero de los gobiernos priístas.

El padre de Mario Vázquez Raña nació en España, en un pueblo llamado Avión y llegó a México en 1918. Primero trabajó en Chihuahua como minero y después echó a andar una tienda de muebles. En 1932 nació Mario Vázquez Raña, y según narraran distintos artículos en Internet, desde muy joven comenzó a trabajar en el negocio de su padre. En este punto, por ejemplo, esta historia es muy similar a la de Carlos Slim, cuyos padres llegaron del extranjero a México a principios el siglo XX y que, luego de décadas de trabajo, lograron prosperar a través de distintos negocios dedicados al comercio, especialmente de mercerías. Al igual que Slim, Mario Vázquez Raña estudió en la UNAM y durante las primeras décadas de su vida profesional se dedicó completamente al negocio familiar, una tienda que terminaría siendo famosa a nivel nacional. Las mueblerías “Hermanos Vázquez” se instalaron en distintas ciudades de México e inundaron de comerciales los canales de Televisa.

En la década de los setenta, con un capital económico importante, Mario Vázquez Raña comenzó a acercarse a los espacios de poder político, especialmente a los círculos de Luis Echeverría, quien fuera presidente en México de 1970 a 1976. Hacia el final de su gobierno, Echeverría nombró a Vázquez Raña como presidente del Comité Olímpico Mexicano (1974) y director general del Instituto Nacional del Deporte (1975). Un año más tarde, el entonces presidente le hizo un último regalito. En una operación que hasta ahora no ha sido completamente explicada, el Gobierno federal compró la cadena de periódicos del general García Valseca y luego, sin licitación de por medio, vendió esta empresa periodística a Mario Vázquez Raña por una cantidad hasta ahora desconocida. Esta operación, que marcó la vida empresarial de Vázquez Raña, tiene rasgos muy similares a la venta que el Gobierno federal hizo de Telmex y de Imevisión, operaciones que también marcaron significativamente el desarrollo económico y político de empresarios como Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego.

Como decía, las razones de estos regalos todavía son oscuras. Dos posibles explicaciones, que no son mútuamente excluyentes, pueden encontrarse en los últimos cables revelados por Wikileaks, donde funcionarios estadounidenses señalan que Vázquez Raña fue un actor que sirvió como vehículo comunicativo entre el presidente Echeverría y el régimen cubano de Fidel Castro. Esto hace sentido, pues Vázquez Raña presumía públicamente de tener una amistad con Castro. Estos mismos cables de Wikileaks sugieren que Echeverría le entregó a Vázquez Raña el conjunto de periódicos, con el fin de tener medios de comunicación a su servicio una vez que su presidencia llegara a su fin, tal como Miguel Alemán lo hiciera con Televisa. Lo cierto es que, en una entrevista publicada en 1983 en el periódico español El País, Vázquez Raña declaró que fue “por casualidad” que se convirtió en el dueño de una cadena de 33 periódicos, pues él lo que quería comprar “frigoríficos”.

Estas coyunturas políticas, o regalos presidenciales, tuvieron una gran influencia en la segunda etapa de desarrollo profesional de Mario Vázquez Raña. De ser un comerciante adinerado, pasó a ser un actor con gran ascendencia en la política deportiva nacional e internacional y a poseer un emporio periodístico que en sus mejores momentos estuvo compuesto por setenta periódicos, así como estaciones de radio, canales de televisión, productoras e importadoras de papel periódico, entre otras empresas más. Desde 1976, hasta el día de su muerte, el 8 de febrero de 2015, Mario Vázquez Raña y sus medios de comunicación estuvieron al servicio del poder político, especialmente de los gobiernos priístas, aunque el empresario en diversas entrevistas se definió, eufemísticamente, como “gobiernista”, es decir, un editor al servicio de los gobiernos en turno.

Un ejemplo claro del periodismo oficialista que los diarios de la Organización Editorial Mexicana (OEM) han practicado, ocurrió en el contexto de las campañas presidenciales en 2012. En mayo de aquel año Enrique Peña Nieto, como candidato a la presidencia, ofreció una conferencia en la Universidad Iberoamericana. Al final de la conferencia, los estudiantes de la universidad adoptaron un tono crítico en contra del político y luego de gritos y rechiflas, lo corrieron de la universidad. Horas más tarde, el entonces presidente del PRI minimizó las críticas, pues según él habían sido realizadas por un “puñado de alumnos”. Mientras que este episodio fue un duro golpe para la campaña política de Peña Nieto y marcó el inicio del movimiento #YoSoy132, los periódicos de la OEM publicaron notas y fotografías que defendían al candidato príista. Por ejemplo, El Sol de Morelia publicó en primera plana: “Éxito de Peña Nieto tras intento orquestado de boicot”.

La Prensa

La Prensa

Como empresario, Mario Vázquez Raña fue exitoso, pues logró confeccionar productos de consumo masivo, como Esto, un tabloide dedicado al mundo deportivo o La Prensa, una publicación de nota roja. Estos dos periódicos venden muchos más ejemplares que cualquiera de los periódicos generalistas y “nacionales” que se editan en la Ciudad de México. Los periódicos generalistas de la OEM, como Los Soles, o El Occidental en Guadalajara, desde hace años que han tenido una baja circulación y no se han caracterizado por hacer un periodismo crítico o innovador que influya en la agenda nacional. Por el contrario, son periódicos oficialistas, que sirven para defender a los gobiernos en turno, que publican información de las oficinas de prensa, que dan espacio a articulistas poco críticos y que maman millones de pesos al año por concepto de publicidad oficial. Además, muchos de estos periódicos sirvieron como un escaparate para Vázquez Raña, un megalómano que gustaba publicar noticias sobre sus logros en la política deportiva, o sus “diálogos con la historia”, una serie de entrevistas con más de “500 jefes de estado”. Al día siguiente de su muerte, todos sus periódicos publicaron exactamente la misma portada.

Portada de El Occidental. 9 de febrero de 2015.

Portada de El Occidental. 9 de febrero de 2015.

En no pocas ocasiones se ha dicho que Mario Vázquez Raña es (o fue) el “Ciudadano Kane” mexicano. En Citizen Kane, Orson Welles retrató a Randolph Hearst, el dueño de una cadena nacional de periódicos, quien se jactaba de “dictar la opinión pública” en Estados Unidos y de crear noticias falsas. El Ciudadano Kane llegó a ser congresista y desafió abiertamente al poder político. En contraparte, Mario Vázquez Raña terminó siendo un empresario bastante conservador y decidió seguir la fórmula que tanto éxito le dio para reproducir su fortuna y poder: la subordinación. A diferencia de los Azcárraga, los Pliego y los Slim, que han visto que el viejo régimen priísta y revolucionario ya no existe más, Vázquez Raña murió como un soldado del régimen, un soldado que decidió seguir dando batallas en el siglo XXI con estructuras mentales del siglo XX.

¿Que será del emporio periodístico de Mario Vázquez Raña, que al paso de los años se hizo viejo y anacrónico? Hasta ahora es una incógnita.

Este artículo fue publicado el 22 de febrero de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Nuevas epistemologías en la sociedad red: de la medición del ser al estar siendo

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (8 de febrero de 2015)

Portada del libro Teeteto

Portada del libro Teeteto

Platón escribió una obra vasta, compleja, y que contiene una inagotable fuente de preguntas filosóficas. En los textos de Platón, que están escritos en forma de diálogo, el protagonista es Sócrates, un personaje que viaja por el mundo griego y a su paso, encuentra a distintos filósofos, políticos, ciudadanos o esclavos, con quienes conversa sobre distintos temas. En uno de esos diálogos, Sócrates se encuentra con Teeteto, un joven estudiante quien años más tarde se convertiría en un famoso matemático y con quien tiene una conversación para investigar y definir qué es el conocimiento. En uno de los pasajes de este diálogo, Sócrates le explica a Teeteto que todas las cosas a nuestro alrededor están en movimiento, aun a pesar de que muchas de ellas parezcan inmóviles ante el ojo humano. Una planta puede aparentar inmovilidad, pero sabemos que en su interior una serie de células están en constante movimiento. Si este principio es cierto, dice Sócrates, ninguna cosa es una cosa, sino que esa cosa está siendo tal cosa. Esta idea representa un gran reto para saber qué es el conocimiento y cómo definirlo. Los seres humanos, a través de la percepción y de métodos como el que ofrece la ciencia, podemos conocer partes y momentos de esas cosas que están en constante movimiento. Sin embargo, parece que algo está cambiando, pues diversos desarrollos tecnológicos han permitido, cada vez más, que conozcamos cómo están siendo las cosas.

Hasta hace poco, la mayoría de las cosas eran medidas en una sola ocasión, pues resultaba muy difícil, costoso, o en algunos casos imposible, medirlas todo el tiempo y observar sus pequeños cambios y evoluciones. La tecnología, especialmente en el campo informativo, está permitiendo que podamos tener medidas constantes del mundo y de todos su objetos. Actualmente, en teoría, la mayor parte de las cosas a nuestro alrededor son susceptibles de ser representadas a través de información y esa información es susceptible de ser recolectada y analizada. Al respecto, hay varios ejemplos que ilustran estos cambios. Por ejemplo, en septiembre de 2014 un laboratorio médico lanzó al mercado un nuevo dispositivo electrónico para medir los niveles de glucosa de las personas que viven con diabetes. Este dispositivo se inserta dentro de la piel del paciente y puede permanecer ahí durante catorce días consecutivos. La ventaja que ofrece este producto es que las personas con diabetes pueden prescindir de estarse pinchando el dedo varias veces al día para medir sus niveles de glucosa, pues el dispositivo ofrece al paciente información sobre su cuerpo, a cualquier hora y en cualquier lugar. Además, el dispositivo puede enviar estas mediciones a las computadoras y teléfonos del paciente y sus médicos.

En el terreno deportivo, desde hace un par de años que se pueden encontrar en el mercado una serie de pulseras que miden las frecuencias vitales del cuerpo humano. Estas pulseras o chips que deben ir pegados al cuerpo, pueden monitorear durante las 24 horas del día y los 365 días del año, la respiración y el ritmo cardiaco de una persona. También, entre otras cosas, pueden contar el número de pasos que un individuo da durante o un día o la velocidad que adquiere mientras corre en un parque. Quienes usan estas pulseras pueden tener información, en tiempo real, de cómo es que su cuerpo se está comportando. Además pueden acceder a estadísticas para conocer cómo es que esta información se agrega y distribuye durante tiempos más largos. En el pasado, en una cita médica los doctores o enfermeras nos tomaban la presión, medían nuestra estatura y nos subían a una báscula para calcular nuestro peso. Sabíamos quiénes éramos en ese momento y cómo era nuestra salud en ese momento. Ahora, estas pulseras y otros desarrollos tecnológicos permitirán que podamos saber en tiempo real quiénes estamos siendo y en qué momento ganamos o perdemos peso, o el momento en el que nuestros órganos comienzan a deteriorarse.

El efecto de toda esta nueva forma de medir o interpretar la realidad, también se puede observar en el campo periodístico. En las salas de redacción de los medios informativos más avanzados, constantemente están llegando mediciones del estado del tiempo, del tráfico urbano, del uso de redes sociales, de los movimientos en los mercados bursátiles, del desarrollo de eventos deportivos, entre otras cosas más. Esto ha permitido que muchos medios de comunicación puedan ofrecer a sus lectores, radioescuchas o televidentes, información que se produce al mismo tiempo que un acontecimiento está en desarrollo.

Platón escribió el diálogo de Teeteto en el año 369 antes de Cristo. 2384 años después, comenzamos a vislumbrar una nueva forma de comprender y entender la realidad, que seguramente traerá cambios gigantescos para las personas que habitamos este planeta. En teoría, el futuro puede deparar un mundo en el que todas las cosas sean susceptibles tener sistemas informativos que permanente estén describiendo y analizando su constitución y cambios físicos. Esto supondría que podríamos comprender el mundo como un ser vivo gigantesco, en el que desde sus partículas más pequeñas, hasta sus organismos más complejos, están en constante movimiento. Por ejemplo, los médicos podrían obtener información, en tiempo real, de la salud de todas aquellas personas que pudieran estar conectadas a una red informativa. La forma de conocer y desarrollar la medicina sería diferente, pues en lugar de ver a un paciente, los médicos podrían observar a una red de personas que comparten los mismos síntomas y con ello comenzar a entender los padecimientos físicos desde otras perspectivas. Los periodistas que en el futuro armen un reportaje sobre la salud púbica de una ciudad o un país, ya no tendrían que recurrir a estadísticas hechas a través de encuestas o de modelos estadísticos, pues podrían conocer, exactamente, cuántas personas están enfermas de tal o cual padecimiento, en tal o cual día del año. Los sociólogos, por otro lado, podrían tener datos sobre el número de horas que las personas hablan al día, el tiempo que pasan viendo la televisión, o interactuando a través de redes sociales. Por supuesto, estas nuevas rutas epistemológicas también conllevan a un lado oscuro y que en muchas casos ya estamos experimentando. El nuevo conocimiento difícilmente será para todos y los agentes e instituciones más poderosas buscarán controlar esta información. La policía podría saber, o ya sabe, en dónde estás, a qué hora, y con quién. Los políticos y publicistas podrían conocer qué piensas, por quién votas, y qué decisiones tomas en tu vida cotidiana.

Al final de su diálogo, Teeteto y Platón concluyen que su búsqueda ha sido infructuosa, pues no lograron definir a ciencia cierta qué es el conocimiento. Más de dos mil años después, seguimos buscando respuestas a esta pregunta del campo epistemológico. Lo cierto es que, en tiempos de la sociedad red, estamos en un momento de grandes transformaciones en el conocimiento humano.

Este artículo fue publicado el 9 de febrero de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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