El “Jefe” Diego y el carácter público de la información

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

El secuestro o desaparición de Diego Fernández de Cevallos es uno de los temas más importantes de la agenda pública mexicana. A él se agrega el famoso y banal caso Paulette, la visita de Estado que el presidente Calderón hizo a Estados Unidos o el inagotable ítem de la lucha contra el narcotráfico. El caso del “Jefe” Diego es relevante por diversas razones, muchas de ellas diluidas por las contradicciones informativas a las que el caso se ha visto sometido. Es importante porque este político fue un candidato a la presidencia de la República en los años noventa, por haber sido un Senador con gran poder y por tener uno de los despachos jurídicos más prestigiosos, y polémicos, del país. Además, podríamos mencionar que gracias a la influencia de Fernández de Cevallos, Fernando Gómez Mont y Alfredo Chávez Chávez ocupan importantes puestos del gobierno federal. Me parece que estas evidencias son suficientes para demostrar que el caso de la desaparición de este político panista, tiene una gran relevancia pública.

Este tema ha sido objeto de diversos debates y uno de ellos tiene que ver, una vez más, sobre el tratamiento que los medios de comunicación le han dado. La polémica aumentó cuando Grupo Televisa, en voz del periodista Joaquín López Dóriga, comunicó a su auditorio que dejaría de abordar el tema del secuestro por una petición directa de la familia Fernández de Cevallos.

Esta decisión, evidentemente generó grandes controversias. Hubo quienes, como Carmen Aristegui, denominaron a este mensaje bajo el mote de “autocensura”, otros, como Javier Solórzano se manifestaron abiertamente en desacuerdo con esta decisión, pues atenta contra la libertad de información de los mexicanos; otros, más cautelosos, como Raúl Trejo Delarbre, señalaron que es mejor callar cuando no hay información, a realizar un trabajo periodístico de poca calidad. En otra esquina, también se ventilaron las reacciones de periodistas que trabajan en Televisa, como Carlos Loret de Mola, quien en su columna del 19 de mayo publicada en El Universal, intentó explicar las razones que subyacen a esta decisión tan polémica; horas más tarde, Marco Levario Tourcott, director de la revista etcétera escribió una lánguida réplica al conductor de “Primero Noticias”.

El debate que generó la decisión de Televisa de eliminar de su agenda informativa el caso del “Jefe” Diego es de vital importancia. Coincido en el tema de la autocensura, sobre todo en el contexto político y social en el que vivimos gracias a la “guerra contra el narcotráfico”: el caso de Diego Fernández coloca a la estabilidad del país en un hilo y la idea de callar y de no pronunciarse sobre él, es tanto como tapar el sol con un dedo. También coincido con la idea de que esta decisión atenta contra el derecho a la información de millones de mexicanos que (se) consumen (en) este telediario. Sin embargo también estoy de acuerdo con Raúl Trejo: es sensato callar cuando no hay información, de lo contrario estaremos ante programas televisivos que durante una hora repiten y reciclan las mismas informaciones e imágenes y dan pie para que ese vacío informativo se inunde de trascendidos y especulaciones. Es más, incluso estoy de acuerdo con Loret de Mola cuando dice que: “Lo diferente ahora, en todo caso, es que por tratarse del secuestro de más alto impacto en el último siglo, se informa públicamente de una decisión editorial, lo cual abona en la transparencia de la relación entre un medio y su audiencia”. Aplaudo la idea de transparentar sus decisiones editoriales, no obstante, el gran tema es que es la primera vez que llevan a cabo este proceso. (Por ejemplo: ¿quién explica por qué Televisa privilegió promocionar y transmitir el último partido de América –Chivas, a informar sobre los daños que causaron los terremotos en el norte del país?).

Sin embargo, el tema, me parece, tiene que llegar a otro terreno de discusión. Estamos tan acostumbrados a nuestro sistema mediático, que pareciera que vamos andando como los caballos que tiran de las calandrias y que llevan sus ojos parcialmente cubiertos. La decisión de Televisa de clausurar la posibilidad de informar sobre el caso de Diego Fernández de Cevallos es una evidencia de que el concepto de comunicación pública está completamente diluido en el trabajo de los medios de comunicación. Para el caso, me gustaría citar un artículo de un filósofo español y estudioso de la comunicación, Manuel Martín Serrano, titulado “La comunicación pública y la supervivencia”. En su texto, Martín Serrano puntualiza que: “La comunicación pública proporciona información de intereses compartidos de una comunidad y que en buena medida está destinada a la perpetuación de la comunidad”. En otras palabras nos dice que a través de la comunicación pública, en las sociedades tradicionales y modernas, nos informamos sobre cuestiones fundamentales para que la organización social siga su curso. El problema al que nos enfrentamos según Martín Serrano es que: “los Estados tienen a transferir al denominado ‘sector privado’ la gestión de muchas actividades de la reproducción social”, entre ellas, el manejo de la comunicación pública.

Las ideas anteriores no necesariamente implican que los Estados deban ejercer el monopolio de esta comunicación pública, pues sabemos, por diversas experiencias, que esto puede desembocar en un gran control autoritario. Sin embargo es urgente que se discuta la actuación de las empresas privadas que gestionan esta comunicación pública. Si esta discusión no se da en una sociedad, entonces seguiremos observando noticias que no tienen un interés público y sí comercial, como la cobertura del caso Paulette, y también las decisiones unilaterales de cancelar el flujo informativo de una noticia tan relevante como el secuestro de un político mexicano, en un contexto nacional de alta inestabilidad en temas de seguridad pública.

El fondo de esta discusión es entender quién toma la decisión de qué es lo que debe informarse en una sociedad que vive supuestamente en un contexto democrático. Si hemos decidido colectivamente que empresas privadas sean las reproductoras de la comunicación pública, debemos generar un diálogo social que nos lleve a encontrar los mecanismos para que sus decisiones informativas y editoriales se establezcan sí, en un marco comercial, pero siempre supeditadas al interés público. Estos cambios tomarán forma el día en que las audiencias asumamos nuestro derecho de exigir otro sistema de comunicación y mejores contenidos de los medios de comunicación.

 

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Democracia y comunicación, Derecho a la información, Discurso y poder, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Sistema de comunicación de México, Televisión, Televisoras de México

Una respuesta a “El “Jefe” Diego y el carácter público de la información

  1. Roberto Campos Roca

    RELOAD de mi última nota réplica, bajada por Trejo de este disque foro plural y democrático:
    (Y la volveré a poner hasta que le dejen publicada)
    ESTA ES MI NOTA:

    Por si algo faltara aobre el “Jefe Ciego” que tanto le puede a Mr. Trejo, aqui una buena y otra peor:

    LA PEOR (Para Trejo)
    Dice Ricardo Rocha:
    Diego: tiro de precisión II Ricardo Rocha

    A ver: yo jamás he deseado la muerte de nadie. Y sin el menor asomo de ironía espero de todo corazón que Diego Fernández de Cevallos aparezca vivo y bien. Y no se trata sólo de frases hechas —y a veces huecas— de los sentimientos humanitarios o moralinos. No. He visto y cronicado demasiada violencia en mi vida profesional y por ello estoy plenamente convencido de que los crímenes son siempre injustificables.
    Lo que sí he dicho —como muchos mexicanos— es que el recuento de los daños que Diego le ha hecho al país es muy grande. Hoy añado que esa es la razón fundamental por la que sus raptores han ejecutado un tiro de precisión al poder político en México: secuestran a un hombre no sólo polémico, sino odiado por muchos, lo que —aunque suene muy cruel— tiene un aire justiciero y hasta reivindicatorio; lo hacen en un momento de exactitud matemática, en vísperas de un viaje presidencial con lo que le quitan argumentos a Felipe Calderón y le restan credibilidad a su discurso sobre todo en Washington; la intencionalidad desestabilizadora también es evidente cuando faltan apenas seis semanas para el 4 de julio; además, se llevan a un personaje archiconocido pero en estos momentos sin protección oficial. Quien no quiera aceptar estas circunstancias se engaña a sí mismo.
    Está claro que hoy la pregunta es quién. O quiénes llevaron a cabo un operativo quirúrgico para levantar con tal rigor a un hombre tan poderoso y calculando que el secuestro se sepa largas ocho horas después. Dónde puede estar ahora. Qué han hecho con él. Por qué no se han comunicado con la familia. Por qué nadie ha reivindicado el hecho. Todas son preguntas sin destino.
    Por lo pronto, el deslinde del EPR es un signo importante. De no ser ellos, se puede descartar la hipótesis de cualquier otro grupo extremista. Y si me apuran también la de una banda común de secuestradores a menos que sean tan estúpidos de no anticipar el lío en que se metían. Tampoco parece el modus operandi de una venganza personal o pasional. Así que —ya lo dijo hasta Rodríguez Zapatero— todo apunta al crimen organizado. La pregunta aquí sería qué pretenden. Una respuesta al encarcelamiento fugaz de la ex esposa de El Chapo, parece desproporcionada. Un canje por la presunta captura de Nacho Coronel, no deja de ser un rumor. Ahora que si el recado es “para que vean quién manda” resulta lapidario.
    Lo único que por ahora está claro son los múltiples mensajes: las reglas del juego —si las hubo— están rotas; en este país hay mexicanos de primera —como Diego— que movilizan a todo el gabinete y mexicanos de segunda, de quinta o de milésima porque son miles los levantados que el gobierno ni ha volteado a ver; también en el panismo es normal que sus hombres y mujeres del poder se hagan inmensamente ricos y hasta respetados por ello; nada ha cambiado y el nuevo PAN es idéntico al viejo PRI; se trata de un disparo al corazón no sólo del gobierno sino de un panismo enfermo de gravedad, casi casi un tiro de gracia. Y de precisión también.

    La Buena (para Roca), dice Ciro Gómez:

    La foto de Diego sometido Ciro Gómez Leyva
    Las reacciones de sorpresa e ira llegaron cuando aún estaba al aire MILENIO Noticias de las diez de la noche del jueves pasado.
    La justificación periodística para transmitir la foto de Diego Fernández de Cevallos sometido, delgadísimo, con el torso desnudo y los ojos vendados, fue relativamente sencilla. La imagen, verosímil, circulaba con profusión en internet. Pensamos que no tardaría en aparecer en Youtube y que sería publicada en al menos dos diarios nacionales. Así ocurrió.
    Es una de las fotografías más impactantes en mucho tiempo. La familia de Diego aceptó que era él.
    La foto demostró, por si hiciera falta, que no se puede tapar el sol con un dedo. Lo que tenga que ser visto, dicho o leído, se verá, dirá y leerá. Por eso cuesta comprender la molestia de algunos funcionarios del gobierno. Es comprensible su estrategia de tratar de darle bajo perfil a la noticia del secuestro. Pero no pueden pedir a los periodistas que dejen de informar lo que otros, de cualquier manera, pondrán a dar vueltas.
    En las cartas de lunes y viernes, la familia de Diego no dice una palabra contra los medios. Su desconfianza apunta a las autoridades y procuradurías. Con razón o sin ella, les pide que no estorben, que no provoquen un desenlace trágico.
    Qué jodido debe ser para la autoridad que en un caso tan severo y noticioso, la familia de un ex candidato presidencial, ex senador, líder histórico e inspiración de procuradores, secretarios y ministros, opte por hacer a un lado a las instituciones del Estado mexicano.
    Ese es el drama institucional, estructural. No la foto. La foto no tiene la culpa.

    Y LA MEJOR, Digo Yo:

    No se apure Don Ciro y Don Trejo, que lo que ahora nos dice ya lo contradijo usted mismo en “Tercer Grado”, dejándose “guiar” por el manipulador de Bernardo Gómez.

    Por otro lado, el jefe “Ciego” no es primera vez que “hace a un lado las instituciones”. Toda su depredadora vida la ha pasado sobre estas, y su fortuna se debe a estar siempre por encima del estado de derecho.

    Aparte de que, el Sr. Feudal, ni siquiera se ha querido “casar por lo civil”, porque él no obedece leyes mundanas, y solo respeta la ley de Dios, tanto, que ya se ha casado hasta dos veces, por la gracia divina, imitando a su añorado Vicentico Fox, quien al lado de Doña Marta, hicieron “cera y pabilo” de su credo católico, viviendo primero en amasiato, estando casados, luego ayuntados en divorcio civil, y finalmente sobornando a Marcial Maciel para obtener el “perdón” del vaticano para anular su inexistente matrimonio religioso, aunque ahí le hayan llamado “retrasado mental”.

    Salud, provecho y adiós.

    Roberto Campos Roca

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s