Ficción y publicidad de la nueva revolución

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Estamos a unos días de que empiece el Mundial del futbol, y a unos cuantos meses para que haya sendos festejos por los doscientos y cien años de la Independencia y la Revolución en México. Habitamos un país del que se dice vive en guerra contra el narcotráfico, en el que secuestran a un connotado político y el Estado desiste de sus funciones para dejar la procuración y administración de justicia a particulares, en el que comienza a colarse el dinero del narcotráfico en las campañas electorales y en el que se desatan conflictos laborales de alta complejidad como los que se han vivido con el sindicato de Luz y Fuerza del Centro y ahora con los mineros en Cananea. En medio de toda esta vorágine, en más de una ocasión y que hemos documentado en este mismo espacio, el gobierno de este país ha insistido en que los mexicanos solamente vemos el lado negativo de la realidad y que al hablar mal de nuestra patria, le hacemos un gran daño a su imagen pública y entorpecemos el desarrollo y progreso. En especial, ha dicho el presidente Calderón, los medios de comunicación se han encargado de hablar mal de México.

Como una gran coincidencia del destino nacional, luego de los reclamos del presidenturno (Álvaro González dixit), las televisoras y algunos de sus aliados de la radio y la prensa, decidieron producir una gran campaña para esa reconciliación discursiva de la nación, que han denominado como “Iniciativa México” (www.iniciativamexico.org). Marco Levario, director de la revista Etcétera, asegura que esta iniciativa fue un acuerdo entre Televisa y el Gobierno Federal, sin embargo, no documenta sus afirmaciones. De cualquier forma, en términos conceptuales, ambos discursos, el del presidente y el de “Iniciativa México”, van por la misma vereda y seguramente quien esté leyendo este texto ya ha visto más de alguno de los espots que utilizaron para echar a andar esta campaña, en la que la pieza de oro se construye cuando aparece el director de la selección mexicana de futbol, el señor Javier Aguirre, persuadiendo a los mexicanos para pasar del “ya merito al sí se pudo” y declarando que está convencido de que “cada cien años México se propone a hacer algo que suena imposible: se lo propone y lo logra”. Al terminar las transmisiones de estos espots en cadena nacional, lejos quedan las declaraciones del “Vasco”, cuando en febrero de este año declaró a la cadena radiofónica “Ser”, en España, que México estaba “jodido” y que en cuanto terminara el Mundial regresaría a trabajar a Europa, por considerar a aquel continente un mejor sitio para vivir.

La “Iniciativa México”, según lo que se lee en su portal de Internet: “Es un proyecto nacional que busca rescatar al México dinámico y emprendedor así como reconocer y exaltar los esfuerzos de las personas que, con sus iniciativas, trabajan por el México que todos queremos. Iniciativa México pretende detonar, en el marco del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, una reflexión profunda sobre la responsabilidad de los mexicanos en el curso favorable de México. Iniciativa México es un llamado a la acción. Por eso, el corazón de este proyecto es una convocatoria dirigida a esas personas, instituciones y organizaciones que han comenzado a transformar el país, para que presenten sus proyectos de acción social o ecológica que ya están haciendo una diferencia positiva en su entorno. Las mejores iniciativas serán reconocidas y recibirán cursos de capacitación y profesionalización además de apoyos económicos para continuar su labor por México”.

Este proyecto fue lanzado al espacio público, tal como ocurre con una campaña publicitaria: de pronto, de la nada, comienzan a aparecer espots en la televisión, bastante provocativos, en los que una líder sindical, luego de dar un discurso enfebrecido, acuerda a las espaldas de sus agremiados, un trueque de sus votos por plazas en una institución pública; o un comercial en el que aparece un taxista que narra, no si una sonrisa de por medio, cómo fue que tuvo que sobornar a un burócrata para obtener sus permisos de transportista. Al final de todas estas piezas, aparece una pregunta en la pantalla que dice “¿Y tú que estás haciendo por México?”. Después de estas apariciones, el público se pregunta “¿qué será esto de Iniciativa México”? Y es entonces cuando llega la gran presentación, como la de ayer lunes, en la que las pantallas de México se unen para transmitir un evento solemne, en el que aparecen Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, sentados, hombro con hombro y arropados por empresarios de buena voluntad e intelectuales de gran calado, y claro, bajo la conducción de dos grandes periodistas como Carlos Loret de Mola y Sergio Sarmiento.

En esta presentación, Emilio Azcárraga, difundió un video en el que sus productores se esmeraron por encontrar imágenes impactantes y seleccionaron una música al estilo Dead Can Dance y un montaje típico de Ridley Soctt en Gladiator. El video va narrando los males de México y en pantalla aparece la palabra Corrupción y después una escena de un agente de tránsito que recibe dinero con tal de no levantar una infracción. (Y entonces uno recuerda que hasta el día de hoy Televisión Azteca y Televisa aún no han cubierto las multas que el Instituto Federal Electoral les impuso en los comicios pasados). Después, en la pantalla aparece la palabra Discordia y corren imágenes de legisladores mexicanos luchando entre sí y propinándose unas buenas trompadas. (Y entonces uno recuerda Laura en América, un programa en el que las familias mexicanas se agarran a golpes frente a las cámaras). El siguiente mensaje del video ya no es una palabra, sino una pregunta que reza: “¿Cuándo dejamos que nos secuestrara el miedo y la violencia?” y acto seguido aparece Alejandro Marti con la frase memorable de “si no pueden, reanuncien”. (Y entonces uno se acuerda de cómo Televisión Azteca, a través de un grupo de hombres armados y encapuchados, tomó la antena del Chiquihuite para sacar del aire al Canal 40 y apropiárselo sin que ningún poder, ni Ejecutivo ni Judicial, interviniera para impedirlo).

La transformación social y su relación con los medios de comunicación, insisto, no está en el mensaje que se pueda mandar, sino en el acceso a los medios mismos. Es ingenuo pensar que si contamos las buenas noticias en lugar de las malas y que si difundimos los proyectos buenos en lugar de los malos, esto vaya a devenir en una transformación social. La deconstrucción y el desmantelamiento de este orden de cosas tiene que darse en la discusión de quién tiene acceso a la televisión sin que su mensaje esté medido por los deseos de Azcárraga Jean o Salinas Pliego. La deconstrucción pasa por entender que la televisión también puede servir para educar, no nada más para entretener; pasa por tomar nota de que el discurso de las identidades nacionales es viejo y que poco aglutina socialmente.

Según mis propios recuerdos, la última vez que Televisa y TV Azteca se unieron por una causa social, fue cuando emprendieron su “Campaña por la paz” en el contexto de la peregrinación zapatista de Chiapas al Distrito Federal en el año 2001. En aquella ocasión las televisoras se encargaron de pacificar al país y de borrar de las pantallas a la caravana zapatista. El precio de esta campaña mediática fue alto y devino en el famoso “decretazo” de Vicente Fox, cuando eliminó la obligación que tenían los medios electrónicos de destinar el 12.5% de sus transmisiones a mensajes oficiales.

Al tiempo: esperemos que esta ola patriotera y publicitaria no termine por hacer más estragos al menguado tejido social mexicano. Que el famoso bicentenario y el Mundial no nos distraigan de las cosas importantes para México.

 

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Archivado bajo Cultura y comunicación, Democracia y comunicación, Discurso y poder, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Publicidad, Sistema de comunicación de México, Televisa, Televisión, Televisión Azteca, Televisoras de México

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