Periodismo deportivo y televisión: ecos del Mundial de Sudáfrica 2012

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Para cuando ustedes, querido auditorio, escuchen esta colaboración radiofónica, el Mundial de Sudáfrica ya habrá concluido. Y vale señalar que esta colaboración fue escrita el 2 de julio, horas después que Holanda le ganara 2 a 1 a la escuadra brasileña.

Hecha esta aclaración, entremos en materia. Luego de la dolorosa derrota de la selección mexicana de futbol en el Mundial, a quienes gustamos de este deporte no nos quedó de otra, más que disfrutarlo desde la lejanía de quien ya no se juega nada. Y para quienes no tenemos cable, tuvimos que someternos a los productos comunicativos que se generaron desde Televisa y Televisión Azteca.

El primer apunte que habría que señalar, es que una vez más, las transmisiones de todos los partidos no fueron gratuitas, pues más de alguno fue restringido a la televisión de paga a través de Sky. Por otro lado, las transmisiones de los partidos no fueron del todo malas, pues las televisoras mexicanas no pudieron comercializar estos espacios, como lo hacen, por ejemplo, durante el torneo local. Les aseguro que nadie extrañó las apariciones de MoviStar o Telcel después de cada gol; o la propaganda de Peña Nieto en las tribunas de un estadio; o las animaciones de un camión de cemento en el centro del engramado del estadio Azteca. Durante las transmisiones de los partidos del Mundial, bastó con bajarle el volumen al televisor, para alejar las molestias gramaticales del Perro Bermúdez, el nacionalismo de niño héroe de Javier Alarcón, o de los chacoteos de dos cuarentones que hacen bromas de púberes como Martinoli y Luis García.

Sin embargo, la barra nocturna de programas deportivos en Televisa y Televisión Azteca, fueron una pesadilla. Me preocupa observar que el periodismo deportivo en la televisión abierta mexicana no existe. Y más de alguno dirá que ahí nunca ha existido. La construcción noticiosa en la televisión se asemeja mucho a ciertas dinámicas que también ocurren en las redes sociales, pues son fragmentos informativos breves, con poco o nulo trabajo de investigación y basados en las declaraciones de personajes efímeramente importantes. Las tramas de estas noticias carecen de historias y de personajes, de atmósferas y matices, del trabajo de indagación y de la crónica deportiva. Dicho sea de paso, este fenómeno no es exclusivo de la televisión. En la prensa, por ejemplo, cada vez es más difícil encontrar una crónica futbolera bien escrita y que sea lo suficientemente atractiva para leerla. Lo que abunda, eso sí, en todos los medios, es la opinión, el intelectual convertido en estratega, el ciudadano hinchado por un nacionalismo vacuo, o el periodista deportivo que dedica sus labores cotidianas a la búsqueda de chismes y trascendidos, tal como ocurre en los programas de revista que dedican su tiempo a los espectáculos.

Por otro lado, el periodismo televisivo se degrada cuando vemos a hombres y mujeres “del mundo del espectáculo”, haciendo reportajes en Johannesburgo sobre la “vida cotidiana de los africanos”; en sus pesquisas periodísticas, y teñidas de un racismo nada oculto, constantemente se sorprendían de que “allá” también pueden leer periódicos o usar un automóvil. El periodismo deportivo se degrada cuando los medios de comunicación estigmatizan a África y la construyen a través de imágenes de hombres negros en taparrabos y que viven una aldea lejana, o cuando la única referencia que se puede dar del país anfitrión es Nelson Mandela. ¿Qué les parecería que un sudafricano viniera a cubrir el Mundial a México y en sus promocionales se vistiera de azteca y bailara como desquiciado una danza de la muerte?

Por otro lado, durante las transmisiones mundialistas, observamos que el área de comercialización de las televisoras decidió desprenderse de la peineta y borró los límites que los géneros televisivos habían trabajado durante años. En un formato tradicional de televisión, la publicidad y la información tienen claras líneas divisorias entre una y otra. Es decir, el espectador, sin tener un entrenamiento, fácilmente podía distinguir entre un comercial de automóviles y el inicio de un programa noticioso o de ficción. En las transmisiones actuales esas divisiones se desdibujaron. Ahora prácticamente todos los contenidos están comercializados, pues aún cuando los comentaristas están en pleno análisis, en la pantalla de televisión se pueden observar a varias marcas comerciales que aparecen incesantemente. Lo anterior tiene connotaciones serias pues este nuevo formato televisivo nos arrebata, como espectadores, a decidir si queremos ver los comerciales o no. Estas andanadas comerciales hicieron que por todos lados se pudieran escuchar los cantos del waka waka de personas que distraídamente imitaban a Shakira o a niños que tarareaban el jingle comercial de Coca Cola.

Durante muchos años se ha debatido la incorporación de las mujeres al mundo del futbol. Y ya llegaron, pero de qué manera. Es denigrante la mayor parte de las apariciones femeninas en estos programas deportivos. El requisito número uno para pertenecer a estos espacios televisivos es que tengan un cuerpo escultural; el segundo es que permitan que las cámaras las graben en tomas de cuerpo completo y que constantemente se detengan en sus senos y sus glúteos; y el tercero, es que por ningún motivo, hablen de cosas serias o sesudas en torno al futbol: pueden comentar que los futbolistas están guapos, pero no están invitadas a las mesas de debate y análisis; pueden hacer un reportaje sobre la comida exótica de un lugar, pero no se les preguntan sus pronósticos sobre ciertos partidos. Imaginen, queridos radioescuchas, el mundo al revés. Imaginen a Ricardo Peláez vestido con pantalones cortos y una camiseta pega al pecho, imagínenlo hablando de los novios de las futbolistas, y por favor, imaginen la cámara de televisión que constantemente se detiene cerca de su cintura, ahí, justo donde las arañas hacen su nido.

En México tenemos una gran deuda con la tutela de los derechos de la audiencia. Televisa y Televisión Azteca sí son empresas privadas, pero no por eso tienen carta abierta, para que impunemente, elaboren producciones tan mezquinas. Aboguemos por una televisión que sí haga periodismo deportivo, que no nos involucre en falsas campañas nacionalistas que no tienen ningún tipo de asidero en lo real, que respete la diferenciación entre contenidos noticiosos y publicitarios, y que trate dignamente a las mujeres.

A manera de epílogo: ¿dónde quedó el México ganador que proponía Javier Aguirre? Esta historia debe ser un mensaje claro para el presidente de la República: las campañas publicitarias no cambian la realidad, ni aunque esté el futbol de por medio.

 

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Archivado bajo Cultura y comunicación, Futbol, Medios de comunicación masiva, Megaeventos deportivos, Monopolios y medios de comunicación, Publicidad, Sistema de comunicación de México, Televisa, Televisión, Televisoras de México

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