Tres noticias sobre el libro: presente y futuro

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

En las semanas pasadas encontré dos notas en las páginas electrónicas del diario El País que narran las transformaciones del mundo editorial, transformaciones violentas y para algunos, sorpresivas. Y estas notas se incorporan a las tensiones que generan, por un lado, los debates sobre las nuevas formas de comunicación en el siglo XXI, vistos desde una dimensión meramente tecnológica, y por otro, las implicaciones culturales de estas transformaciones, que ciertamente pasan por una dimensión tecnológica, pero que tienen impactos en la forma misma de pensar y construir las sociedades contemporáneas.

Desde hace años que comenzó un debate entre apocalípticos e integrados sobre la muerte del libro. Ahí viene el lobo, dijeron muchos. Otros, no le dieron importancia a los cambios y ni siquiera pensaron en el lobo. Unos más, observaron el debate como algo que en efecto estaba ocurriendo, pero que tendría consecuencias en un futuro desvinculado con el presente. En las postrimerías de la primera década del nuevo siglo, ya hay noticias concretas sobre los efectos que estos cambios tecnológicos traerán sobre el mundo del libro. Una de ellas es que Amazon, una de las primeras librerías que comenzó a operar a través de Internet y del comercio electrónico, anunció en julio pasado que las ventas de libros electrónicos aumentaron significativamente frente a la venta de libros de tapa dura. En un comunicado dirigido a la prensa detalló que Amazon lleva treinta y tres meses comerciando con libros electrónicos y que en los últimos tres meses, por cada cien libros de tapa dura vendidos, se han vendido 143 en formato electrónico. Sin embargo, la nota de El País tiene un matiz importante: las ventas de libros en papel han aumentado 22% con respecto al año pasado (“Amazon vende más libros que en tapa dura”. El País, 20/7/2010).

Otro caso importante es que Barnes & Noble, una de las librerías más importantes de Estados Unidos, está en graves aprietos financieros. En días recientes, los dueños de esta cadena comercial que tiene más de setecientos establecimientos a lo largo de aquel país, han anunciado su deseo de vender esta empresa familiar de la que se pueden rastrear sus orígenes en el siglo XIX. La razón es muy sencilla: el desarrollo del libro electrónico está disminuyendo la venta de libros de tapa dura. Y aunque Barnes & Noble ha intentado incursionar en el mundo del libro electrónico a través del dispositivo Nook, sus esfuerzos no han sido suficientes para recuperar las buenas cuentas de hace unos años. Hace una década esta cadena de librerías estaba valuada en 2,200 millones de dólares, hoy su valor es de tan sólo 700 millones (“El libro electrónico pone contra las cuerdas a Barnes & Noble”. El País, 5/8/2010).

En medio de estas dos historias hay otras, que no aparecen en El País, y de las que seguramente no están pendientes los grandes inversionistas del mundo del libro. Una de ellas es la Feria del Libro Independiente en Guadalajara. Durante doce días, el primer piso de la librería José Luís Martínez del Fondo de Cultura Económica acogió a más de cincuenta editoriales independientes de todo el país. En los estantes de esta exposición se pueden encontrar libros de sellos como Mantis Editores, Arlequín, Literaria, La Casa del Mago, La Zonámbula, Aldus, Almadía, Sexto Piso, Cal y Arena, Ficticia, Moho, Verdehalago o Trilce. Para quienes gusten de la literatura, recorrer estos estantes no tiene desperdicio. La mayor parte de las editoriales que ahí se exhiben han puesto un gran cuidado en su trabajo y se alejan ya, de las rudimentarias ediciones que antes se observaban en algunas de estos proyectos. Pero lo más importante es que sí es posible encontrar libros que no venden en Amazon, en Gandhi, o en Barnes & Noble. En los estantes de estas editoriales no hay libros de García Márquez o de Stieg Larsson que distraigan los bolsillos del lector, pues todos los textos son pocos conocidos y publicitados. Esto obliga a detenerse en los títulos, revisarlos a detalle y escoger entre una diversidad de trabajos de poesía, ensayo, novela o de diseño.

Los tres ejemplos anteriores constituyen referentes reales sobre lo que está ocurriendo en un sistema global de la industria de los libros y que está compuesto por múltiples niveles y dimensiones. Y estos referentes, en algunos casos, pueden llegar a ser contradictorios. Se venden más libros electrónicos que aquellos de tapa dura, pero éstos incrementaron sus ventas en los últimos meses con respecto a sí mismos. Además, observamos cotidianamente fenómenos comerciales en los que las grandes editoriales trasnacionales tienden a comprar a sellos de menor tamaño, pero al mismo tiempo aparecen nuevas editoriales independientes. Bibliodiversidad versus bibliohomogeneidad.

Con estas evidencias es difícil predecir qué pasará respecto del futuro del libro y me desmarco, por lo pronto, de opinar al respecto. También me desmarco de argumentar a favor o en contra del Ipad o del Kindle o de cualquier gadget para nuevas formas de lectura, pues apenas he utilizado estos nuevos dispositivos. Simplemente me gustaría señalar que las permanencias y mutaciones de este sistema, tienen, en su conjunto, implicaciones muy profundas en la memoria de nuestras sociedades. Lo que está en juego no es poco si recordamos que el libro, como tecnología, fue el primer medio de comunicación de reproducción masiva en las sociedades occidentales y que mucho tiempo después llegó la prensa, el cine, la radio y finalmente la televisión. Y el libro, tal como lo señala Thompson, detonó un proceso paulatino de rompimiento del tiempo y del espacio. De forma retórica, este autor responde a la pregunta de qué habría pensado la primera persona que tuvo entre sus manos un libro producto de un tiraje masivo. Y se responde que esa persona por primera vez en la historia supo que podría compartir la experiencia de la lectura con personas que dada su ubicación geográfica y temporal, nunca conocería. Quinientos años después, una revolución tecnológica que comenzó con el libro, permite que podamos estar interconectados a toda hora, y prácticamente en cualquier parte del planeta.

De cualquier forma, el libro, además de ser un objeto de culto y de almacenamiento de información, es el emblema cultural de una época. Seguramente en el futuro, no el de mañana o del de dos semanas o el de una década, encontraremos nuevas formas de construcción de conocimiento distintas a las que proporciona el libro. Algunos, tal vez precoces en sus vaticinios, aseguran que en el hipertexto está la respuesta. Estoy seguro de que en el presente, el de hoy, el de dos semanas o el de una década, al libro todavía le quedan muchas historias que contar en su madurez. El libro electrónico y los desprendimientos rizomáticos que pueda traer Internet y los hipertextos en nuestra cultura, es una historia de futuro que desde ya está revolucionando nuestra forma de pensar.

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Archivado bajo Economía política de la comunicación y la cultura, Industrias culturales, Libro, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Neoliberalismo

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