La ‘Licitación 21’: hacia la (re) consolidación del sistema de comunicación mexicano

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Hace cincuenta años, el sistema de medios de comunicación en México vivió una serie de coyunturas que institucionalizaron algunos de sus rasgos más negativos, como la falta de competencia en el sector de medios electrónicos o la escasa participación de la radio y la televisión en el juego democrático. La aprobación de la Ley Federal de Radio y Televisión durante los sesenta fue una de estas coyunturas y entre otras cosas permitió que una empresa acaparara el mercado de la televisión durante las siguientes décadas. El sistema de medios electrónicos es una pieza clave para entender el siglo XX mexicano desde sus distintas dimensiones y es un ejemplo de la cultura (política) que se generó durante el priato: un Estado autoritario que poco margen concedió a las voces críticas y una sociedad que por momentos fue incapaz de discutirse a sí misma en su desarrollo político.

A unos meses de conmemorarse el centenario de la Revolución mexicana y a diez años de una lánguida transición democrática, el sistema de medios de comunicación ha cambiado considerablemente. Ya no es una empresa sino dos, las que controlan el sector de la televisión; los debates políticos, en comparación con los de hace cinco décadas, son mucho más abiertos y plurales; y el Estado ha dejado de ser una amenaza mortal para el trabajo periodístico (aunque este último tema dista de ser un tema resuelto, para más información consultar los informes que al respecto han elaborado las organizaciones Artículo XIX y CENCOS). Estamos mejor, es evidente, pero México todavía está muy lejos de alcanzar una vida democrática a plenitud y un reflejo de ello es su sistema de medios.

Esta larga introducción la traigo a colación porque estamos ante una coyuntura similar a la que se vivió en el país durante el sexenio de López Mateos: es tiempo de discutir las estructuras institucionales de nuestro sistema de comunicación, pero ahora visto a la luz de la convergencia tecnológica. Esto significa pensar en cómo se van a poner en marcha los servicios de radio y televisión digital, o cuál va a ser el marco normativo para dar servicios de Internet y de televisión de paga, o a qué empresas se les va a conceder una concesión para utilizar frecuencias o redes de fibra óptica para ofrecer telefonía móvil. El problema es que las decisiones que se están tomando en este tema están adoptando características similares a las de hace cincuenta años: los debates son poco transparentes y no incluyen la pluralidad de voces a las que les importan el tema; el sistema de comunicación se le ve más como un negocio que como un componente fundamental para la vida pública y democrática de una sociedad; y paradójicamente, en esta visión mercantil, en lugar de privilegiar el libre mercado, se favorece a unas cuantas empresas privadas. Bajo este contexto, la COFETEL aprobó la Licitación 21, que no es otra cosa que la reproducción de un andamiaje institucional el cual permite que Televisa tome una gran ventaja en la disputa por el control del sistema de medios de comunicación ante la convergencia tecnológica, tal como ocurrió hace cincuenta años.

A grandes rasgos, la Licitación 21 fue un proceso irregular en el que la COFETEL le adjudicó a Televisa y a Nextel una amplia franja del espacio radioeléctrico para la implementación de servicios de telefonía celular a nivel nacional. Fue irregular porque estas empresas pagaron 180 millones de pesos por 30 MHz, cuando su costo real es 28 veces más alto; en otras palabras, el Estado dejó de percibir casi cinco mil millones de pesos. Fue irregular porque en el concurso de licitación sólo hubo uno participante y no se permitió la competencia de otras empresas.

La polémica que ha generado la “Licitación 21” es una de las coyunturas que terminarán por definir el futuro del sector de las Telecomunicaciones en México. Lo que está en juego no es solamente el negocio que unos cuantos puedan hacer con los servicios de telefonía, redes y televisión de paga, sino la construcción de un sistema de telecomunicaciones que abone a la vida democrática del país. ¿Estamos dispuestos los mexicanos a esperar otros cincuenta años, hasta el 2060, para modificar estos esquemas de poder?

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4 comentarios

Archivado bajo Democracia y comunicación, Derecho a la información, Economía política de la comunicación y la cultura, Lucha por las telecomunicaciones en México, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Neoliberalismo, Sistema de comunicación de México, Slim versus Azcárraga, Televisa versus Carso, Televisión

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