2011: hacia las nuevas posibilidades de la red (I de dos partes)

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

En memoria de Juan Pablo Rosell

El año que acaba de concluir fue muy distinto a su predecesor, pues 2009 estuvo marcado por una crisis económica y financiera que tuvo grandes impactos y que se pudieron observar en los diversos sistemas de comunicación del mundo. Aquél fue un año horribilis para la prensa escrita, pues muchos periódicos cerraron sus puertas, particularmente en Estados Unidos y no fueron pocas las redacciones que tuvieron que recortar su planta de reporteros o el número de páginas que normalmente aparecían en sus publicaciones. Visto desde una escala global, 2010, si bien no fue un año de recuperación de la salud financiera en el mundo de la comunicación, al menos sí presenciamos una estabilización: los gastos en publicidad no aumentaron pero tampoco continuaron con su estrepitosa caída, no hubo tantas desapariciones de medios de comunicación ni despidos masivos de reporteros. Al parecer, la reingeniería funcionó adecuadamente y los sistemas de comunicación pudieron adaptarse a sus nuevas circunstancias. Sin embargo, y esto lo trataré en otro momento, los grandes afectados con estos ajustes fuimos los consumidores, pues los recortes estabilizadores atentaron contra la calidad de los productos de estas industrias culturales.

En esta mirada global de los diversos sistemas mediáticos, las tensiones más importantes del 2010 estuvieron en las nuevas posibilidades de comunicación que las redes, paulatinamente, han seguido desarrollando. Por un lado se puede vislumbrar el gran negocio que supone la instalación y manejo de todas estas redes de comunicación, llámense satélites o tendidos de fibra óptica, pero también todas las empresas que ofrecen servicios como el triple o cuádruple play, o aquellas denominadas como “.com”. Frente a este mundo en ebullición, existe otro, un campo ignoto que está por develarse y que ofrece nuevas posibilidades de comunicación que traerán impactos en nuestra forma de concebir y conocer al mundo, pero también en ámbitos en el que se juega el poder político y económico.

De estos dos procesos en tensión, me temo, sabemos poco. Y esta falta de conocimiento o información, tiene muchas explicaciones. La primera es su novedad: estamos hablando de desarrollos que cambian día con día y para los que no existen regulaciones jurídicas, ni sociales ni culturales. Como humanidad apenas estamos entendiendo y explotando el concepto de red; poco a poco lo vamos apropiando y le vamos dando los usos que las necesidades y la creatividad diaria nos van dictando. Al igual que los inventores de la televisión nunca se propusieron crear una tecnología que marcara la cultura y la economía del siglo XX, quienes desarrollan los nuevos hardwares y softwares comunicacionales tampoco tienen una idea clara de qué impactos tendrán en la vida de las comunidades. Y con esto ligo a una segunda razón, todavía mas profunda, de nuestra falta de conocimiento al respecto, y tiene que ver con la sofisticada complejidad técnica que se requiere para comprender estos nuevos procesos y plataformas. Por ejemplo, a la mitad del siglo XX, con un poco de curiosidad y habilidad, el reportero de una diario bien podía conocer a detalle la forma en que un linotipista hacía su trabajo; hoy en día es mucho más difícil que un periodista conozca, al menos, la lógica de cómo se programa una computadora o el sitio de electrónico de un periódico. Sucede algo similar cuando se descompone un auto de fabricación reciente: el ciudadano promedio, al levantar el cofre, poco podrá hacer por verificar el desperfecto, pues ahora, para reparar un automóvil hacen falta computadoras y técnicos especializados que conozcan a detalle su funcionamiento.

Julian Assange

Julian Assange

Estas tensiones que marcaron el rumbo del año que acaba de concluir, se pueden ver encarnadas en los fenómenos de Facebook y Wikileaks, en las personas de Mark Zuckerberg y de Julian Assange. El primero es el genio que ha encontrado una forma de conectar al mundo y de generar un negocio que el año pasado facturó la friolera de dos mil millones de dólares. Y el segundo construyó a un personaje que, al igual que Neo en la saga cinematográfica de los hermanos Wachowsky, ha prometido generar un espacio de transparencia y libertad a través de las posibilidades que otorga un sistema de comunicación no lineal y construido en red. Estas dos organizaciones y estos dos personajes dieron mucho de qué hablar durante 2010. Zuckerberg fue elegido como hombre del año por la revista Time, fue el personaje central de una película de amplia distribución planetaria y en días recientes se ha especulado que Facebook podría salir, en 2011, a participar en la bolsa de valores. Assange reveló 250 mil documentos clasificados de la diplomacia norteamericana y puso en jaque a muchos políticos de la gran potencia mundial; además, en diciembre pasado anunció que pronto se filtrará una nueva revelación y que ahora las baterías estarán encaminadas a develar los turbios manejos financieros de algunos bancos estadounidenses. Vale decir que Assange, a diferencia de Zuckerberg, está en espera de un proceso judicial en el Reino Unido, de insondables consecuencias.

Estos dos casos son la punta del iceberg de la tensión que he señalado anteriormente. El resto, difícilmente se conoce a profundidad y poco a poco irá siendo develado, pero también construido. La tierra de las telecomunicaciones, de las redes, todavía dista mucho se ser conquistada completamente. Y en el proceso de colonización se desatará una intensa lucha por el poder, no exenta de desigualdades y de atentados directos a las reglas políticas y económicas, pero también será un terreno fértil para la creatividad, para el conocimiento y para el desarrollo de una cultura muy diferente a la que habitó el mundo durante el siglo pasado.

Según Media Channel, un Observatorio de Medios estadounidense “cada era económica ha tenido un recurso principal que genera riqueza. En la era de la agricultura, fue la tierra; en la era industrial, fue la energía; ahora, en la era de la información, el recurso es el espectro radioeléctrico”. En 2011 presenciaremos grandes batallas, a nivel global y nacional, por el control de las telecomunicaciones (recordemos el caso de la Licitación 21 en México); también observaremos un crecimiento, tal vez desmedido, de las empresas “.com” consagradas como redes sociales, tal es el caso de Facebook o Twitter; también tendremos nuevas noticias de las revelaciones de Wikileaks y compañía, y seguramente, como un virus, este tipo de iniciativas que buscan liberar a la información, se espaciarán exponencialmente. 2011 será un tiempo decisivo en el futuro de las telecomunicaciones del mundo.

La segunda parte de este artículo, se puede encontrar en el siguiente enlace: https://autorreferencial.wordpress.com/2011/01/31/2010-el-ano-de…de-tres-partes/

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Archivado bajo Facebook, Internet, Medios de comunicación masiva, Wikileaks

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