2010: el año de la seguridad pública y las telecomunicaciones (II de tres partes)

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

2010 fue un año aciago para México. Cien años después de una Revolución social que tuvo eco en los debates históricos del siglo XX, hay zonas del país en las que se vive una guerra civil de características muy difíciles de describir. Hace cien años, mientras México se lanzaba violentamente sobre sí mismo, el mundo vivió cambios sorprendentes con el desarrollo masivo del telégrafo y los ferrocarriles y dos décadas después con la aparición de la radio y de los medios audiovisuales. Hoy, México también vive momentos de alta tensión social y está envuelto en un contexto mundial en el que el desarrollo de las tecnologías de la comunicación está viviendo un punto de inflexión sorprendente.

Es común toparse con la idea de que la Revolución no terminó de cuajar en sus demandas económicas y sociales debido a que los caudillos mexicanos nunca se pusieron de acuerdo entre sí. Esta incapacidad para diálogo y el acuerdo acabó con la vida de Madero y llevó a que los generales del norte formularan un andamiaje autoritario y monolítico para organizar al nuevo país. Este empaque permaneció intacto durante cuarenta años y después comenzó el desarrollo de una larga, larguísima transición democrática que aún no se le ve fin. En este gran proceso, el Estado mexicano tuvo que construir una amplia red de comunicación para administrar a la población. Algunas de estas tareas las asumió como propias (carreteras, vías ferroviarias, servicio postal) y otras las delegó, discrecionalmente, a un puñado de familias que desarrollaron la industria de la radio y la televisión. El sistema de medios masivos de comunicación nació y creció bajo dinámicas de concentración y de autoritarismo que afectó significativamente la libertad de expresión y el desarrollo de las industrias culturales. Los resultados están a la vista y han sido ampliamente analizados.

Al igual que hace cien años, en 2010 el país vivió un momento importantísimo en su desarrollo histórico. Aunque habría muchos otros puntos a tratar, la seguridad pública y el desarrollo de los nuevos sistemas de comunicación fueron (y son) temas centrales. En el año que acaba de concluir la violencia generada por el crimen organizado y los debates públicos sobre cómo resolver este problema acapararon las agendas de los medios de comunicación. Las noticias de los periódicos y de los noticiarios en radio y televisión se concentraron en reportar estos asuntos y se desataron grandes polémicas en torno a la incapacidad del gobierno por ofrecer seguridad a los periodistas, a los límites y los alcances del trabajo periodístico en estas arenas (la entrevista que Julio Scherer le hizo al Mayo Zambada fue una papa caliente), a las adhesiones acríticas y lambisconas de las empresas de comunicación al proyecto del Gobierno Federal a través de programas como Iniciativa México, pero también del descuido periodístico de revistas como Proceso que en su afán de crítica a ultranza del discurso oficial, utilizaron métodos muy cuestionables para conseguir información; a esta lista de recuentos también habría que añadir las preocupantes campañas de intelectuales, que a través de una serie de estudios de orden tecnocrático, señalan que el país no va tan mal, y que más bien lo que nos hace falta, como país, son una serie de terapias para levantar nuestra maltrecha autoestima. Todo esto ha generado un clima de desconfianza, de crispación lo han llamado los españoles, en el que el diálogo como dinámica para el debate público es una práctica lejana.

Pero también, al igual que hace cien años, el mundo está viviendo un proceso de bifurcación en lo que se refiere a sus sistemas de comunicación. Y en ese desarrollo planetario incesante, las naciones deben generar las condiciones necesarias para sumarse de la mejor manera a ese cambio comunicacional. Los servicios de Internet, de radiodifusión digital y de alfabetización en estas nuevas tecnologías, tendrían que ser temas primordiales para nuestro país. Y sin duda lo son, sin embargo, estamos observando la misma película que hace cien años: estos nuevos desarrollos están siendo entregados a unas cuantas empresas, a través de mecanismos poco transparentes y sin un proceso de discusión amplio y democrático. En 2010, la famosa Licitación 21 fue prueba de ello, en la que por una ganga le entregaron un negocio millonario a la empresa Nextel. En 2010 en el Congreso de la Unión se marginó la discusión para una nueva ley de medios y telecomunicaciones, y el presidente Calderón no pudo llevar a buen puerto un decreto para que en 2015 se realice la última transmisión de televisión en formato análogo para dar paso al sistema digital.

Estos dos temas, la seguridad pública y las telecomunicaciones, son determinantes para comprender el año que acaba de concluir. Hace cien años, con las grandes diferencias históricas, también lo fueron. Estamos, me parece, en un punto crítico del presente histórico, en un punto en el que los sistemas políticos, económicos y tecnológicos están bifurcándose y adoptando nuevas formas. Y cien años después, la solución a los problemas del país tendrá que brotar necesariamente del diálogo y de la comunicación. Este diálogo llevará a crear las condiciones para el desarrollo y la convergencia comunicacional, pero también logrará parar la violencia, y en el mejor de los casos, concluir la larga transición democrática mexicana.

La conclusión de la Revolución, para muchos incompleta, se materializó en un dique autoritario que ajustó el nacimiento de una incipiente democracia. Al final no hubo espacio para las grandes discusiones, se creó un partido de Estado y una serie de filiales que se encargaron de dar cauce a una nueva realidad. En un momento de crisis y bifurcación, el diálogo crítico y democrático tendría que ser el nuevo orden del juego. En 2011, aún con los perores vaticinios, la mesa está puesta para los acuerdos nacionales, de lo contrario, las consecuencias para quienes habitamos este país serán desastrosas y tendrán un profundo eco en las siguientes décadas.

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2 comentarios

Archivado bajo Internet, Libertad de expresión, Medios de comunicación masiva

2 Respuestas a “2010: el año de la seguridad pública y las telecomunicaciones (II de tres partes)

  1. Claudia Solis

    Mi querido Juan, es muy cierto todo lo que dices aunque lo que ha pasado a lo largo de 400 o mas años ha sido una sola situación, el vivir una autocracia ( no sé si se llama así si quiera jajaja) ninguno de los revolucionarios pelearon por el bien común de todos! si no de unos cuantos, por eso los del Sur no se ponian de acuerdo con el Nte ni los del Este con el Oeste porque vivimos situaciones desde siempre muy diversas! y seguimos en la misma tenemos un gobierno que solo gobierna unos cuantos muchos, no necesariamente a todos. Es un Gobierno que tenemos desde que los españoles conquistaron mexico dejandonos esa maravillosa riqueza, el poder para unos cuantos y no para el bien común porque el común nunca existió. En su momento fué para España ese bien común, cuándo dejamos de ser colonia española no volvimos a ser ese México, oh cielos nunca lo fuímos!! verdad? ni cuando los Mayas, ni los aztecas! siempre fuímos como pequeños países en uno mismo, y hasta le fecha sigue igual asi que, si me preguntas a mi que se necesita? simplemente que alguien o muchos alguienes tengan la necesidad del bien comun, que alguna vez se gobierne para todos. Que simplemente alguien quiera a México con todo lo que conlleva esto, y no nada mas una parte, que generalmente es la auto parte. Saluditos mi Juan, excelente trabajo sigale!!!

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