La pregunta por la calidad de los medios de comunicación: el espacio que separa a la diversidad de la realidad

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

La pregunta por la calidad de los medios de comunicación (de la comunicación en general), es fundamental en estos momentos. Es muy importante pero también difícil de responder. Hemos denunciado, por ejemplo, hasta el cansancio, el carácter monopólico de la televisión mexicana o del sesgo informativo que por momentos toman los telediarios. Estas críticas son muy claras y en general existe un consenso en torno a ellas. Sin embargo, si eso que vemos en la televisión o escuchamos en la radio o leemos en los diarios o encontramos en Internet no es de calidad, entonces qué sí lo es. ¿Cómo saber si un producto o proceso de comunicación tiene o no calidad?

Las respuestas a estos cuestionamientos pueden ser muchas. Es difícil que se genere un consenso sobre lo que es calidad mediática, pues entran en juego muchas variables sociales, económicas, culturales o axiológicas. Hay, en todo caso, aspectos de la comunicación que pueden ser evaluados de forma más sencilla que otros. Por ejemplo, el aspecto técnico-tecnológico. La comunicación de calidad en televisión desde esta perspectiva implica que los televidentes tengan una buena recepción de imagen y sonido, que no se vea borroso el programa en cuestión o que la sincronización de imagen y sonido sea la adecuada. O pongamos otro ejemplo: en el rubro de las telecomunicaciones es urgente que en México se ofrezcan conexiones a Internet más baratas y que soporten una mayor carga de información.

Pero hay otros aspectos más polémicos. ¿Qué pasaría si un día Ricardo Salinas Pliego nos dijera, “órale, ahí está el canal y una buena cantidad de dinero para que ahora sí se haga la televisión de calidad que ustedes quieren”? ¿Qué pasaría si la familia Álvarez de Castillo cediera a El Informador para que se produjera periodismo ciudadano? ¿O qué me dicen de que Radio Universidad abriera sus puertas para repensar la radio universitaria? Sabemos, claro, que por lo ponto, esto no va a suceder, pero en caso de que así fuera, les aseguro que no habría respuestas contundentes. Es muy sencillo decidir cuál puede ser la mejor antena para transmitir televisión en Guadalajara, pero habría muchas más respuestas para acordar qué programa colocar a las ocho de la noche de un miércoles.

Hace algunas semanas, Néstor García Canclini, estudioso de la cultura y la comunicación, presentó una conferencia magistral sobre el tema de la calidad en los medios de comunicación. (Descargar ponencia: ¿Qué queremos decir con diversidad y calidad en los medios?) Su contextualización, a mi parecer, fue impecable, pues señaló que históricamente, durante el siglo XX, existieron tres formas generales de observar la calidad en los medios de comunicación. La primera está relacionada con la alta cultura o las bellas artes. Esta forma de pensar en la calidad de los medios de comunicación imagina a una sociedad entrenada para decodificar una estética muy particular, la imagina entretenida con óperas en todos los canales de televisión, o con el mal llamado cine de autor, estaciones de radio que transmiten música clásica o publicaciones en las que abundan referencias eruditas. La segunda forma de entender la calidad en los medios, según Canclini, es a través de un populismo político, en el que la forma ideal de los contenidos está en su folclorización y en su adhesión a proyectos políticos clientelares y autoritarios. Muestras de este populismo se pueden encontrar en los países latinoamericanos de los años setenta y ochenta. Por último, Canclini encuentra otra vía recurrente para entender la calidad: el populismo mediático o del mercado. En este rubro, la estrella principal es el raiting y las ventas. En un sistema de libre mercado, la calidad está relacionada con las muchas o pocas ganancias económicas que un producto pueda generar. Por ejemplo, en México, una telenovela puede tener un guión esperpéntico y una producción pobrísima, pero ser la de mejor calidad porque es la que tiene más puntos de raiting. Estas tres tipologías fueron el basamento de la construcción de algunos de los proyectos nacionales más importantes del mundo occidental en el siglo XX. Todos ellos homogeneizantes y excluyentes de la diversidad.

Luego de hacer esta radiografía, Néstor García Canclini llegó a un callejón sin salida, con pocas respuestas. Sentenció que hace falta mucho trabajo de investigación sobre el tema de medios de comunicación, uno que diagnostique la realidad a través de la cultura y la diversidad y no el nivel de audiencias de la televisión o del tiraje de los diarios. Nos dijo que, por ejemplo, la excesiva oferta de canales en televisión, no necesariamente es sinónimo de diversidad. Debemos encontrar, concluyó, un equilibrio entre el Estado y el mercado en el tema de las industrias culturales, ahí donde pueden florecer los ciudadanos.

García Canclini planteó el problema y algunas preguntas. Para obtener las respuestas, tenemos que generar un trabajo intelectual sistemático y riguroso. Las universidades y los observatorios de medios serán centrales en esta tarea. En estos espacios es en donde se pueden pensar los contenidos de los (nuevos) medios de comunicación.

Las propuestas anteriores son tan solo un comienzo del debate que tenemos que dar, pues las respuestas necesariamente nos llevarán a otras preguntas, de problemas más complejos. Pienso, por ejemplo, en la nueva ley que prohíbe la reproducción de los famosos narco-corridos. Por desgracia, el debate se ha concentrado en las formas tradicionales de observar los contenidos de los medios de comunicación enunciadas por García Canclini (estética, populismo o mercado), lo que nos ha llevado a encontrar las respuestas tradicionales al tema. También encuentro este razonamiento cuando se plantea que una agenda de desarrollo digital para México tiene como única propuesta que se eleve a rango constitucional el derecho al acceso a Internet, cuando este problema, al pensarlo un poco más a fondo, es mucho más complejo que la posibilidad de entrar o no, al ciberespacio. O también están los argumentos en contra del razonamiento de Alonso Lujambio sobre las bondades educativas de las telenovelas: claro, sabemos que no nos gustan, pero ¿qué pondríamos en lugar de ellas?

Estamos tan acostumbrados a los contenidos mediáticos, que nos cuesta mucho trabajo imaginar qué otros usos se le podrían dar a la prensa, la radio, la televisión o a la Internet. Como lo habrán notado, queridos radioescuchas y lectores, esta colaboración está lejos de dar respuestas sobre la calidad en los medios y todavía sigue en el terreno de las interrogantes. Por eso, desde aquí, les pregunto, ¿cómo pensarían ustedes en el concepto de calidad en los medios de comunicación?

Este artículo fue publicado el día 23 de mayo de 2011 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa Señales de Humo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

I bought a bourgeois house in the Hollywood hills

With a trunkload of hundred thousand dollar bills

Man came by to hook up my cable TV

We settled in for the night my baby and me

We switched ‘round and ‘round ‘til half-past down

There were fifty-seven channels and notin’ on

Bruce Springsteen

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9 comentarios

Archivado bajo Calidad de los medios de comunicación, Cultura y comunicación, Derecho a la información, Medios de comunicación masiva, Sistema de comunicación de México

9 Respuestas a “La pregunta por la calidad de los medios de comunicación: el espacio que separa a la diversidad de la realidad

  1. Bernardo Masini

    ¡Gulp! Tienes razón. En caso de emergencia, ¿qué vidrio romperíamos? Es relativamente cómodo aventar la piedra y esconder la mano de las alternativas. Que no nos pase lo que acusa Norbert Lechner: la única crisis verdadera es la de la imaginación. Debemos ser capaces de imaginar esos contenidos “de calidad”.

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    • Exacto, Bernardo. Ahí es donde está el tema. Por eso, vamos pensándole.

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      • Maria Ana del Valle

        Al leer este artículo, pensaba en el gran desafío que implica impulsar y tejer alternativas con creatividad en el contenido mediático y en los medios de comunicación en general. Hablo de la gran fuerza que rige la tipología actual y predominante de la que habla Norbert Lechner. Vaya que si es un gran reto. Sin duda, por algo se tiene que empezar.

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  2. Fer Escobar

    Una primera respuesta (ya sé, balbuceante) es concebirnos como creadores, difícil combinación sin el acceso a los medios, van de la mano. Hay ejemplos diversos, creo que las radios comunitarias son un buen ejemplo, a más de algunos otros, donde los medios, de nuevo, sobre todo la radio, incapaces de producir tantos programas abren el espacio a colaboración externa. ¿Qué piensan?

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    • A mí me parece que las radios comunitarias y en general, los medios publicos, son de vital importancia para una democracia. El problema ha sido, incluso en países de sistemas de comunicación semi públicos, semi comerciales, que el raser con el que se miden estos medios es a partir de su desempeño financiero y muchas veces las radios comunitarias o los medios públicos no son rentables. Y creo, no tendrían por qué serlo, si son un vehículo de derechos. La tarea, está, creo, en cómo nos apropiamos de esos medios y cómo comenzamos a ser productores de nuevos contenidos. Un saludo, Fernando!

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  3. Gracias Juan… seguiremos pensando con estas tres descripciones que da Canclini… yo creo que si a los mexicanos les gusta disfrutar esas novelas de baja producción, (el populismo mediático), pues hagamos novelas con información relevante… ya ves esos productos que hacen los de PCI MediaImpact ( http://www.magis.iteso.mx/content/entretenimiento-que-transforma-la-sociedad ) donde sigue existiendo la muchachita con dilemas -tal vez vanales- pero enfocados a solucionarse con dialogo, aceptación de diversidad, manejo de información, etc. Los problemas comunes en la sociedad se tratan con mas con-ciencia.
    Sigamos pensando…
    Saludos!

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    • Claro, Paty. Por ahí va la idea. Soy un convencido de que tenemos una mala impresión de las telenovelas por la oferta que tenemos, pero el género no necesariamente es malo; podría, por el contrario, ser algo muy intersante. Sigamos, pensando, pensando. Saludos!

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  4. Jorge Dau

    Mucha tela de donde cortar. Pero creo que hay ejemplos en el mundo de exitosas empresas mediáticas que resuelven con reconocible imaginación (y cuantiosos recursos) esta cuestión de la calidad: NYT y ElPaís. El tema, condicionado por la complejidad de los acontecimientos, es por naturaleza escurridizo. No basta con escribir sin faltas de ortografía o en eliminar voces pasivas o acabar con las redundacias y las fotografías inspientes y las incongruencias de estilo. La búsqueda de calidad en los medios es un desafío diario para el periodista. Dudo que encontremos una o unas respuestas determinantes a la cuestión. Valga por ahora con hacer el planteamiento, una y otra vez, Juan. Y que no nos detengamos a descansar en fórmulas tristes de éxito comercial que sólo aseguren la muerte del espíritu por inanición.

    No estoy seguro de esto, Juan: “Para obtener las respuestas, tenemos que generar un trabajo intelectual sistemático y riguroso. Las universidades y los observatorios de medios serán centrales en esta tarea. En estos espacios es en donde se pueden pensar los contenidos de los (nuevos) medios de comunicación.”

    El academicismo me da gueva!! Para obtener respuestas hay que desarrollar la habilidad de ser público, publicador (publisher) y publicista. ¿Quién en México dice yo ya? ¿O qué?

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  5. Pingback: Boletín CIFS de mayo « [crónica de sociales.org]

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