¿Qué hacemos con la publicidad durante el proceso electoral? [El (fallido) sistema de comunicación política mexicano]

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Con las elecciones estatales y municipales del domingo 3 de julio de 2011, México entró en un largo periodo que culminará en 2012 con la elección de un nuevo presidente de la República. Y más allá de los muchos diagnósticos que hay sobre la realidad política y económica del país, existe un tema que no ha sido resuelto y que amenaza recurrentemente en volverse un dolor de cabeza para todos los mexicanos que acostumbran consumir información y entretenimiento en los medios electrónicos: un sistema de comunicación política que tiene como base la reiteración ad infinitum y ad nauseam de pequeñas piezas propagandísticas de entre diez y treinta segundos, a través de las cuales los partidos políticos debaten sus ideas y los electores (supuestamente) reflexionan sobre quiénes serán los merecedores de su voto.

El tema explotó a lo largo de la semana pasada en la agenda pública nacional cuando se dio a conocer que el Instituto Federal Electoral (IFE) reformó su reglamento de radio y televisión. Antes de la reforma, los concesionarios de radio y televisión estaban obligados a transmitir los spots electorales cinco días después de haber sido notificados por el IFE, con la reforma, los concesionarios tendrían solamente cuatro días para hacer esta tarea. Esta disposición enardeció a los dueños de estaciones de radio y televisión, quienes emprendieron una campaña para boicotear esta decisión. En su campaña los empresarios aducen que el órgano electoral y sus reformas representan un peligro para México. El IFE se defiende diciendo que a través de estas modificaciones los partidos políticos podrán debatir con mayor agilidad a través de los spots que salen en la radio y la televisión.

Es probable que hasta este punto el lector o radioescucha en cuestión se pregunte, ¿qué carajos me importan estas discusiones tan absurdas? El caso, francamente, sí es absurdo y es muestra de la mezquindad de autoridades y concesionarios de la radio y la televisión, pero también es muy representativo de las debilidades de los sistemas políticos y electorales en el mundo occidental. Hace ciento cincuenta años los políticos estadounidenses buscaban convencer a los votantes a través de largos discursos y debates que según algunos historiadores norteamericanos llegaban a durar varias horas. Incluso, algunos de estos debates tuvieron que interrumpirse varias veces, para continuar al día siguiente. Durante el siglo XX en América Latina observamos a los políticos de gobiernos populistas que gustaban de convocar a las masas a la plaza pública y dar largas alocuciones que podían durar, también, horas enteras.

En el siglo XXI la comunicación política en no pocas democracias está anclada a la tiranía del spot televisivo y amenaza con adoptar nuevas formas que en 140 caracteres privilegian la forma sobre las ideas, la estridencia sobre el debate y la pseudo información sobre el periodismo. Con esto no pretendo desarrollar un argumento reaccionario que añore los viejos sistemas de comunicación política, pero sí es un argumento que alerta sobre la incapacidad de los sistemas electorales de generar procesos de mayor calidad comunicativa, que propicien votos más razonados entre los electores.

El sistema de comunicación política mexicano es difícil de comprender, pues tiene rasgos fundamentales de dos sistemas antagónicos: el estadounidense y el de algunos países europeos. Del sistema norteamericano retomó, en un principio, su carácter comercial basado en la propaganda política que se difunde a través de spots. Hasta las elecciones de 2006 los partidos políticos podían comprar, con el dinero que les daba el IFE, todos los spots que quisieran en radio y televisión. Sin embargo, luego de la turbulenta elección de 2006, se hicieron varias reformas que modificaron en lo sustantivo al sistema de comunicación política. Una de ellas fue que los spots tendrían que ser transmitidos sin costo alguno en las estaciones de radio y televisión y que el IFE sería el órgano regulador del pautado de las campañas propagandísticas. No obstante, los spots, que son un formato estructurante de la publicidad en medios electrónicos, prevalecieron. Por otro lado, con esta reforma, México también retomó del sistema europeo un rol mucho más protagónico del Estado en la organización de la comunicación política. Esto dio como resultado un Frankenstein, una sistema que se mueve entre una regulación a través del mercado y entre una regulación estatista.

¡Este sistema de comunicación política generará, entre otras cosas, que en el próximo proceso electoral de 2012 se propalen casi 40 millones de spots! Además, el IFE tuvo que pagar 25 millones de dólares por un sistema de monitoreo que dé cuenta de si estos spots se transmitirán en tiempo y forma. Y por si esto no fuera poco, quienes han impulsado este sistema creen, cándidamente, que los partidos políticos podrán debatir sus ideas y proyectos a través de este formato publicitario en el cual lo último que importa son las ideas.

¿Qué hacemos entonces con la publicidad electoral? La solución no parece tan difícil. Pongo en la mesa de discusión las siguientes medidas (que por supuesto no inventan el hilo negro y ya han sido propuestas por otros): eliminar el sistema de spots y generar campañas políticas en medios de comunicación que tengan dos fases. En la primera fase todos los candidatos tendrían que tener derecho a una serie de programas propagandísticos en radio y televisión en los que pudieran presentar sus plataformas y proyectos políticos. Pienso en programas de una hora, bien producidos y transmitidos en horario estelar. La segunda etapa estaría compuesta por una serie de debates (reales, no como los que hemos visto hasta ahora) entre todos los contendientes.

Estas medidas no atacan los problemas de fondo de las democracias occidentales. Sin embargo al menos podría reducir la locura que puede generar en las audiencias la exposición a 40 millones de spots que alimentan un pensamiento político chato, poco creativo y que en muchos casos apela a la diatriba y a la guerra sucia.

Este artículo fue publicado el día 4 de julio de 2011 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa Señales de Humo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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1 comentario

Archivado bajo Democracia y comunicación, IFE, Medios de comunicación masiva, Sistema de comunicación de México, Sistema de comunicación política en México

Una respuesta a “¿Qué hacemos con la publicidad durante el proceso electoral? [El (fallido) sistema de comunicación política mexicano]

  1. Bernardo Masini

    Esto de los spots acarrea un beneficio recíproco para los medios y para los políticos. Los primeros se embolsan sumas estratosféricas; y los segundos se convencen a sí mismos de que tienen ideas y las están compartiendo. ¡Qué fácil es autoengañarse! Ya lo dijo Norbert Lechner: la única crisis verdadera es la crisis de la imaginación. Lo malo es que es precisamente a la que asistimos…

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