Industrias culturales y niños. Diez años de una “Dimensión Colorida”

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Dimension Colorida

Dimension Colorida

Hace un par de días recibí un correo electrónico de Alicia Caldera, una productora de radio con muchos años de experiencia, en el que me anunciaba que el programa infantil “Dimensión Colorida” está por cumplir diez años de transmitirse todos los sábados a través de la frecuencia de Radio Universidad de Guadalajara. Estos diez años son el último tramo de una historia que se ha escrito en esta estación universitaria durante más de dos décadas, primero con el programa “Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés”, que se transmitió de 1988 a 1989 (producido por Margarita Robertson y Juan Romo), y después con “El Saltaperico”, un programa que vivió de 1989 a 2000 y que fue comandado en distintas etapas por Gilberto Domínguez y Cecilia Fernández. Son casi veinticinco años en los que se ha desarrollado toda una tradición de programas dirigidos a niños, quienes han sido reconocidos por jurados internacionales a través de premios como el obtenido en marzo de 2000, en el que ganaron el primer lugar de la tercera Bienal Latinoamericana de Radio del Claustro de Sor Juana, en la categoría de Radio Infantil, o el premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en su edición 2008, entre muchos más.

Este gran logro de la “Dimensión Colorida”, que es la producción a lo largo de más de una década de un programa infantil, tiene como telón de fondo un contexto adverso no nada más para la producción de radio infantil en Guadalajara y en todo el país, sino en un desinterés generalizado de las industrias culturales que atienden a este amplio e importante sector social, que según el último censo de INEGI (2010), en México está conformado por más de 32 millones de niños entre los 0 y los 14 años de edad (28% de la población).

En México existen muy pocos estudios de amplia circulación que puedan dar cuenta del consumo de radio, televisión y cine entre los niños. De cualquier forma es notable que la población infantil representa un sector que escucha radio, que ve la televisión, que asiste al cine o que se acerca a otras propuestas comunicativas como los videojuegos o los contenidos en línea. En 2001 se aplicó una encuesta entre niños de la Ciudad de México, la cual arrojó que 83% de los encuestados sí escuchaban la radio cotidianamente, pero solo 28% reportó haber escuchado un programa de radio para niños y solamente 4% recordó el nombre del programa.[1] Esta encuesta, aunque antigua, da cuenta de algunas de las características de recepción de la radio entre los niños.

La producción y circulación de contenidos radiofónicos para niños también está lejos del ámbito de lo deseable. Tomemos, por ejemplo, el caso de Guadalajara. Según un ejercicio de análisis de los contenidos de la radio tapatía realizado en el otoño de 2009 por Quid Observatorio de Medios, en ese entonces en Guadalajara se podían sintonizar 923 programas distintos a lo largo de una semana, de los cuales 554 se transmitían en AM y 369 se transmiten en FM.[2] De todos estos programas, tan solo nueve, es decir, 0.8%, estaban dedicados a la población infantil.

Tabla 1: Programas infantiles de la radio tapatía en octubre de 2009

Programa Estación Banda
Domingueando con Paquín Canal 58

AM

El club de la Canica Triple A

AM

Club de los mini genios DK

AM

Pin Pon DK

AM

Cri Cri DK

AM

Pupa Radio Vital

AM

Planeta de los niños Planeta

FM

Barra infantil Jalisco Radio

FM

Dimensión colorida Radio Universidad de Guadalajara

FM

Fuente: Observatorio de la Comunicación II. ITESO. Otoño 2009.

Hasta aquí podemos ver dos cuestiones muy claras. La primera es que hay muy poca producción de contenidos radiofónicos para la población infantil, una tendencia que también tiene un correlato, aunque menos dramático, en la televisión. Y la segunda es que el consumo de esta oferta cultural es bajo. A este escenario se le pueden agregar otros cuestionamientos como la pregunta por la calidad de los contenidos. En el main stream existe un tendencia de construir contenidos espectaculares que puedan llamar la atención de las audiencias infantiles a través de efectos visuales de ciencia ficción y con argumentos ramplones y con poca referencia a la cultura que les precede. Pienso, por ejemplo, en el caso de la película Transformers III que actualmente se exhibe en las salas cinematográficas de la ciudad, que no es más que un prontuario de escenas de acción, peleas entre máquinas y el desarrollo de una sexualidad ajena a este planeta. Está también el caso de los contenidos de productos culturales en los que abunda un conservadurismo que malentiende a los niños, que los observa como retrasados mentales, que les habla con diminutivos y que propone temas sosos y aburridos (Barnie y sus amigos, por ejemplo). Y tenemos, también, aquellos programas de radio o televisión en los que la mercantilización de la vida cotidiana se lleva al extremo, como puede ser en las telenovelas, en donde las audiencias infantiles son sometidas a una cantidad ingente de publicidad.

Durante muchos años, en diversos foros y espacios críticos, se ha solicitado y exigido que se amplíen los espacios para la producción de contenidos audiovisuales para niños que puedan comunicar otras formas de cultura mucha más diversa y plural. Espacios en los que se pueda programar otro tipo de música como la de “Los hermanos Rincón”, Luis Pescetti, “Los qué payasos” o “Patita de Perro”, y que destierren las boberías de Tatiana o de “Barnie y sus amigos”. Espacios en los que se puedan escuchar radiocuentos, o producciones hechas y diseñadas por los propios chavales.

Sin embargo, me parece que también podría pensarse este tema desde otra perspectiva, que pudiera alternarse con la anterior. Y tiene que ver con responderse a una pregunta: ¿cómo hacer para que los contenidos generalistas de los medios de comunicación atiendan a la población infantil? Esto lo planteo porque los niños no nada más escuchan la radio infantil ni tampoco prenden la televisión exclusivamente para ver programas para niños. Pienso, por ejemplo, en el niño que escucha el noticiario radiofónico matutino cuando va en camino a la escuela o a las series de entretenimiento que se pueden ver en la televisión en los horarios de la tarde y la noche de la televisión o en un video que pueda mirar en Youtube a cualquier hora. La mayor parte de estos contenidos no fueron formulados para niños y no obstante, ellos los consumen. Pensar en el tema de los contenidos y los niños de forma transversal a las parrillas de programación y no nada más en programas infantiles, juveniles o de la tercera edad, también podría dar respuestas ante los retos que plantea producir los contenidos de las industrias culturales del siglo XXI.

Mientras damos respuesta a estas preguntas, espacios como “Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés”, “El Saltaperico” o la “Dimensión colorida”, son una excepción a la generalidad de un panorama de producción audiovisual árido, aburrido y poco diverso. Como radioescuchas esperamos que Radio Universidad mantenga una política editorial de atención a las orejas infantiles de Jalisco.


[1] Bautista, Rodríguez y Vergara (2001) Olvidados por la radio. Los niños en espera del futuro. México: UAM. P. 13. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/31065424/Los-ninos-mexicanos-y-la-radio-el-caso-de-Radio-Infantil-XERIN

[2] Para más información, ver: Larrosa, J. (2010) “El medio subutilizado: la radio tapatía”.

Este artículo fue publicado el día 18 de julio de 2011 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa Señales de Humo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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