Tres espacios de la comunicación política: plaza pública, medios electrónicos y redes sociales

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (6 de febrero de 2011)

Con la elección interna del PAN, comienzan ya, de facto, las campañas políticas que en México nos llevarán a elegir a un presidente de la República y a todos los integrantes del Congreso de la Unión, en Jalisco tocará escoger a un gobernador, diputados locales y equipos de gobierno de 125 municipios. Las campañas comenzarán hasta la última semana de marzo. Sin embargo, en los hechos, la disputa política ya empezó. De aquí a las votaciones de julio, los políticos buscarán convencer a los ciudadanos de que su proyecto es el mejor y la comunicación será el arma fundamental para que estos personajes lleven a cabo su tarea. Partimos, entonces, de que sería imposible organizar unas elecciones sin que se desarrollen múltiples procesos de comunicación. La novedad en estas elecciones, será el uso intensivo de lo que en la jerga cotidiana se denominan como “redes sociales”. ¿Qué tanto influirán en las elecciones próximas? No lo sé, pero sí me parece un tema del que se pueden desprender varias reflexiones.

Desde finales del siglo XVIII, cuando comenzaron a tomar forma las primeras democracias occidentales, la comunicación fue un elemento fundamental para organizar los procesos a través de los cuales las personas determinaban quiénes serían sus gobernantes. Y desde entonces, es posible rastrear tres grandes terrenos en los cuales se desarrolla la comunicación, ninguno de los cuales, por cierto, ha desaparecido y que por el contrario, se han sobrepuesto uno sobre otro. El primero de ellos es la calle, la plaza pública o los lugares semi privados como bares, cafetines, teatros o foros. En estos espacios, los políticos han acudido, año tras año, a realizar ceremoniosos encuentros con sus correligionarios o con las masas que apoyan a un partido político. En México, está forma comunicativa fue una de las características indelebles del régimen autoritario del siglo XX: grandes masas acudían a escuchar al presidenturno (Álvaro González dixit). Ahí, el político comunicaba sus ideas y sus arengas, sus filias y sus fobias, sus promesas y sus encantos. En estos actos, los sindicatos y las grandes estructuras políticas eran de gran relevancia para el político, pues entre más personas acudían, más seguridad de éxito electoral se garantizaban. En México a esto se le llama mostrar el músculo, el músculo de la masa, el músculo del electorado. Estas son las particularidades mexicanas, pero esta forma de comunicación política ocurrió y ocurre en la mayoría de las sociedades.

Cierre de campaña del entonces candidato a la República, Vicente Fox.

Cierre de campaña del entonces candidato a la República, Vicente Fox.

Al correr los años y el desarrollo tecnológico, llegaron la radio y la televisión. Ambos medios le dieron un giro importante a las prácticas de comunicación política. La radio hizo que los mensajes emitidos en la plaza pública pudieran reproducirse hasta territorios recónditos y la televisión, además de continuar con esa amplificación, impregnó a la política de la frivolidad publicitaria que mercantilizó a los contendientes y los dotó de valores y cualidades propias de un detergente para ropa. La potencia de estas dos tecnologías revolucionó las formas de hacer política. Muchos historiadores de los medios señalan que la contienda por la presidencia de Estados Unidos en 1960 es emblemática para entender estas transformaciones, particularmente por lo decisivos que fueron los debates transmitidos en televisión, en los cuales Kennedy logró derrotar a Nixon. La anécdota dice que Nixon perdió los debates porque no quiso maquillarse y arreglarse para la ocasión, lo cual dio muy mala imagen entre los votantes. Lo cierto es que millones de estadounidenses vieron en directo este debate, algo nunca visto en las democracias occidentales, pues era y es imposible reunir tal cantidad de personas en una plaza pública. Desde entonces la televisión se convirtió el medio de comunicación más importante para la comunicación política, pues fue capaz de poner a circular imágenes y sonidos que provenían de la plaza pública, pero que llegaban hasta espacios tan íntimos de las casas como las salas o las alcobas.

Finalmente, a estas tres formas de comunicación se agregó una nueva, que vino después de la masificación de Internet. Esta forma de comunicación ya no ocurre en la plaza pública, tampoco en las arenas de batalla que abrieron la radio y la televisión; ahora se abre un nuevo frente en el ciberespacio a través de lo que se conoce como “redes sociales” (un término, por cierto, que valdría la pena desmenuzar críticamente, pero no será el caso en este espacio). Estas redes sociales permiten generar plazas públicas virtuales, en donde los ciudadanos se comunican entre sí a través de distintos programas o espacios que ofrece Internet como blogs, Facebook, Twitter, Youtube, Flickr, MySpace, entre otros. Las redes sociales han permitido que los políticos tengan una mayor libertad para emitir sus mensajes (pues no están a expensas de organizar un mitin en la ciudad de México o de que su equipo de campaña le consiga o compre, una entrevista en radio, o de que paute un promocional en televisión), así como nuevas estrategias para comunicarse directamente con los ciudadanos. Por otro lado, a los votantes les ha permitido tener noticias instantáneas sobre los candidatos, autoadministrarse los mensajes que desean consumir y deconstruir creativamente las comunicaciones que emiten los políticos. Esto último está ligado a lo que se ha nombrado como prosumidor, ese nuevo papel que juegan los cibernautas al ser consumidores de información, que después modifican y que los convierte en productores. Como ejemplo se puede observar ahora mismo, cómo es que algunos cibernautas han modificado la campaña publicitaria de Emilio González Márquez, para criticar abiertamente su gestión como gobernador.

Las redes sociales se han convertido en la gran novedad dentro de la comunicación política, pero es importante señalar varias cuestiones que en futuras entregas analizaré con mayor profundidad. La primera es que las redes sociales sí han transformado los procesos de comunicación, pero eso no quiere decir que hayan llegado para desplazar a la plaza pública o la radio o a la televisión. La comunicación política adquirió mayor complejidad con la llegada de Internet, pero eso no significó la cancelación de las formas tradicionales de comunicación. Dos: en México se comenta mucho sobre la influencia que tendrán las redes sociales en la elección de 2012 y pareciera que los ataques tuiteros en contra del ingenuo e ignorante Peña Nieto serán devastadores para las aspiraciones presidenciales del mexiquense. Sin embargo, vale la pena volver a repetir que según diversos estudios, en México, la población con acceso a Internet varía de entre 20 millones (Comscore) y 34 millones de usuarios (Amipci). En el cálculo de la Amipci, que es el más optimista, este número de usuarios no alcanza a ser ni una cuarta parte de la población de nuestro país, por lo que el poder de las redes sociales todavía no puede ser muy grande, ya que la penetración de este tipo de comunicación es baja. Por último habría que señalar que muchos analistas y publicistas traen a cuento que Barack Obama ganó las presidenciales de su país gracias a las redes sociales, lo cual, con sus debidos matices, es cierto. Sin embargo, el equipo de Obama utilizó las redes sociales para dos cuestiones fundamentales: para recaudación de fondos de su campaña y para la organización de sus comunidades de base. Hasta el día de hoy, ningún político mexicano se ha distinguido por hacer este uso de las redes sociales. En primera porque el financiamiento de las campañas políticas en México es público y no privado y los políticos no pueden pedir dinero a los electores. También porque han utilizado estos espacios para informar y polemizar, pero no para debatir y organizar. Y lo más importante, porque han querido trasladar las viejas formas de hacer política a las redes sociales: es vergonzante que los políticos paguen por crear perfiles falsos en Facebook y Twitter con tal de tener más amigos o seguidores. Este acarreo virtual honra a las viejas prácticas priístas de acarreo a los mítines políticos.

De cualquier forma, será muy interesante observar qué papel jugarán las redes sociales en las próximas elecciones mexicanas.

Este artículo fue publicado el día 7 de febrero de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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5 comentarios

Archivado bajo Democracia y comunicación, IFE, Internet, Sistema de comunicación política en México

5 Respuestas a “Tres espacios de la comunicación política: plaza pública, medios electrónicos y redes sociales

  1. Bernardo Masini

    Es muy oportuno mencionar que ninguna de las formas de comunicación política ha desaparecido. Ni siquiera el mitin, que existe al menos desde la Grecia Clásica. Por eso tengo fe en la continuidad de la prensa escrita… ¡impresa! Quizá baje un poco su influencia, pero seguirá siendo un referente ineludible durante mucho tiempo más.

    Respecto a la sensibilidad que deben tener los candidatos hacia los nuevos medios, el asunto es aditivo, que no sustitutivo. Recursos como las redes sociales se incorporan -no suplen – a los preexistentes. Adaptarse es vital para los candidatos. Pregúntenle a Cuauhtémoc Cárdenas, que nomás no logró transitar a esta modalidad de comunicación política, y por ende perdió tres veces. Recuerdo que en 2000 ni siquiera dejó que le recomendaran qué corbata ponerse para el debate. ¡Parecía portero de agencia funeraria! Suena gacho decirlo, pero así fue.

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  2. Interesante el fenómeno del acarreo importado a lo que podría llamarse plaza pública virtual. También creo que los políticos han entendido estas nuevas plataformas como aquellas clásicas pancartas que atiborraban la ciudad y generaban grandes cantidades de basura, en ese aspecto, por lo menos estamos gozando de menor contaminación visual y ambiental, sin embargo me parece muy ingenuo de su parte creer que porque tienen “followers” están asegurando un voto, sin duda, esta plataforma busca el voto joven, pero su forma de comunicación política es contradictoria y arcaica, por lo que este sector de la población que por lo general muestra apatía frente a la política tradicional, probablemente ni siquiera vote (sin generalizar). A esto se suma la brecha digital que prácticamente separa a 70% de la población del país de estas formas “digitales” de comunicación política. Sin duda las redes sociales están ya adheridas a la comunicación política en México pero no con mucha rigidez y astucia.

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  3. El adagio que, aunque viejo, sigue siendo válido para Peña Nieto: “Si quiere ser presidente, no pierda el tiempo: tome un video y practique durante horas para aumentar su atractivo televisivo.”
    John Anderson (1943-) Comunicólogo estadounidense.
    Te adjunto este enlace de una recopilación de sentencias sobre política que hemos elaborado: http://www.paginasprodigy.com/emilio2004/discurso_politico.htm

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