El montaje televisivo de Florence Cassez, o las relaciones entre la televisión y el poder

Por Juan Larrosa-Fuentes (25 de marzo de 2012)

La agenda pública en México vive momentos álgidos. Las campañas por la presidencia de la República están por comenzar y la visita papal abre debates intensos sobre las relaciones Estado-Iglesia en el país. Por si esto fuera poco, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación se discutió el caso Florence Cassez. No es éste un espacio para el análisis jurídico, pero valga la oportunidad para señalar que estoy a favor de la defensa de los derechos humanos, entre ellos, el del debido proceso, incluso para quienes se les acusa de haber cometido un delito. De cualquier forma, mi interés es concentrarme en algo que no es central en la argumentación del ministro Zaldívar (el debido proceso), pero que aunque tangencial, resulta de pertinente para la columna “Sistema Autorreferencial”, y es el montaje televisivo que las instituciones de procuración de justicia armaron en torno a este caso. Este montaje es una pintura que ilustra parcialmente cómo se desarrollan las relaciones entre los medios y el poder en nuestro país.

La historia de Florence Cassez es tristemente célebre en México por múltiples razones. Este caso se ha convertido en un serio dolor de cabeza para el presidente Felipe Calderón, pues ha tenido un alto impacto en una opinión pública lastimada por la inseguridad y por la baja eficacia que los distintos niveles de gobierno han tenido para revertirla. Además, este asunto subió al plano internacional, pues el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha tomado personalmente este tema y ha defendido a Cassez a capa y espada, situación que sacó chispas en las relaciones diplomáticas entre ambos países, al grado que en 2011 nuestro país canceló su participación en la celebración del “Año de México” en Francia, que consistía en una serie de actividades culturales. Todo esto, para un gobierno tan preocupado por su imagen pública, ha significado un problema mayúsculo.

En México, este caso ha tenido una gran popularidad por su difusión y discusión a través de las pantallas de televisión. Todo se remonta al 9 de diciembre de 2005, cuando Pablo Reinah, reportero de Televisa, hizo una crónica para el programa “Primero Noticias” dirigido por Carlos Loret de Mola, en la que narró cómo fuerzas policiales rescataban a unas víctimas del secuestro. El problema fue que tiempo después se supo que esta transmisión televisiva en vivo, fue un montaje, fue una farsa. Esto ha sido reconocido por las autoridades mexicanas, como Genaro García Luna, responsable máximo de este operativo. Televisa, por su parte, no ha emitido una postura clara al respecto, pero en días recientes se ha documentado por diversos periodistas que Carlos Loret de Mola y su equipo estaban al tanto de que la policía iba a hacer un montaje de cómo rescataban a unos secuestradores (ver “La verdad secuestrada” de Héctor Mauleón, “La otra versión sobre Florence Cassez” de Guillermo Osorno o escuchar las diversas entrevistas que Carmen Aristegui ha hecho al respecto en los últimos días).

No queda duda del montaje y es difícil desdeñar la posible correlación entre la cobertura que le dieron las televisoras al montaje policial y una percepción de la opinión pública mexicana, más o menos generalizada, de la culpabilidad de Florence Cassez (ver encuestas como la de Gabinete de Comunicación estratégica). En otras palabras, aunque es difícil probarlo, es evidente que esta mujer francesa fue juzgada ante las cámaras de televisión, antes de haber sido puesta ante el Poder Judicial. Y de paso, la policía se colgó una medalla pública por su buen trabajo como defensora de la población. Esto no ocurrió gracias a una estación de radio de un pueblo perdido en Tabasco, ni del esfuerzo de miles de tuiteros mexicanos que crearon un trending topic; este montaje se trasmitió en un noticiario visto por millones de mexicanos y que después se repitió y comentó durante varias semanas en la misma televisora. Por supuesto, todavía hay algunos ingenuos que dudan de la influencia de las televisoras en la opinión pública.

El ejemplo de Cassez es solo una muestra de problemas mucho más grandes. El gobierno mexicano ha preferido la simulación frente a la acción, se ha decantado por el montaje y la comunicación frente a la preformatividad. Por ejemplo, ha sido ampliamente documentado que el Gobierno Federal disparó en los últimos diez años su gasto en comunicación social y que desea dar una imagen de fortaleza frente al tema de la inseguridad, pero no ha actuado con la misma firmeza para elevar la calidad de los policías y de los ministerios públicos, quienes son los encargados no nada más de encontrar a los “malos”, sino de hacer una investigación, con pruebas incluidas, que le permita a un juez hacer su trabajo. Ejemplos de lo anterior hay muchos. Está, por ejemplo, toda la propaganda que informa sobre la captura de tal o cual capo. En estos anuncios, el gobierno se jacta de realizar grandes operativos para capturar a los criminales, los coloca ante las cámaras de televisión (violando derechos, precisamente, de debido proceso) y nunca informa si fue sentenciado. Tiempo después, en investigaciones periodísticas o académicas nos enteramos que el delincuente fue liberado por falta de pruebas (ver otros artículos de mi autoría como “Control Room y la Guerra contra el narcotráfico en México” o “La mala imagen de México y los medios de comunicación”).

Pero hay más casos, patéticos y vergonzantes. Traigo dos a la discusión. El primero de ellos data de 2009, cuando el Gobierno Federal detuvo a diez alcaldes de Michoacán, acusados de estar vinculados con el crimen organizado. El segundo ocurrió en 2011 cuando el Gobierno Federal coló a los medios la noticia de que había detenido a Hank Rhon. Ambos casos fueron una bomba mediática; en ambos casos los detenidos quedaron libres por falta de pruebas. Y el gobierno se convirtió en el hazmerreír del círculo rojo.

En el plano local también se cuecen habas. Basta recordar, por ejemplo, la quema de camiones y automóviles por parte de criminales el pasado 9 de marzo. Por la noche, la televisión transmitió imágenes desde la Procuraduría de Justicia del Estado de Jalisco, en las que aparecía un grupo de personas acusadas de haber participado en estos actos. Al día siguiente, El Occidental publicó una foto a color y en primera plana, de estos individuos que todavía no habían sido juzgados. A los días nos enteramos que varios de ellos fueron liberados porque no tenían pruebas de su culpabilidad, y muchos de ellos, incluso, acusaron al Gobierno del Estado de haberlos convertido en “chivos expiatorios”.

Portada de el periódico tapatío El Occidental

Portada de el periódico tapatío El Occidental

El caso de Florence Cassez muestra la mazmorra en la que se ha convertido el sistema de justicia mexicano, pero también da cuenta de la impunidad con la que trabajan algunos medios de comunicación. El gobierno Federal reconoció el montaje y varios periodistas han dado pruebas de que Televisa estaba al tanto de todo esto, sin embargo la empresa de televisión no ha asumido ninguna responsabilidad ni económica ni jurídica ni moral. Prueba de ello es el programa “Tercer Grado” del 14 de marzo pasado, en donde abordaron el tema de Florence Cassez, sin embargo el montaje televisivo apenas y mereció algunas palabras, ninguna de ellas en tono crítico; tampoco estuvo presente Carlos Loret de Mola, el responsable de haber trasmitido estas imágenes.

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El simulacro

Pero el montaje del caso Florence Cassez se puede observar, también, desde otro punto de vista y tiene que ver con el simulacro. En otras ocasiones he traído a cuento las ideas que el filósofo Jean Baudrillard desarrolló a lo largo de su obra en torno a los simulacros (ver: “Los festejos y el simulacro”). Sobre los simulacros, este autor francés dice: “Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se tiene. Uno se remite a una presencia, lo otra a una ausencia. Pero la cuestión es más complicada, puesto que simular no es fingir… Así pues, fingir, o disimular, dejan intacto el principio de la realidad: hay una diferencia clara, solo que enmascarada” (Baudrillard, 1978).

Estas distinciones son muy pertinentes para el caso de Florence Cassez, pues nos lleva a preguntarnos ¿qué de lo que aparece en televisión es un simulacro? Más aún: ¿qué de lo que hace el Gobierno Federal en su lucha en contra de la criminalidad es un simulacro?

Respecto al tema de los medios de comunicación, no es ninguna novedad que inventen noticias para aumentar sus niveles de audiencia y así vender más. Casos hay de sobra. Es sabido, por ejemplo, que luego de rescatar al entrenador de futbol Rubén Omar Romano, quien había sido secuestrado, días después, la Policía Federal organizó un montaje para transmitir el rescate en vivo. Tampoco avisaron a las audiencias de que se trataba de una dramatización. Y podemos documentar más en otro momento.

Lo grave, me parece, es que el gobierno, en su desesperación e incapacidad de actuación, se vea seducido por este tipo de simulacros. ¿Cuántas de las noticias que vemos en la televisión no están producidas bajo esta lógica? ¿Cómo leer las múltiples intervenciones comunicacionales que el gobierno hace en torno al tema de la inseguridad (ver casos como The Royal Tour o la producción de la serie “El Equipo”)? ¿En qué momento la producción comunicativa pretende tomar el lugar de lo real?

Lo escalofriante es que mientras los medios de comunicación siguen reproduciendo imágenes de policías eficientes, de fuerzas armadas (Ejército y Marina) que hacen trabajos quirúrgicos de detención de criminales sin violentar los derechos humanos de la población y de un Presidente que dice tener todo bajo control, en la realidad, no en el simulacro televisivo, el país se está cayendo a pedazos.

Este artículo fue publicado el día 25 de marzo de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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3 comentarios

Archivado bajo Calidad de los medios de comunicación, Cultura y comunicación, Democracia y comunicación, Derecho a la información, El Informador, El Occidental, Libertad de expresión, Media Watch, Medios de comunicación masiva, Periódicos de Guadalajara, Sistema de comunicación de Guadalajara, Sistema de comunicación de México, Televisa, Televisión, Televisoras de México

3 Respuestas a “El montaje televisivo de Florence Cassez, o las relaciones entre la televisión y el poder

  1. Bernardo Masini

    Como castillo de naipes, todas estas simulaciones seguirán viniéndose abajo cuando menos le convenga al régimen de Calderón.

    Me gusta

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