Cinco elementos comunicacionales que marcaron las elecciones en México (o el país de aquínopasanada)

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

1. Internet y las comunidades virtuales

Desde el punto de vista comunicacional, Internet se convirtió en un espacio que le dio una nueva dinámica y forma al proceso de las campañas electorales. Ante una ley que reguló fuertemente la comunicación en radio y televisión, los blogs, páginas, y comunidades virtuales como Facebook y Twitter adquirieron una gran relevancia en el flujo informativo del sistema de comunicación política. Ahí se dieron discusiones importantes como el predomino monopólico de Televisa y TV Azteca en la radio y la televisión, la construcción de candidaturas mediáticas como es el caso de Enrique Peña Nieto, irregularidades y corruptelas de los partidos políticos y temas como el de la seguridad pública y la lucha en contra del crimen organizado, que particularmente estuvieron ausentes en la agenda de los candidatos a la presidencia de la República. El movimiento #YoSoy132 transformó la agenda de discusión y se convirtió en un fenómeno social en el que los jóvenes lograron complejizar la disputa por el poder político en el país. Y #YoSoy132 no podría concebirse ni analizarse sin entender que su origen y desarrollo se dio a través de la red.

Sin embargo Internet generó espejismos. Por un momento, en la discusión pública se pensó que la inercia de Internet y de #YoSoy132 podría darle un vuelco a la elección. Y se la dio, pero sus efectos solamente se podrán observar bajo una mirada histórica. De aquí en adelante los debates no podrán ser de menor calidad o complejidad que los que ellos organizaron. El tema de la democratización de los medios de comunicación adquirió un nuevo impulso. Y este movimiento demostró que la mayor potencia de Internet estriba en la posibilidad de organización social en tanto la comunicación salte a las calles, a la plaza pública, una idea que los políticos nunca entendieron a lo largo de estos meses, pues utilizaron las redes para informar y opinar, pero no para organizar.

Pero a esta realidad, se enfrentó otra muy relevante: aquella en la que tres cuartas partes de mexicanos no tienen acceso a Internet, aquella en la que las campañas de tierra, de compra de votos, de repartición de despensas, siguen siendo las más relevantes.

2. Las guerra se ganó a ras de tierra

Tanto a nivel local como nacional, quienes se han encargado de organizar las campañas políticas señalan que la lucha por el voto se libró a ras de tierra, en las calles, casa por casa, tocando puerta por puerta. Y esto también se pudo observar en elecciones recientes de países como Estados Unidos o Francia. La comunicación persona a persona en términos electorales resultó fundamental. Esperemos a análisis de mayor profundidad, pero parece ser que AMLO, aunque recorrió todos los municipios del país, no logró cautivar a las viejas estructuras clientelares que el PRI todavía mantiene y que, precisamente, muchas de ellas no tienen relación alguna con el mundo de Internet y las redes sociales.

Pasada la jornada electoral, las denuncias por la compra de votos aparecieron en distintos puntos de México. Se supo de personas que vendieron sus votos por quinientos pesos y distintos medios de comunicación documentaron gastos millonarios de gobiernos estatales en compra de despensas a la tienda departamental Soriana. Los periódicos de Grupo Reforma publicaron crónicas muy detalladas de cómo se realizaron estos procesos: los partidos políticos contactaron a ciudadanos que pudieran reclutar a diez o veinte personas para convencerlas de votar por tal o cual candidato a cambio de dinero, despensas, monederos electrónicos o tiempo aire para sus teléfonos celulares.

Estas evidencias que apenas comienzas a salir a flote (sheet floats), refieren a que una de las grandes inequidades del proceso electoral en México se dio a ras de tierra, ahí donde los partidos políticos, todos, aún mantienen estructuras clientelares añejas y antidemocráticas. Estas prácticas no sucederían en un país en el que la riqueza estuviera mejor distribuida, en el que no hubiera una franja poblacional tan amplia en situación de pobreza y en el que se cumplieran los derechos a la información y a la educación.

3. La decadencia del spot

Hace seis años los spots fueron determinantes en la contenida electoral. En ésta pasaron a un segundo o tercer plano.

Los spots fueron importantes antes de la elección, cuando los políticos gastaron millones de pesos para crear una imagen ante los ciudadanos. Esto fue muy claro en el caso de Enrique Peña Nieto en el plano nacional y Aristóteles Sandoval en el plano local (Jalisco).

Sin embargo, durante las campañas, aunque hubo momentos de intensidad, la lucha política a partir de los spots no fue tan relevante. En el caso local esto fue aún más notorio y la campaña de Enrique Alfaro será digna de estudio, pues fue un candidato que prácticamente triplicó su intención de voto con una presencia muy baja en radio y televisión a través de los spots. Esto abre la puerta para que esta forma de comunicación deje de ser tan estimada y para que salga, de una vez por todas, del sistema de comunicación política, o que al menos se le considere como una forma menor de comunicación.

4. El monopolio de la voz en un sistema democrático y las candidaturas construidas

La televisión sigue siendo la vía dominante en un sistema de comunicación política inequitativo y monopolizado por dos empresas. Si bien durante las campañas electorales los noticiarios de las televisoras otorgaron espacios equitativos a candidatos y partidos políticos, previo a éstas jugaron un papel fundamental en la construcción de las carreras políticas de personajes como Enrique Peña Nieto o Aristóteles Sandoval, quienes gastaron millones de pesos en la compra de spots publicitarios, de notas informativas y de campañas publicitarias.

En México, a diferencia de otros países, no se hacen estudios de recepción de contenidos audiovisuales de largo plazo, por lo que es difícil demostrar la influencia que la televisión tiene en la cultura política de sus ciudadanos. Sin embargo sería ingenuo pensar que no existe relación alguna entre la exposición prolongada de un candidato ante las audiencias televisivas y su capacidad para atraer votantes. La ascendencia de la televisión en las democracias modernas no es un tema exclusivo de México y en realidad es algo que se puede observar en otros países. El problema, en todo caso, es que en nuestro país existe solamente una empresa que tiene una red de comunicación capaz de llegar a prácticamente toda la población: Televisa. Esta condición de cuasi monopolio (porque, como se sabe, también existe Televisión Azteca), le ha dado la capacidad a Televisa de establecer los precios del mercado audiovisual en México, hacer alianzas políticas y económicas con distintos actores e instituciones, de construir candidaturas políticas únicas y de negociar las mejores condiciones para poder seguir desarrollando su negocio. En un mercado monopólico, la gran discusión se centra en la falta de pluralidad en el sistema de comunicación y en la alta capacidad de acceso a la difusión de mensajes por un pequeño grupo de personas, o visto de otra forma: a la bajísima posibilidad de acceso a estos medios de comunicación por parte de la mayoría de la población.

5. El país de aquínopasanada

Los medios de comunicación le dieron una cobertura mínima a las campañas políticas en comparación de ejercicios pasados. Fueron pocos los periódicos que publicaron suplementos especiales sobre el tema y en las televisoras vimos cómo estos asuntos quedaron relegados al tercer o cuarto bloque de los noticiarios. Los concesionarios de radio y televisión respetaron, en términos generales, las disposiciones que prohibían la compara o venta de espacios publicitarios o informativos. Además, aunque mínima, buscaron generar una cobertura informativa neutral y equitativa. Con sus excepciones, lo lograron.

No obstante, lo anterior generó una agenda informativa plana, chata, sin mayores emociones o movimientos. En general se podían ver, escuchar o leer notas informativas y muchas columnas de opinión. Pero vimos pocos reportajes, entrevistas con los políticos o candidatos, perfiles de los próximos gobernantes o análisis en profundidad de temas políticos o económicos. De alguna u otra forma el movimiento #YoSoy132 vino a transformar este escenario, pero al final los medios de comunicación decidieron reportar de la misma forma al movimiento que a las campañas políticas: “Ayer ocurrió una manifestación de estudiantes, en la que marcharon desde la Minerva hasta el centro de la ciudad, sin mayores incidentes. La demanda de la manifestación fue la democratización de los medios”.

El día de la elección, la cobertura informativa tuvo variaciones. Durante toda la jornada los medios de comunicación tuvieron una amplia cobertura. A diferencia de las semanas precedentes, los medios sí tuvieron iniciativa y compitieron por ser los primeros en propalar novedades. En el caso de Jalisco, cinco minutos antes de las seis de la tarde, en Internet comenzaron a circular las primeras encuestas de salida; minutos después, supimos de ellas a través de las pantallas de televisión. Quince minutos más tarde, los candidatos “ganadores” daban entrevistas exclusivas para las televisoras comerciales.

De forma paralela y sobre todo en las transmisiones nacionales, llamó la atención la participación de intelectuales como Enrique Krauze o Roger Bartra, que se dedicaron a “comentar” el proceso electoral, pero particularmente a señalar una y otra vez que éste había transcurrido ejemplarmente, sin sobresaltos y que quien se atreviera a cuestionarlo, no era un verdadero demócrata. Mientras tanto, afuera de los estudios de televisión hubo denuncias por delitos electorales y políticos y ciudadanos asesinados, por decir lo menos. Todo esto ayudó a la construcción de la imagen del país de aquínopasanada.

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Archivado bajo Democracia y comunicación, Derecho a la información, Discurso y poder, Economía política de la comunicación y la cultura, IFE, Libertad de expresión, Monopolios y medios de comunicación, Movimiento #YoSoy132, Sistema de comunicación política en México

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