Adiós a los espectaculares: desprivatizar la comunicación en los espacios públicos

Por Juan Larrosa-Fuentes. 13 de agosto de 2012.

Durante el primer fin de semana de agosto los tapatíos supimos que más de un centenar de árboles fueron podados de forma clandestina. Durante la noche, una serie de personajes se dedicaron a mochar árboles a diestra y siniestra. Esta poda, según las noticias de la prensa local, prácticamente aniquilará a todos estos árboles, pues apenas sobrevivirán algunos de ellos. Apenas hace algunos meses se quemó un tercio del bosque de “La Primavera” y ahora nos enteramos de esta triste noticia. La pregunta que muchos ciudadanos nos hicimos en torno a este caso es ¿quién mandó aniquilar estos árboles? Aunque no hay pruebas que lo demuestren fehacientemente, es evidente que esta poda buscó cortar el follaje de los árboles que tapaban la vista de los anuncios espectaculares de distintas avenidas de la ciudad. Este maltrato al sistema de plantas y árboles de una ciudad como Guadalajara tiene que terminar y las autoridades municipales tendrán que buscar la forma de hacer una investigación que dé cuenta de quiénes son los responsables de estas podas. Además, este caso nos indica que hay una serie de temas que tenemos que comenzar a discutir como sociedad y uno de ellos tiene que ver con la proliferación de espectaculares en la ciudad.

Espectaculares beneficiados por la tala clandestina. Fuente: El Informador.

Espectaculares beneficiados por la tala clandestina. Fuente: El Informador.

 

Los espacios públicos de la ciudades contemporáneas contienen una gran cantidad de elementos comunicativos que permiten que los ciudadanos puedan moverse a través de ellos con mayor o menor facilidad, dependiendo, por supuesto, del ejemplo que se quiera poner. (No es lo mismo, una ciudad que disponga toda la información para que los peatones puedan conocer las rutas y horarios del transporte urbano, a otra en la que exclusivamente se reproduce información para que los ciudadanos sepan cómo llegar a Nogales o a Saltillo.) En el espacio público hay información que permite saber por dónde circular y a través de qué vehículos; dónde se pueden encontrar espacios para adquirir bienes o servicios como comida, combustibles, bancos o talleres mecánicos; también hay mensajes publicitarios que buscan posicionar marcas o productos, como ocurrió en meses recientes cuando el espacio público se inundó de mensajes políticos debido a las campañas electorales; y también es posible encontrar arte a través de esculturas urbanas, murales o grafitis. Haga usted el ejercicio y busque todas las formas comunicativas y mensajes que integran el espacio público y se sorprenderá de su diversidad.

En teoría el espacio público tendría que estar pensado para todos los que lo integran. El espacio público en las ciudades pertenece a sus habitantes, pues es un lugar de encuentro, de socialización, de convivencia, distinto a los espacios privados como una casa o un restaurante, o los íntimos, como la alcoba. Y dado que el espacio público le pertenece a todos sus habitantes, son ellos quienes tendrían que tener el derecho de discutir sobre lo que ahí se comunica o se informa, y las formas en las que estos procesos son llevados a cabo.

El paisaje urbano se empobrece con los espectaculares.

El paisaje urbano se empobrece con los espectaculares.

En la ciudad de Guadalajara, en años recientes, la mercantilización de la comunicación en el espacio público es un fenómeno cada vez más común. Es notable la proliferación desmedida y desordenada de espectaculares en todo tipo de calles y avenidas; el mobiliario urbano del transporte público tiene anuncios políticos o publicitarios en lugar de ofrecer información sobre los servicios de movilidad en la ciudad; vehículos de transporte como camiones o trenes suelen colocar publicidad en su carrocería; y en algunos edificios públicos hemos visto pendones o grandes calcomanías que los cubren con publicidad. Otra práctica común es que ciertas empresas privadas o comercios asuman tareas propias de los ayuntamientos como el mantenimiento de camellones, jardines o glorietas, a cambio de colocar un anuncio de su producto o servicio. También se pueden traer a cuento cómo ciertas empresas han pagado por la hechura de las placas que informan los nombres de calles o avenidas, a cambio de que además de esa información, los ciudadanos vean cotidianamente su marca.

Por supuesto, para gobiernos municipales que viven eternamente en déficit, mercantilizar el espacio público es una vía loable para obtener dinero. Sin embargo estas prácticas son muy perniciosas para el desarrollo de una ciudad. ¿Quién y por qué toma la decisión de que se puede cobrar por colocar un anuncio en el espacio público? ¿Con base en qué argumentos? ¿Es más valioso un anuncio privado que un sistema de arbolado que cumple funciones vitales para una urbe? ¿Vale más sacar unos pesos por la venta de publicidad política que informar a los ciudadanos sobre cuándo y por dónde pasa el maltrecho servicio de transporte público?

Hay otros puntos de discusión sobre el uso del espacio público para colocar mensajes publicitarios. Cuando una persona compra el periódico o ve la televisión, por lo general tiene la capacidad de distinguir claramente entre lo que es información, entretenimiento, ficción o publicidad y decidir si le cambia de canal para ver los comerciales o si se los esquiva. El peatón o automovilista, en el caso de una ciudad como Guadalajara, no tienen la posibilidad de decidir qué información o publicidad quieren ver en su entorno.

Creo que es tiempo de entrarle a la discusión sobre qué tipo de mensajes deben circular en nuestro espacio público. Desde mi perspectiva sería mucho más sano habitar en una ciudad en donde la información del espacio público esté al servicio de los ciudadanos y no al de la mercantilización. En algunas ciudades de Latinoamérica esta discusión ya se ha dado y han decidido prohibir la colocación de espectaculares. Como ciudadanos tenemos derecho a disfrutar espacios libres de publicidad, y yo agregaría, llenos de árboles.

¡Por más árboles y menos publicidad!

El mobiliario urbano es utilizado para reproducir propaganda política y no información útil para los usuarios del transporte público.

El mobiliario urbano es utilizado para reproducir propaganda política y no información útil para los usuarios del transporte público.

 

Este artículo fue publicado el día 13 de agosto de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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3 comentarios

Archivado bajo Derecho a la información, Economía política de la comunicación y la cultura, Publicidad, Sistema de comunicación de Guadalajara

3 Respuestas a “Adiós a los espectaculares: desprivatizar la comunicación en los espacios públicos

  1. Bernardo Masini

    Ciertamente, esa poda favorece dos tipos de contaminación: la ambiental y la visual. Respecto a esta última, habría que seguirle en otros frentes. Algunos tan baladíes como los uniformes de nuestros equipos de futbol, que lucen espantosos debajo de las quince marcas que se anuncian en ellos.

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  2. alguna vez vi unblog que trataban algo muy similar, la respuesta de la gente en desacuerdo fue: listar las empresas con su logo como colaboradores indirectos de tal poda a los arboles. En facebook se peude hacer algo mostrando la relacion entre la marca anunciada y vinculandola al daño hecho. Habra quien opte por anunciarse en otros medios para evitar la mala publicidad. Contra un gobierno corrupto que permite esto no se puede mas que estrategias de guerrilas como esta.

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