El fracaso de las políticas públicas para la creación de nuevos lectores en Jalisco

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Corren tiempos en los que la clase política está acomodándose en sus nuevos puestos, tiempos en los que aquellos que se bajan del barco gritan a diestra y siniestra sus logros. Algunos, como el presidente Felipe Calderón, han optado por defender, un día sí y el otro también, los “éxitos” de su gobierno. Otros, como Emilio González Márquez, han decidido bajar al mínimo su presencia pública y dejar que los ríos de críticas a su gobierno corran sin que él se inmute (o al menos eso parece). En ese limbo en el que cae la política, entre que salen unos y llegan otros, también resulta un momento propicio para analizar críticamente el trabajo de estas burocracias que administran la vida pública. Preguntas y posibilidades de análisis hay bastantes. Apunto la discusión hacia las variaciones del consumo cultural de los jaliscienses, específicamente en lo concerniente a la lectura de libros y periódicos. Por supuesto, el desarrollo cultural no recae exclusivamente en los gobiernos, pero sí se esperaría de ellos un papel determinante en este tema.

¿Cómo han cambiado los índices de lectura de los jaliscienses en los últimos diez años? La respuesta a esta pregunta no es sencilla porque existe muy poca evidencia que la documente. Para encontrar esta información hay que realizar, como diría un colega, “minería de datos”. Esto significa ir a un archivo por aquí y a una biblioteca por allá, escarbar en internet y en las bases de datos de las dependencias públicas. En otros países este tipo de ejercicios estadísticos se han realizado desde hace décadas y están al alcance de quien lo solicite. Así que van algunos datos obtenidos de distintas fuentes.

Entre 2001 y 2006, el investigador de la Universidad de Guadalajara, Pablo Arredondo, presentó los resultados de una serie de encuestas que medían parte del consumo cultural de los jaliscienses. Estos ejercicios los denominó como “Los medios de comunicación y las audiencias”. En el ejercicio que realizó en 2001, 41% de los jaliscienses dijo leer un periódico y de ellos, 25% dijo hacerlo a diario y 26% una vez por semana. En esta encuesta no preguntó por el consumo de libros, pero retomo el dato lanzado por el periódico Mural, en que reportaba que los tapatíos decían leer nueve libros por año, pero solo 14% decía leer libros a diario.

En 2006, en un ejercicio similar, Arredondo encontró que 50% de sus entrevistados sí leía libros y solamente 13% se consideró a sí mismo como una persona con el hábito de leer . En contraparte 54% leía ocasionalmente libros y 27% de los entrevistados se caracterizaron como personas que prefieren no leer libros. Por otra parte, Arredondo descubrió que 32% de los jaliscienses aseguraba que leía periódicos y que 16% decía hacerlo a diario y 48% uno o dos días por semana (Arredondo, 2006). En cinco años, según estas referencias, la lectura de periódicos cayó 9%, y el porcentaje de lectores diarios disminuyó en la misma proporción.

Cuatro años después, en 2010, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes entregó los resultados de la “Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumos culturales 2010”. En este trabajo se establece que 78% de la población de Jalisco no acostumbra leer libros y que 8.5% había leído un libro durante el último año. Además 83% reportó no haber comprado ningún libro en los últimos doce meses. 46% dijo no leer periódicos y solamente 6% dijo que lo hacía entre cinco y siete días por semana.

Aunque en algunos casos la información no se puede comparar directamente, pues los estudios fueron elaborados a través de preguntas y muestras distintas, sí se pueden establecer algunas conclusiones. Encontramos, por ejemplo, que en diez años de gobiernos panistas aumentó el porcentaje de la población que dice no leer libros. En otro rubro, vemos que la lectura de periódicos tiene una tendencia a la alza: en el año 2001 41% dijo que sí leía periódicos, al menos esporádicamente y en 2010 los que se manifestaron por realizar esta actividad fue de 53%. Sin embargo, si observamos cuántos de estos son lectores diarios de periódicos, el porcentaje cae de 25% a 6%. Por cuestiones de espacio no profundizaré más en este análisis.

Diez años son suficientes para observar cómo se transforman los hábitos de una comunidad. A través de estos estudios se puede inferir que o bien han existido pocos proyectos para el desarrollo de lectores, o bien, que si han habido, sus resultados han sido muy pobres. En los últimos diez años no hemos visto que los distintos niveles de gobierno promuevan la formación de lectores a través de políticas públicas. Tampoco hemos visto que empresas como periódicos o casas editoriales lancen estrategias para crear nuevos clientes que consuman sus productos editoriales. Por el contrario, vemos a gobiernos aferrados a editar libros que se quedan guardando polvo en las bodegas y sin el mínimo interés de dotar con bibliotecas a pequeñas y grandes comunidades. Vemos también a empresas periodísticas que niegan una realidad en la cual cada vez tienen menos lectores y prefieren compensar sus pérdidas suplicando porque las entidades públicas les den más dinero a través de la publicidad oficial.

Así las cosas, escuchamos a los gobernadores salientes que se llenan la boca con una retahíla de “logros” en sus administraciones, pero que callan en sus fallos y desatenciones. La dimensión cultural sigue estando relegada ante temas que para ellos son más importantes como la macroeconomía, las reformas estructurales o la obra pública, (enunciadas así, de forma abstracta). Por lo pronto, los nuevos gobernantes no han mostrado gran interés por transformar el orden de cosas. Podemos esperar otro periodo en el que las instituciones culturales sea utilizadas para atiborrarlas de puestos inútiles y que sean ocupados por amigos o familiares de la nueva clase política. Instituciones que promuevan fiestas y gasten cantidades millonarias en estelas de luz. Instituciones que publiquen libros de tapa dura y papel cuché para comunicar sus logros.

Lejos se ven las instituciones que incentiven las industrias culturales y que construyan nuevos públicos.

Este artículo fue publicado el día 27 de agosto de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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