A fuego lento: ¿comienza a resquebrajarse el rating de las televisoras en México?

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (23 de septiembre de 2012)

Los últimos meses han sido difíciles para Televisa y Televisión Azteca, las dos empresas que transmiten la mayoría de las señales de televisión en México. Este duopolio, como se le nombra cotidianamente, ha estado muy activo en la defensa de sus intereses, presionando, a diestra y siniestra, por apropiarse del mercado de la telecomunicaciones en el país. Hasta hace algunos años, la unión de estas dos televisoras a través de Iusacell parecía imposible, pero busines are buisnes y estos empresarios han demostrado que pueden ser los peores enemigos, pero también grandes aliados. Enfrente tienen a un gigante económico, como es el emporio de Carlos Slim y algunos adversarios menores, como MVS. Mientras tanto, el gran negocio de la televisión no vive sus mejores tiempos y existe cierta información que permite especular que esta fuente de comunicación está comenzando a perder fuerza.

En lo que va del año han ocurrido ciertas cosas que delatan turbulencias en los territorios de Salinas Pliego y Azcárraga Jean. En abril, los encargados del futbol en México anunciaron cambios en las competencias del circuito profesional de este deporte. Encargaron un nuevo diseño gráfico, cambiaron el nombre a “Liga MX”, se inventaron un torneo de copa en el que participan equipos de primera división pero también de la liga de ascenso, y los partidos comenzaron a programarse en nuevos horarios. Estos cambios no se impulsaron por el deseo de elevar el nivel de competencia deportiva del abúlico futbol mexicano, sino porque de un par de años para acá los niveles de rating de las transmisiones de los partidos comenzaron a bajar significativamente. A pocos emocionan los partidos de la liga, incluidos los equipos “grandes” como Chivas, América o Cruz Azul y el futbol, que es una de las columnas más importantes del modelo de negocios de Televisa y Televisión Azteca, también ha venido a la baja. Los resultados económicos y comerciales de la nueva Liga Mx han dejado mucho que desear, pues hasta ahora en poco se ha incrementado la audiencia futbolera.

La transmisión de los Juegos Olímpicos era una de las cartas fuertes de las televisoras en 2012 para mitigar las pocas ganancias que las campañas electorales les dejarían debido a las recientes reformas en la materia. Y según lo que se ha reportado en diversos sitios de internet y periódicos, los ratings de las transmisiones de este encuentro deportivo también fueron bajos. Lejos quedaron los días en los que las televisoras competían férreamente por hacerse de la audiencia, aquellos en los que incluso había destellos de buena televisión a través del humor de Andrés Bustamante o de crónicas y comentarios de periodistas que conocían su oficio. Ahora quedaron emisiones llenas de comediantes ramplones, comentaristas edulcorados y conductoras que tienen como misión enseñar su cuerpo y realizar algunas notas de color.

Las telenovelas, otra de las piezas fundamentales para entender el negocio de la televisión en México, también han ido a la baja, particularmente en Televisión Azteca en donde al parecer sus costos de producción son muy elevados y sus niveles de audiencias bajos. Esto está metiendo en un predicamento a la televisora del Ajusco en donde se han visto recortes de personal en los últimos meses.

Desde una perspectiva política a las televisoras les ha llovido en su milpita. No es una novedad que el duopolio sea señalado como un poder de facto que influye en la vida pública del país y que tiene una alta ascendencia en políticos y servidores públicos, al grado que tienen un refinado sistema de cabildeo político, particularmente en los poderes ejecutivo y legislativo, en donde constantemente busca imponer sus agendas. Ejemplos de ello hay muchos: las recientes telebancadas en el Congreso de la Unión o las relaciones tan estrechas que tienen con la Presidencia de la República o de los Gobiernos estatales a través de la compra y venta de publicidad e información. Sin embargo, en el reciente proceso electoral las televisoras fueron blanco de críticas, ya no nada más por especialistas en la materia, periodistas o enterados, sino también de una gran masa crítica, enarbolada principalmente por el movimiento #YoSoy132, pero también por otros sectores sociales que señalaron públicamente los perjuicios que representa para la democracia un sistema de televisión monopolizado por dos empresas. Nunca antes se habían visto movilizaciones tan amplias para criticar directamente a un medio de comunicación.

Con estos elementos no puede concluirse que las televisoras viven sus últimos días ni mucho menos. La televisión en México, y en el resto del mundo, sigue siendo un medio muy poderoso por los ingresos económicos que genera, pero también por el poder político que detenta. Pero ya no estamos frente a la televisión de las masas de los años setenta, en donde un programa de televisión era visto por varias decenas de millones de personas. Se acabaron los tiempos de Siempre en Domingo, de 24 Horas o del clásico entre las Chivas y el América. La producción y mercantilización del sistema capitalista ha desarrollado mercados fragmentados y no de grandes masas. Esto ha permutado las características de producción y consumo de televisión. Y también está el cambio tecnológico: durante muchos años la televisión no tuvo rival y ahora tiene que competir con los sistemas de televisión de paga así como en la red de redes que es internet, en donde las audiencias pueden hacer muchas cosas, entre ellas, ver contenidos de televisión pero a través de computadoras o dispositivos móviles.

Estas ideas son muy relevantes para entender el momento político que se vive en México con relación a sus sistemas de comunicación. La televisión ya no es una mina de oro con reservas insospechadas; es una mina, por el contrario, rica y poderosa, pero ya se le ve un límite. La disputa ahora está en las telecomunicaciones: telefonía móvil, servicios de transmisión de datos o banda ancha. El duopolio y Carlos Slim tienen ahí sus grandes apuestas, pues saben que el que se rezague quedará fuera de la jugada. Con todo esto, lo que quiero argumentar, es que la mayoría de las discusiones públicas sobre el sistema de medios en México están orientadas a denunciar el “poder” y “manipulación” de las televisoras y se le da menor relevancia al futuro de las telecomunicaciones. Mientras sigamos con la mayor parte de nuestras baterías al ataque de la televisión, la nueva estructura de comunicación, que estará dominada por los mismos jugadores, sigue cocinándose a fuego lento.

Este artículo fue publicado el día 24 de septiembre de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Archivado bajo Economía política de la comunicación y la cultura, Industrias culturales, Lucha por las telecomunicaciones en México, Media Watch, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Sistema de comunicación de México, Slim versus Azcárraga, Televisa, Televisa versus Carso, Televisión, Televisión Azteca, Televisoras de México

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