Internet en los tiempos de la guerra contra el narco

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

No es ninguna novedad que la libertad de expresión en México no vive sus mejores momentos. Esta libertad y derecho están en crisis desde hace tiempo y se ha vuelto común escuchar que nuestro país es uno de los peores lugares para ejercer el periodismo. Hacia el final del largo periodo del PRI en la presidencia de la República, la libertad de expresión fue ganando terreno en lo político, donde existía una estructura que controlaba qué se decía públicamente, particularmente a través de los medios de comunicación. Después, con la llegada del PAN al poder, las libertades en torno a la expresión se mantuvieron y en algunos casos aumentaron. Este nuevo escenario de libertades poco duró. Tristemente, a partir del recrudecimiento de la violencia en el país, esta libertad se ha visto trastocada por el crimen organizado y por un Estado incapaz de garantizar este derecho a los mexicanos.

En semanas recientes se hicieron públicos dos estudios que dan cuenta del deterioro de la libertad de expresión en México, particularmente en internet. El primero de ellos se llama “La evolución de las tácticas para controlar internet y la presión por una mayor libertad” (“Evolving tactics of internet control and the push for greater freedom”) de Sanja Kelly y Sarah Cook y publicado por la organización Freedom House. El segundo versa sobre el uso que se le da a Twitter en algunas ciudades mexicanas en donde la violencia ha aumentado en los últimos años; el artículo fue escrito por Andrés Monroy-Hernández, Emre Kiciman, Danah Boyd y Scott Counts y se titula “Narctuits: redes sociales en tiempos de guerra” (“Narcotweets: Social Media in Wartime”). Ambos estudios, aunque muy distintos en su temática, dan cuenta de un país cuya población ha visto disminuidos sus derechos civiles y políticos, como consecuencia del aumento de la violencia por parte de distintos grupos del crimen organizado, así como por una deficiente estrategia de gobierno para revertir esta situación.

En el primer reporte Freedom House evalúa el grado de libertad de expresión que existe en internet en distintos países. En este rubro México tiene una calificación de 40 puntos, en donde cero representa a los mejores niveles en el derecho a la expresión y cien, a los peores. Según esta medición, México se encuentra a la mitad de la tabla y es uno de los mejores calificados entre los países no democráticos o semi democráticos. Así que no es una gran alegría saber que estamos más o menos bien comparados con Irán, China o Etiopía, países con gobiernos de corte autoritario.

Quienes hicieron el reporte están preocupados porque se han extendido prácticas de censura que antes solamente se veían en China o Rusia. Estas tácticas son varias e incluyen el control de la red desde el hardware, impidiendo la entrada o salida de información de ciertas redes; la suspensión de servicios de telecomunicaciones como ocurrió en varios episodios de la llamada Primavera Árabe; la descalificación pública de voces disidentes a través de la difusión de rumores o la desacreditación personal; la violencia física o la privación de la libertad de reporteros o ciudadanos que usan blogs o comunidades virtuales.

El caso mexicano, si bien no es tan grave como ocurre en países de Asia o África, sí merece varios párrafos del informe, en donde las autoras señalan con asombro cómo el crimen organizado ha matado a ciudadanos que difunden información a través de blogs o cuentas de Twitter o Facebook. También hacen notar que en México han existido, algunos intentos por regular la libertad de expresión en la red, y ponen como ejemplo al gobierno de Veracruz, que mandó una iniciativa al Congreso local para tratar como terroristas a quienes difundieran información falsa a través de internet. Como se sabe, luego de diversas protestas, esta iniciativa fue desechada. Este artículo expone, además, que varios gobiernos utilizan los servicios de empresas que tienen como misión desmantelar o desacreditar a todas aquellas personas, instituciones o iniciativas que generan discursos críticos sobre el trabajo de los poderes públicos. Aunque en este rubro no mencionan a México, estas prácticas son comunes y fueron aún más evidentes en el pasado proceso electoral que concluyó en el verano de 2012. La prensa ha documentado cómo la clase política compra amigos en Facebook o seguidores en Twitter, o cómo, por otro lado, se les paga a troles o personajes falsos para que difunden rumores o que generan campañas de desprestigio. En Jalisco, vale recordarlo, el caso más reciente de esto lo tenemos con Alberto Jiménez Martínez apodado “La Antena”, quien operaba cuentas falsas en Twitter y Facebook para realizar labores de guerra sucia.

Por su parte, el artículo “Narctuits: redes sociales en tiempos de guerra” es un estudio en el que se documenta que aún a pesar de los peligros que encarna utilizar internet en ciertas zonas de nuestro país, Twitter se ha convertido en una red que resarce, aunque no del todo, las carencias informativas de algunas comunidades en donde no existen las garantías para ejercer el periodismo (Saltillo, Monterrey, Reynosa, Veracurz). Estos investigadores analizaron el contenido de casi cuatro millones de “tuits” relacionados con los temas de narcotráfico y crimen organizado. Aunque en estas redes sociales los investigadores encontraron mucha información poco fidedigna, también se toparon con que en estas ciudades hay ciertos tuiteros que se han convertido en editores ciudadanos de la información relacionada con el crimen organizado. Estos editores se encargan de verificar la información que circula en la red y después de viralizarla. Ante la falta de información periodística que hay en estas regiones, los ciudadanos entran al quite para informar sobre estos temas.

Como se puede ver, el panorama de la libertad de expresión en internet es poco alentador en el caso mexicano. El destierro de las formas autoritarias de regular la comunicación durante el régimen priísta están siendo sustituidas por la incapacidad del gobierno de garantizar la libertad de expresión frente a la operación de los poderes fácticos, en este caso, del crimen organizado. El estado de la libertad de expresión es otro de los legados de la guerra en contra del crimen organizado emprendida por el presidente Felipe Calderón.

Este artículo fue publicado el 22 de octubre de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Archivado bajo Censura, Cultura y comunicación, Derecho a la información, Facebook, Internet, Libertad de expresión, Medios de comunicación masiva, Narcocorridos, Twitter

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