El concepto de “verdad” en la red, o las mentiras en la red

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

¿Qué se puede decir sobre el concepto de “verdad” en el marco de la producción, circulación y consumo de información en la red de redes? Esta pregunta pude tener amplísimas respuestas, que no agotaré en esta intervención y que seguramente pueden dar pie a diversas discusiones. Para esta entrega quisiera concentrarme en el tema de la suplantación de identidad, a través del caso de tres escritores y un académico.

¿Quién no ha visto circular en internet o en su correo electrónico “La carta a mis amigos”, en la que un cursi Gabriel García Márquez, a propósito de una enfermedad terminal, convoca a sus cercanos a vivir el presente y amar sin condiciones? Generalmente el texto circula en blogs cuyo diseño es estrafalario o llega al correo electrónico acompañado de una presentación de Power Point, en la que hay fotografías de hermosos paisajes y música para conmover al lector. Se sabe, desde hace años, que esta carta no la escribió el colombiano.

A Vargas Llosa también le han ocurrido historias similares. En la red circulan dos textos, uno de ellos llamado “Elogio a la mujer” y otro, “Sí, lloro por ti Argentina”. El escritor peruano ha negado ser el autor de estas líneas (ver “La identidad perdida), sin embargo, encuentra en ellas el cuidado de alguien que trabajó para que la falsificación fuera exitosa: “El falsificador lo había urdido con una astucia cuidadosa, tomando frases que efectivamente yo había usado alguna vez, por ejemplo para criticar la política de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner o la del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y adobándolas con vilezas y vulgaridades pestilenciales de su propia cosecha”.

Algo similar ha pasado con el lingüista Noam Chomsky, a quien se le atribuye la autoría del “Decálogo de la manipulación mediática”. Este texto, que se puede encontrar en decenas de blogs y páginas personales, ha inspirado a otros autores que han escrito sobre el decálogo o realizadores audiovisuales que han colocado en la red videos que hablan sobre el tema. Incluso, algunos detractores de Chomsky le han dedicado tiempo a criticar este texto. El problema es que este decálogo no es de la autoría del académico norteamericano, quien dice reconocerse en algunas ideas del documento de marras, pero no lo asume como propio.

Otro caso, sin duda hilarante, es el del escritor norteamericano Philp Roth, quien navegando por la red descubrió un artículo en Wikipedia, en el que se hace una descripción de su novela The Human Stain. Al leer el artículo, el escritor se percató de que tenía muchos errores o por lo menos, imprecisiones, por lo que decidió escribir una carta a Wikipedia, la cual comienza así: “Soy Philip Roth. En días recientes tuve la necesidad de leer, por primera vez, una entrada de Wikipedia en la que se discute mi novela The Human Stain. Esta entrada contiene serias inexactitudes las cuales me gustaría que fueran removidas. Este artículo entró a Wikipedia, no a través del mundo de la verdad, sino a través de una serie de chismes”. Seguramente hay muchos casos así, en donde un autor no se reconoce en un texto que habla de su obra; lo sorprendente del caso fue la respuesta de la administración de Wikipedia, quien concedió una “gran autoridad” a Roth sobre su propia obra, pero al mismo tiempo le comunicó que no podía cambiar el texto hasta no encontrar fuentes secundarias que soportaran estos dichos. En otras palabras: la opinión del autor sobre su propia obra tiene menos importancia para Wikipedia, que los criterios editoriales de la enciclopedia en línea más visitada del mundo.

La falsificación de documentos o la divulgación de productos comunicativos apócrifos no es algo nuevo. Lo novedoso es la facilidad para la distribución de este tipo de información. Por ejemplo, lo que antes requería cierta inversión económica para divulgar un libro apócrifo, ahora basta con pulsar un botón para enviar un correo masivo o hacer púbico un artículo a través de un blog o de una página de internet.

Las intenciones de los falsificadores son muchas: para fastidiar o desprestigiar al autor que están suplantando (caso Roth o Vargas Llosa), para darle impulso a la discusión de cierta idea que de otra forma sería marginada (caso Chomsky), para alimentar rumores (caso García Márquez), entre otras razones que se podrían trabajar.

Aunque el tema de la “verdad” en la comunicación se puede pensar desde múltiples ángulos (ver “Análisis metódico de la verdad en la comunicación” de Manuel Martín Serrano), el caso de la suplantación de la identidad supone un reto para quienes hacemos uso de la información que se distribuye a través de internet. ¿Cómo evaluar la “verdad” en tiempos de internet? No existe un método único o infalible, pero la alfabetización digital exige el desarrollo de habilidades para leer y evaluar la información que encontramos en la red. Tan importante es esta alfabetización, que debe pensarse como un espacio de educación formal en el currículo escolar de todos los niveles. La profundización de estas habilidades se da con el tiempo y la experiencia, pero parten de premisas muy sencillas. El cibernatua, al tiempo de enfrentarse a un texto (escrito, en audio o video), debe preguntarse cosas como ¿quién es la persona que escribió el texto y si documento y biografía resultan congruentes? ¿En dónde está alojado el texto? Si lo encontramos en la página de un medio de comunicación conocido, una universidad o alguna institución pública o si, por el contrario, es parte de un blog anónimo, una página de internet que tiene pocas referencias de sus productores o de un sitio que tiene mucho tiempo de no ser actualizado.

Aún con todo y estas precauciones, la suplantación de la identidad es cosa común en nuestros tiempos. De ahí la importancia de la profesionalización de las personas que trabajan como editores de la información de la red: ellos tienen la encomienda de crear los filtros que nos eviten estos hilarantes y bochornosos gazapos. El problema, como ya lo hemos visto una y otra vez, es que hay pocos que quieran pagar a estos profesionales.

Este artículo fue publicado el 17 de diciembre de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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