Esa locomotora llamada agenda mediática, o del exceso de información chatarra con el que convivimos día a día

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (11 de marzo de 2013)

Como una locomotora que no detiene su paso ante ningún obstáculo, la agenda informativa de las últimas semanas no ha cejado en su intensidad y lejos está de llegar a alguna estación en la que los viajeros podamos respirar, al menos por unos minutos, mientras vuelve a emprender su viaje. Para quienes nos dedicamos al análisis y consumo informativo, el seguimiento de la agenda se ha convertido en una tarea titánica, por no decir imposible. La primera gran ola llegó con el anuncio del presidente Peña Nieto sobre la consumación de parte de la reforma educativa; un día después, el 26 de febrero, la noticia que acaparó todos los titulares fue la detención de Elba Esther Gordillo, una de las lideresas sindicales con más poder en América Latina. Dos días después, Benedicto XVI, ahora Papa emérito de la Iglesia Católica, hizo efectiva la renuncia a su cargo. Un día después, Aristóteles Sandoval Díaz asumió como Gobernador constitucional del estado de Jalisco. E 4 de marzo murió Hugo Chávez, presidente de Venezuela, luego de una larga convalecencia causada por el cáncer. Por si esto fuera poco, el sábado 9 de marzo asesinaron a Jesús Gallegos Álvarez, Secretario de Turismo de Jalisco. ¿Cómo estar medianamente informados cuando enfrentamos este coctel informativo que tiene componentes internacionales, nacionales y locales y que se ha desarrollado en apenas once días? La respuesta, francamente no la tengo, pero van algunas ideas para comprender a esta locomotora informativa.

Para dar una idea del reto ante el cual estamos, vale la pena revisar el artículo “Los mejores medios en el mundo y por qué están a punto de cambiar” (“The Best Media in the World–and why they are about to change”) del autor Rasmus Kleis Nielsen, quien trabaja para el Instituto Reuters en la Universidad de Oxford, el cual está consagrado al estudio del periodismo. Según este trabajo, en 1960 un estadounidense tenía a su alcance, durante cada minuto de las 24 horas del día, un promedio de 82 minutos diferentes de contenido mediático, provenientes de libros, revistas, periódicos, la radio o la televisión. Es decir, en todo momento tenía 82 opciones distintas para consumir. En 2005, ya con Internet en pleno apogeo, la misma medición indicó que cada estadounidense podía tener a su alcance, durante cada minuto del día, 884 minutos de contenido mediático; en otras palabras: 884 opciones de consumo. En 45 años la producción de contenidos mediáticos se multiplicó por diez. Siete años después, en 2013, no tenemos este indicador actualizado, pero nada sugiere que haya comenzado un decrecimiento. Sin embargo, estos números dan una idea de la cantidad de información que actualmente se produce, cantidad que ha tenido un aumento exponencial con el desarrollo de Internet.

La red de redes le dio una vuelta de tuerca a los procesos de comunicación en el mundo: ofreció su estructura como una herramienta para desconcentrar y descentralizar la producción comunicativa, logró que los consumidores de información también pudieran ser productores y se erigió como un espacio para la libertad de expresión. No obstante, todos estos cambios, por sí mismos fantásticos, no han traído, necesariamente, una mejor calidad en la información que consumimos cotidianamente. Hay mucha información, pero es igual de abundante la información chatarra. Entonces, tenemos dos problemas: por un lado, un exceso de información disponible en el mundo digital y por otro, una baja calidad de estos contenidos.

En la actualidad, la información, particularmente la que circula en Internet, ya no es un producto acabado o concluido, en todo caso es un producto que siempre está en proceso de transformación. Anteriormente, la construcción de un producto informativo suponía una serie de pasos en los que un reportero salía a la calle a recolectar información, después regresaba a una redacción a desarrollar la nota, la cual pasaba por varios procesos de revisión, hasta que aparecía publicada en un telediario o un periódico. Esa nota quedaba para la posteridad, con todas sus virtudes y limitaciones; son esas notas las que podemos consultar en periódicos viejos de una hemeroteca o en los archivos de una empresa dedicada a la radiodifusión. Estos procesos aseguraban un mínimo de calidad.

Hoy día las notas informativas son productos que, cuando son consumidos, todavía pueden estar en vías de transformación. En una rueda de prensa, desde su BlackBerry, una periodista hace un texto que aparecerá publicado minutos después en el portal de un periódico en línea. Ese texto sufrirá distintas modificaciones a lo largo de la jornada informativa. Otro reportero informa a sus lectores de una balacera por medio de Twitter y a través de estos mensajes, en el medio para el cual trabaja, un editor confecciona una nota informativa. Algo así ocurrió durante la tarde del sábado, cuando los medios locales buscaron dar la primicia del asesinato del Secretario de Turismo, a partir de la información que iba circulando en Facebook, Twitter o a través de distintos medios digitales. Dos días después, esta noticia ya era vieja y sepultada por otras “coyunturas”. En tanto, los consumidores de información supimos poco del Secretario de Turismo y de las circunstancias que lo llevaron a su muerte.

Los ciudadanos que están conectados a la web caminan a través de olas y marejadas de información, de donde van sacando datos, discursos, textos y los van acomodando para generar una narrativa de su tiempo presente y del acontecer noticioso. Sin embargo es difícil encontrar información de calidad. En un caso tan polémico como la muerte de Hugo Chávez abunda información, pero son pocos los trabajos periodísticos que buscan la profundidad, pues privilegiaron la instantaneidad, el análisis ramplón o de la difusión de una imagen impactante por Twitter. Los ciudadanos estamos expuestos a altas dosis de información chatarra, producida por medios de comunicación que han relegado, para otro momento, a la investigación periodística, la contextualización, el análisis político, la crítica literaria, la crónica urbana, entre otros.

Bajo estas circunstancias, es difícil seguirle el paso a la locomotora informativa y no morir en el intento.

Este artículo fue publicado el 11 de marzo de 2013 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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1 comentario

Archivado bajo Calidad de los medios de comunicación, Crisis de la prensa escrita, Derecho a la información, Medios de comunicación masiva, Observatorios de medios

Una respuesta a “Esa locomotora llamada agenda mediática, o del exceso de información chatarra con el que convivimos día a día

  1. Seguir el paso de la “locomotora” no sólo es difícil sino humanamente imposible. Y justo en ésa laguna generada por la sobreinformación disponible para quienes tenemos acceso a internet es donde se encuentra la nueva mina de oro: la gestión de información, la discriminación de contenido. Señalo lo anterior dando por entendido y sin la intención de dejar de lado la importancia —que ya mencionas— de retomar el periodismo de análisis, contexto y que cuenta historias.

    En la adecuada conjunción del par de aspectos que arriba menciono —gestión de la información y rigor periodístico—, considero que se encuentran las principales claves para la reinvindicación de lo que muchos entendemos como periodismo.

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