El fin de la guerra de las telecomunicaciones o el reacomodo de una industria trasnacional

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (8 de abril de 2013)

Hasta ahora, el grueso de la narrativa política y periodística mexicana, se ha dedicado a aplaudir las buenas artes políticas del presidente Peña Nieto. Primero han puesto la mirada en la reforma educativa y recientemente en las reformas constitucionales en materia de comunicación, que actualmente se están discutiendo en el Congreso de la Unión. Es evidente que el equipo de políticos que recientemente llegaron al poder en México han sabido hacer mejor su trabajo que los dos últimos gobiernos encabezados por el PAN: saben que para que las reformas se aprueben, tienen que contar con el apoyo de la mayoría de las fuerzas políticas y para ello se han dedicado a negociar. Lejos han quedado las ocurrencias de Fox o la inflexibilidad y los berrinches de Calderón. Cuánto tiempo durará esta luna de miel, difícil saberlo. Uno de los riesgos de esta narrativa, es la construcción de un pensamiento único, o por el contrario, la erosión de las perspectivas críticas. En el caso de las reformas a las telecomunicaciones, ciertamente el proceso se ha visto influido por una buena negociación política, pero darle todo el crédito a Peña Nieto y a su equipo, resulta exagerado. Hay ciertos rasgos coyunturales, pero de orden histórico y global, que han permitido el desarrollo de la reforma en materia de telecomunicaciones.

Pocos creían que el presidente Peña Nieto se metería en una pelea para regular los intereses de Carlos Slim y Emilio Azcárraga, dos de los empresarios de las industrias de las telecomunicaciones y la radiodifusión más importantes del mundo. Y era lógica la incredulidad, luego de que por años el poder político había sido doblegado por estos y otros empresarios y particularmente después de unas elecciones en las que Peña Nieto se vio beneficiado por los recursos económicos de estos personajes. Sin embargo, vale la pena regresar a la genealogía de las fortunas de Slim y de Azcárraga (ver “La lucha por las telecomunicaciones en México: una disputa en contra de los viejos modelos políticos y económicos). El poder económico de Televisa y de Carso nació bajo el consentimiento de gobiernos priístas, aunque en distintos contextos históricos. La familia Azcárraga fue parte de una nueva burguesía que surgió después de la Revolución Mexicana y a la que le fue encomendada el desarrollo del país, en este caso, del sector de la radiodifusión. A cambio, el nuevo régimen mexicano les facilitó la vida eliminando la competencia y subsidiando su trabajo a través de la publicidad oficial o la instauración de regímenes fiscales a modo. Cincuenta años después, en un país completamente distinto y en el que el aparato priísta comenzaba a dar sus primeras señales de agotamiento, nació el segundo gran contendiente de esta guerra por las telecomunicaciones y que veinte años después, es decir hoy día, se convirtió en el hombre más rico del mundo según la revista Forbes. Carlos Slim también es producto de gobiernos priístas, que en su fase neoliberal, entregó a este empresario de origen libanés, Telmex, una empresa pública que daba servicio telefónico a los mexicanos. La venta de esta paraestatal, como se sabe, fue por debajo de su valor en el mercado y no se tomaron en cuenta las propuestas de inversión de otros empresarios; pero lo más importante es que el gobierno mexicano se aseguró de que Carlos Slim no tuviera ningún tipo de competencia durante los siguientes años, movimiento fundamental para que hoy, América Móvil, sea una de las empresas de telecomunicaciones más importantes del mundo.

Quienes crearon estos poderes económicos nunca imaginaron que el futuro tecnológico les depararía una sorpresa desagradable: el negocio de uno, se convertiría en el del otro. En otras palabras: hace veinte años la industria de telefonía nada tenía que ver con la de la radiodifusión y hoy están completamente ligados gracias a los procesos de convergencia digital, que ha permitido que por los cables en donde se transmite la voz, ahora también se puedan poner a circular todo tipo de datos, entre ellos, las señales de radio y televisión. La discordia que esto trabajo fue enorme, pues dos de los hijos mimados del régimen tuvieron que competir por un mismo hueso, pero en un sistema, que al ser monopólico, no tiene reglas. ¿Cómo repartir un hueso en disputa por dos mastines mediados por un entrenador de perros famélico y sin un traje especial para sortear las mordidas? Fue así como los dos gobiernos panistas se vieron rebasados por la tarea de poner orden en esta disputa.

Sin embargo, la historia tiene otro componente: la economía cambió y las industrias culturales del mundo, por tanto, también tuvieron profundas transformaciones. Las telecomunicaciones lograron hacer realidad un sistema financiero global, construido a través de nodos distribuidos por todo el mundo e interconectados a través de computadoras, teléfonos móviles o la televisión. Televisa nació en un mundo donde la producción, la circulación y el consumo de productos comunicativos se hacía, en su mayoría, al interior de México. Telmex nació, aunque en una época completamente distinta, en un país que requería de una empresa que diera el servicio telefónico a un país entero. Hoy, la producción, circulación y consumo de las industrias culturales, al ser economías de escala, tienen que ser pensadas desde un punto de vista global y no circunscritas a mercados nacionales. Dada la competencia global que existe en estas industrias, son negocios que a la larga no podrían subsistir únicamente desde una escala nacional o desde una actividad en particular. Por el contrario, son negocios que para subsistir, tienen que ampliar sus redes globalmente y a incursionar en actividades que antes no hacían. El capitalismo pasó de su expansión nacional, a una dilatación global. Carlos Slim domina con su red de telecomunicaciones a Centroamérica y parte de Sudamérica. Azcárraga ha tenido un gran éxito con sus producciones televisivas en Estados Unidos y que se transmite en Univisión. Ahora, ambos empresarios buscan dar otros servicios. Estas dinámicas han resultado en industrias comunicacionales oligopólicas, en donde estos empresarios mexicanos quieren tener una buena rebanada del pastel.

El argumento que he buscado construir a partir de estas ideas, es que estamos ante un ajuste en los escenarios y en las reglas del juego de las telecomunicaciones, para que dos de sus actores dominantes puedan seguir trabajando en un contexto de convergencia tecnológica y de globalización de las industrias culturales. Lejos estamos de tener un nuevo sistema de comunicación en el que los ciudadanos, no los consumidores, estén en el centro de la discusión. El acierto de Peña Nieto y su equipo ha sido la construcción de una narrativa política y periodística, en la que el Estado se coloca por encima de los intereses empresariales, al menos por ahora. El Presidente logró sentar a la mesa a dos bravos mastines y convencerlos de que su predominancia solamente podía estar asegurada si cedían en la actualización de las reglas de un juego que se volvió global. Estas nuevas reglas del juego marcan la actualización de aquellas que fueron establecidas después de la Revolución mexicana y hace treinta años, cuando tomaron el poder los gobiernos neoliberales. Televisa no podía seguir compitiendo con el modelo de negocios de Siempre en Domingo, el Chavo del Ocho o transmisiones del equipo América, Carlos Slim sabe que a Telmex le queda poco tiempo de vida, pues hace tiempo que la gente ha dejado de contratar el servicio de telefonía fija. El monopolio y duoplio mexicano pasará a ser parte del oligopolio global de telecomunicaciones. Estas noticias no son halagüeñas para las democracias del mundo occidental.

[youtube https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=llV9hHYkatA]

Este artículo fue publicado el 8 de abril de 2013 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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4 comentarios

Archivado bajo Democracia y comunicación, Discurso y poder, Economía política de la comunicación y la cultura, Lucha por las telecomunicaciones en México, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Neoliberalismo, Sistema de comunicación de México, Slim versus Azcárraga, Televisa versus Carso, Televisión, Televisoras de México

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