Oración por el padre difunto: una novela urbana de Gómez Lobo

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (4 de junio de 2013)

Oración por el padre difunto es una novela urbana que tiene la virtud de construir un escenario imaginario, el barrio de Las Piedritas, en donde distintos personajes hacen de las suyas para entretener al lector. Sin embargo, aunque ficticio, el barrio de Las Piedritas tiene ciertos rasgos que lo hacen muy tapatío. Por ello, mi primera recomendación para la lectura de este libro, si pueden, es que lo hagan en Guadalajara, en tiempo de lluvias y con un tequila. También recomendaría que se subieran a cualquiera de las rutas de camiones de nuestro desastroso sistema de transporte urbano y que se pierdan por los barrios céntricos de la ciudad, pero también por las colonias perdidas que pululan en las periferias; ahí reconocerán algunos de los rasgos de esta novela. Si no se les antoja ninguna de las anteriores, les sugiero que lean el libro junto a una computadora que tenga conexión a Internet y unas bocinas decentes: a lo largo de las páginas de Oración por el padre difunto hay una serie de instrucciones musicales que el lector no debe perder de vista y Youtube puede ser una buena herramienta para localizar las distintas piezas que Gómez Lobo, como un DJ en una fiesta, va recetando a los invitados: el eclecticismo musical del libro pasa por Kenny G, Status Quo, The Beatles, Los Picolinos, Angélica María, Los Terrícolas, AC/DC, Jaime López, El Cártel de Santa o Las Ultrasónicas, solo por citar a algunos de los exponentes.

Quise comenzar con estas recomendaciones, porque Oración por el padre difunto es un libro muy disfrutable, particularmente en la ciudad y qué mejor que en Guadalajara. Quien pueda y quiera, compre el libro, agarre su camión, su caballito de tequila y hágase de la música recomendada por José Luis Gómez Lobo y seguramente pasará buenos ratos.

***

Como decía, esta es una novela urbana, una historia que ocurre en una ciudad, la cual llega a convertirse en el personaje central del relato. Desde esta perspectiva, Oración por el padre difunto bien puede valorarse como una pieza de literatura que problematiza a la ciudad como uno de los temas centrales del mundo moderno, una ciudad con características propias de la región latinoamericana, vivas y caóticas, de habitantes solidarios y corruptos, con la belleza del desorden y con lo aséptico de su suciedad. En las páginas de esta novela encontrarán las imágenes de una ciudad que ya conocemos y que podemos encontrar en muchos de los estados de nuestro país, esas urbes que durante todo el siglo XX fueron llenándose y habitándose por personas que venían del campo, tal como lo Gómez Lobo lo apunta en las primeras páginas de su texto:

“Es difícil percibirlo, pero aún se notan algunos rincones que descubren su estética rural. La gente, sobre todo los mayores, sigue conservando el sentido de apaciguamiento que trajo de sus pueblos de origen. Es común verles caminar por la zona comercial de la colonia con la misma impasibilidad y tibieza con que lo hacían alrededor de los kioscos de sus pueblos; así como verlos sentados en el jardín de la parroquia, melancólicos y ausentes, pretendiendo inmunidad ante las inclemencias de la vida. Tampoco es raro ver o escuchar por ahí de vez en cuando alborotos de chiqueros y revoloteos de gallinas. Vacas parpadeando adormiladas sobre terrenos extensos mordisqueados por maquinarias de construcción y andamiajes apilados. Mi colonia se mantiene flotando entre los turbulentos aires de lo urbano y lo rural” (Gómez Lobo, 2012: 21).

Estas descripciones son parte central del debate en torno a la modernidad. Frederic Jameson, filósofo norteamericano, señala, precisamente, que dos de los elementos que dieron paso a la modernidad y la posmodernidad fueron “la industrialización de la agricultura, la destrucción de todos los campesinados tradicionales, y la colonización y comercialización del inconsciente o, en otras palabras, la cultura de masas y la industria cultural”. Estos dos elementos, la migración de la población del campo a la ciudad y el nacimiento de una nueva cultura popular, son elementos centrales de esta novela. Los problemas políticos y económicos que implicaron la construcción de estas ciudades, son también atrapadas en algunas otras de sus narraciones:

“La colonia Las Piedritas fue erigida por la intervención indolente de la casualidad. A principios de los años sesenta, el lugar se tenía contemplado por un grupo de inversionistas como posible fraccionamiento residencial. La ciudad se iba estirando hacia el sur, por el rumbo donde los empresarios habían instalado sus talleres y fábricas. Resultaba excelente la idea de construir sus residencias a diez minutos de distancia. Atraídos por el verdor de la zona y por el conjunto de lomitas rozadas por un calmoso riachuelo, los interesados vieron con buenos ojos el proyecto. Súbitamente, el proyecto se frenó debido a una complicación en los permisos de construcción. El gobernador en turno, quien creía que desarrollo urbano era nada más rellenar con asfalto todo lo que sus allegados le señalaban, obstinado con su creciente búsqueda de refinamiento, se empeñó en la ambiciosa empresa de construir un campo de golf, un conjunto  de chalets y callecitas empedradas sembradas de faroles que él, temblando de emoción, calificaba como: “muy a la europea”. Entonces llenó de trabas a la fraccionadora que inició el proyecto con intención de adueñarse del lugar” (Gómez Lobo, 2012: 16).

Esta mezcla de gobiernos atroces y despreocupados por los estratos bajos y medios de la pirámide social, también devino, como lo explica Jameson, en la construcción de una cultura de masas muy particular. En este caso, hay una mezcla muy interesante entre las expresiones culturales que provienen de Estados Unidos y de Europa, con las manifestaciones populares mexicanas. A lo largo Oración por el padre difunto, Gómez Lobo describe esta cultura popular, que se percibe muy bien, en la selección musical que ofrece al lector a lo largo de todo el libro, pero también lo hace a través de la construcción de escenas e imágenes, en donde estos elementos culturales se convierten en la base de su narración:

“En camiones saturados, las nueve de la noche devolvía a Las Piedritas, en una puntualidad de mierda, la marea gris y vapuleada de vecinos que regresaban a casa después de donar trozos de vida al cumplimento de sus empleos; aunque siempre se vengan a sus casas una o dos horas antes llenos de flojera y embarrando babas en la ventanilla. El paisaje que cruzábamos, como siempre, no daba para más. Nuestros pasos engullían monótonamente metros y metros ocupados por señoras gordas en rebozo vendiendo hamburguesas anunciadas en papel fosforescente color verde; muchachillos prietos y pelones hablando con tono sinaloense; vendimias de frapuchinos en vasos de veladora; perros famélicos con cortes de pelo estilo french poodle; quinceañeras con el vampirezco contoneo de actriz de Hollywood; jóvenes simulando hablar por celular manejándolos como si se tratar de un nextel; en fin, la prueba más certera de que queremos ser como los otros, que somos lo que nos hace falta” (Gómez Lobo, 2012: 43-44).

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Aunque mi comentario es respecto a las descripciones y narraciones urbanas de Gómez Lobo, Oración por el padre difunto también tiene una historia que mantiene esa tensión propia de una novela. Esta historia transcurre en el velorio de Don Terencio, don Tencho, un señor que fue asesinado a batazos. El protagonista de la historia asiste a este velorio y se convierte en el centro y faro de una narración que va y viene en el tiempo, que fragmentariamente cuenta la historia del barrio Las Piedritas y de algunos de sus moradores más célebres. Es la historia de los padres ausentes y de hijos de madres solteras. Es una historia violenta, escrita con gran pasión y que, sin duda, disfrutarán los nuevos lectores de esta obra trabajada por ediciones Arlequín.

Presentación del libro Oración por el padre difunto

Ediciones Arlequín Ex Convento del Carmen

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