Los últimos 3,650 días de historia en México: diez años del zapatismo en México

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (enero de 2004)

Diez años es un lapso de tiempo largo. Es una década. En diez años se pueden hacer muchas cosas: lograr una nueva vida, pagar un crédito hipotecario, sembrar diez cosechas, cambiar varias veces de trabajo, consolidar un matrimonio, trabajar un negocio propio. De cualquier forma, diez años es un periodo tiempo considerable. Hoy vale la pena hacer un pequeño alto en el camino y pensar en los últimos diez años de México: en los pasados tres mil seiscientos cincuenta días (3,650), el país ha sufrido una transformación gigantesca, que muy probablemente sea prematuro escribirlo, pero a la postre se podrá considerar como un periodo histórico.

En 1994, querido lector, usted tenía diez años menos, y el primero de enero de ese mismo año, el Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos entraba en vigor y con ello, el supuesto sueño que el ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, vendió a los mexicanos de entrar a la lista de países de primer mundo. Y fue el mismo primero de enero de 1994, cuando en el sur más sur del país, un ejército insurgente de indígenas chiapanecos se levantó en armas contra ‘el mal gobierno’ (el de México): había nacido el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Además, 1993 y 1994 fueron unos los peores años de inestabilidad política del país, ya que se cometieron los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, José Francisco Ruiz Massieu y del que muy probablemente habría sido presidente de México, Luis Donaldo Colosio. Como si esto fuera poco, hacia el final del año 1994, en el in pass de la sucesión de Salinas de Gortari, el nuevo presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, se encontró en los primeros días de su mandato con una de las crisis económicas más fuertes de la historia de México, que a la postre ocasionó una fuerte devaluación del peso frente al dólar: el famoso error de diciembre. Y de eso hace diez años. A continuación dejamos algunas reflexiones sobre la mesa, acerca de lo que fueron hechos que marcaron el rumbo del país, que particularmente pueden referirse como la metáfora de dos proyectos económicos y políticos totalmente disímiles y encontrados entre sí.

Diez años de tlc: saldo en el campo mexicano

La década de los años noventa en el mundo fue caracterizada por la consolidación de un sistema capitalista, que poco a poco se fue desarrollando por los terrenos teóricos e ideológicos del neoliberalismo. Pareciera como si la historia hubiera sido tajante en su desarrollo: una vez que el muro de Berlín fue derribado y la guerra fría terminó, el mundo estaba listo para entrar a una nueva forma de desarrollo económico. Eran pocos los que realmente entendían los nuevos postulados, que lentamente se fueron desdoblando en otros términos como ‘la regulación del mercado’ o la ‘globalización económica’, ahora ideas que resultan lugares comunes.

Mientras el mundo se reorganizaba, en México, a finales de la década de los ochenta, el pri cometía uno de los fraudes electorales más grandes de la historia: Carlos Salinas de Gortari, avalado por toda una maquinaria de Estado, asumía la presidencia de la República, en medio de serios cuestionamientos de legitimidad. Fue este presidente quien se alineó a la ‘vanguardia’ mundial y comenzó a pugnar por reformas de Estado que pudieran colocar al país en condiciones de ‘competir’ bajo las leyes del libre mercado. La obra maestra de Salinas de Gortari: el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México.

Diez años han pasado, y la mentada apertura económica de México hacia el mundo está consolidada, pero no con los resultados que sus impulsores prometieron: no ‘brincamos’ al primer mundo, no ‘competimos’ en igualdad de circunstancias con el resto del planeta, la economía solo ha mejorado en términos macroeconómicos, y la pobreza, sin duda alguna, sigue siendo la moneda de cambio en el país —según investigadores como Julio Boltvinik del Colegio de México, en el país existen cerca de 70 millones de pobres.

Analizar a fondo el tlc nos llevaría mucho tiempo y muchas hojas, pero vale dar un ejemplo paradigmático: los alcances del tratado en el rubro agrícola. Van los datos: según información tomada del diario el Universal (6/enero/2004), en los últimos diez años con el tlc, se perdieron un millón 300 mil empleos; cada año 360 mil personas migraron del campo a las ciudades; y en los mismos periodos, cerca de 300 mil mexicanos salieron del país para vivir en Estados Unidos. Nada alentador. Van los económicos: en los últimos 10 años de tratado, se sumaron 97 mil 606 millones de dólares en inversión extranjera directa en el país y sólo 265 millones de ésos, es decir, 2.5 por ciento, llegó al campo mexicano; la importación de productos agropecuarios pasó de dos mil 62 millones de dólares, en 1990, a tres mil 346 millones, en 1994 —el primer año del tlc—, para 2001, la cifra se ubicó en cinco mil 81 millones de dólares. A su vez, las importaciones de productos agroindustriales se elevaron de tres mil 955 millones de dólares en 1994, a cinco mil 919 millones, para el año 2001. Es decir, que en casi 10 años, las importaciones totales en el sector agroalimentario pasaron de 7 mil 301 millones de dólares a 11 mil millones.

Después de los datos anteriores, difícilmente alguien se atrevería a argumentar a favor del Tratado de Libre Comercio, al menos en el rubro agropecuario. Sin embargo, aún a pesar de que hay ciertos datos optimistas en industrias como la automotriz o la maquila —datos optimistas que matizados ya no lo resultan tanto—, lo cierto es que el tratado comercial con los países del norte, lejos de lanzar a México hacia el desarrollo económico, han ratificado, a través de un sistema económico estructural, el estatus de ser un país subdesarrollado.

En días pasados, dos de los famosos operadores políticos que lograron este tratado, Salinas de Gortari y Serra Puche, se pavonearon en los medios argumentando que el país no ha sabido aprovechar los beneficios que le podría aportar el tlc: diez años han bastado para que ambos personajes hayan podido volver a caminar tranquilamente por las calles de México. Diez años han bastado para demostrar que el libre comercio y el mercado, no son la panacea en cuestiones del desarrollo de una nación subdesarrollada.

Celebración en la selva: los 10 y 20 años del ezln

El mismo primero de enero de 1994, cuando el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá entró en vigor, otra historia se escribía en el sur de México: el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (ezln), hizo irrupción en la vida del país. Mientras la clase política celebraba la entrada al primer mundo, el tercer mundo se sublevaba en la selva Lacandona. En este enero celebran sus diez años en la escena pública y veinte como organización clandestina.

Diez años han pasado, y al igual que el tlc, el ezln sigue vivo y dando de qué hablar. Han sido diez años de trabajo de este grupo de indígenas, que en un principio apeló a las armas y que poco a poco y de manera muy particular, e incluso extraña e inaudita, se han ido acercando a las esferas públicas y de participación política, dejando a un lado su lucha armada.

Fue el 16 de febrero de 1996 cuando se firmaron los acuerdos de San Andrés Larrainzar entre miembros del ezln y el gobierno federal, documentos fundamentales en la lucha zapatista: a casi diez años de este primer acercamiento, estos postulados apenas si han sido cumplidos. No ha bastado el congreso indígena en Nurio, ni la marcha zapatista al congreso de la República, ni la seudo ley aprobada por los diputados federales de la pasada legislatura. Sin embargo, los acuerdos de San Andrés Larrainzar ahí están, y aunque algunos puntos han envejecido con el paso del tiempo, otros siguen totalmente vigentes:

  1. El ezln advierte que el problema del agro nacional requiere de medidas urgentes para resolverlo.
  2. Se propone que lo territorios indígenas sean respetados y cubiertos bajo leyes y políticas que tengan como marco teórico el desarrollo sustentable.
  3. Se exige una nueva construcción social nacional en torno a las mujeres, y en especial, las indígenas, ya que según dicen los acuerdos, son triplemente oprimidas: por indígenas, por mujeres y por pobres.
  4. El ezln exige que se esclarezcan los tiempos y mecanismos para llevar a cabo estas reformas estructurales.
  5. El ezln exige que en todos los juicios contra indígenas, existan representantes e intérpretes de la cultura indígena.
  6. Se pide también, que se legisle para proteger los derechos de los migrantes indígenas y no indígenas.
  7. EL ezln pide que junto con el gobierno, se desarrollen mecanismo para fortalecer a los municipios en su infraestructura para atender las necesidades antes mencionadas.
  8. Y por último, el ezln exige la legislación y el cumplimiento del derecho a la información, tanto en territorios indígenas, como en el resto del país

El neozapatismo ha dejado profundas huellas en la historia de México en los últimos diez años. En términos políticos, el ezln se ha convertido en un contrapeso importante del gobierno federal, al grado de ser —de forma ondulante—, uno de los temas más importantes del debate nacional. Sin embargo, el ezln no ha logrado ser un movimiento que haya conseguido unir y cohesionar el tema de la reivindicación indígena en el país y en otros lugares de Latinoamérica, con esto no se sugiere que no tenga contacto con otros grupos indígenas, sino que pareciera que el movimiento no ha podido figurar como un símbolo de sinergia.

La lucha por la reivindicación de lo indígena ha tenido muchos contratiempos. Por una parte, el ezln ha dado importantes golpes políticos y mediáticos: su marcha al Distrito Federal y su aparición en el Congreso les valió un gran capital político, sin embargo, después de esa victoria, pareciera que el ezln intenta seguir dando golpes mediáticos, pero no pasos firmes para su consolidación como grupo político —que no partidario. El subcomandante Marcos ha sido una de las figuras centrales para que el movimiento zapatista haya crecido, pero al mismo tiempo, también ha sido el actor que lo ha hecho caer en sus peores trampas. Después de ciertos movimientos de operación política que rayan en la genialidad (la marcha zapatista y la vista al Congreso), Marcos se ha visto envuelto en polémicas innecesarias como su debate con el juez Garzón o su bamboleante y torpe apoyo al movimiento separatista de la eta. La figura de Marcos como caudillo comienza a debilitar el capital político que el ezln tuvo durante los primeros años desde su aparición.

Aún así, el ezln todavía sigue contando con un gran apoyo en el país y sobre todo, de grupos de la sociedad civil mundial; tan es así, que para muchos líderes de la resistencia mundial, el zapatismo y su irrupción, fue la mecha de inicio e inspiración para comenzar el movimiento altermundista, o en términos zedillistas, de globalifobia. Los próximos años serán decisivos para el ezln, que tiene que seguir en la búsqueda y confección de ideas creativas que los sigan posicionando como un actor político importante, más por sus ideas y planteamientos, que por sus golpes mediáticos.

Epílogo

Justamente hace diez años, en México comenzaba un año que marcaría su historia para siempre. La entrada en vigor del tlc y la irrupción del ezln fueron tan solo algunos de los hechos que sacudieron a México. Diez años después, el curso del país se ha visto totalmente influido por estos hechos. Por eso, en este primer mes del año 2004, vale mucho la pena hacer esta recapitulación de los últimos años del país. Probablemente podamos comprender parte de lo que se viene para este año que comienza.

Este artículo fue publicado en enero de 2004, en el periódico El Puente, en Ciudad Guzmán, Jalisco.

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