Un déjà vu noventero y neoliberal: Saving Mexico

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (17 de febrero de 2014)

La agenda mediática nacional ha adquirido un extraño tono en las últimas semanas. Es un tono que evoca la década de los noventa. Primero fueron los veinte años del zapatismo, que estuvieron presentes en la agenda, pero apenas fueron comentados. Después llegó un ajuste de cuentas y los tecnócratas trataron de convencer a la opinión pública sobre las bondades del Tratado de Libre Comercio. A finales de enero, en el Foro Económico Mundial, los medios de comunicación reportaron que Felipe Calderón, ex presidente de México, dio su visto bueno a las reformas estructurales que se están finalizando en el Congreso de la Unión y CNN reportó un abrazo entre Peña Nieto y Zedillo. Días más tarde, en febrero, El Universal publicó a ocho columnas una entrevista con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari quien, hundido en su sonrisa y en un sillón de piel, hizo un recuento acrítico de su administración y manifestó su alegría por las reformas que finalmente están ocurriendo en el país y que completan su obra inacabada de los noventa. Durante la semana pasada se “filtró” la información de que Peña Nieto aparecería en la portada de la revista Time, encabezando un reportaje titulado “Saving Mexico”. Para cerrar con broche de oro, Milenio publicó ayer unas declaraciones de otro ex presidente, el filósofo Vicente Fox, quien dice que las “ideologías son cosas del pasado” y que él apoya a Peña Nieto porque es lo mejor para el país.

El hecho de que todas estas historias estén relacionadas, evidentemente no es una coincidencia. Los medios de comunicación construyen historias y es muy claro que hay personas e instituciones, afuera de los medios de comunicación, quienes tienen más poder que otros para influir en la agenda y crear una historia de acuerdo a sus intereses. Sin embargo, hay un error de interpretación de lo que actualmente está pasando cuando se juzga el presente bajo el sistema de valores que predominó en el periodismo del siglo XX, cuando en México teníamos un régimen autoritario, encabezado por el PRI. Como lo han documentado varios investigadores, este modelo de relación entre prensa y poder se le llamó autoritario[1] o simplemente de subordinación.[2] Bastaba con que el Secretario de Gobernación hiciera una llamada a alguna redacción, para que al día siguiente apareciera una historia a modo en la primera plana o para descarrilar la publicación de alguna noticia. El traslado de recursos económicos del Estado hacia los periodistas estaba naturalizado. A los reporteros críticos se les ofrecía plata o plomo. Muchos periodistas fueron amedrentados durante estas décadas, muchos murieron por violencia directa del Estado mexicano y en los archivos de Lecumberri todavía hay historias que desenterrar al respecto. Es probable que este modelo siga reproduciéndose en comunidades pequeñas de México, pero en general, ya no existe.

El modelo autoritario dio paso a un modelo de mercado, aderezado con mucha corrupción. Este modelo, basado en una competencia darwiniana por los recursos económicos de la publicidad privada, pero también pública, rompió con la correa, única y monolítica, que el poder público tenía sobre la comunicación en México. A finales de los noventa perecieron muchos medios de comunicación, especialmente periódicos, que estaban oficialmente enraizados a las finanzas públicas. Es el caso de El Nacional, o de El Jalisciense y El Diario de Jalisco en el caso local. Las reformas neoliberales abrieron una nueva cartera de clientes para los medios de comunicación. Por otra parte, a finales de los noventa y principios del siglo XXI, una de las novedades que imprimó el PAN en sus gobiernos, fue una fuerte inversión económica en sus estrategias de comunicación política y social. Sin embargo, la bonanza que trajo esta liberalización del mercado tuvo un fuerte golpe con la crisis económica de 2002 y otro más en la crisis de 2008. Fue entonces cuando el aparato de gobierno se convirtió en la principal fuente de ingresos por concepto de publicidad de los medios de comunicación.

Actualmente el Presidente de México difícilmente descolgará un teléfono para hablar a una redacción e imponer línea. Corren tiempos en los que cualquier político puede influir, a través de recursos económicos, la agenda de los medios de comunicación. Esto no quiere decir que los medios hagan todo su trabajo a modo de la clase política. En este modelo, los medios publican la historia que el político quiere contar y al mismo tiempo se pueden dar el lujo de ser críticos en otros espacios o momentos. Esta situación está documentada, por ejemplo, a nivel local, con periódicos que publican notas pagadas por los ayuntamientos, pero que en el contrato de compra-venta de esta información se explicita el derecho de los medios a ser críticos hacia el poder público en otras historias.[3]

Lo que estamos viendo en la agenda nacional e internacional con relación al Gobierno Federal y sus reformas estructurales, es la construcción de una historia. En otras palabras, es el resultado de un equipo de comunicación social, de relaciones públicas y de cabildeo, que se ha dado a la tarea de construir una historia mediática que fortalezca la percepción de un cambio positivo en México. Esto está muy relacionado con la dimensión económica, pues para que las “reformas estructurales” como la reforma energética “funcionen”, no basta con cambiar la ley, también se impone el cambio en la percepción de los inversionistas, quienes deben ver a México como un país en donde la mesa está puesta para depositar su dinero.

Tal vez el filósofo Vicente Fox tiene razón y la clave para leer los tiempos actuales esté en el tema de la ideología. El modelo comunicativo de mercado es un claro correlato del modelo político en nuestro país. A finales de los noventa y hasta el día de hoy, México ha sido gobernado por una clase política afín a una ideología neoliberal, con diferentes matices, pero neoliberal al fin. Las reformas que se están terminando en el Congreso cierran la pinza en el modelo neoliberal. Es una clase política que ha tenido veinte años para cambiar al país. Dicen que ya tenemos una gran clase media y con base en estadísticas nos dicen que vivimos en un país mejor. La realidad dice lo contrario. Quienes se han levantado de la cama en estos días y han sentido un déjà vu al leer la prensa, despierten, no estamos a mediados de los noventa a punto de “entrar en el primer mundo”, estamos a punto de “ser salvados”. Veinte años después, la promesa de esta clase política es mucho más austera.


[1] Sallie Hughes, Newsrooms in Conflict (University of Pittsburgh Press, 2006), 33.

[2] José Carreño Carlón, “Cien Años de Subordinación: Un modelo histórico de la relación entre prensa y poder en México en el siglo XX,” Sala de Prensa 2, no. 16 (Febrero 2000), http://www.saladeprensa.org/art102.htm.

[3] Fabián Ramírez Flores, “Cuando la publicidad se disfraza de periodismo,” en Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2011, ed. Juan S. Larrosa-Fuentes (Guadalajara, México: ITESO, Departamento de Estudios Socioculturales, 2012), 105–126.

Este artículo fue publicado el 17 de febrero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Democracia y comunicación, Economía política de la comunicación y la cultura, Medios de comunicación masiva, Neoliberalismo, Sistema de comunicación política en México

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s