Tierra ignota: el consumo televisivo de los jaliscienses

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (9 de junio de 2014)

Portada del informe Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2009. Autor de la caricatura: Guillermo Juárez Ledón.

Portada del informe Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2009. Autor de la caricatura: Guillermo Juárez Ledón.

En días recientes se presentó la tercera encuesta del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos, en la que se hace una radiografía de las percepciones que tienen los jaliscienses sobre su calidad de vida. La encuesta es un amplio trabajo de investigación que arroja información valiosa y construye una fotografía sobre cómo los jaliscienses se perciben a sí mismos. Entre otros temas, la encuesta tiene información en torno a la comunicación y la cultura. El dato que más llamó la atención de la encuesta es el alto consumo televisivo con respecto a otras prácticas culturales. El análisis y la reacción común ante esta información es el horror. Una vez más confirmamos que los mexicanos, en este caso los jaliscienses, están viendo la televisión en lugar de llevar a cabo otras prácticas culturales como la lectura de los autores del Siglo de Oro de la poesía española o la asistencia a museos en los que se exhibe una fotografía de la fotografía de una obra de Bansky. Pero esta información ya la conocíamos. Entonces, ¿qué otras cosas podemos decir y analizar al respecto?

La encuesta de Jalisco Cómo Vamos señala que el 96% de los jaliscienses reportó el consumo televisivo como una práctica cultural y de entretenimiento recurrente. En contraste, el 34% de los encuestados señaló que va al cine, 15% que acude a algún museo, obra de teatro o espectáculo de danza o 19% que asiste a un concierto. En cuanto a la lectura, los resultados son sorprendentes, pues el 70% de los encuestados dijo que había leído en el último mes. Y es sorprendente, porque la lectura no es un hábito que describa al mexicano promedio, no al menos en el imaginario colectivo. Vale la pena señalar que la encuesta podría darnos mejores datos, pues informa claramente qué porcentajes de tapatíos ven la televisión, pero no nos dice qué es lo que los tapatíos leen, simplemente nos dicen que les gusta leer, pero no sabemos si leen libros, folletos, revistas, páginas web, o un largo etcétera.

Con los datos que aporta la encuesta Jalisco Cómo Vamos, así como con la información del INEGI o del Conaculta, podemos preguntar por qué el consumo televisivo es tan dominante sobre otras prácticas culturales. En términos de infraestructura, la respuesta es evidente. La encuesta documenta que solamente 2% de los hogares en el estado no tienen un televisor a color. Este dato es relevante, pues estamos ante un medio de comunicación que prácticamente tiene una penetración universal entre la población jalisciense. En términos comunicativos esto significa que la televisión es el único medio de comunicación que tiene una estructura capaz de enviar un mensaje a casi toda la población del estado. Si hacemos esta misma evaluación con otras prácticas culturales, es comprensible la predominancia televisiva. Si un jalisciense quiere comprar un libro o rentarlo, o ir a un evento de danza o acudir una obra de teatro o presenciar un concierto, ¿cuántos espacios existen para ello en el estado? Probablemente los habitantes de la capital del estado cuenten con algunas opciones, pero quienes habitan en municipios que no pertenecen a la Zona Metropolitana de Guadalajara, sin duda, cuentan con pocas y en algunos casos nulas opciones.

Quienes son expertos en el estudio de la cultura, aseguran que los públicos no nacen espontáneamente, sino que son creados con el tiempo. Así como una persona no nace sabiendo leer, tampoco nace sabiendo ver la televisión o decodificar una pintura en un museo. A lo largo del tiempo aprendemos a ver, disfrutar o consumir la cultura. En el caso de la televisión, es evidente la ventaja que tiene sobre otras formas culturales. Es mucho más fácil y probable que una persona prenda un televisor a que asista a un concierto.

La televisión también lleva ventaja en lo económico, pues siempre han existido señales de televisión gratuitas para el consumidor, frente a otro tipo de productos culturales que exigen una inversión económica.

Sin embargo, hay mucha información que no sabemos. Por ejemplo, la encuesta de Jalisco Cómo Vamos nos dice qué es los jaliscienses dicen que hacen o sienten. Los jaliscienses dicen que ven la televisión, pero no sabemos cuánto tiempo efectivamente dedican a ver la televisión o qué programas ven para entretenerse o para informarse. Tampoco sabemos cómo procesan esta práctica cultural, qué entienden de los programas, qué opiniones tienen de ellos o cómo la televisión interviene o modifica sus vidas cotidianas. Esta es información vital para entender mejor por qué y cómo vemos la televisión, pero también para saber por qué y cómo realizamos otras prácticas culturales. De esta falta de información no tiene responsabilidad la encuesta Jalisco Cómo Vamos. La responsabilidad cae en un Estado omiso y que no le ha interesado conocer las prácticas culturales de los mexicanos, como una vía para planear las políticas culturales del país y para defender los derechos comunicativos de sus ciudadanos. Como muchas otras tareas, esta responsabilidad se la ha delegado al mercado.

La postura más sencilla y cómoda es horrorizarnos ante nuestro “desmedido” consumo televisivo y colocarnos las anteojeras de Theodor Adorno y la Escuela de Frankfurt y señalar con el dedo flamígero a la cultura popular y a la degradación cultural. O podemos cruzarnos el pecho con unas cananas, asumirnos como revolucionarios, y exigir que en la televisión se transmitan programas con valores cívicos o nacionalistas. O también podemos, como es lo que ocurre en nuestros días, ajustarnos un fino traje y creer que el libre mercado es tan sabio que puede dictar qué es lo que se debe transmitir por la televisión y que si la gente quiere mierda, pues mierda se le dará. Estas tres visiones sobre la televisión, la crítica, la populista y la neoliberal, cancelan cualquier intento de entender o comprender qué es lo que pasa con las audiencias, pues asumen, de entrada, que el pueblo es estúpido y necesita ser educado, bien por la Historia y su alta cultura, bien por el Estado, bien por el mercado.

Jalisco Cómo Vamos presenta un valioso ejercicio para conocernos mejor. Pero hace falta ir mucho más lejos en el terreno cultural. Es muy probable que a través del estudio detallado de nuestras prácticas culturales podamos entender que ver la televisión es algo mucho más complejo que estar ante la caja idiota. Estos estudios debe hacerlos el Estado y no el mercado, pues es la institución encargada de tutelar nuestros derechos y de mejorar nuestra calidad de vida. Sin esta información seguiremos observando las desastrosas administraciones en trono a la comunicación y la cultura en nuestro estado. Como ejemplo basta ver lo que está pasando en el canal de televisión C7 o en la conducción de espacios como el Instituto Cultural Cabañas.

 

Este artículo fue publicado el 9 de junio de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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1 comentario

Archivado bajo Calidad de los medios de comunicación, Cultura y comunicación, Economía política de la comunicación y la cultura, Educación y comunicación, Industrias culturales, Medios de comunicación masiva, Neoliberalismo, Sistema de comunicación de Guadalajara, Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, Sistema Universitario de Radio y Televisión, Televisa Guadalajara, Televisión, Televisoras de Guadalajara

Una respuesta a “Tierra ignota: el consumo televisivo de los jaliscienses

  1. Bernardo Masini

    También a mí me sorprendió el dato de los índices de lectura. Y no solo ese: es impresionante nuestra asiduidad a conciertos.

    ¡Abrazo!

    Me gusta

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