Apuntes para una sociología del movimiento de resistencia mundial

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (marzo de 2004)

 

i.

Desde hace algunos años, en los foros de discusión de la economía internacional comenzaron a inventarse nuevas etiquetas para nombrar a todos aquellos que asumen una posición contraria a los postulados del libre mercado y el capitalismo. Fue Ernesto Zedillo Ponce de León, ex presidente de México, quien tuvo la ocurrencia de bautizar a los críticos de la globalización como globalifóbicos: aquellos con fobia a la globalización económica. Poco después se intentó otro término: globalicríticos. Finalmente, en septiembre de 2003, el sub comandante Marcos propuso un tercer nombre: altermundistas. Más allá de términos y etiquetas, los grupos de jóvenes que viajan por todo el globo terráqueo con el fin de manifestarse en contra —y a veces boicotear— las reuniones que promueven el sistema económico actual, han logrado colarse en las agendas mediáticas del mundo, y según han declarado en sus comunicados, seguirán manifestándose constantemente. Los hemos visto en Times Square en Nueva York, en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, en Miami, Monterrey, Cancún, Mumbai, y particularmente en las protestas que sucedieron en la ciudad de Guadalajara, a propósito de la iii Cumbre América Latina- Caribe- Unión Europea en mayo de 2004. Se especula que este Movimiento de Resistencia Global (mrg) lo conforman cincuenta mil colectivos de todo el planeta.

ii.

Si se pintara el mrg en un fresco, sería un bloque homogéneo y monolítico. Sin embargo, el fresco tendría que estar hecho a base de muchas pinturas que desde una vista general son difíciles de encontrar, pero que acercando la vista cobran relevancia. El fresco es totalmente heterogéneo: sus integrantes luchan por causas globales comunes, pero que en lo particular pueden llegar a ser totalmente distintas. En una marcha común y corriente es posible vislumbrar a grupos de ambientalistas, monos blancos, activistas, anarcopunks, hippies, periodistas, indígenas, gays, mujeres, campesinos o estudiantes universitarios, y que en los momentos en que conforman el mrg, se ponen de acuerdo para manifestarse o hacer una acción conjunta. Sin embargo, la lucha cotidiana de estos individuos puede llegar a ser diametralmente opuesta: el movimiento es la convergencia para que los grupos de mujeres se acerquen con los anarcopunks, o para que los campesinos trabajen con los ambientalistas, o para que las ong se crucen con los monos blancos. Después de las marchas, cada grupo vuelve a su lugar de origen para continuar su lucha en un radio de acción más corto y con objetivos específicos.

Ante esta diversidad, sí existen puntos en común que logran unir  a este fenómeno social: pareciera que todas las luchas sociales de los últimos cien años en pos de la reivindicación de la sociedad civil convergen en estas marchas: son las mujeres que a principios de siglo pasado buscaban el voto femenino, pero también una generación de jóvenes que se dedica a luchar montada en la internet y los resabios del movimiento estudiantil del 68. De ahí la diversidad de este fenómeno social.

Sin embargo, aun a pesar de la síntesis, también han condensado su propia historia, y para los participantes es claro cuándo comienza: en México, en 1994, a partir del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Esta rebelión de indígenas del estado de Chiapas fue la mecha que comenzó a detonar un proceso en el cual la sociedad civil internacional se ha dado a la tarea de manifestarse contra el sistema económico. El neozapatismo se convirtió en un paradigma a seguir por varias razones: son un grupo de insurgentes que se rebelaron en contra de las políticas neoliberales de México; pelean por los derechos humanos fundamentales y montaron su modelo de organización en la horizontalidad.

Lo ocurrido en Chiapas funcionó como un catalizador: poco después comenzaron manifestaciones civiles en diversos países en contra de sus propios gobiernos. Así fue que desde el año de 1999, en Seattle, se realizaron marchas con características similares a las que actualmente se hacen: en ciudades donde se llevan a cabo reuniones de organismos económicos internacionales; con una organización que corre a cargo de los distintos grupos de la sociedad civil; y con la clara consigna de provocar un enfrentamiento físico con el Estado y los establecimientos de los grandes capitales financieros del mundo. Los grupos de globalifóbicos, globalicríticos o altermundistas, tienen claramente definidas las instituciones ante las cuales están en contra: el Fondo Monetario Internacional (fmi), la Organización Mundial del Comercio (omc), el Banco Mundial (bm), o marcas capitalistas como Adidas, Nike, o Mc Donald’s. Después de lo ocurrido en Seattle, el movimiento se ha dado a la tarea de ser una piedra en el zapato en cualquier reunión en la que concurran los grandes actores mundiales para discutir el rumbo de las economías.

 

iv.

El mrg reconoce en los medios de comunicación un terreno fértil para desarrollar su lucha. La información es la piedra angular de estos grupos. Quienes tienen la información, tienen el poder de acción. Y lo más importante: los momentos en los que el mrg ha adquirido mayor importancia, es cuando encuentra las vías y los canales para multiplicarse a sí mismo —y a sus ideas— a través de cualquier medio de comunicación, especialmente aquellos que son masivos.

En todo este sistema, la producción y circulación informativa dentro del movimiento, ha sido de gran relevancia. En las manifestaciones del mrg todos los participantes pueden ser productores de información. Los participantes de estas manifestaciones cargan con grabadoras, cámaras fotográficas, micrófonos, cámaras de video. La tecnología se convirtió en una aliada de estos movimientos: cada participante tiene la posibilidad de hacer que fluya la información a distintas partes del planeta; ya sea que termine en la red de una veintena de amigos ecologistas en un barrio de Argentina, o en las páginas del New York Times.

El gran fresco que compone el mrg, que en la televisión aparece como una turba de jóvenes enojados que luchan ferozmente contra la policía en una intentona de hacer escuchar sus consignas, es un cuerpo que se compone de pequeñas células. Si el mrg se analiza a través de lupas potentes, es posible constatar que el gran fresco se conforma de muchos bloques pequeños.

La internet es el primer eslabón para lograr una radiografía del mrg: la red funge como un espacio de difusión desde donde se lanzan las convocatorias para participar en las marchas mundiales, desde donde se trazan los parámetros de organización, y desde donde se le da difusión a sus protestas. En la internet, los miembros del mrg se ponen en contacto a través de correos electrónicos o comunidades virtuales, crean páginas en las que albergan información útil para su causa, o incluso hacen coberturas informativas a través de periódicos, radiodifusoras o televisoras en línea. La influencia de la internet llega más allá: la red ha penetrado en la epistemología misma de la organización del movimiento. El sistema nodal, descentralizado, no lineal y horizontal de la red, se ve claramente reflejada en la estructura de los grupos altermundistas. Por ello es difícil entender este fenómeno social como un bloque monolítico. En realidad es lo opuesto: una serie de grupos o movimientos sociales muy diversos, que operan en distintos espacios del mundo y que están conectados por una red comunicativa.

El gran reto de estas agrupaciones está en la apuesta por un nuevo modelo de relación humana en el que no existan líneas verticales de poder: en el discurso y en la práctica se apuesta por la exclusión de liderazgos o caudillismos. Ciertamente, figuras como el sub comandante Marcos, el activista John Zerza —quien fuera el organizador de lo ocurrido en Seattle—, el agricultor francés José Bové o el lingüista Noam Chomsky, son las cabezas visibles e intelectuales de este movimiento, sin embargo, son solamente iconos, inspiradores a lo mucho, pero nunca sus organizadores. Quienes hacen las manifestaciones son activistas, en su mayoría jóvenes de todo el mundo, que intentan, de forma a veces desordenada y con pocos resultados evidentes, un sistema en el cual los organizadores líderes se vayan rotando, en donde los nodos funcionen como tal, y donde el movimiento se constituya en un solo bloque que pueda ir mutando constantemente según las eventualidades a las que se enfrenten. El mrg se edifica a través de líderes epifánicos y espontáneos, que así como llegan, desaparecen. En medio de un caos, el movimiento muta y se organiza día tras día, haciendo un ejercicio de prueba y error sobre el pensamiento y lenguaje de la hipertextualidad, la descentralización y la nodalidad, conceptos que se han propuesto a partir de la estructura de la internet. El mrg es uno de los primeros actores sociales que retoma y pone a prueba una nueva forma de organización que no obedece a los patrones tradicionales de linealidad y horizontalidad de las relaciones de poder, y que apela a una nueva forma de pensar el tejido social.

En muchas de las manifestaciones del mrg, los grupos han utilizado la organización a través de grupos de afinidad, una idea que retoman de la guerra civil española: conjuntos de cinco a diez personas, que se organizan y se autogobiernan entre ellas. Después, está la agrupación en clusters, que es la unión de los grupos de afinidad coordinados por un representante, y la última forma de organización son los bloques, la gran cara visible del fresco altermundista.

Desde esta organización, los bloques se dividen según las distintas visiones de entender y concebir el movimiento: por una parte está el bloque negro o black block, que es el contingente más radical de todos; en él conviven comunidades punks y de anarcos de todo el orbe y se caracteriza por consumar acciones de confrontación directa con la policía y de ataque frontal con lo que llaman “palacios” del capitalismo, como puede ser cualquier empresa o marca trasnacional. Después está un bloque blanco, que hace referencia al grupo de italianos —monos blancos—, que desde la irrupción zapatista, se han convertido en un grupo de apoyo para el mrg; este grupo tiene como meta bloquear las convenciones donde se desarrollan las cumbres mundiales del comercio: no atacan frontalmente a la policía, pero sí tienen la consigna de no moverse ante cualquier ataque, por lo que en las manifestaciones crean sus propios trajes de protección ante los golpes policíacos y usan trajes de hule espuma, neopreno, tubos de pvc y cascos; el tercer grupo es el bloque rosa plateado, que es el contingente más numeroso y que no buscan la confrontación con la policía, hacen todo lo posible para evitarla, e incluso huyen de ella: es un grupo que se dedica a hacer acciones mediáticas y acciones de protesta, pero más desde una mirada carnavalesca: son quienes le ponen el color a las manifestaciones, la música, la alegría y el baile —este grupo, desde la estética, tiene muchas similitudes con el activismo gay.

 

vi.

¿Cómo llegan todos estos jóvenes a las marchas en contra del neoliberalismo? El lugar común es la siguiente respuesta: por financiamiento internacional. Sin embargo, es difícil encontrar organizaciones que afirmen públicamente que aportan recursos económicos a los grupos altermundistas. Por otro lado, una segunda afirmación explica que se trata de una clase media/ burguesa/ disidente —las taxonomías y clasificaciones inauguradas por Zedillo son cada vez más barrocas y divertidas—, la cual tiene capacidad para autofinanciar sus viáticos. Otra teoría afirma que es el mismo sistema —aquel que los globalifóbicos atacan—, es el que provee de recursos económicos a estos grupos a través de donaciones o pagos de impuestos especiales encaminados a vitalizar causas y organizaciones filantrópicas o altruistas (como la serpiente que se muerde su cola). Es un tema poco investigado. Lo cierto es que a veces cientos, en otras tantas miles de jóvenes activistas se unen para tomar parte de estas manifestaciones.

 

vii.

De entre las figuras más enigmáticas que han surgido de este movimiento ha sido la del encapuchado urbano: manifestantes, que emulando la causa neo-zapatista, se cubren el rostro y la cabeza, y deambulan nerviosos por el asfalto de las ciudades en donde participan en las demostraciones: una figura de la soledad humana, y casi en un gran sentimentalismo, la imagen de la desesperanza de estos grupos frente a la globalización económica.

La gran decepción del mrg es la poca capacidad que ha tenido como fenómeno global, de trascender de la calle y las manifestaciones, a verdaderas mesas de discusión de ideas. Pareciera que la gran crisis política que vive la democracia de occidente ha contagiado de nacimiento a este fenómeno social. Todavía no se logra una propuesta real que se anteponga al orden establecido, es decir, existen una gran cantidad de protestas dentro del movimiento, pero esa nueva forma de economía, esa nueva forma de cultura, esa nueva forma de hacer política, todavía se encuentran en entredicho, las propuestas no están acabadas o terminadas —los más escépticos aseguran que ni siquiera han sido iniciadas—, y son ideas que apenas están tomando forma y que de alguna manera se han puesto en el debate planetario en eventos como el Foro Mundial Social (fms) que se ha celebrado en cuatro ocasiones en Poto Alegre, Brasil, y una en Mumbai, India. Una de las autocríticas que surgieron durante la reunión en la India (se desarrolló del 16 a 21 de enero de 2004), es que el mrg es un grupo disidente que ha logrado hacer críticas inteligentes, duras y a veces demoledoras hacia el sistema capitalista, pero que hasta la fecha, los grandes temas que se manejan en estas reuniones (el comercio justo, el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente, la equidad en la repartición de la riqueza o la soberanía alimentaria) son ideas que se han formulado a partir del sistema, y no desde perspectivas exógenas y creativas respecto al sistema mismo. El mrg le ha dado una mayor relevancia a la protesta, a la espectacularización del movimiento, que a la creación de un espacio alternativo de diálogo y de ideas.

El fms fue un buen pretexto para realizar multitudinarias protestas y demostraciones contra el sistema económico internacional y contra líderes como George W. Bush; fue un espacio ideal para ejercer la crítica contra el capitalismo y todas sus instituciones, sin embargo, fue un foro carente de creatividad intelectual: las ideas nunca llegaron. Es increíble que no exista un documento o declaración final que sintetice al menos, la esencia de lo discutido en este encuentro. Ante eso, los organizadores del evento declaraban que: “el Foro Mundial Social no emite una ‘declaración final’ ni redacta un plan de trabajo, ya que su función es crear un vasto espacio para el diálogo y el encuentro” (La Jornada 21/I/2004).

 

ix.

El performance, la puesta en escena o la espectacularización de la realidad, son las estrategias efectivas para llamar la atención de las audiencias y para orientar una nueva forma de construcción de los acontecimientos, de la realidad. Ya lo imaginaba Roger Bartra al desarrollar su argumento del síndrome de Jezabel: “la guerra del espectáculo se impone a la violencia real”.

El simulacro teórico de Baudrillard puede servir para explicar estos escenarios en donde el impacto mediático o virtualización de la realidad, es el valor supremo en estos movimientos. A partir de lo anterior subyace la idea de que vale más que los activistas se hayan postrado en las playas de Cancún, desnudos, formando con sus cuerpos consignas en contra de la omc (sus fotos aparecieron en las primeras planas de los principales diarios del mundo), que lo que se platicó en la Feria del Comercio Justo; otro ejemplo: valió más el intento de rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994 (una organización que es la simulación en estructura de un ejército, pero que coercitivamente no tiene un gran poderío militar), que todo el discurso de autonomía que representan los acuerdos de San Andrés Larráinzar. Es decir, en los imaginarios colectivos quedan las ideas de espectacularización y de performance de la realidad, y no las nuevas ideas de disidencia. Estamos ante escenarios en los que las ideas pierden fuerza frente a las imágenes, los sonidos y los golpes mediáticos: de aquella reunión de la omc en Cancún (que a casi cuatro años parece ya muy lejana), en donde un fuerte contingente altermundista se manifestó, no se recuerdan las discusiones de la desincorporación del tema agrario de la omc; o del frente que encabezó Brasil en contra de Estados Unidos y la Unión Europea —el famoso G-21—, o de las reuniones y ponencias de campesinos de todo el mundo para exponer casos exitosos de desarrollo local; el anclaje más importante a esos días es el caso del suicidio o inmolación del coreano Kyung Hae Lee en medio de una manifestación a medio día, y cubierta por miles de medios de comunicación del orbe. Es un acto que el periodista Sergio González Rodríguez lo ha planteado como un terrorismo sentimental (Reforma 11/VIII/2003). Lo cierto es que este acto significó más que cualquier discusión de fondo hacia adentro y hacia fuera de la omc.

 

Este texto lo escribí en marzo de 2004, luego de asistir a distintas manifestaciones del Movimiento de Resistencia Global. Aunque en la actualidad le haría algunos matices al texto, en general creo que sirve para señalar algunas de las características de estos movimientos.

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Archivado bajo América Latina y Comunicación, Cultura y comunicación, Discurso y poder, EZLN, Internet, Movimientos sociales y comunicación, Neoliberalismo

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