Televisa, el cebo envenenado

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (21 de julio de 2014)

De forma intencional esperé hasta los últimos minutos del partido para dar mis comentarios sobre las reformas en materia de telecomunicaciones y radiodifusión en México. Aunque este partido todavía no termina y se puede ir a tiempos extra, pues se plantea la posibilidad de combatir las nuevas legislaciones a través de un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo cierto es que estamos ante las reglas y jugadores que estructurarán los distintos sistemas de comunicación en México durante los siguientes años. Como alguien que busca analizar críticamente la comunicación, me parece que las reformas están muy lejos de generar un nuevo sistema de comunicación que garantice y tutele derechos a los ciudadanos. Al final de todo este proceso queda un sentimiento de decepción ante la nuevas reglas de la comunicación en México, especialmente porque no suponen una transformación radical del sistema. Hay muchas cosas por analizar y en este espacio me gustaría referirme a los que considero tres errores analíticos del sector que históricamente ha observado críticamente el tema de la comunicación en México, sector en el que me incluyo.

La reformas sobre la comunicación llegaron de la mano del “Pacto por México”, que fue un acuerdo entre los partidos políticos más importantes del país para sacar una serie de reformas legislativas. En buena medida, las reformas en comunicación se deben a este acuerdo. Sin embargo, el “Pacto por México”, aunque importante, es insuficiente para entender por qué se hicieron estas reformas. El “Pacto por México” funcionó como una actualización y reajuste de distintas estructuras políticas, no como una transformación radical de la estructura política del país, a través, por ejemplo, de una nueva Constitución. En el caso de la comunicación el reajuste no ocurrió exclusivamente por los avances democráticos del país, sino por la necesidad que tenía el sistema de comunicación de adaptarse e integrarse a un sistema global de telecomunicaciones que opera bajo la organización del modelo democrático liberal y en un sistema capitalista. Los grupos empresariales de la comunicación en México, aunque renuentes al cambio, no podían seguir operando sus negocios con reglas del siglo XX. Aunque en el debate mexicano parecían lejanos, los temas de espionaje en Europa o de la neutralidad de la red en Estados Unidos, también estuvieron entre las fuerzas que desencadenaron las reformas mexicanas. Esto llevó a que el debate sobre las telecomunicaciones careciera de una perspectiva global, pues estuvo centrado en la política doméstica, pero especialmente este enfoque no previó cómo es que México participará o combatirá los cambios en el sistema de comunicación que exige el capitalismo post industrial.

Otro error analítico fue señalar que la reforma en telecomunicaciones fue reaccionaria y que estamos retrocediendo al reloj histórico a los años sesenta cuando Televisa se convirtió legalmente en el monopolio de la radiodifusión en México. La reforma no es reaccionaria, pues lo que hizo fue actualizar las reglas del juego de la comunicación en el contexto del sistema político y económico en el que vivimos. Las nuevas reformas legales establecen una base para que exista un sistema de comunicación oligopólico en donde diversas empresas competirán por le mercado de la radiodifusión y las telecomunicaciones. Así es como opera el sistema de comunicación en Estados Unidos y así es como poco a poco se han ido transformando los sistemas de comunicación en Europa. ¿Las reformas podrían haber sido más severas para Televisa? Sí, sin duda. Pero quien crea que Televisa será la empresa monopólica que dominó el mercado mexicano en el siglo pasado, me parece que está en un grave error. Esto no quiere decir que Televisa vaya a desaparecer, o que vaya a dejar de ser una empresa poderosa. Esto quiere decir que Televisa ya no volverá a tener la posibilidad de transmitir el único noticiario de televisión por las noches, tampoco volverá a tener en Siempre en Domingo y en el Chavo del Ocho el control de la producción de la cultura popular masiva del país. Argumentar que se está repitiendo la historia es prescindir de un análisis de la actualidad de los sistemas políticos y económicos de México, pero también del mundo.

En los debates que hemos visto en los últimos meses Televisa estuvo en el centro de la discusión. Esta situación tuvo un efecto perverso, pues la obsesión con Televisa envenenó al sector crítico con las pócima del maniqueísmo y la monomanía. Los “regalos a Televisa”, que muchos de ellos son reales, acapararon la discusión pública. Pero al orientar toda la discusión hacia Televisa se esfumaron las posibilidades de pensar en transformaciones radicales del sistema de comunicación. Un sistema de comunicación con nuevas reglas de organización política; un sistema de comunicación que ponga por encima los derechos de los ciudadanos, no de los empresarios; un sistema de comunicación que nazca de la discusión de un país multicultural, no creado desde una oficina de Santa Fe en la ciudad de México; un sistema de comunicación que pueda proponer el desarrollo de una tecnología propia. Estas ideas no necesariamente habrían transformado todo el sistema, pero al menos sí podrían haber aportado algún elemento novedoso, como recientemente ocurrió con la promulgación de una ley sobre Internet en Brasil, o como ocurrió en Argentina, en donde crearon un sistema de propiedad de los medios que limita la privada frente a otros tipos de propiedad.

La reforma a las telecomunicaciones ajusta las reglas para que en México tengamos un sistema de comunicación que no sea visto con desprecio en el mundo de la globalización y la convergencia tecnológica. La reforma traerá beneficios como servicios de telecomunicaciones de mejor calidad y más baratos. Existirán más opciones televisivas, aunque esto no garantiza mejores contenidos. Sin embargo nuestro país no será un ejemplo de cómo crear un sistema de comunicación de avanzada. Así las cosas, mal haremos en seguir por la senda del maniqueísmo y la monomanía. Televisa no puede quitarnos, también, el sentido crítico y creativo para pensar la comunicación. A veces y aunque parezca contradictorio, la crítica también es reaccionaria.

 

Este artículo fue publicado el 21 de julio de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Esta versión del artículo no es la misma que presenté en el programa radiofónico. Esta versión tiene ediciones significativas a las ideas y argumentos de su versión original.

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Archivado bajo Democracia y comunicación, Derecho a la información, Economía política de la comunicación y la cultura, Lucha por las telecomunicaciones en México, Medios de comunicación digitales, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Neoliberalismo, Sistema de comunicación de México, Sistema de comunicación política en México, Slim versus Azcárraga, Televisa, Televisa versus Carso, Televisoras de México

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