VI. El tiempo y los sonidos. Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (31 agosto de 2015)

Cuando se discute el tema de la memoria, los sonidos siempre son relegados a un segundo plano. Las imágenes llevan la mayor parte de las consideraciones mnemónicas. Es común que los recuerdos y nuestra memoria vivan en forma de imágenes dentro de nuestra cabeza y cuando intentamos recordar algo vemos la imagen de eso que nos ocupa. Recordamos un espacio que nos impresionó de algún viaje, un momento agradable con amigos, o los detalles gráficos de alguna tragedia familiar. Sin embargo, pocas veces ocurre que alguien evoque sus recuerdos a partir de los sonidos. El editor de un periódico le pide a su reportero que narre lo que vio en la escena de los hechos, pero no que escriba sobre los sonidos que escuchó. El psicólogo le pide a su paciente que recuerde y que describa lo que está viendo en sus recuerdos, pero no que reflexione sobre los sonidos de una escena crucial de su vida. Prestamos mucha atención a las imágenes y poca a los sonidos, aún a pesar, cómo ya lo habíamos señalado en otras entregas, que el oído es uno de los sentidos humanos que nunca pude apagarse o desconectarse, y por el contrario, siempre está encendido y en operación.

Los sonidos estabilizan el entorno y ofrecen información sobre lo que está ocurriendo en nuestro espacio próximo. A través de los sonidos construimos parte de nuestra memoria y esa memoria, que se construye en el tiempo, orienta nuestras acciones. Para mí, por ejemplo, el sonido de la radio marca el inicio del día. Cuando era niño y vivía con mis papás en un departamento de la Ciudad de México, todas las mañanas comenzaban con el programa “De Puntitas” de Emilio Ebergenyi. A las seis y media de la mañana arrancaba ese programa en Radio Educación y para mí indicaba la complicada tarea de dejar la cama. Y desde entonces, en buena parte de mi vida, siempre arranco con la radio: mientras la cocina comienza a llenarse con el aroma del café matutino, diversos locutores de radio me han leído noticias para emprender el día. Desde hace dos años que mis días comienzan con las emisiones de WHYY y las voces de Steve Inskeep, Renee Montagne y David Greene nos acompañan en el desayuno y durante las primeras horas del día. Hace unos días, un lunes por la mañana y luego de que las vacaciones de verano habían concluido, Lupita me volteó a ver aliviada y me dijo que ya le hacía falta escuchar la radio (NPR) y sentir que era un día normal.

 

La edición matutina de NPR

La edición matutina de NPR

Los sonidos también son un indicador del paso del tiempo. Si la radio funciona para decirnos que es de mañana y hay que ir a trabajar, diversos sonidos también ofrecen orientación para distinguir las estaciones del año. En las mañanas veraniegas de Filadelfia es común escuchar por la ciudad la diversidad de máquinas que existen para cortar el pasto. Los parques los riegan temprano y a partir de las diez de la mañana hay flotillas de jardineros que utilizan pequeños vehículos para cortar el paso o la famosa “orilladora”, es instrumento largo y delgado que en una de sus puntas tiene un par de hilos que van cortando el pasto en aquellas zonas en donde una podadora de grandes dimensiones no puede llegar. A medio día y por las tardes esos parques se llenan de niños que gritan mientras se mojan en el agua de las fuentes, o de equipos de hombres y mujeres que juegan béisbol, ese deporte parsimonioso en donde el árbitro grita a cada tanto ¡strike! o ¡out! Por las noches, en las calles hay un eterno murmullo de la gente que sale a correr y de los que utilizan sus terrazas para hacer una parrillada y tomar unas cervezas.

 

Una función de ópera al aire libre. Independence Hall, Philadelphia.

Una función de ópera al aire libre. Independence Hall, Philadelphia.

En el otoño todos esos sonidos comienzan a cambiar y otros terminan por desaparecer en el invierno. En las mañanas de enero y febrero, los meses más fríos en Filadelfia, el sonido que remplaza a las podadoras es el de las palas que chocan contra el suelo y que levantan la nieve. Los habitantes de esta ciudad tenemos la encomienda de mantener limpia la banqueta que está frente a la fachada de nuestras casas. Así que todo el tiempo hay que estar esparciendo sal en el suelo y paleando para hacer caminitos por donde los peatones puedan circular sin temor a resbalarse. Quienes tienen automóviles deben que eliminar la nieve del parabrisas y en los peores días, abrir el espacio necesario para no quedar atascados. En las partes altas de las tardes y durante las noches, son más los periodos de silencio. La gente no sale a la calle y desde la banqueta se puede ver cómo los televisores están encendidos en las salas de los departamentos. Son pequeñas luces que van cambiando de tonalidad y que anuncian la transmisión de una película o del noticiario nocturno. Las calles quedan en completo silencio. Solamente se escucha el sonido de los coches que circulan lentamente, o el de las máquinas de calefacción. Cuando cae la nieve, esos sonidos se ven reducidos al mínimo gracias a ese extraño efecto acústico que ocurre durante las nevadas, un efecto que borra los sonidos. Los copos de nieve encapsulan y sepultan los sonidos por siempre.

 

Nieve en las calles de Filadelfia. Foto: Lupita Orozco.

Nieve en las calles de Filadelfia. Foto: Lupita Orozco.

Este artículo fue publicado el 31 de agosto de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara. Esta fue la segunda parte de una serie de crónicas que llevan por título “Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial”.

A continuación los enlaces al resto de las crónicas:
I. El examen y la alarma. Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial
II. Las estrellas, el fuego y los sonidos de la construcción. Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial
III. Union Transfer, Mogwai y los sonidos de la calle. Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial
IV. ¿Una lengua post-racial o una multiculturalidad de hablantes? Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial
V. Los sonidos de la construcción y de(con)strucción de Filadelfia. Sonidos de Filadelfia, crónicas del ruido en una sociedad postindustrial
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Archivado bajo Cultura y comunicación, Medios de comunicación masiva, Radio

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