Vázquez Raña, Zabludovsky, Don Francisco y Chabelo: pilares de un sistema de comunicación que no termina por derrumbarse

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (7 de diciembre de 2015)

Cuatro personajes de la television del siglo XX

Cuatro personajes de los medios mexicanos durante el siglo XX

Entre otras cosas, 2015 puede ser recordado como el año en que murieron Mario Vázquez Raña y Jacobo Zabludovsky, dos figuras que moldearon una parte importante del periodismo mexicano del siglo XX, pero también puede ser conocido como el año en que Don Francisco y Chabelo perdieron sus espacios en la televisión, dos personajes centrales para comprender el entretenimiento televisivo en México y Estados Unidos. Los cuatro comparten grandes similitudes, pues fueron hombres que ejercieron una poderosa influencia en la cultura política y popular de millones de personas en América Latina, y particularmente en México, en un tiempo en el que hacer periodismo y televisión era muy distinto comparado con los tiempos que corren. Al final, sus desapariciones físicas o de las pantallas de la televisión, aparecen como resabios de un mundo que no termina por irse y que sigue teniendo una gran ascendencia en la memoria colectiva de los mexicanos.

Estos personajes dejan atrás un mundo en donde los medios de comunicación masiva, como el cine, la radio, la televisión, e incluso, el libro, eran capaces de construir narrativas nacionales que unían a todos los habitantes de un país a través de prácticas de consumo cultural, como la lectura de los periódicos por la mañana, la escucha de los sonidos pegajosos de los jingles radiofónicos, o la congregación familiar para ver el noticiario nocturno o del programa de espectáculos los domingos. En el sistema de comunicación del siglo XX los habitantes de México compartían referentes políticos y culturales, periodísticos y de entretenimiento. Independientemente de su clase social, edad, o género, los mexicanos sabían perfectamente a qué hora se transmitía el famoso telediario 24 Horas o que Los Soles se vendían en los puestos de periódicos, también conocían las estructuras y contenidos de programas como Sábado Gigante, En Familia con Chabelo, o la serie del Chavo del Ocho. Entre otras cosas, estos espacios comunicativos unieron a los habitantes de un país a través de imágenes, usos del lenguaje (cómo olvidar el insufrible uso de los cuatitos y las cuatitas de Chabelo), de chascarrillos (como la extraña chiripiolca en el Chavo del Ocho), de entendimientos políticos (como el gran culto al presidente en el noticiario 24 Horas) y sueños culturales (como la movilidad social a través del amor que promovieron las telenovelas de Televisa). Estas imágenes, lenguajes, chascarrillos, entendimientos políticos y sueños culturales fueron un referente común que la mayoría de los mexicanos compartían.

Vázquez Raña, Zabludovsky, Don Francisco y Chabelo fueron piezas claves en la edificación de un sistema de comunicación políticamente conservador y autoritario y que generó audiencias poco críticas. Como toda comunicación masiva, el poder de la producción y distribución de los contenidos periodísticos y de entretenimiento estuvo a cargo estos personajes, quienes poco se preocuparon por entender los intereses de sus audiencias y entrar en contacto con ellas. En este tipo de comunicación, las audiencias fueron observadas como grandes bloques poblacionales a los que había que llegar para enviarles información política y publicitaria. En particular, Chabelo fue una especie de noticiario de todos los productos que los niños podían consumir. Su programa, En Familia, se convirtió en la nana de los niños que se levantaban temprano los domingos, pero también en una eficiente máquina que persuadía a los niños para comprar golosinas y juguetes. En tiempos cercanos a la Navidad no hacía falta ir a la tienda para saber cuáles eran las novedades comerciales de la temporada, pues Chabelo se convirtió en el vehículo perfecto para que los niños y sus padres se informaran sobre qué era lo que podían comprar ante la inminente llegada del Niño Dios, Santa Claus, o los Reyes Magos. En el caso de las noticias, algo similar hacían Zabludovsky y Vázquez Raña, pues fueron los canales para comunicar las ínfimas opciones políticas de los mexicanos, pero especialmente sobre las decisiones que la clase política iba tomando con relación a la organización general del país.

Hacia finales de la década de los noventa, el sistema político y de medios en México comenzó a transformarse. La cadena de periódicos de Vázquez Raña perdió potencia y aparecieron nuevos jugadores a nivel nacional como los grupos Milenio y Reforma, que desde Monterrey tomaron por asalto el mercado nacional de periódicos y compitieron directamente con una prensa autoritaria que había vivido sus mejores años décadas atrás. Si bien la televisión no se desconcentró, y al parecer es algo que nunca sucederá en México, sí se ampliaron las opciones en el menú, pues aparecieron espacios informativos y de entretenimiento para audiencias mucho más segmentadas. Además, la televisión por cable y el Internet se convirtieron en opciones para encontrar otro tipo de productos comunicativos que no necesariamente son ofertados por los grandes medios de comunicación. En ese nuevo sistema algunos de estos personajes decidieron seguir con un esquema de comunicación masivo y unidireccional y poco a poco fueron perdiendo su influencia política y cultural. Otros, como Jacobo Zabludovsky mudaron de piel y, apelando a la poca memoria de muchas personas, terminó su carrera como un periodista crítico y galardonado por su carrera en el mundo de las noticias.

La muerte de periodistas como Zabludovsky o la salida del aire del programa de Chabelo es otra palada de tierra más a la tumba del sistema de comunicación mexicano que operó durante el siglo XX. El problema, como lo he comentado varias veces en este espacio, es que el entierro de este sistema de comunicación ha demorado mucho tiempo, tanto, que a veces nos parecen imperceptibles los cambios. Aún siguen trabajando muchas de las personas e instituciones que produjeron la comunicación en tiempos del presidencialismo como productores de telenovelas, directores de periódicos, o estrategas de comunicación política. Es una generación que todavía no acaba por irse y que de cuando en cuando vuelve a rescatar del olvido las viejas prácticas comunicativas. En su video de despedida, Chabelo dice que se ha cerrado un ciclo, pero que otro está por abrirse. Ojalá que piense en el retiro y no en revivir un programa que duró casi cincuenta años al aire y que contribuyó, entre otras coas, a crear una cultura alimenticia que privilegia los pastelillos azucarados y los refrescos.

El sistema de comunicación actual ya no es unidireccional ni está compuesto por un puñado de personas que emiten mensajes con alto poder de influencia y persuasión en la sociedad. El sistema de comunicación se amplió, pues hay más medios de comunicación y más productos comunicativos, aunque muchos de ellos de baja calidad, como lo es buena parte del periodismo que se produce actualmente. Las audiencias se fragmentaron. Es rara la familia que se sienta los domingos a ver un programa como Sábado Gigante. Ahora cada integrante de la familia ve un programa diferente en las pantallas de sus computadoras o teléfonos móviles. Hay una mayor libertad de expresión, pero también una mayor polarización política. Son dos sistemas de comunicación distintos y definitivamente, el actual, no es el ideal. Pero queda claro que el sistema de comunicación que se desarrolló en México durante el siglo XX no fue el mejor, especialmente si se le mira desde una perspectiva democrática. ¡Adiós cuatitos y cuatitas, hasta nunca!

Este artículo fue publicado el 7 de diciembre de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Archivado bajo América Latina y Comunicación, Calidad de los medios de comunicación, Cultura y comunicación, Democracia y comunicación, Educación y comunicación, Medios de comunicación masiva, Prensa, Televisa, Televisión, Televisoras de México

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