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Archivo de Sistema Autorreferencial (2010-2016)

Señales de Humo

Señales de Humo

En este blog están reunidos todos los textos que quincenalmente publiqué en la columna radiofónica “Sistema Autorreferencial”, en la revista cultural Señales de Humo de Radio Universidad de Guadalajara.

A lo largo de seis años (2010-2016), me dediqué a escribir artículos sobre los medios de comunicación en México, pero especialmente en Guadalajara.

Como escritor, tuve dos audiencias imaginarias. La primera fue, obviamente, todos los radioescuchas de Radio Universidad, quienes atentamente escucharon el programa Señales de Humo. Para ellos busqué escribir artículos relacionados con la televisión en México, los avances y novedades que han traído los medios de comunicación en línea, así como temas de comunicación política.

La segunda audiencia fueron los estudiantes de comunicación de Jalisco y especialmente de la ciudad de Guadalajara. Entre 2003 y 2013 impartí más de veinte cursos  relacionados con la comunicación, el periodismo y los medios. Como profesor de las carreras de comunicación en el ITESO y la Universidad de Guadalajara, pude percatarme de los pocos textos que abordaran el tema de la comunicación local en Guadalajara. Por ello me dediqué a escribir pequeñas monografías sobre medios de comunicación locales y mínimas cronologías y crónicas del periodismo local.

En diciembre de 2016 concluyó sus transmisiones Señales de Humo y también la producción y escritura de Sistema Autorreferencial. En este blog encontrarán el archivo de todos estos artículos, que espero puedan servir para seguir en conversación con las dos audiencias imaginarias de este espacio radiofónico. Todos los artículos están ordenados a través de etiquestas y categorías, las cuales se despligan en la columna derecha de este blog. Esto les facilitará la búsqueda de artículos en específico.

Quienes quieran seguir mis pasos como académico y esporádico comentarista de temas políticos y de comunicación, los invitó a visitar mi página en www.juan-larrosa.com o seguirme en mi cuenta de Twitter, @Juan_Larrosa1.

¡Hasta siempre!

Juan Larrosa / Filadelfia, Pensivlania / Febrero de 2017

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Gracias Señales de Humo, hasta pronto Sistema Autorreferencial

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (9 de diciembre de 2016)

Entre el 8 de febrero de 2010 y el 7 de marzo de 2016 tuve la oportunidad de ser parte del equipo de colaboradores de Señales de Humo, la revista cultural de Radio Universidad de Guadalajara. En ese periodo, salvo algunas excepciones, publiqué la columna sonora “Sistema Autorreferencial”. En mi primera intervención expliqué que el nombre del espacio era una forma de referirse a los sistemas de medios de comunicación, sistemas comunicativos creados por seres humanos que publican y discuten información sobre ellos mismos. Este mini homenaje a Niklas Luhmann, sociólogo alemán enloquecido por la teoría de la comunicación, fue el punto de partida para crear un espacio en el que se pudieran abordar críticamente temas como el sistema de medios de comunicación de Guadalajara, el periodismo y la libertad de expresión en México, y el desarrollo de las industrias culturales y la cultura popular.

El archivo de Sistema Autorreferencial consta de 126 textos electrónicos y sonoros, los cuales contienen ideas y reflexiones sobre diversos temas. Por ejemplo, al revisar los artículos encuentro que un tema prevalente fue la crítica a las administraciones de los presidentes de México. En el caso de Felipe Calderón sobresale el impacto que tuvo su estrategia de enfrentar al narco a través de la comunicación. Durante su administración los mexicanos estuvimos expuestos a propaganda de guerra, a la manipulación de la actividad policial como en el caso Cassez, al control y la censura mediática y a una creciente vulnerabilidad para la seguridad física de los periodistas. Por su lado, Peña Nieto decidió eliminar parte de este sistema propagandístico y de control comunicativo y prefirió “mover a México” a través de una nueva “narrativa” de cambio y emprendimiento. Su narrativa lo llevó a firmar el Pacto por México y a salir en la portada de la revista Time. Sin embargo, la realidad demostró una vez más que es más fuerte que cualquier estrategia comunicativa, y en cuestión de meses Peña Nieto perdió todo su capital político luego de sus desastrosas decisiones en los casos de Ayotzinapa, de la Casa Blanca, entre otros más.

En un nivel local, el espacio de Sistema Autorreferencial también se avocó a revisar críticamente a los agentes de poder político. En el caso del sexenio de Emilio González Márquez sobresale su empeño de trasladar recursos públicos a las arcas del sector privado: desde el dinero que entregó para llevar a cabo los premios MTV, hasta su contribución para el tristemente célebre Palacio de la Comunicación y la Cultura. En el caso de Aristóteles Sandoval destaca el retorno de una política basada en una cultura autoritaria de control de los recursos comunicativos, como ha sido el caso de la conducción del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, el control editorial de los medios locales a través de la asignación de publicidad, y la vigilancia del actuar de algunos reporteros críticos. A esta radiografía de la comunicación pública, se suma el permanente estado de crisis económica en el que viven la mayoría de los medios y que, entre otras cosas, ha tenido como consecuencia la pauperización de las condiciones laborales de los periodistas en Guadalajara.

En el archivo de Sistema Autorreferencial también pueden encontrarse textos sobre otros temas y perspectivas. Durante estos años escribí pequeñas monografías de medios de comunicación como Siglo 21, Ocho Columnas, Mural y La Jornada Jalisco; análisis sobre eventos importantes de las industrias culturales como la Feria del Libro y el Festival Internacional de Cine; así como los perfiles de personajes relevantes para la comunicación en México y Guadalajara como el Tigre Azcárraga, Mario Vázquez Raña, y David “el negro” Guerrero. Además, hay otros temas que poco a poco fueron alimentando la columna, como la rápida incorporación de plataformas digitales en la producción y distribución de información periodística, así como las nuevas formas de ver la televisión a través de servicios de paga como Netflix o Amazon.

Con este breve resumen cierro seis años de trabajo en Señales Humo. Agradezco a Alfredo Sánchez y a Cecilia Fernández la invitación para participar en esta revista radiofónica. A lo largo de estos años Señales de Humo fue un espacio en donde pude escribir libremente y transmitir mis ideas a una audiencia de radioescuchas altamente críticos y receptivos. Considero que Señales de Humo es un programa que ha dado una gran aportación para el periodismo cultural en México. A lo largo de quince años Señales de Humo ha sido una revista cultural que ha ofrecido un gran menú informativo, como trabajos periodísticos sobre al ámbito cultural; un espacio de expresión, opinión y difusión para artistas y periodistas locales, nacionales, e internacionales; una incansable labor de promoción y difusión cultural; así como el minucioso trabajo de creación de una audiencia radiofónica robusta y estable.

El trabajo de Señales de Humo debe ser un punto de partida para nuevos proyectos que dinamicen y revitalicen el periodismo cultural en México. En lo particular, me parece que el periodismo cultural tiene un gran camino por delante como una actividad que promueva el análisis crítico de los medios de comunicación y de las nuevas redes digitales. En México se requiere de una observación constante a temas relacionados con la economía política, el periodismo, la cultura popular y las nuevas tecnologías. Este periodismo sobre comunicación, periodismo y medios, debe dejar atrás el dicho de “perro no come perro”, esa vieja máxima del autoritarismo mexicano del siglo XX para referirse a que los medios y periodistas no podían ni debían criticarse entre sí y por tanto, era mejor, simplemente ignorarse por completo.

¡Hasta la vista!

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Vázquez Raña, Zabludovsky, Don Francisco y Chabelo: pilares de un sistema de comunicación que no termina por derrumbarse

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (7 de diciembre de 2015)

Cuatro personajes de la television del siglo XX

Cuatro personajes de los medios mexicanos durante el siglo XX

Entre otras cosas, 2015 puede ser recordado como el año en que murieron Mario Vázquez Raña y Jacobo Zabludovsky, dos figuras que moldearon una parte importante del periodismo mexicano del siglo XX, pero también puede ser conocido como el año en que Don Francisco y Chabelo perdieron sus espacios en la televisión, dos personajes centrales para comprender el entretenimiento televisivo en México y Estados Unidos. Los cuatro comparten grandes similitudes, pues fueron hombres que ejercieron una poderosa influencia en la cultura política y popular de millones de personas en América Latina, y particularmente en México, en un tiempo en el que hacer periodismo y televisión era muy distinto comparado con los tiempos que corren. Al final, sus desapariciones físicas o de las pantallas de la televisión, aparecen como resabios de un mundo que no termina por irse y que sigue teniendo una gran ascendencia en la memoria colectiva de los mexicanos.

Estos personajes dejan atrás un mundo en donde los medios de comunicación masiva, como el cine, la radio, la televisión, e incluso, el libro, eran capaces de construir narrativas nacionales que unían a todos los habitantes de un país a través de prácticas de consumo cultural, como la lectura de los periódicos por la mañana, la escucha de los sonidos pegajosos de los jingles radiofónicos, o la congregación familiar para ver el noticiario nocturno o del programa de espectáculos los domingos. En el sistema de comunicación del siglo XX los habitantes de México compartían referentes políticos y culturales, periodísticos y de entretenimiento. Independientemente de su clase social, edad, o género, los mexicanos sabían perfectamente a qué hora se transmitía el famoso telediario 24 Horas o que Los Soles se vendían en los puestos de periódicos, también conocían las estructuras y contenidos de programas como Sábado Gigante, En Familia con Chabelo, o la serie del Chavo del Ocho. Entre otras cosas, estos espacios comunicativos unieron a los habitantes de un país a través de imágenes, usos del lenguaje (cómo olvidar el insufrible uso de los cuatitos y las cuatitas de Chabelo), de chascarrillos (como la extraña chiripiolca en el Chavo del Ocho), de entendimientos políticos (como el gran culto al presidente en el noticiario 24 Horas) y sueños culturales (como la movilidad social a través del amor que promovieron las telenovelas de Televisa). Estas imágenes, lenguajes, chascarrillos, entendimientos políticos y sueños culturales fueron un referente común que la mayoría de los mexicanos compartían.

Vázquez Raña, Zabludovsky, Don Francisco y Chabelo fueron piezas claves en la edificación de un sistema de comunicación políticamente conservador y autoritario y que generó audiencias poco críticas. Como toda comunicación masiva, el poder de la producción y distribución de los contenidos periodísticos y de entretenimiento estuvo a cargo estos personajes, quienes poco se preocuparon por entender los intereses de sus audiencias y entrar en contacto con ellas. En este tipo de comunicación, las audiencias fueron observadas como grandes bloques poblacionales a los que había que llegar para enviarles información política y publicitaria. En particular, Chabelo fue una especie de noticiario de todos los productos que los niños podían consumir. Su programa, En Familia, se convirtió en la nana de los niños que se levantaban temprano los domingos, pero también en una eficiente máquina que persuadía a los niños para comprar golosinas y juguetes. En tiempos cercanos a la Navidad no hacía falta ir a la tienda para saber cuáles eran las novedades comerciales de la temporada, pues Chabelo se convirtió en el vehículo perfecto para que los niños y sus padres se informaran sobre qué era lo que podían comprar ante la inminente llegada del Niño Dios, Santa Claus, o los Reyes Magos. En el caso de las noticias, algo similar hacían Zabludovsky y Vázquez Raña, pues fueron los canales para comunicar las ínfimas opciones políticas de los mexicanos, pero especialmente sobre las decisiones que la clase política iba tomando con relación a la organización general del país.

Hacia finales de la década de los noventa, el sistema político y de medios en México comenzó a transformarse. La cadena de periódicos de Vázquez Raña perdió potencia y aparecieron nuevos jugadores a nivel nacional como los grupos Milenio y Reforma, que desde Monterrey tomaron por asalto el mercado nacional de periódicos y compitieron directamente con una prensa autoritaria que había vivido sus mejores años décadas atrás. Si bien la televisión no se desconcentró, y al parecer es algo que nunca sucederá en México, sí se ampliaron las opciones en el menú, pues aparecieron espacios informativos y de entretenimiento para audiencias mucho más segmentadas. Además, la televisión por cable y el Internet se convirtieron en opciones para encontrar otro tipo de productos comunicativos que no necesariamente son ofertados por los grandes medios de comunicación. En ese nuevo sistema algunos de estos personajes decidieron seguir con un esquema de comunicación masivo y unidireccional y poco a poco fueron perdiendo su influencia política y cultural. Otros, como Jacobo Zabludovsky mudaron de piel y, apelando a la poca memoria de muchas personas, terminó su carrera como un periodista crítico y galardonado por su carrera en el mundo de las noticias.

La muerte de periodistas como Zabludovsky o la salida del aire del programa de Chabelo es otra palada de tierra más a la tumba del sistema de comunicación mexicano que operó durante el siglo XX. El problema, como lo he comentado varias veces en este espacio, es que el entierro de este sistema de comunicación ha demorado mucho tiempo, tanto, que a veces nos parecen imperceptibles los cambios. Aún siguen trabajando muchas de las personas e instituciones que produjeron la comunicación en tiempos del presidencialismo como productores de telenovelas, directores de periódicos, o estrategas de comunicación política. Es una generación que todavía no acaba por irse y que de cuando en cuando vuelve a rescatar del olvido las viejas prácticas comunicativas. En su video de despedida, Chabelo dice que se ha cerrado un ciclo, pero que otro está por abrirse. Ojalá que piense en el retiro y no en revivir un programa que duró casi cincuenta años al aire y que contribuyó, entre otras coas, a crear una cultura alimenticia que privilegia los pastelillos azucarados y los refrescos.

El sistema de comunicación actual ya no es unidireccional ni está compuesto por un puñado de personas que emiten mensajes con alto poder de influencia y persuasión en la sociedad. El sistema de comunicación se amplió, pues hay más medios de comunicación y más productos comunicativos, aunque muchos de ellos de baja calidad, como lo es buena parte del periodismo que se produce actualmente. Las audiencias se fragmentaron. Es rara la familia que se sienta los domingos a ver un programa como Sábado Gigante. Ahora cada integrante de la familia ve un programa diferente en las pantallas de sus computadoras o teléfonos móviles. Hay una mayor libertad de expresión, pero también una mayor polarización política. Son dos sistemas de comunicación distintos y definitivamente, el actual, no es el ideal. Pero queda claro que el sistema de comunicación que se desarrolló en México durante el siglo XX no fue el mejor, especialmente si se le mira desde una perspectiva democrática. ¡Adiós cuatitos y cuatitas, hasta nunca!

Este artículo fue publicado el 7 de diciembre de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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