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De cómo el plagio de Peña Nieto no nada más desnuda al emperador, sino también a la prensa mexicana

Por Juan Larrosa (31 de agosto de 2016)

En semanas recientes el equipo de periodistas encabezado por Carmen Aristegui publicó un reportaje audiovisual en el que se demuestra que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, plagió al menos 28% de la tesis que presentó para obtener el título de licenciado en derecho por la Universidad Panamericana. El problema es muy grave, como ya muchos periodistas, académicos y ciudadanos han señalado. El plagio es problemático porque muestra, una vez más, que las universidades mexicanas no han atenido el tema del plagio de forma seria e institucional, y es especialmente problemático porque el reportaje ofrece información que pinta de cuerpo entero a quien ahora es presidente de México. Pero la discusión sobre el plagio académico de Peña Nieto todavía puede explorarse desde otras vertientes. El trabajo periodístico no nada más vuelve a propinarle un golpe durísimo a la mermada credibilidad de Peña Nieto, también deja muy mal parada a la prensa en México y al sistema de comunicación política durante los procesos electorales.

La democracia, como un sistema político de distribución de poder, ha adquirido distintas formas, tanto teóricas como empíricas. Sin embargo, en todas esas formas, al menos en su manifestación contemporánea, la prensa tiene un papel fundamental. La prensa es una institución que debe ser independiente y autónoma de los poderes públicos, y que tiene por objetivo difundir información sobre lo político y lo público de una comunidad. En pocas palabras, la operación de la prensa se basa en dos trabajos fundamentales. El primero es leer, analizar y mediar la información que procesan los poderes públicos. Así, los periodistas dan a conocer el trabajo de los distintos órdenes de gobierno, el estado de las finanzas públicas, entre otros. El segundo trabajo, y este es fundamental para el argumento de este artículo, es vigilar críticamente el trabajo de las instituciones públicas y sus agentes. Desde este punto de vista, la prensa ha sido llamada por sociólogos y politólogos estadounidenses, como el perro guardián de la democracia. La prensa debe estar dedicada a investigar críticamente las actividades de gobiernos, empresas e instituciones públicas. Estas investigaciones deben ser difundidas para que los gobernantes, pero especialmente los ciudadanos, cuenten con información suficiente para tomar decisiones sobre la administración de lo público.

Esta breve explicación sobre el papel de la prensa en un sistema democrático, al menos en un plano teórico, me lleva a plantear el punto central de este artículo: el reportaje de Carmen Aristegui debió salir a la luz durante las campañas electorales de 2016. En la actualidad, el reportaje es de relevancia pública porque nos da información sobre quién es nuestro presidente. Sin embargo, habría sido mucho más provechoso saber esto antes de las votaciones presidenciales de 2012; incluso habría sido todavía más provechoso tener conocimiento de las malas artes académicas de Peña Nieto antes de que fuera nominado por su partido político. Es difícil especular sobre lo que habría pasado pero, otra vez, desde un plano teórico, el PRI podría haberle quitado la candidatura a Peña Nieto al revelarse esta información, o algunos de los millones de ciudadanos que después votaron por él podrían haberle retirado su confianza para presidir el país.

La prensa mexicana ha fallado, sistemáticamente, en ofrecer productos periodísticos críticos y surgidos a partir de trabajos de investigación. Durante las campañas políticas, como bien lo ha documentado desde hace años el observatorio de medios del ITESO, han tendido a ser reportadas de forma superficial y con poca criticidad por la prensa mexicana. Por supuesto, siempre hay excepciones. Sin embargo, esas excepciones están lejos de llenar el vacío de información autónoma, independiente y crítica, que el sistema político mexicano requiere. Este ejercicio de máximo escrutinio periodístico a Peña Nieto debería ser la regla para el resto de los actores e instituciones públicas de nuestro país. Mientras en México no construyamos una prensa de mayor calidad, el sistema político democrático seguirá siendo altamente insatisfactorio.

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¿Cuál es el interés público y periodístico en la boda religiosa entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera?

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (8 de febrero de 2016)

A unos días de la llegada del Papa Francisco a México, los periodistas Carmen Aristegui, Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán, publicaron el reportaje “El expediente secreto de la boda Peña Nieto-Rivera”. Estos periodistas, que en noviembre de 2014 publicaron el reportaje “La casa blanca de Enrique Peña Nieto”, entregan un texto periodístico en el que narran cómo fue que Angélica Rivera logró anular su primer matrimonio religioso para poder casarse con el ahora presidente de México. Según cuenta el texto publicado en el portal de Aristegui Noticias, el proceso de anulación del primer matrimonio de Rivera tuvo irregularidades emanados de actos de corrupción al interior de la Iglesia Católica. El reportaje tendrá influencia en la agenda pública de los siguientes días, pues el Papa Francisco, quien según los reporteros tiene conocimiento de esta trama de corrupción, estará de vista en México del 12 al 18 de febrero. El reportaje ha causado polémica y movido discusiones públicas sobre la pertinencia y relevancia de publicar este tipo de información. Una pregunta importante, por ejemplo, es la que hace el periodista Adrián Carrera, quien cuestiona si el reportaje ofrece información de interés público. En este artículo retomo su pregunta y propongo algunas ideas al respecto, con base en los planteamientos que ha hecho Darío Restrepo, un periodista colombiano que se ha especializado en temas de ética.

 

 

Una línea de discusión sobre el reportaje de la boda entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, tiene que ver con una cuestión ética. ¿Hay una invasión a la privacidad a la vida del presidente y la primera dama? Una boda religiosa, en la mayoría de los casos, pertenece al ámbito de lo privado, pues tiene que ver con una decisión personal de llevar a cabo un rito religioso. En este sentido, por sí mismo, un enlace matrimonial, aunque esté plagado de irregularidades, no justifica un interés público y por tanto, periodístico. No obstante, el caso se complica si los protagonistas son dos personas cuyas vidas son públicas. Por un lado tenemos a una actriz que fue protagonista de programas de televisión con alto rating en México y que ahora es Primera Dama; por otro lado está un político que fue gobernador del estado de México y que ahora es presidente de la República. Sobre este punto, el periodista Darío Restrepo, en su consultorio de ética señala que hay “personas que convierten su intimidad en una mercancía, como es el caso de las celebridades del espectáculo que cambian intimidad por la popularidad necesaria sus carreras”, como puede ser el caso de Angélica Rivera. Además, Restrepo señala que los personajes públicos tienen una intimidad limitada, recortada y que “su derecho a la intimidad no desaparece, pero cuando el bien público está de por medio, el derecho del personaje, político o funcionario, se disminuye”. Ante la relevancia pública de los personajes en cuestión, se abre la puerta para que la historia Peña-Rivera tenga sustancia periodística.

Sin embargo, en sus reflexiones sobre ética periodística, Darío Restrepo también expone que “a un candidato a presidente, o a un presidente no se le puede exigir que sea un ejemplo de vida, como debería serlo un sacerdote o un obispo. El funcionario debe ser ejemplar en su conducta como gobernante y defensor de lo público, que es lo que promete al jurar su cargo; pero otra cosa es su desempeño como esposo, o como padre, asuntos que pertenecen a su esfera privada”. En el caso que nos ocupa, las tranzas que Rivera y Peña hicieron para casarse no afectan su trabajo como figuras y funcionarios públicos. Ninguno de los dos violó la ley y, como dice el periodista colombiano, no debemos exigirles una moral que ninguna relación tiene con sus actuales cargos. Aquí da vuelta otra vez el caso y encontramos que el reportaje pierde relevancia periodística.

Al igual que Adrián Carrera, Darío Restrepo sugiere que para valorar la pertinencia de publicar información de lo ámbitos privados e íntimos, hay que preguntarse si lo hechos tienen relevancia pública. En particular, explica que lo íntimo se debe informar si se cumplen dos condiciones: “primero que la intimidad haya sido exteriorizada libremente; y la segunda, que esta exteriorización voluntaria tenga relevancia comunitaria”. Aquí, entonces, hay dos consideraciones más, desde donde desprendo mi conclusión final sobre el caso. La boda entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera sí fue exteriorizada libremente. El reportaje de Aristegui Noticias recuerda que en noviembre de 2008 Peña Nieto informó en el programa de televisión “Shalalá” de TV Azteca, que tenía un romance con Angélica Rivera. Después de esto, la historia es conocida: el enlace nupcial fue publicitado en revistas del corazón y en programas televisivos de farándula. En ningún momento los protagonistas mostraron su interés por mantener la boda con un bajo perfil público, por el contrario, las señas indican que el matrimonio fue parte de una campaña política.

El segundo punto es que el tema tenga una relevancia comunitaria. Hasta este momento, en la exploración del caso a través de las ideas de Restrepo encontramos que el interés público del reportaje no está en el hecho de que dos personas hayan organizado un matrimonio religioso apócrifo y corrupto. No violaron ninguna ley. La relevancia tampoco está en exponer moralmente a dos líderes políticos que hicieron trampa según las reglas eclesiásticas. Si ellos quisieron no observar las reglas de un rito religioso, cada quien sus gustos. Por otro lado, lo que narra el reportaje en nada afecta al Estado laico en México, pues su decisión no tuvo influencia en la elaboración de políticas públicas o en la modificación de alguna ley concerniente a la religión.

A pesar de las consideraciones anteriores, el reportaje sí tiene relevancia comunitaria, la cual yace en dos elementos centrales. El primero está en la documentación de las relaciones de poder entre la Iglesia y el Estado mexicano. El papel político que la Iglesia ha tenido en la historia de México es claro y no hace falta explicarlo a detalle. La Iglesia es uno de los tantos poderes fácticos que influye, de distintas formas, en cómo se toman algunas de las decisiones públicas del país. El reportaje documenta las relaciones y negociaciones entre personajes que tienen una alta ascendencia en la vida política de México. Basta con revisar las vidas políticas de actores religiosos como Juan Jesús Posadas Ocampo, Juan Sandoval Íñiguez o Norberto Rivera, para dar cuenta del poder político de la Iglesia. En política, se sabe, los favores no son gratuitos y siempre hay un quid pro quo. La pieza periodística, entonces, sirve para entender y documentar la complejidad de la vida política en el país.

El segundo elemento tiene que ver con el interés público de entender cómo fue construida la campaña presidencial de Peña Nieto y, en general, las características de las comunicación política contemporánea. Desde su paso por el gobierno del estado de México, Peña Nieto ha sido un político que ha basado su fuerza en un uso muy particular de la comunicación política. Él pertenece a un grupo de políticos que han decidido construir una imagen política mucho más parecida a la de un artista o una celebridad, que a la de un estadista. Su campaña presidencial estuvo plagada de historias de complicidades y corruptelas con medios de comunicación, especialmente con Televisa. Algunas de estas historias están documentadas y otras se reproducen sin prueba alguna. El enlace matrimonial entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera fue, sin duda, una pieza fundamental de la campaña presidencial de 2012, una boda que fue ampliamente difundida en medios de comunicación. En términos culturales, una boda civil no habría tenido el mismo impacto en la opinión pública que una boda religiosa, especialmente en un país donde sus habitantes tienen más confianza en la Iglesia que en los maestros, el ejército o los políticos, y en donde 74% de sus habitantes cree que es relevante hacer un rito religioso para casarse.

Este artículo fue publicado el 8 de febrero de 2016 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

 

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Mario Vázquez Raña, ¿el Ciudadano Kane mexicano?

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (22 de febrero de 2015)

A diferencia de otros empresarios como “El Tigre” Azcárraga, Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego, Mario Vázquez Raña tuvo una vida pública gris y poco sobresaliente, mucho más activa como dirigente deportivo internacional, que como el dueño de una de las cadenas de periódicos más grandes del mundo. Aunque ejerció un gran protagonismo en la información que se publicaba día a día en sus periódicos, que en las últimas décadas pocas personas leían, su influencia en otros medios de comunicación fue escaza en comparación con otros de los barones de la comunicación en México. Sin embargo, en la historia empresarial de Mario Vázquez Raña hay rasgos y coyunturas similares a las de sus coetáneos. En particular, en la historia de los cuatro empresarios aludidos hay un “momento de fortuna” (coyuntura), a partir del cual su poder económico creció desorbitadamente: en 1960 la dinastía Azcárraga aseguró su futuro cuando el Congreso mexicano publicó una ley a modo de Televisa y en la primera mitad de los noventa el Gobierno Federal vendió, a un módico precio, las paraestatales Telmex e Imevisión, con lo cual favoreció a Slim y a Salinas Pliego. De la misma forma, en la década de los setenta, Echeverría hizo algunos regalos a Vázquez Raña, quien desde entonces se convirtió en un incondicional escudero de los gobiernos priístas.

El padre de Mario Vázquez Raña nació en España, en un pueblo llamado Avión y llegó a México en 1918. Primero trabajó en Chihuahua como minero y después echó a andar una tienda de muebles. En 1932 nació Mario Vázquez Raña, y según narraran distintos artículos en Internet, desde muy joven comenzó a trabajar en el negocio de su padre. En este punto, por ejemplo, esta historia es muy similar a la de Carlos Slim, cuyos padres llegaron del extranjero a México a principios el siglo XX y que, luego de décadas de trabajo, lograron prosperar a través de distintos negocios dedicados al comercio, especialmente de mercerías. Al igual que Slim, Mario Vázquez Raña estudió en la UNAM y durante las primeras décadas de su vida profesional se dedicó completamente al negocio familiar, una tienda que terminaría siendo famosa a nivel nacional. Las mueblerías “Hermanos Vázquez” se instalaron en distintas ciudades de México e inundaron de comerciales los canales de Televisa.

En la década de los setenta, con un capital económico importante, Mario Vázquez Raña comenzó a acercarse a los espacios de poder político, especialmente a los círculos de Luis Echeverría, quien fuera presidente en México de 1970 a 1976. Hacia el final de su gobierno, Echeverría nombró a Vázquez Raña como presidente del Comité Olímpico Mexicano (1974) y director general del Instituto Nacional del Deporte (1975). Un año más tarde, el entonces presidente le hizo un último regalito. En una operación que hasta ahora no ha sido completamente explicada, el Gobierno federal compró la cadena de periódicos del general García Valseca y luego, sin licitación de por medio, vendió esta empresa periodística a Mario Vázquez Raña por una cantidad hasta ahora desconocida. Esta operación, que marcó la vida empresarial de Vázquez Raña, tiene rasgos muy similares a la venta que el Gobierno federal hizo de Telmex y de Imevisión, operaciones que también marcaron significativamente el desarrollo económico y político de empresarios como Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego.

Como decía, las razones de estos regalos todavía son oscuras. Dos posibles explicaciones, que no son mútuamente excluyentes, pueden encontrarse en los últimos cables revelados por Wikileaks, donde funcionarios estadounidenses señalan que Vázquez Raña fue un actor que sirvió como vehículo comunicativo entre el presidente Echeverría y el régimen cubano de Fidel Castro. Esto hace sentido, pues Vázquez Raña presumía públicamente de tener una amistad con Castro. Estos mismos cables de Wikileaks sugieren que Echeverría le entregó a Vázquez Raña el conjunto de periódicos, con el fin de tener medios de comunicación a su servicio una vez que su presidencia llegara a su fin, tal como Miguel Alemán lo hiciera con Televisa. Lo cierto es que, en una entrevista publicada en 1983 en el periódico español El País, Vázquez Raña declaró que fue “por casualidad” que se convirtió en el dueño de una cadena de 33 periódicos, pues él lo que quería comprar “frigoríficos”.

Estas coyunturas políticas, o regalos presidenciales, tuvieron una gran influencia en la segunda etapa de desarrollo profesional de Mario Vázquez Raña. De ser un comerciante adinerado, pasó a ser un actor con gran ascendencia en la política deportiva nacional e internacional y a poseer un emporio periodístico que en sus mejores momentos estuvo compuesto por setenta periódicos, así como estaciones de radio, canales de televisión, productoras e importadoras de papel periódico, entre otras empresas más. Desde 1976, hasta el día de su muerte, el 8 de febrero de 2015, Mario Vázquez Raña y sus medios de comunicación estuvieron al servicio del poder político, especialmente de los gobiernos priístas, aunque el empresario en diversas entrevistas se definió, eufemísticamente, como “gobiernista”, es decir, un editor al servicio de los gobiernos en turno.

Un ejemplo claro del periodismo oficialista que los diarios de la Organización Editorial Mexicana (OEM) han practicado, ocurrió en el contexto de las campañas presidenciales en 2012. En mayo de aquel año Enrique Peña Nieto, como candidato a la presidencia, ofreció una conferencia en la Universidad Iberoamericana. Al final de la conferencia, los estudiantes de la universidad adoptaron un tono crítico en contra del político y luego de gritos y rechiflas, lo corrieron de la universidad. Horas más tarde, el entonces presidente del PRI minimizó las críticas, pues según él habían sido realizadas por un “puñado de alumnos”. Mientras que este episodio fue un duro golpe para la campaña política de Peña Nieto y marcó el inicio del movimiento #YoSoy132, los periódicos de la OEM publicaron notas y fotografías que defendían al candidato príista. Por ejemplo, El Sol de Morelia publicó en primera plana: “Éxito de Peña Nieto tras intento orquestado de boicot”.

La Prensa

La Prensa

Como empresario, Mario Vázquez Raña fue exitoso, pues logró confeccionar productos de consumo masivo, como Esto, un tabloide dedicado al mundo deportivo o La Prensa, una publicación de nota roja. Estos dos periódicos venden muchos más ejemplares que cualquiera de los periódicos generalistas y “nacionales” que se editan en la Ciudad de México. Los periódicos generalistas de la OEM, como Los Soles, o El Occidental en Guadalajara, desde hace años que han tenido una baja circulación y no se han caracterizado por hacer un periodismo crítico o innovador que influya en la agenda nacional. Por el contrario, son periódicos oficialistas, que sirven para defender a los gobiernos en turno, que publican información de las oficinas de prensa, que dan espacio a articulistas poco críticos y que maman millones de pesos al año por concepto de publicidad oficial. Además, muchos de estos periódicos sirvieron como un escaparate para Vázquez Raña, un megalómano que gustaba publicar noticias sobre sus logros en la política deportiva, o sus “diálogos con la historia”, una serie de entrevistas con más de “500 jefes de estado”. Al día siguiente de su muerte, todos sus periódicos publicaron exactamente la misma portada.

Portada de El Occidental. 9 de febrero de 2015.

Portada de El Occidental. 9 de febrero de 2015.

En no pocas ocasiones se ha dicho que Mario Vázquez Raña es (o fue) el “Ciudadano Kane” mexicano. En Citizen Kane, Orson Welles retrató a Randolph Hearst, el dueño de una cadena nacional de periódicos, quien se jactaba de “dictar la opinión pública” en Estados Unidos y de crear noticias falsas. El Ciudadano Kane llegó a ser congresista y desafió abiertamente al poder político. En contraparte, Mario Vázquez Raña terminó siendo un empresario bastante conservador y decidió seguir la fórmula que tanto éxito le dio para reproducir su fortuna y poder: la subordinación. A diferencia de los Azcárraga, los Pliego y los Slim, que han visto que el viejo régimen priísta y revolucionario ya no existe más, Vázquez Raña murió como un soldado del régimen, un soldado que decidió seguir dando batallas en el siglo XXI con estructuras mentales del siglo XX.

¿Que será del emporio periodístico de Mario Vázquez Raña, que al paso de los años se hizo viejo y anacrónico? Hasta ahora es una incógnita.

Este artículo fue publicado el 22 de febrero de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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