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Una vez más bajaron el interruptor informativo de C7: carta abierta a Myriam Vachez, Secretaria de Cultura de Jalisco

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (26 de abril de 2015)

En días recientes me enteré que C7 dejó de producir y transmitir información, periodística y de opinión, relacionada con las campañas electorales. En países donde la radiodifusión pública goza de buena salud, esta noticia sería un gran escándalo. ¿Te imaginas que pasaría, Myriam, si la BBC o la Deutsche Welle decidieran, de un día para otro y sin una discusión y argumentación pública, eliminar la información electoral de sus parrillas de programación?

En el caso de Jalisco la noticia sobre la decisión de cortar la información electoral ha sido poco discutida. Algunos medios de comunicación han hecho eco sobre el tema y han reparado sobre la cuestionable decisión que el Consejo de C7 tomó para dejar de transmitir información electoral. Sin embargo, el tema se ha perdido entre el bullicio propio de las campañas y la indiferencia de muchos ciudadanos que observan esta decisión como otro episodio en el que los gobiernos toman decisiones sin apegarse a la ley, sin consultar a los ciudadanos, y especialmente, sin el interés de ofrecer un servicio público. Este episodio, Myriam, no es nuevo en la historia del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión. Hace unos días se cumplieron veintitrés años de las explosiones del 22 de abril. También se cumplieron veintitrés años del día en que alguien decidió que, luego de las explosiones, era mejor bajar el interruptor de la radiodifusión jalisciense y dejar de informar a los ciudadanos. Así fue como alguien decidió que durante una semana, el sistema de medios públicos del estado emitiera ruido rosa y barras cromáticas. Hasta ahora no sabemos quién lo decidió ni cuáles fueron las razones de su decisión.

Dos décadas después sabemos que el consejo de C7 decidió cortar la información electoral, pero no sabemos exactamente por qué. En una minuta de trabajo del Consejo que tú presides, se sabe que decidieron suspender “desde el 5 de abril y hasta el 8 de junio, los programas de servicio social, spots y cualquier contenido que hable o pueda interpretarse como logro de gobierno” y que habrá un “condicionamiento (sic) de no tocar temas electorales para los programas de opinión”. Días después, en una entrevista para Reporte Índigo, Gabriel González López, el actual director de C7, declaró que la decisión se tomó porque temen hacer mal su trabajo. Es decir, que alguien interprete que C7 produce información que beneficie a alguno de “los candidatos o partidos que están en la contienda electoral”. En esta entrevista, además, el director señaló con mucha seguridad, que no están violando ninguna ley.

La decisión que tomaron, Myriam, revela una muy mala lectura de la ley. El artículo cuarto de la Ley Orgánica que rige C7 dice claramente que el sistema debe proporcionar información “pertinente, veraz y oportuna a los habitantes del Estado” y que las decisiones de sus directivos se ajustarán a las disposiciones constitucionales y federales, como los artículo 6 y 7 de la Constitución mexicana o la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión o. Además, el artículo 30 de la misma ley dice que el defensor de la audiencia debe actuar bajo los criterios del código de ética de C7, el cual dice claramente que “la gente (sic) y los individuos tienen el derecho a adquirir una visión objetiva de la realidad por medio de la información exacta y comprensiva” y que los periodistas tienen la tarea de crear información que le permita a las personas “formarse una idea exacta y comprensiva del mundo.” ¿Cómo nos vamos formar, Myriam, una idea exacta y comprensiva de las campañas electorales si C7 decidió eliminar la cobertura periodística del proceso más importante de un sistema de democracia representativa? ¿No te parece, Myriam, que sí violaron la Constitución Mexicana, así como La Ley Orgánica y el código de ética de C7?

La decisión que tomaron también revela, tal vez inconscientemente, la poca seguridad que tienen en su propio trabajo. El temor a ser señalados por trabajos periodísticos sesgados e imparciales tiene bases sólidas y reales. Aunque algunos conductores de C7 se han mostrado burlones y refractarios a la crítica, diversos trabajos académicos han documentado la poca independencia periodística del sistema de radiodifusión público.[1]

Los tiempos de crisis, Myriam, han servido como catalizadores para renovar instituciones, para volver a pensar aquellas cosas que no están funcionando bien. Difícilmente C7 va a recular en su polémica y desde mi punto de vista, errada decisión. Los directivos de C7, así como los miembros de su consejo, pasarán a la historia como aquellos que volvieron a bajar el interruptor de la radiodifusión jalisciense para dejar de informar a los ciudadanos. Sin embargo, siempre hay tiempo y posibilidades para cambiar. ¿Nos informarás detalladamente cuáles fueron los argumentos para dejar de transmitir información electoral? En caso de que sea cierta la razón dada por el director de C7, ¿no te parece que sería adecuado que renunciaran todas aquellas personas que no tienen la capacidad para producir información periodística durante un proceso electoral sin que sean señalados de ser parciales y sesgados? ¿No te parece, Myriam, que C7 cuenta con los recursos tecnológicos y económicos para producir los mejores contenidos periodísticos del estado?

 Este artículo fue publicado el 26 de abril de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Otros artículos que he escrito sobre C7:

[1] Darwin Franco, “Foro Mundial de ¿medios Públicos?,” en Medios de comunicación y derecho a la información en Jalisco, 2011, (Guadalajara, México: ITESO, Departamento de Estudios Socioculturales, 2012), 127–36; Juan Manuel Velázquez Ramírez, “Ausencias y emergencias de lo público/ciudadano en noticieros televisivos y movimientos sociales: un acercamiento desde la perspectiva del communicative framing” (ITESO, 2011); Guillermo Guillen Peña y María Fernanda González Hernández, “C7: ¿medio público o vocero eel gobierno?” en Medios de comunicación y derecho a la información en Jalisco. 2013 (Guadalajara: ITESO), 39–60.

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Tierra ignota: el consumo televisivo de los jaliscienses

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (9 de junio de 2014)

Portada del informe Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2009. Autor de la caricatura: Guillermo Juárez Ledón.

Portada del informe Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2009. Autor de la caricatura: Guillermo Juárez Ledón.

En días recientes se presentó la tercera encuesta del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos, en la que se hace una radiografía de las percepciones que tienen los jaliscienses sobre su calidad de vida. La encuesta es un amplio trabajo de investigación que arroja información valiosa y construye una fotografía sobre cómo los jaliscienses se perciben a sí mismos. Entre otros temas, la encuesta tiene información en torno a la comunicación y la cultura. El dato que más llamó la atención de la encuesta es el alto consumo televisivo con respecto a otras prácticas culturales. El análisis y la reacción común ante esta información es el horror. Una vez más confirmamos que los mexicanos, en este caso los jaliscienses, están viendo la televisión en lugar de llevar a cabo otras prácticas culturales como la lectura de los autores del Siglo de Oro de la poesía española o la asistencia a museos en los que se exhibe una fotografía de la fotografía de una obra de Bansky. Pero esta información ya la conocíamos. Entonces, ¿qué otras cosas podemos decir y analizar al respecto?

La encuesta de Jalisco Cómo Vamos señala que el 96% de los jaliscienses reportó el consumo televisivo como una práctica cultural y de entretenimiento recurrente. En contraste, el 34% de los encuestados señaló que va al cine, 15% que acude a algún museo, obra de teatro o espectáculo de danza o 19% que asiste a un concierto. En cuanto a la lectura, los resultados son sorprendentes, pues el 70% de los encuestados dijo que había leído en el último mes. Y es sorprendente, porque la lectura no es un hábito que describa al mexicano promedio, no al menos en el imaginario colectivo. Vale la pena señalar que la encuesta podría darnos mejores datos, pues informa claramente qué porcentajes de tapatíos ven la televisión, pero no nos dice qué es lo que los tapatíos leen, simplemente nos dicen que les gusta leer, pero no sabemos si leen libros, folletos, revistas, páginas web, o un largo etcétera.

Con los datos que aporta la encuesta Jalisco Cómo Vamos, así como con la información del INEGI o del Conaculta, podemos preguntar por qué el consumo televisivo es tan dominante sobre otras prácticas culturales. En términos de infraestructura, la respuesta es evidente. La encuesta documenta que solamente 2% de los hogares en el estado no tienen un televisor a color. Este dato es relevante, pues estamos ante un medio de comunicación que prácticamente tiene una penetración universal entre la población jalisciense. En términos comunicativos esto significa que la televisión es el único medio de comunicación que tiene una estructura capaz de enviar un mensaje a casi toda la población del estado. Si hacemos esta misma evaluación con otras prácticas culturales, es comprensible la predominancia televisiva. Si un jalisciense quiere comprar un libro o rentarlo, o ir a un evento de danza o acudir una obra de teatro o presenciar un concierto, ¿cuántos espacios existen para ello en el estado? Probablemente los habitantes de la capital del estado cuenten con algunas opciones, pero quienes habitan en municipios que no pertenecen a la Zona Metropolitana de Guadalajara, sin duda, cuentan con pocas y en algunos casos nulas opciones.

Quienes son expertos en el estudio de la cultura, aseguran que los públicos no nacen espontáneamente, sino que son creados con el tiempo. Así como una persona no nace sabiendo leer, tampoco nace sabiendo ver la televisión o decodificar una pintura en un museo. A lo largo del tiempo aprendemos a ver, disfrutar o consumir la cultura. En el caso de la televisión, es evidente la ventaja que tiene sobre otras formas culturales. Es mucho más fácil y probable que una persona prenda un televisor a que asista a un concierto.

La televisión también lleva ventaja en lo económico, pues siempre han existido señales de televisión gratuitas para el consumidor, frente a otro tipo de productos culturales que exigen una inversión económica.

Sin embargo, hay mucha información que no sabemos. Por ejemplo, la encuesta de Jalisco Cómo Vamos nos dice qué es los jaliscienses dicen que hacen o sienten. Los jaliscienses dicen que ven la televisión, pero no sabemos cuánto tiempo efectivamente dedican a ver la televisión o qué programas ven para entretenerse o para informarse. Tampoco sabemos cómo procesan esta práctica cultural, qué entienden de los programas, qué opiniones tienen de ellos o cómo la televisión interviene o modifica sus vidas cotidianas. Esta es información vital para entender mejor por qué y cómo vemos la televisión, pero también para saber por qué y cómo realizamos otras prácticas culturales. De esta falta de información no tiene responsabilidad la encuesta Jalisco Cómo Vamos. La responsabilidad cae en un Estado omiso y que no le ha interesado conocer las prácticas culturales de los mexicanos, como una vía para planear las políticas culturales del país y para defender los derechos comunicativos de sus ciudadanos. Como muchas otras tareas, esta responsabilidad se la ha delegado al mercado.

La postura más sencilla y cómoda es horrorizarnos ante nuestro “desmedido” consumo televisivo y colocarnos las anteojeras de Theodor Adorno y la Escuela de Frankfurt y señalar con el dedo flamígero a la cultura popular y a la degradación cultural. O podemos cruzarnos el pecho con unas cananas, asumirnos como revolucionarios, y exigir que en la televisión se transmitan programas con valores cívicos o nacionalistas. O también podemos, como es lo que ocurre en nuestros días, ajustarnos un fino traje y creer que el libre mercado es tan sabio que puede dictar qué es lo que se debe transmitir por la televisión y que si la gente quiere mierda, pues mierda se le dará. Estas tres visiones sobre la televisión, la crítica, la populista y la neoliberal, cancelan cualquier intento de entender o comprender qué es lo que pasa con las audiencias, pues asumen, de entrada, que el pueblo es estúpido y necesita ser educado, bien por la Historia y su alta cultura, bien por el Estado, bien por el mercado.

Jalisco Cómo Vamos presenta un valioso ejercicio para conocernos mejor. Pero hace falta ir mucho más lejos en el terreno cultural. Es muy probable que a través del estudio detallado de nuestras prácticas culturales podamos entender que ver la televisión es algo mucho más complejo que estar ante la caja idiota. Estos estudios debe hacerlos el Estado y no el mercado, pues es la institución encargada de tutelar nuestros derechos y de mejorar nuestra calidad de vida. Sin esta información seguiremos observando las desastrosas administraciones en trono a la comunicación y la cultura en nuestro estado. Como ejemplo basta ver lo que está pasando en el canal de televisión C7 o en la conducción de espacios como el Instituto Cultural Cabañas.

 

Este artículo fue publicado el 9 de junio de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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28 de mayo en Guadalajara: pensamiento único y represión

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (26 de mayo de 2014)

En una entrevista realizada un par de años antes de su muerte, Stuart Hall realizó una serie de balances críticos sobre las raíces y tradiciones de los Estudios Culturales. En esas conversaciones habló de la influencia que el marxismo tuvo en esta corriente de pensamiento e investigación, particularmente en su versión británica. Entre otras cosas Hall dijo sentirse orgulloso del desarrollo metodológico del análisis de coyuntura. Aunque no fue Hall quien inventó este término, pues reconoce que anteriormente ya había sido utilizado por Marx, pero especialmente por Gramsci, sí fue él quien lo desarrolló como una herramienta de análisis dentro de los Estudios Culturales. Según Stuart Hall, una coyuntura es un punto de quiebre o ruptura en el devenir histórico. En estos quiebres se condensan una serie de hechos, generalmente contradictorios, que describen densamente la realidad y sus transformaciones. Las coyunturas pueden analizarse desde múltiples dimensiones, pero Hall, dada su inclinación por la cultura, vivió pendiente de las transformaciones ideológicas y se preguntaba sobre las ideas o costumbres de su tiempo, y quién las creaba, modificaba o controlaba. A un decenio de los lamentables hechos ocurridos el 28 de mayo de 2004 en Guadalajara, vale la pena preguntarse qué pasó entonces en clave de análisis de coyuntura.

En mayo de 2004 Guadalajara fue sede de la tercera cumbre América Latina, Caribe y Unión Europea. Anteriormente esta cumbre había sido celebrada en Brasil y en España. Luego de la edición en Guadalajara, la cumbre se llevó a cabo en 2006 en Viena, en 2008 en Perú, en 2010 una vez más en Madrid y en 2013 en Chile, aunque en la última edición el nombre de la cumbre cambió a Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea. El objetivo de estas cumbres ha sido la creación de una zona de libre comercio entre América Latina y la Unión Europea. Hasta la fecha este tratado económico no se ha creado. Antes de comenzar la cumbre de Guadalajara se esperaba que para 2010 la zona comercial estuviera abierta, pero al finalizar la reunión, las expectativas eran mucho más pesimistas. Lo cierto es que Europa desde hace años ha estado ocupada por sus distintas crisis políticas y económicas, las cuales han desplazado cualquier interés real por sus relaciones con América Latina.

Portada del periódico El Informador. 29 de mayo de 2004.

Portada del periódico El Informador. 29 de mayo de 2004.

En la cumbre del 2004 llegaron a Guadalajara los presidentes de distintos países de Europa y de América Latina. La ciudad fue resguardada por fuerzas policiales y durante una semana muchas calles y plazas públicas fueron cerradas. La reunión internacional atrajo la mirada de diversos grupos de protesta internacionales, nacionales y locales, quienes también llegaron a Guadalajara para manifestar su desacuerdo con las políticas internacionales de libre comercio y globalización. Durante toda la primera década del siglo XXI este tipo de protestas fueron comunes en todo el mundo y tuvieron como origen la mítica manifestación de Seattle, en 1999, en el marco de una reunión de la Organización Mundial del Comercio. Estas manifestaciones también tuvieron en común la participación de un grupo conocido como el bloque negro, altamente violento, así como fuertes dosis de represión por parte de los Estados. Sin duda, esta serie de manifestaciones también conocidas como el Movimiento de Resistencia Global, fueron las precursoras de los movimientos de protesta de la segunda década del siglo XXI como Occupy Wall Street, los indignados españoles, los pingüinos chilenos o el #YoSoy132 en México.

En el marco de las protestas en contra de la cumbre celebrada en Guadalajara, el 28 de mayo de 2004 hubo una manifestación que fue duramente reprimida por el gobierno del estado de Jalisco. El saldo fue de 120 personas detenidas y una veintena de policías heridos. Organizaciones civiles como la Coordinadora 28 de mayo o el Cepad, así como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, documentaron que casi medio centenar de los detenidos fueron sometidos a torturas y tratos crueles y una decena de personas fue encarcelada sin el debido proceso.

Portada del periódico La  Jornada. 29 de mayo de 2004.

Portada del periódico La Jornada. 29 de mayo de 2004.

El “28 de mayo” es una coyuntura que marcó la historia de Guadalajara. La parte más evidente es que fue una coyuntura en la que hubo una violación masiva de derechos humanos, tal como ya ampliamente se ha documento. Sin embargo, el “28 de mayo” también condensa muchos de los rasgos generales de la política y la cultura en Guadalajara de los primeros años del siglo XXI. El “28 de mayo” condensa el giro neoliberal que dio el mundo en décadas anteriores y que precisamente estuvo marcado por un intenso y desigual proceso de globalización económica y cultural, que a nivel local se pudo observar en la creación del famoso “Sillicon Valley” en El Salto o la llegada de empresas trasnacionales a la ciudad. Desde un punto de vista cultural, el reajuste neoliberal y globalizatorio trajo el desarrollo de Guadalajara como una marca, bien para el desarrollo de una cumbre entre mandatarios, o bien para albergar un torneo internacional de golf, los Juegos Panamericanos, y ahora la famosa Ciudad Digital. En el tintero se han quedado muchos otros proyectos, como el famoso museo Guggenheim y otros van a atrasados, como el polémico Santuario de los Mártires. Por otra parte, el “28 de mayo” condensa prácticas políticas autoritarias. En el sexenio de Francisco Ramírez Acuña no nada más ocurrió esta represión, está también el caso del Tlajomulcazo, una auténtica celada a un movimiento cultural como el de la música electrónica y las fiestas rave. En tiempos de Emilio González fue proverbial aquella frase de “a mí, lo que unos poquitos dicen, me vale madre”, y después a una parte de esos poquitos que conforman la sociedad les llamó “opositodos” y luego dijo que otros poquitos le “deban asquito”.

No son pocos los que han criticado las manifestaciones en contra de la globalización y las descalifican por su violencia y contradicciones. Sin embargo, es claro que el “28 de mayo” es una coyuntura que nos recuerda que no vivimos en una sociedad en donde se acepte la proliferación de discursos críticos, mucho menos de diálogos públicos para construir colectivamente el entorno. Es evidente que el modelo de desarrollo impulsado en los últimos años ha estado lejos de ser la panacea para Guadalajara. El Sillicon Valley tapatío nunca trajo dinero y trabajo digno para la clase trabajadora, los Juegos Panamericanos no le “cambiaron el rostro a Guadalajara” y la cumbre de 2004 no logró un tratado de libre comercio con Europa. En cambio, las manifestaciones políticas y culturales que critican el estado de cosas, han sido ridiculizadas, excluidas y reprimidas.

Este artículo fue publicado el 12 de mayo de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Luego de los acontecimientos del 28 de mayo de 2014, Gabriela Bautista Parra y yo, producimos una serie de crónicas radiofónicas del lo ocurrido durante la cumbre y las manifestaciones altermundistas. Las crónicas fueron transmitidas en Radio Universidad de Guadalajara:

 

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