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Los cambios que se avecinan en el SJRTV: ¿gatopardismo o la construcción de un sistema público de comunicación?

Por Juan Larrosa-Fuentes (7 de octubre de 2013)

No es una novedad que los medios de comunicación se hayan instalado, desde hace varios años, en una etapa de crisis. Es común escuchar que los grandes medios de comunicación tienen cuantiosas pérdidas o que de plano cierran sus puertas, también es notorio observar, al menos en el caso de Guadalajara, que periodistas o profesionales de la comunicación estén dejando sus trabajos por tener pésimas condiciones laborales.[1] El efecto de esta etapa de crisis afecta directamente a los ciudadanos, quienes cuentan con menos opciones para informarse y con las opciones que cuentan, en general, son de baja calidad. En medio de este escenario, en el Congreso de Jalisco se discute una iniciativa para crear una nueva ley que regule el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión. Esta iniciativa, que poco se ha discutido públicamente, no demuestra esfuerzo alguno en revisar este contexto de crisis, no de las empresas privadas, sino del derecho a la información de los jaliscienses.

En México se ha discutido mucho el derecho a la información desde distintos ángulos y estas discusiones han sido fructíferas para regular ciertos derechos. Esta el caso, por ejemplo, de la libertad de expresión, que luego del largo periodo autoritario del PRI en el poder, es un derecho que tenemos los mexicanos. (Aunque tristemente, en tiempos actuales, amenazado y menguado por poderes fácticos como el crimen organizado, frente a un Estado que de autoritario, pasó a ser uno, al menos fuertemente disminuido, por no decir fallido). También está el tema de la transparencia, otra dimensión del derecho a la información, que en los últimos diez años ha tenido notables avances en el país y que en años recientes se ha visto amenazada por aires reaccionarios. Sin embargo, hay otra dimensión que, aunque vinculada con las anteriores dimensiones, poco se ha discutido en México: el derecho a tener información de calidad, proveniente de industrias culturales dedicadas a la difusión periodística, política, económica, cultural, entre otras.

En un sistema político abierto, como el que pretende ser todo sistema democrático, la información es una pieza clave que se construye desde el espacio público y que al mismo tiempo construye y estructura este espacio público. La condición indispensable para este desarrollo, es la libertad de expresión, pues permite el libre intercambio de ideas y, sobre todo, pluralidad en las discusiones. Esta condición, con todo y los matices  que ya señalé, tiene un grado de cumplimiento relativamente aceptable en nuestro estado. En las sociedades modernas, el ejercicio periodístico y su reproducción en los medios de comunicación, es una de las vías más importantes para crear un vínculo entre las instituciones públicas, el entorno social y los ciudadanos. Desde este punto de vista, los medios de comunicación tienen la encomienda de dar un servicio público, tan o más importante como cualquier otro (transporte público, recolección de basura, entre otros).

Los cambios que la economía global está tomando, la transformación del sistema capitalista y publicitario, así como los contextos propios de cada comunidad, han dado al traste con muchas empresas privadas que dan estos servicios públicos informativos. En Guadalajara vemos periódicos que todos los días publican, acríticamente, las actividades de los alcaldes de la Zona Metropolitana o las obras públicas del gobierno estatal. Las televisoras locales siguen empeñadas en llenar sus espacios informativos con nota roja y en la radio cada vez hay menos espacios con noticias locales. Son pocos los espacios con información crítica, elaborada con tiempo y paciencia y sobre todo, con criterios editoriales distintos. En pocas palabras: tenemos mucha información, de mala calidad y poco plural.

Esta breve radiografía debe preocuparnos, pues una parte importante de nuestro sistema democrático no está funcionando como debiera (por supuesto, hay más cosas, del sistema inoperantes). En algunas sociedades esto ha sido motivo de preocupación y discusión, pero en México poco hablamos en ello, en parte, por la estructura tan concentrada de las empresas mediáticas, especialmente en el caso de la radio y la televisión, y en parte porque en la prensa, en donde hay espacios de mayor independencia editorial, este tema es intocable, pues está ampliamente documentado que las instituciones públicas son las principales financiadoras de estos medios de comunicación, y muchos de ellos perecerían sin estos subsidios o ayudas, véase, por ejemplo, el caso de La Jornada Jalisco, que solamente tiene este tipo de publicidad. Sin duda, esto es algo que se debe reglamentar, como una política pública de los gobiernos a favor del derecho a la información de los ciudadanos y no para mantener empresas que viven en números rojos.[2]

Ahora bien, imaginen ustedes que con recursos públicos, es decir, con el concurso económico de todos los ciudadanos, pudiéramos tener los mejores noticiarios de radio y televisión de Guadalajara, o incluso, de México, con periodistas preparados, con experiencia, bien pagados y con una pluralidad en sus visiones políticas y editoriales. Imaginen ustedes que estos noticiarios tuvieran una cobertura universal en Jalisco y que estuvieran al alcance de todos sus habitantes. Esto, sin duda, requiere de muchos recursos y es un proyecto que no puede medirse por sus ganancias económicas, pues sería parte de un servicio público que abone al cumplimiento del derecho a la información de los ciudadanos. Por supuesto, por obvias razones este proyecto no puede estar en manos de nuestra clase política, pero esta clase política sí puede establecer el andamiaje para que esto suceda.

Tristemente, el proyecto que se está discutiendo en el Congreso de Jalisco, es uno que, otra vez, busca administrar los recursos públicos (dos estaciones de radio y un canal de televisión) y no tutelar un derecho. ¿Qué independencia editorial puede tener el sistema si el gobernador tiene la facultad de decidir discrecionalmente quién será el director de este proyecto y si el consejo directivo está conformado por burócratas del gobierno inexpertos en el tema de la comunicación social? ¿Cómo se puede asegurar el acceso universal a este sistema de comunicación si no se establecen plazos en la ley para que esto ocurra? ¿Qué participación pueden tener los ciudadanos con un Consejo Consultivo con pocas facultades de intervención en la producción y difusión de contenidos? ¿Qué se puede esperar de un medio de comunicación público que no se plantea la instalación de un diálogo con sus audiencias a través, por ejemplo, de un ombudsman? Estas son algunas preguntas para empezar a evaluar la iniciativa que se discute en el Congreso, pero faltan muchas más.

Si esta iniciativa de ley es aprobada, seguiremos teniendo un Sistema Jalisciense de Radio y Televisión que no llega a todos los ciudadanos y cuyo principal objetivo será convertirse en una suerte de oficina de comunicación social del partido en turno.[3] Los cambios más importantes que podremos ver serán de sus colores en la fachada y en su imagen institucional: ayer eran azules, hoy son rojos, mañana quién sabe.[4]

El desarrollo político de una comunidad requiere libertad de expresión e información plural y de calidad. Evidentemente esto no es suficiente para que un sistema democrático funcione. Los ciudadanos también tienen que mostrar interés por encontrar la información y hacer uso de ella. Sin embargo, es obligación de las instituciones de gobierno construir las condiciones necesarias para que esta dinámica ocurra.


[3] Véase el artículo “C7 o los compromisos incumplidos”.

[4] Véase “El negocio de la comunicación institucional y los gobiernos locales, o “los tiempos de rojo en Guadalajara”.

Este artículo fue publicado el 7 de octubre de 2013 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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S. O. S. Periodistas en vías de extinción

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Hace quince días en esta columna radiofónica abordé el caso de los ataques al periódico Mural. Decía entonces que en México habíamos pasado de un país autoritario en el que no se respetaba la libertad de expresión, a uno en el que los distintos niveles de gobierno no pueden proteger este derecho ante las amenazas de los poderes fácticos. Sin embargo, de forma preocupante vemos que la libertad de expresión en nuestro entorno también se ve amenazada por otros factores. En esta entrega quisiera hablar de un orden de economía política y de las condiciones laborales de los periodistas de nuestra ciudad.

Este no es un tema nuevo para la columna “Sistema Autorreferencial” (véase: “El impacto de la economía en la calidad de los periódicos de Guadalajara”, “¿Quién da la cara por los suplementos culturales? Un debate entre productores y consumidores”) y periodistas como Perla Blas, también han escrito al respecto. No obstante es un tema al que hay que volver constantemente. En semanas recientes ha trascendido que distintos medios de comunicación, en particular periódicos de circulación local, han hecho importantes recortes de personal. Sin tener datos oficiales proporcionados por las propias empresas, sabemos que Mural y Milenio Jalisco han cesado a varios periodistas, entre ellos, algunos de gran trayectoria. Hay otros casos, como en El Occidental, en donde los despidos fueron de varias decenas de trabajadores. El periodista Rubén Martín, en su columna de El Economista, sintetiza muy bien la situación “El oficio del periodista se encuentra en una grave encrucijada en Jalisco y en el país”.

En días recientes, un joven reportero me hizo llegar un documento que tituló “Notas de un periodista indignado”. A continuación transcribo sus ideas, pues me parece importante que los periodistas puedan dar testimonio de lo que está ocurriendo con su profesión. El periodista pidió el anonimato, ya que puede tener repercusiones laborales en el medio para el que trabaja. Sería deseable que en el futuro, estas reflexiones, además de ser públicas, puedan ser discutidas abiertamente, no desde el anonimato y arropadas por todo un gremio de periodistas que poco a poco, se va reduciendo en tamaño. A los ciudadanos nos toca comenzar a tomar medidas en este asunto, pues impacta directamente en nuestra vida democrática.

El testimonio:

“Ante la tragedia y la desigualdad, directores y dueños de los medios de comunicación se santiguan y son sus reporteros quienes exaltan la importancia de frenar ambas. Pero los consorcios mediáticos viven en su interior las mismas injusticias que vive un ciudadano en Oaxaca o Guadalajara.

“Es común que la gente en México admire el trabajo del periodista, pero pocos tienen en mente sus condiciones de trabajo.

“Que me pregunten mi sueldo y yo a sinceridad responda con un triste ‘5 mil pesos’ y que no es por exagerar, pero a la más pura práctica de panaderos falta poco para que me los entreguen en un sobre amarillo engrapado. Y que veas la cara sorpresiva y escuches la frase consecuente, ‘¿En serio? Yo creí que ganaban más’, no es muy alentador.

“Hace unas semanas me invitaron a platicar sobre estas condiciones, las que vivo a diario, las que seguramente mi jefe vivió hace décadas y que ahora los lujos de un restaurante de cortes uruguayos o argentinos le hacen olvidar.

“Y pensé que ante una reforma laboral en México son los reporteros quienes retratan sus beneficios, pero sobre todo sus retrocesos, y con eso presionan para pulir una mejor iniciativa. Pero no somos capaces de gritar los abusos y condiciones muy por debajo de las que propone la Ley Federal del Trabajo.

“Que una periodista jalisciense gane el Pulitzer nos llena de orgullo a periodistas y medios, pero poco se menciona que ese trabajo, que mereció tal reconocimiento, no se realizó desde el interior de un medio, sino desde la libertad editorial que presta el trabajo independiente. La historia de los sobornos de Walmart en México, Alejandra Xanic, sus 200 entrevistas, y sus 800 solicitudes de información, jamás resistirían al cierre de una edición diaria, del periodismo referencial, el periodismo de opinión, el de declaración. Nadie en los medios espera a que una investigación de corrupción de esa magnitud (el reportaje de Xanic ganador del Pulitzer) sedimente la información más útil, la profunda, la de análisis. Que poco se haya publicidado en medios mexicanos habla mucho de la prensa nacional.

“Lo peor es que los periodistas terminamos cediendo, a veces no por completo, a una condición de trabajo mediocre, incluso si es la opción ‘menos peor’ de los espacios. Cedemos a un encargo de nuestro jefe que en la mayoría de los casos ya cedió al encargo del dueño del medio. Mientras hacemos democracia reporteando en las calles, nuestros jefes la pisotean codeándose con el gobierno, al que contrario a nuestro quehacer diario, terminan solapando. Cedemos al modelo de hacer periodismo oficialista, ese que aunque fingen no darse cuenta, está caduco, podrido. Y encima con las prisas de un tuit.

“Y que me digan ‘piensa si quieres ser periodista’, como sugiriendo que debo aceptar que no tendré seguridad social, seguro de vida y prestaciones dignas por un buen rato. Eso me indigna.

“Que acepte que es una profesión en la que hay que correr riesgos, no significa que acepte que no tenga un seguro de vida, que no tenga opción para solicitar un crédito para una casa de Infonavit porque no tengo seguridad social.

“Y me dicen mis colegas que no me desespere, cuando por ley el contrato de prueba es de tres meses, (ese que nunca firmé, al más puro estilo de pacto de caballeros). Y créanme, hoy, mucho después de tres meses, sigo aquí y sin una plaza. Eso me indigna.

“Y no voy a ser riguroso investigando que estas condiciones existen en todos los medios, en todas las ciudades, me permito ser desmentido por mis colegas, que ellos nieguen lo que yo escribo, que sean rigurosos y reporteen este tema.

“Cedemos a muchas cosas, pero no por mucho tiempo. Es tiempo de nuevos medios, de otra lógica de vender la información, de otra forma de emplearnos. Es tiempo de rescatar una dignidad profesional”.

Este artículo fue publicado el 6 de mayo de 2013 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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