Archivo de la etiqueta: protestas

Poder e imágenes en México durante 2014, de la frivolidad al horror

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (26 de enero de 2015)

2014 será recordado como el año en que desaparecieron 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa y como el año en el que Peña Nieto perdió el control del país. Esta historia se contó de múltiples formas y como nunca antes, las imágenes tuvieron un papel fundamental en la visibilidad del poder político.

Una larga primavera visual de frivolidad política

Durante la primera parte de 2014 el gobierno federal produjo y propaló una campaña de comunicación muy ambiciosa. Luego de un primer año de gobierno en donde el Presidente tuvo apariciones públicas más bien discretas y donde lo pasó negociando el tristemente célebre Pacto por México, en 2014 decidió que era tiempo de proyectar la imagen de su nuevo gobierno. Con el documento del Pacto por México doblado en las bolsas ocultas de su saco, Peña Nieto comenzó a avanzar en su estratega comunicativa. A la distancia, la estrategia resulta nítida: su equipo de trabajo creó mensajes para distintos sectores sociales, los cuales fueron difundidos a través de canales masivos. Hubo mensajes domésticos para el sector empresarial, para las amas de casa, para los jóvenes y para la clase trabajadora. Además, se crearon mensajes difundidos internacionalmente para generar una narrativa similar a la que Brasil tuvo hasta hace poco: la del gigante latinoamericano que comienza a despertar.

Peña Underwood. A la izquierda, Kevin Spacey en su papel de Francis Underwood. A la derecha, Enrique Peña Nieto, en su papel de presidente de México.

Peña Underwood. A la izquierda, Kevin Spacey en su papel de Francis Underwood. A la derecha, Enrique Peña Nieto, en su papel de presidente de México.

Cinco imágenes marcaron los mensajes y el descalabro de Peña Nieto. El primer latigazo llegó en febrero. La revista Time publicó en su portada regional una imagen del Presidente en la que aparece perfectamente vestido. El encuadre fotográfico tiene por objetivo generar una percepción de control y poder. El lector de la revista Time es observado por un político que mira de arriba abajo, tal como es retratado en decenas de ocasiones Frank Underwood, el protagonista de la serie House of Cards. La portada de la revista incluyó un mensaje que marcó la discusión pública de las siguientes semanas: “Saving Mexico. How Enrique Peña Nieto’s sweeping reforms have changed the narrative in his narco-stained nation”. (“Salvando México. De cómo las reformas de Enrique Peña Nieto han cambiado la narrativa en una nación marcada por el narcotráfico”.) Luego de este mensaje distintos analistas políticos coincidieron que en México estábamos viviendo un “cambio de narrativa” y que la clase política en el poder se estaba diferenciando de su antecesora, la “generación del no”. A un año de esta publicación es difícil sostener que este mensaje devino de un trabajo periodístico, cuando resulta evidente que fue el resultado de un ejercicio de relaciones públicas.

Entrevista de Jacobo Zabludovsky, el periodista más independiente de México, a Enrique Peña Nieto.

Entrevista de Jacobo Zabludovsky, el periodista más independiente de México, a Enrique Peña Nieto.

Aunque hubo una gran crítica a la portada de Time, hasta ese momento todo parecía caminar perfectamente en México. Llegó mayo y el equipo de Peña Nieto soltó otros dos latigazos. Primero fue la portada de la revista Rolling Stone, en donde apareció la imagen del presidente, con su copete y gran sonrisa. La imagen fue editada con un estilo retro, como si Andy Warhol la hubiera intervenido. Debajo del retrato del presidente escribieron: “Peña Nieto el reformador. ¿Tonto?… Ni tanto”. Quince días después emergió la tercera imagen: en una gira de trabajo en Cancún, Enrique Peña Nieto casualmente se encontró con Kevin Spacey y se tomó una selfie con el actor que interpreta a un maquiavélico político estadounidense. La imagen fue un éxito y en pocas horas se viralizó. Días más tarde diversos portales reportaron que la fotografía no fue acto espontáneo, sino parte de la estrategia comunicativa del presidente. Durante el verano otras imágenes cobraron relevancia. Peña Nieto apareció en la portada de la revista ¡Hola! bailando en la graduación de su hija y en septiembre dio una entrevista a Jacobo Zabludovsky, en donde el presidente y el periodista fueron retratados en uno de los lujosos salones del Palacio Nacional.

El otoño visual: ojos y bocas que desaparecen

Sin embargo, en octubre todo cambió de golpe. Las imágenes y narrativas creadas por el gobierno fueron trituradas por la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero. En unas cuantas semanas el gobierno federal comenzó a hundirse a causa de su incompetencia y del horror que causó la tormenta perfecta de Ayotzinapa. Entonces vino la revancha visual. Las imágenes del presidente poderoso en la primavera de 2014 fueron modificadas por decenas de usuarios en internet. El presidente lo nombraron como el Mexican Murder y la foto de la portada en la Rolling Stone sirvió para ilustrar carteles y memes que pedían la renuncia del mandatario mexicano.

Peña Nieto en la portada de la revista Rolling Stone y en un cartel que pide su renuncia

Peña Nieto en la portada de la revista Rolling Stone y en un cartel que pide su renuncia

El sitio #ilustradoresporayotzinapa se convirtió en un importante polo de producción y reproducción de las imágenes de los estudiantes, aunque no el único. Esta iniciativa retomó las fotografías de los estudiantes para intervenirlas, copiarlas, modificarlas y otorgarles una mayor fuerza visual en Internet. La mayor parte de los diseños que aparecen en este sitio conservan el formato de las fotografías originales de los estudiantes que fueron dadas a conocer públicamente y que recuerdan a las imágenes que comúnmente se publican en los anuarios escolares. En el imaginario colectivo mexicano, los estudiantes, como idea y como concepto, son un tema sensible, ligado permanentemente a la matanza estudiantil en 1968. Las fotografías intervenidas funcionan como textos que vuelven visibles los rostros de estudiantes de clases populares y humildes, con rasgos mestizos e indígenas: rostros que fueron silenciados y desaparecidos del anuario escolar. Estas imágenes, producidas digitalmente y difundidas por Internet, tienen un formato que les permite instalarse dentro del universo de fotografías que circulan por las redes sociales en donde es común que los usuarios publiquen fotos de sus cuerpos, pero especialmente de sus rostros (selfies).

Fotos de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa

Fotos de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa

 

"Yo, Jimena Ramírez, quiero saber dónde está Everardo Rodríguez Bello"

“Yo, Jimena Ramírez, quiero saber dónde está Everardo Rodríguez Bello”

En octubre de 1968 circularon pocas fotografías sobre los asesinatos de cientos de estudiantes en la plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México. En aquel entonces había muchos menos medios de comunicación en el país de los que hay ahora. Y los medios que existían, salvo algunas excepciones, eran controlados por una estructura política autoritaria y que poco toleraba la libertad de expresión. Cuarenta y seis años después, también en octubre, la situación fue completamente distinta: el sistema de comunicación mexicano se diversificó e Internet ha propiciado la posibilidad de una circulación rápida y sin censura, de cualquier tipo de fotografía o imagen. En el otoño del horror, una imagen destacó sobre otras: la fotografía de Julio César Mondragón, un estudiante que fue desollado vivo. La imagen de su cuerpo, destrozado y sin ojos, circuló por Internet como una muestra de la barbarie en tierras guerrerenses. Esta imagen marcó la iconografía que comenzó a producirse en la contraestrategia visual. Los ojos de los estudiantes son un motivo visual constante en los trabajos de artistas y diseñadores que decidieron manifestarse en Internet. En algunas casos, grandes ojos miran directamente al espectador (a diferencia de la altiva mirada peñanietista), en otros, los ojos son modificados, intervenidos o eliminados, como una pista visual que mantiene vivo el recuerdo del joven Mondragón.

Ojos. #ilustradoresporayotzinapa

Ojos. #ilustradoresporayotzinapa

Otro de los elementos que llama la atención al observar todas estas imágenes, son las bocas de los estudiantes. La boca es el medio físico y la estructura orgánica que posibilita uno de los procesos básicos de comunicación: la interacción con otras personas a través del lenguaje, en diálogos públicos o privados. Por la boca salen nuestros pensamientos, por la boca salen nuestros sentimientos. La desaparición o asesinato de una persona lleva a su silenciamiento, a la desarticulación de ese medio físico y orgánico del cual emanan los pensamientos de una persona. En el caso de la desaparición y asesinato de los estudiantes en México hay un componente político innegable, el cual es expresado en las imágenes que conmemoran la vida de los jóvenes de Ayotzinapa: en algunos rostros las bocas fueron borradas, en otros modificadas, en otros bloqueadas por banderas mexicanas, por manos o por distintos objetos.

Boca. #ilustradoresporayotzinapa

Boca. #ilustradoresporayotzinapa

También resulta llamativo que en muchas de las imágenes que circulan por Internet, el concepto de país, de nación y de Estado están presentes. No hay un deslinde de lo mexicano, por el contrario, la estética visual está marcada por símbolos y objetos nacionales, como mapas, banderas, escudos, nopales o águilas; marcada también por la sincrética cultura popular que tiene rasgos indígenas y católicos, de ahí que héroes y heroínas populares aparezcan constantemente en estas imágenes, como la Virgen de Guadalupe, Zapata, Villa o integrantes del EZLN. Esta vitalidad visual de lo mexicano marcha a la par de una severa crítica al orden de cosas que ha permitido la desaparición y muertes violentas de miles de personas en el país. Muchas de estas imágenes explican claramente lo que muchos no hemos podido hacer a través de las palabras: el Estado es responsable por lo sucedido en Ayotzinapa, el Estado como un conjunto de personas e instituciones que integran un país.

México. #ilustradoresporayotzinapa

México. #ilustradoresporayotzinapa

 

Cultura popular. Estas imágenes las tomé de Twitter. Desconozco quiénes son los autores.

Cultura popular. Estas imágenes las tomé de Twitter. Desconozco quiénes son los autores.

El mundo visual como una representación de las disputas políticas (no partidistas)

Una buena parte de la comunicación en Internet es mediada por imágenes. En ese gran río visual, el ciberespacio mexicano fue de una primavera marcada por la frivolidad de la política hecha desde un despacho de diseño gráfico, a un otoño lleno de imágenes creadas a partir del horror e indignación por la muerte de 43 estudiantes normalistas. Muchas de las disputas políticas contemporáneas están ocurriendo a través de imágenes. Por ello, es de alta pertinencia observar este campo visual en México, pues las imágenes cristalizan parte de la complejidad política en la que vive México. También reflejan una estética visual que muy probablemente cobrará mucho más relevancia en el futuro.

Este artículo fue publicado originalmente el 26 de enero de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara. La versión publicada en este blog fue ampliada.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo #Ayotzinapa, Criminalización de la protesta social, Democracia y comunicación, Derecho a la información, Discurso y poder, Libertad de expresión, Movimientos sociales y comunicación, Sistema de comunicación política en México

C7 o el desprecio por la audiencia

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (24 de noviembre de 2014)

Tan solo un par de meses duró en funciones Gabriel Orozco, quien fuera el primer defensor de la audiencia del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión. El 31 de octubre presentó su renuncia ante la Secretaría de Cultura, con copia al director del sistema. En su carta de renuncia, Orozco señala que no encontró un ambiente de apertura, diálogo y respeto para su trabajo. Días más tarde, en una entrevista para Reporte Índigo, Orozco dio más pistas sobre su salida y explicó que no se pudo poner de acuerdo con los directivos del canal sobre cómo se estaba tratando periodísticamente el tema de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa y las protestas sociales que estos hechos han desencadenado. A nadie debe sorprender este hecho, especialmente por cómo se ha administrado y conducido C7 en los últimos años.

La prematura y abrupta renuncia del defensor de la audiencia tiene muchas explicaciones. A nivel estructural, diversos especialistas en materia de ética ya han advertido las contradicciones de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones, la cual obliga a los medios de comunicación a utilizar herramientas deontológicas y de autorregulación profesional. El desarrollo de una reflexión ética sobre el trabajo y transformación de las prácticas mediáticas, necesariamente tiene que ser una discusión que nazca al interior de los medios de comunicación y no, como lo propone la ley, de una disposición jurídica externa a los medios.

Por otro lado, en el plano local, es notorio que el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión no es una institución por la cual estén muy preocupados quienes nos representan políticamente en el Congreso o quienes gobiernan en el Poder Ejecutivo. Hace un año los legisladores locales hicieron cambios a la ley que regula al sistema. El resultado de los cambios legislativos fue decepcionante, pues los diputados se limitaron a ajustar la ley a las exigencias federales, pero no hicieron cambios sustantivos al sistema comunicativo de Jalisco. Fue, una vez más, una experiencia legislativa de gatopardismo.

Desde el plano ejecutivo, las cosas no fueron mejor. El gobernador colocó a Sergio Ramírez Robles como director del sistema, quien llegó al puesto fuertemente cuestionado en la prensa local, debido a las malas relaciones que sostuvo con periodistas cuando fue director de comunicación social del gobierno de Puebla. Al tomar las riendas del sistema, Ramírez Robles hizo cambios, que también fueron cuestionados, como su discrecionalidad para el cambio de las parrillas de programación, la transformación (una vez más) de la imagen gráfica y nombre de C7, o la decisión de crear lo que él ha llamado una “multiplataforma” en donde se transmite una señal única para radio, televisión e internet. Dadas estas características, no es una sorpresa que el ombudsman haya dejado su puesto porque no encontró un ambiente de apertura, diálogo y respeto para su trabajo.

Hace un año busqué en el portal de transparencia de C7 los documentos que justificaran los cambios que estaban ocurriendo en el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión. No encontré nada debido a mi impericia o porque los documentos no estaban ahí o no existían. Entonces solicité la información al director del sistema.

Un año después, Ramírez Robles me envió, vía correo electrónico, un archivo titulado “Plan Institucional del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión”. Muy bien, pensé. Por fin podría leer un diagnóstico sobre las audiencias de C7 o un plan de trabajo sobre el quehacer de una institución que debe garantizar el derecho a la información de los jaliscienses. Me emocionó estar en la antesala de entender la racionalidad del concepto de “multiplataforma”.

Sin embargo, el resultado fue decepcionante. No obtuve las respuestas. A cambio, encontré un documento atiborrado de tablas de planeación de la burocracia moderna, llenas de objetivos e indicadores de éxito. También tuve un buen rato de risa cuando leí los valores de C7. Uno de ellos, dicen, es la pluralidad, la cual está definida como “Cualidad de ser más de uno”. La definición, que no tiene créditos, es una copia textual del diccionario de la Real Academia de la Lengua. La ironía de esta definición es que es cierta: para la administración actual de C7, la pluralidad en los medios se cumple cuando son más de uno.

Los anteriores son detalles cosméticos. Lo preocupante es que el sistema vive en una perversa autorreferencialidad en donde C7 es el principio, el fin, y el método de evaluación y verificación del propio proyecto. En todo el documento no se menciona en ninguna ocasión el término “derecho a la información”, salvo cuando transcriben textos legales. Esto quiere decir que, en su plan institucional, no contempla como prioridad de su trabajo la tutela de este derecho para los jaliscienses.

Por otro lado, ¡el plan institucional solamente menciona en una ocasión a el término “audiencia”! No hay, en ninguna parte del documento, una descripción de la audiencia de C7 ni planes para hacer un diagnóstico para investigarla, conocerla o para trabajar con ella. El documento solamente contempla una evaluación muy limitada de su trabajo, que se basa en el incremento en la producción de programas o en la cobertura de ciertos acontecimientos. El plan de evaluación no prevé una evaluación cualitativa de su trabajo, una evaluación por parte de la audiencia, ni algún tipo de evaluación externa. De ahí la autorreferencialidad del sistema: yo soy, yo decido y yo me evalúo.

Finalmente, el documento no contempla alguna planeación extra-sexenal en la que se planteé una política pública a largo plazo para tutelar el derecho a la información de los jaliscienses. En cambio, debemos conformarnos con una serie de objetivos inconexos y extraños, que los burócratas pensaron para el canal y cito:

  1. Incrementar las capacidades creativas y de producción artística de la población.
  2. Diversificar las alternativas de recreación.
  3. Incrementar la innovación y el emprendimiento para el desarrollo científico y tecnológico.
  4. Disminuir la brecha digital en los sectores productivo y social de la entidad.

El documento de “planeación” admite una revisión mucho más cuidadosa y crítica. Por lo pronto, sirve para corroborar lo absurdo que resulta implementar una defensoría de la audiencia en un medio de comunicación que no conoce a su audiencia y que no tiene intenciones de conocerla.

Este artículo fue publicado el 23 de noviembre de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

4 comentarios

Archivado bajo #Ayotzinapa, Calidad de los medios de comunicación, Criminalización de la protesta social, Democracia y comunicación, Derecho a la información, Internet, Medios de comunicación masiva, Medios públicos, Movimientos sociales y comunicación, Radio, Sistema de comunicación de Guadalajara, Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, Televisión, Televisoras de Guadalajara, Transparencia y rendición de cuentas

Ayotzinapa, la prensa internacional y el falso truco comunicativo

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (27 de octubre de 2014)

Protestas en México. Foto: Foto por Gisela Pérez de Acha / VICE México

Protestas en México. Foto: Foto por Gisela Pérez de Acha / VICE México

A un mes de la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero, el caso de Ayotzinapa adquirió una relevancia internacional. Ayotzinapa se apoderó de redes sociales como Facebook y Twitter, después se manifestó en espacios comunicativos mucho más poderosos como las calles y plazas públicas en distintas ciudades de México y la mayoría de los medios de comunicación publicaron información al respecto. La relevancia del caso aumentó por la lentitud en las averiguaciones ministeriales del caso, por la desastrosa actuación política en todos los órdenes del gobierno y especialmente porque los estudiantes no han aparecido. Al paso de los días, y como una bola de nieve, el caso de Ayotzinapa comenzó a tener relevancia a nivel global. La primera señal la dieron los mensajes que comenzaron a elaborarse en distintas partes del mundo y que fueron difundidos por Internet, luego hubo manifestaciones públicas en embajadas y consulados mexicanos y, finalmente, la prensa internacional retomó el tema, en lo que ha sido el golpe político más fuerte en contra de la administración de Enrique Peña Nieto.

¿Qué fue lo que provocó que Ayotzinapa haya adquirido tal relevancia? La primera respuesta que salta tiene que ver con las características del caso. La barbarie y los actos de violencia en contra de cualquier ser humano o cuerpo social, causan una indignación natural. Sin embargo, desde hace años que México es un país con muchos territorios en donde las desapariciones, secuestros y asesinatos ocurren frecuentemente. En Jalisco, por ejemplo, en diciembre de 2013, la policía encontró 67 cuerpos en una fosa ubicada en el municipio de La Barca. Este caso tuvo una respuesta silenciosa de la población. No hubo grandes manifestaciones ni tampoco tuvo un eco internacional. Hace quince días elaboré una hipótesis sobre todo esto y señalé que Ayotzinapa había tenido tal explosión pública porque adquirió las características de una tormenta perfecta: ocurrió en octubre, a unos días del aniversario de la matanza de Tlatelolco, y con miles de estudiantes del Politécnico manifestándose en las calles de México. En palabras de Manuel Castells: las imágenes de los estudiantes muertos y la noticia de los estudiantes desaparecidos encendió la pradera de la indignación. Como un efecto dominó, las emociones fueron activando las protestas de miles de mexicanos que en Internet o en la calle, manifestaron su aversión por Ayotzinapa, pero también en contra de un país que no puede garantizar la seguridad de muchos de sus habitantes.

 Peña Nieto en Time

Las protestas en redes virtuales y en las plazas públicas tuvieron eco en la prensa internacional y medios como The Economist, The New York Times o The New Yorker retomaron críticamente el tema. En estos medios se publicaron diversas informaciones, análisis y opiniones sobre Ayotzinapa. Entre todo este mar de noticias, diversos artículos publicados en la prensa internacional resaltaron las contradicciones de la realidad mexicana. Por un lado, en el verano de 2014 Enrique Peña Nieto operó una serie de reformas en el Congreso mexicano que fueron alabadas en el extranjero. Gracias a una estrategia de relaciones públicas apareció una narrativa periodística que nombró a todos estos cambios como el “Mexican Moment”, o el gran momento mexicano. En contra parte, meses después de las transformaciones legislativas, el gobierno enfrenta una de las crisis de seguridad pública más grandes de los últimos años y la narrativa pasó del “Mexican Moment” al “Mexican Murder”. En cuestión de días la estrategia de relaciones públicas de Peña Nieto fue anulada por el caso Ayotzinapa.

pena-rolling-stone-portada-20520141

Luego del giro en las percepciones internacionales sobre México, en la prensa nacional se encendieron las alarmas de los periodistas cercanos al régimen y que han celebrado las reformas del gobierno. José Carreño Carlón, viejo lobo de la comunicación social priísta, escribió que el caso de Ayotzinapa está empañando “los logros” en materia de seguridad de la administración federal, así como el balance de las reformas peñanietistas. Otro ejemplo es el caso de Yuridia Sierra, columnista del Excélsior, quien escribió que “la marca México” está nuevamente en peligro. Como estos, hay muchos otros ejemplos que se pueden encontrar en la prensa mexicana que ven, con mucha decepción, como es que Ayotzinapa está hundiendo la percepción de que México es un país que está en pleno desarrollo y en el que es confiable invertir. (Como lo he escrito en otra parte, esta obsesión por la “marca México”, no es exclusiva de la administración actual.)

El “Mexican Murder” ya tiene estrategias de control de daños. Una de ellas es la captura de narcotraficantes. Tan solo en octubre el gobierno mexicano ha comunicado la captura de tres importantes capos para contrarrestar la andanada mediática. Por otro lado, en la prensa han comenzado a incrementarse los discursos que condenan lo ocurrido en Ayotzinapa, pero que al mismo tiempo descalifican a las víctimas y a las protestas sociales. En estos discursos los jóvenes desaparecidos son calificados como estudiantes radicales o con ligas al narcotráfico y las protestas resultan absurdas por contradictorias y violentas. También seguiremos leyendo a quienes señalan que los responsables de la matanza son exclusivamente el gobernador de Guerrero y el presidente municipal de Iguala, ambos perredistas, y que Peña Nieto no tiene vela en el entierro.

El cuento del “Mexican Moment” nos recuerda que la historia se repite. Hace veinte años el gobierno federal, luego de conducir una serie de reformas estructurales, presumía que México estaba por entrar al primer mundo. Después vino el levantamiento zapatista y terribles magnicidios que destruyeron el esfuerzo legislativo y de relaciones públicas de los jóvenes tecnócratas y neoliberales. Veinte años después, utilizaron la misma estrategia para pactar y legislar, para comunicar y convencer. Sin embargo, se volvieron a tragar el cuento que dice que gobernar es comunicar. Se volvieron a tragar el cuento que dice que una estrategia de comunicación basta para convencer al mundo que la realidad es otra. Basta con rehacer la fachada de la casa, pintar las paredes y colocar duela falsa para que los vecinos vean nuestra prosperidad, no importa que la casa no tenga cimientos y que en el sótano, húmedo e inmundo, viva la mayor parte de nuestra familia. La comunicación, en política, puede engañar, pero no puede suplantar la realidad. Ahora, las portadas de Time y Rolling Stone que reprodujeron el copete de Peña Nieto, confirman la banalidad y ligereza de la estrategia de comunicación gubernamental.

El Estado moderno nació para garantizar seguridad al cuerpo de las personas, para asegurar que estos cuerpos no serían maltratados o destruidos, para garantizar la libre circulación de estos cuerpos y que sus bienes materiales serían respetados. El inaceptable truco comunicativo de hace veinte años, como el de ahora, es el de crear un escenario en el que aparentemente el Estado mexicano cumple con sus funciones y garantiza estos derechos. Las reformas estructurales actualizaron las reglas de un sistema viejo y que le costaba seguir operando bajo un paradigma neoliberal. Sin embargo, esta actualización no buscó transformar los equilibrios de poder. Las reformas remodelaron la casa, pero ni siquiera se atrevieron a abrir el sótano. En esa lógica una pieza crítica publicada en la prensa estadounidense puede mover más hilos en el gobierno mexicano que la desaparición de 43 personas.

Este artículo fue publicado el 27 de octubre de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

12 comentarios

Archivado bajo Criminalización de la protesta social, Democracia y comunicación, Derecho a la información, Discurso y poder, Facebook, Internet, Medios de comunicación masiva, Movimientos sociales y comunicación, Periódicos de México (nacionales), Prensa, Sistema de comunicación de México, Sistema de comunicación política en México, Twitter