Siete ideas en torno al financiamiento del periodismo digital: el dramático despertar en el mundo post-industrial

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (18 de agosto de 2014)

Este es el segundo verano que participo en el Centro de Formación en Periodismo Digital de la Universidad de Guadalajara como profesor de dos cursos que tienen por objetivo estudiar las transformaciones económicas de las empresas periodísticas, especialmente en sus estrategias de financiamiento. El reto de impartir un curso de estas características es mayúsculo, especialmente porque todavía no hay quien pueda describir y problematizar a la perfección el nuevo modelo de negocios de las empresas periodísticas digitales. Pero al mismo tiempo, estos cursos se convierten en oportunidades únicas de estudiar y observar, en tiempo real, el proceso de recomposición del periodismo contemporáneo. De tal suerte, la dinámica de estos cursos está basada en un trabajo colaborativo en donde el profesor es un mediador que encausa la construcción de un conocimiento colectivo. ¿Qué aprendí durante este verano sobre el financiamiento del periodismo digital en América Latina? A continuación expongo algunas de las conclusiones más importantes de estos cursos.

  1. La crisis del modelo de negocio de los medios de comunicación masivos como la prensa, la radio o la televisión es una tendencia que no se ha revertido, aunque recientemente no ha tenido momentos y episodios tan dramáticos como los ocurridos luego de la crisis financiera global de 2008. El gasto publicitario en todos los medios de comunicación ha decrecido y las audiencias se han fragmentado y en algunos casos, disminuido. Aunque entre las herramientas de análisis todavía no existe una bola de cristal para adivinar el futuro, es poco probable que el modelo de financiamiento industrial resurja de sus cenizas. Por modelo industrial me refiero a uno en el que se generan productos culturales, como las noticias, financiados por publicidad y distribuidos masivamente a través de distintos medios de comunicación.
  2. Los medios de comunicación que dominaron el periodismo industrial han trasladado sus proyectos a internet, en donde convirtieron en los nodos informativos más importantes de la red. En otras palabras, los portales del New York Times o El País tienen una fuerte presencia en la producción y circulación de contenidos informativos en las ligas del periodismo global. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con periódicos como El Universal en el caso de México, o El Informador, en un ámbito local. No obstante, este dominio informativo no se ha traducido en un modelo de negocios sustentable. En algunos casos, estos grandes medios han encontrado un financiamiento modesto, en otros, han tenido pérdidas económicas.
  3. Ahora bien, mientras los grandes medios buscan sobrevivir en Internet, ¿qué ha pasado con el periodismo que no se hace desde estas “grandes firmas”? En América Latina hay propuestas interesantes, como Animal Político (México), Anfibia (Argentina), o El Turbión (Colombia), solamente por mencionar algunos. Todos ellos presentan distintas estrategias de financiamiento, algunos con más éxito que otros.
  4. Por otro lado, hay un sin fin de emprendimientos de periodismo digital que se dedican a “curar” y a “agregar” contenidos, que en pocas palabras significa que son proyectos que toman información de internet, la reescriben, la reeditan y la rediseñan y la suben a su portal. Aunque puede haber trabajos interesantes de los llamados agregadores, la verdad es que no producen periodismo, tampoco información nueva. En los peores casos, son sitios que, con tal de atraer usuarios, reciclan información relacionada con notas deportivas, policiales o de farándula. No es raro que portales como el SDP Noticias o Aristegui Noticias, dos de los sitios alto tráfico en México, utilicen este tipo de recursos para construir sus audiencias. (Estos portales no basan exclusivamente su trabajo en agregar noticias y también producen contenidos propios.) Este rasgo no es una buena noticia, porque quiere decir que se re-producen muchos contenidos, pero se producen pocos trabajos periodísticos originales.
  5. Las redacciones en donde se hace exclusivamente periodismo digital son completamente distintas a sus predecesoras. Los proyectos de periodismo digital son producidos a veces por una persona, en otras por equipos que cuando mucho llegan a las veinte personas. Por otra parte, estos medios de comunicación no están asentados en grandes edificios como ocurre, o ocurría, con el caso de la prensa industrial; por el contrario, los nuevos proyectos tienen oficinas pequeñas, que muchas veces están en distintos espacios geográficos y en otras ocasiones son proyectos que no tienen oficinas porque la tecnología así lo permite o la escasez económica así lo requiere. La escuela de periodismo de la universidad de Columbia publicó recientemente un interesante reporte al respecto, en el que documenta cómo han cambiado los espacios de producción de noticias en la era del periodismo post-industrial.
  6. Los proyectos de periodismo digital han buscado hacerse de recursos económicos a través de las estrategias tradicionales del periodismo industrial como la venta de publicidad a través de banners o la venta de contenidos a través de diversas modalidades. Sin embargo, ninguna de las dos estrategias ha tenido, en general, resultados que puedan llevar a concluir que por ahí está la vía para financiar el periodismo digital.
  7. Por otra parte, las estrategias de financiamiento más innovadoras están ancladas al periodismo hiper-local financiado colectivamente a través de distintas fórmulas. Una de ellas es el crowdfunding, que implica, a grandes rasgos, que el medio de comunicación establezca el monto de dinero que requiere para producir un reportaje o la producción de sus contenidos durante todo un año y después solicite a su audiencia que cubra esa cantidad a través del pago de membresías, suscripciones o donaciones. Me parece que si la intención es hacer periodismo digital afuera de las grandes firmas mediáticas, el futuro está en este tipo de estrategias que buscan que una comunidad se comprometa con la producción periodística a través de su financiamiento.

 

Es incierto saber si en algún momento encontraremos un modelo para financiar el periodismo como ocurrió durante el siglo IX y buena parte del siglo XX. Lo cierto es que hay un consenso sobre la importancia del periodismo para los sistemas políticos democráticos. En América Latina hay esfuerzos muy importantes e interesantes de periodistas que están en la búsqueda de hacer periodismo en la era de Internet. Sin embargo, en la región hay pocos empresarios que estén dispuestos a invertir en estos emprendimientos de alto riesgo, pero altamente pertinentes para el futuro de nuestra vida cultural y política. Por otro lado, las universidades también han quedado a deber, pues son pocas las que institucionalmente están estudiando estas transformaciones comunicativas.

Por lo pronto, el Centro de Formación en Periodismo Digital de la Universidad de Guadalajara se ha convertido en un interesante espacio para discutir estos temas que históricamente se están construyendo en nuestras narices.

Este artículo fue publicado el 18 de agosto de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Televisa, el cebo envenenado

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (21 de julio de 2014)

De forma intencional esperé hasta los últimos minutos del partido para dar mis comentarios sobre las reformas en materia de telecomunicaciones y radiodifusión en México. Aunque este partido todavía no termina y se puede ir a tiempos extra, pues se plantea la posibilidad de combatir las nuevas legislaciones a través de un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo cierto es que estamos ante las reglas y jugadores que estructurarán los distintos sistemas de comunicación en México durante los siguientes años. Como alguien que busca analizar críticamente la comunicación, me parece que las reformas están muy lejos de generar un nuevo sistema de comunicación que garantice y tutele derechos a los ciudadanos. Al final de todo este proceso queda un sentimiento de decepción ante la nuevas reglas de la comunicación en México, especialmente porque no suponen una transformación radical del sistema. Hay muchas cosas por analizar y en este espacio me gustaría referirme a los que considero tres errores analíticos del sector que históricamente ha observado críticamente el tema de la comunicación en México, sector en el que me incluyo.

La reformas sobre la comunicación llegaron de la mano del “Pacto por México”, que fue un acuerdo entre los partidos políticos más importantes del país para sacar una serie de reformas legislativas. En buena medida, las reformas en comunicación se deben a este acuerdo. Sin embargo, el “Pacto por México”, aunque importante, es insuficiente para entender por qué se hicieron estas reformas. El “Pacto por México” funcionó como una actualización y reajuste de distintas estructuras políticas, no como una transformación radical de la estructura política del país, a través, por ejemplo, de una nueva Constitución. En el caso de la comunicación el reajuste no ocurrió exclusivamente por los avances democráticos del país, sino por la necesidad que tenía el sistema de comunicación de adaptarse e integrarse a un sistema global de telecomunicaciones que opera bajo la organización del modelo democrático liberal y en un sistema capitalista. Los grupos empresariales de la comunicación en México, aunque renuentes al cambio, no podían seguir operando sus negocios con reglas del siglo XX. Aunque en el debate mexicano parecían lejanos, los temas de espionaje en Europa o de la neutralidad de la red en Estados Unidos, también estuvieron entre las fuerzas que desencadenaron las reformas mexicanas. Esto llevó a que el debate sobre las telecomunicaciones careciera de una perspectiva global, pues estuvo centrado en la política doméstica, pero especialmente este enfoque no previó cómo es que México participará o combatirá los cambios en el sistema de comunicación que exige el capitalismo post industrial.

Otro error analítico fue señalar que la reforma en telecomunicaciones fue reaccionaria y que estamos retrocediendo al reloj histórico a los años sesenta cuando Televisa se convirtió legalmente en el monopolio de la radiodifusión en México. La reforma no es reaccionaria, pues lo que hizo fue actualizar las reglas del juego de la comunicación en el contexto del sistema político y económico en el que vivimos. Las nuevas reformas legales establecen una base para que exista un sistema de comunicación oligopólico en donde diversas empresas competirán por le mercado de la radiodifusión y las telecomunicaciones. Así es como opera el sistema de comunicación en Estados Unidos y así es como poco a poco se han ido transformando los sistemas de comunicación en Europa. ¿Las reformas podrían haber sido más severas para Televisa? Sí, sin duda. Pero quien crea que Televisa será la empresa monopólica que dominó el mercado mexicano en el siglo pasado, me parece que está en un grave error. Esto no quiere decir que Televisa vaya a desaparecer, o que vaya a dejar de ser una empresa poderosa. Esto quiere decir que Televisa ya no volverá a tener la posibilidad de transmitir el único noticiario de televisión por las noches, tampoco volverá a tener en Siempre en Domingo y en el Chavo del Ocho el control de la producción de la cultura popular masiva del país. Argumentar que se está repitiendo la historia es prescindir de un análisis de la actualidad de los sistemas políticos y económicos de México, pero también del mundo.

En los debates que hemos visto en los últimos meses Televisa estuvo en el centro de la discusión. Esta situación tuvo un efecto perverso, pues la obsesión con Televisa envenenó al sector crítico con las pócima del maniqueísmo y la monomanía. Los “regalos a Televisa”, que muchos de ellos son reales, acapararon la discusión pública. Pero al orientar toda la discusión hacia Televisa se esfumaron las posibilidades de pensar en transformaciones radicales del sistema de comunicación. Un sistema de comunicación con nuevas reglas de organización política; un sistema de comunicación que ponga por encima los derechos de los ciudadanos, no de los empresarios; un sistema de comunicación que nazca de la discusión de un país multicultural, no creado desde una oficina de Santa Fe en la ciudad de México; un sistema de comunicación que pueda proponer el desarrollo de una tecnología propia. Estas ideas no necesariamente habrían transformado todo el sistema, pero al menos sí podrían haber aportado algún elemento novedoso, como recientemente ocurrió con la promulgación de una ley sobre Internet en Brasil, o como ocurrió en Argentina, en donde crearon un sistema de propiedad de los medios que limita la privada frente a otros tipos de propiedad.

La reforma a las telecomunicaciones ajusta las reglas para que en México tengamos un sistema de comunicación que no sea visto con desprecio en el mundo de la globalización y la convergencia tecnológica. La reforma traerá beneficios como servicios de telecomunicaciones de mejor calidad y más baratos. Existirán más opciones televisivas, aunque esto no garantiza mejores contenidos. Sin embargo nuestro país no será un ejemplo de cómo crear un sistema de comunicación de avanzada. Así las cosas, mal haremos en seguir por la senda del maniqueísmo y la monomanía. Televisa no puede quitarnos, también, el sentido crítico y creativo para pensar la comunicación. A veces y aunque parezca contradictorio, la crítica también es reaccionaria.

 

Este artículo fue publicado el 21 de julio de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Esta versión del artículo no es la misma que presenté en el programa radiofónico. Esta versión tiene ediciones significativas a las ideas y argumentos de su versión original.

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El mundial de futbol como el free lunch de McDonald’s: el caso de la mercantilización de la audiencia latina en Estados Unidos

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (7 de julio de 2014)

Logotipo de McDonald's, patrocinador del mundial de futbol.

Logotipo de McDonald’s, patrocinador del mundial de futbol.

Al igual que un balón, el negocio que encarna la transmisión de partidos de futbol durante el mundial es redondo: la FIFA delega a una empresa la generación de la señal televisiva de todos los partidos y la venta de los derechos de transmisión a distintas empresas televisivas del mundo. Por su parte, las televisoras también se llevan su buena tajada. El trabajo de las televisoras es la construcción (mercantilización) de audiencias cautivas que puedan consumir anuncios comerciales. Dallas Smythe uno de los padres fundadores de la economía política de la comunicación, utilizó la metáfora de free lunch para explicar esta dinámica.[1] Según Smythe los medios de comunicación atraen a los espectadores ofreciéndoles comida gratuita, a cambio de exponerse a la persuasión de distintas marcas comerciales. Una dinámica similar ocurre cuando los vendedores de tiempos compartidos te invitan un desayuno a cambio de que los escuches mientras intentan venderte un departamento en la playa. Sin duda, el Mundial es uno de los grandes banquetes televisivos de nuestros tiempos, ideal para los anunciantes del siglo XXI.

La metáfora del free lunch proporcionada por Dallas Smythe viene muy a cuento con el mundial, especialmente porque McDonald’s es una de las empresas que patrocinan este evento deportivo. Según la revista Forbes, McDonald’s paga más de diez millones de dólares por año a la FIFA para ser el “restaurante oficial de la Copa del Mundo” ofreciendo comida chatarra y es una de las empresas que desplegó una importante campaña publicitaria durante las transmisiones de los partidos de futbol, pues la M amarilla, ese gran icono del capitalismo contemporáneo, apareció en las vallas perimetrales de las canchas de futbol, así como a un costado de los marcadores de tiempos y goles en las pantallas televisivas. Además, esta empresa desplegó una importante campaña publicitaria en los entretiempos de los partidos, así como en las transmisiones previas y posteriores a los juegos. El comercial que circuló internacionalmente se llama “Gol McDonald’s!” y a lo largo de todo el video no sale ni una sola papa o hamburguesa. El video muestra escenas en las que distintas personas hacen trucos virtuosos, como patear el balón y atinarle a un balcón que está en un tercer piso o a un bote que va moviéndose en una escalera eléctrica, también enseña a una mujer en tacones que domina el balón o un anciano que hace lo propio en las playas de Brasil. El video comunica que el futbol se disfruta de día o de noche, seas hombre o mujer, rico o pobre, niño o anciano. Hasta ahora el video de YouTube tiene casi seis millones de reproducciones.

 

A diferencia de las transmisiones televisivas de la época de la cultura de masas, las transmisiones del siglo XXI tienen la posibilidad de preparar free lunchs mucho más especializados. Algo así como un menú para casi todos los gustos. En el caso de Estados Unidos UNIVISION transmitió todos los partidos del mundial de forma gratuita a un mercado potencial de más de 53 millones de personas que viven en Estados Unidos y que son latinoamericanos o que tienen una ascendencia latina. Debo confesar que fue muy extraño la primera vez que encendí el televisor en Estados Unidos y sintonicé UNIVISION, pues hay muy pocas diferencias con la programación que se puede ver en México, especialmente en Televisa. Los partidos fueron narrados por el Perro Bermúdez y comentados por los ex futbolistas Félix Fernández y Ramón Ramírez, a veces hasta León Krauze aparecía por ahí. Las mismas notas de color, los mismos usos sexistas de hombres y mujeres que aparecen a cuadro, los mismos gritos espantosos de “tiritito”, “vamos muchaches” y todo ese mundo que el respetable mexicano conoce bien. La gran diferencia la encontré en los anuncios. En otras palabras, el desayuno fue el mismo que se sirvió en México, pero las características del tiempo compartido que nos querían vender eran otras.

En las transmisiones de UNIVISION McDonald’s preparó una campaña para promocionar su marca entre la comunidad latina. “House divided” o “La casa dividida” fue el comercial más transmitido. Este comercial, dirigido por Diego Luna, narra la historia de una familia mexicana que vive en Estados Unidos y que está a punto de ver por televisión un partido de futbol entre las selecciones de ambos países. Los papás invitan a sus amigos a ver el partido y el hijo, que tiene unos veinte años, invita a los suyos. El problema está en que los adultos apoyan a la selección mexicana y los jóvenes a la estadounidense. A lo largo del comercial se ve la incomodidad de la familia, pues los papás sienten que su hijo los traicionó y el hijo siente una extraña lealtad por las dos selecciones. Mientras ven el partido, todos comen papas de McDonald’s. Hacia el final de la historia el papá y el hijo se dan cuenta que ganaron una promoción que los llevará al mundial de Brasil, todo patrocinado por McDonald’s. En la última escena del comercial todos están felices y abrazándose.

El segundo comercial se llama “Primer cliente”. En esta historia se ve a un joven latino que sale muy temprano de su casa, toma su bicicleta y la maneja a través de las calles de los típicos suburbios de la clase media en Estados Unidos. Al final de su viaje llega a un McDonald’s, en donde lo recibe un gerente, dándole la bienvenida a su primer día de trabajo. Luego se observan varias escenas en donde el joven recibe su entrenamiento laboral. Finalmente llega la hora de abrir la tienda y los primeros clientes que llegan en automóvil son los padres del joven, evidentemente latinos, quienes están muy emocionados por su nuevo trabajo. En un diálogo en el que se mezcla el inglés y el español, los papás piden una orden de papas y hamburguesas, le toman una foto a su hijo y se van felices en su camioneta para seguir recorriendo su vida en los suburbios.

El tercer comercial es completamente diferente y muestra la historia de un hombre que, junto con su hija, visita el pueblo donde nació en México. El video muestra calles empedradas, una cancha de futbol llanera y casas hechas de tejas y adobes. Al final de su recorrido llegan a una pequeña edificación, que es la escuela del pueblo. Entonces la hija le pregunta a su papá: “Pa, ¿caminaste todo esto para ir a la escuela?”, a lo que él responde, “no mija, lo caminé para que tú fueras más lejos que yo”. El comercial cierra con una voz en off que explica que la fundación Ronald McDonald da becas para estudiantes universitarios. (El video no está en YouTube, pero puede observarse en el siguiente enlace: http://www.ispot.tv/ad/75Pk/ronald-mcdonald-house-charities-hacer-spanish).

Estos tres comerciales tienen por objetivo establecer un vínculo emocional entre McDonald’s y la población latinoamericana que habita en Estados Unidos. Esto ocurre mientras el presidente Obama se da por vencido en sus intentos de sacar adelante una reforma migratoria y mientras en la prensa estadounidense se discuten los importantes cambios demográficos que se avecinan para el país. Según un estudio del centro de investigación PEW, en 25 años la población dejará de ser mayoritariamente blanca. En sus conclusiones el estudio señala que ha sido el mercado y no el Estado, quien ha entendido rápidamente esta nueva composición racial y cultural, por lo que en tiempos recientes se han puesto a circular comerciales en donde los protagonistas son personas y familias interraciales, como es el caso del spot de Coca Cola en el que se canta “America the Beautiful” en distintos idiomas y que generó una gran polémica entre la población más conservadora de Estados Unidos.

Con estos comerciales, McDonald’s sigue siendo una empresa que va a la vanguardia en el desarrollo capitalista, ahora en su etapa neoliberal. Si a principios de los noventa McDonald’s sorprendió al mundo abriendo una tienda en la Plaza Roja en Moscú, ahora da un paso más para integrar al mercado a una comunidad que tendrá una gran fuerza política y económica en el futuro, pero que ha sido altamente despreciada por su cultura en el pasado. A través de estos comerciales McDonald’s le habla a una audiencia compuesta por muchos inmigrantes indocumentados y que no tienen los mismos derechos civiles, políticos, sociales y culturales que el resto de la población estadounidense, pero que en esta empresa puede encontrar trabajo, becas escolares y una vía para integrase culturalmente a Estados Unidos. ¿Para qué molestarse con hacer leyes y reformas migratorias, si Ronald McDonald te puede dar comida, becas y trabajo?

[1]Dallas W. Smythe, “Communications: Blindspot of Western Marxism,” Canadian Journal of Political and Social Theory 1, no. 3 (1977): 1–27.

Este artículo fue publicado el 7 de julio de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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