Alargaron la telenovela: no se pierda la tercera temporada de la Guerra de las Telecomunicaciones en México

Por Juan S. Larrosa- Fuentes (31 de marzo de 2014)

Aunque muchos todavía estábamos reacios a creerlo, los signos indicaban que luego de una reforma constitucional, la Guerra de las Telecomunicaciones estaba llegando a su fin. El resultado de esa reforma fue histórico, pues implicaba el reordenamiento del sector y la desconcentración de la propiedad y los contenidos de la televisión y las telecomunicaciones. Si bien la reforma constitucional no llegó a ser vanguardista, pues simplemente actualizó las reglas de un juego que devendría en un oligopolio, sí tuvo la virtud de poner sobre la mesa la posibilidad de diluir el poder político y económico de las fuerzas monopólicas en México. El ajuste legal tuvo un gran peso simbólico, pues daba una estocada en el corazón a Televisa, una empresa que produjo y gestionó buena parte de la información y la cultura popular que en México se consumió durante el siglo XX. Sin embargo, los signos del fin de la Guerra de las Telecomunicaciones se desvanecen y parece ser que, así como en las telenovelas en donde los guionistas pueden cortar o alargar impunemente el melodrama, todavía no se le ve el fin a esta disputa por la comunicación en México.

¿En dónde se atoró la telenovela? Como bien lo dijo en su momento Aleida Calleja, la reforma constitucional fue un avance histórico, pero a su juicio, la “madre de todas las batallas” vendría con la legislación secundaria, pues los magnates de la comunicación buscarían hacer hasta lo imposible con tal de recuperar su poder. No se equivocó, sin embargo, lo que pocos esperaron es que fuera el propio gobierno quien, luego de impulsar la reforma, diera un golpe de timón para fortalecerse a través de la legislación secundaria. La iniciativa de ley que elaboró el equipo de Peña Nieto es reaccionaria, pues busca que el Gobierno Federal concentre el poder en el campo de la comunicación. De aprobarse esta iniciativa estaríamos ante un cambio que desconcentra el poder del sector privado y lo concentra en el sector público. No supone un equilibrio, sino un nuevo desbalance de poder.

El debate jurídico es sumamente complejo, pues se desenvuelve a través de una jerga a veces inaccesible para quienes no somos expertos. Lo importante es entender que la reforma constitucional dotó a los mexicanos de ciertos derechos, los cuales deben materializarse a través de una ley que reglamente estos derechos. Lo que ahora está en disputa es la materialización de estos derechos. La iniciativa de ley que Enrique Peña Nieto envió al Senado de la República con cuatro meses de retraso, es una contrarreforma porque desapareció el concepto de “servicio público”, lo cual atenta en contra de los derechos de las audiencias; porque no hay límites a la concentración de frecuencias; y porque destruye la autonomía del Instituto Federal de Telecomunicaciones, ya que en la propuesta peñanietista la Secretaría de Gobernación tiene atribuciones para modificar las decisiones y el funcionamiento del IFETEL. En pocas palabras, esta propuesta, que no corresponde al espíritu de la reforma constitucional, no ve por los derechos de las audiencias y por otro lado, busca restaurar el poder que el Estado mexicano perdió en el sector hace varias décadas. Si esta ley se aprueba, no son pocas las voces que señalan que el desenlace puede llegar hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde se tendría que decidir sobre la constitucionalidad de esta propuesta.

Como decía, el debate es intenso. Recomiendo a los lectores y radioescuchas que sigan los textos de Fernando Mejía Barquera, Raúl Trejo Delarbre, Gabriel Sosa Plata o Irene Levy, tan solo por citar a algunos de los expertos que en México tenemos en torno a este tema. Pero más allá de la discusión jurídica, técnica y política, que es muy importante, ¿ante qué estamos? ¿Qué podemos interpretar de la vida pública y cultural de México frente a estos reacomodos? ¿Por qué el gobierno priísta primero dio señales de una reforma neoliberal y después propone un modelo en donde el Estado tiene un poder autoritario y no democrático? Las respuestas a estas preguntas las podemos encontrar en la historia de cómo se construyeron los sistemas de comunicación en nuestro país. El choque entre Emilio Azcárraga y Carlos Slim, entre Televisa y Telmex, es muy significativo en términos de la narrativa política mexicana. En un artículo anterior analicé, con mayor profundidad, cómo es que estos dos emporios se construyeron. El primero, el de Televisa, se edificó como producto de la Revolución Mexicana, la cual buscó desarrollar la economía del país privilegiando a una nueva burguesía en un sistema capitalista altamente regulado por el Estado, lo que propició la formación de monopolios al servicio del poder político. El segundo, el de Telmex, fue el resultado de la transformación mexicana hacia el modelo neoliberal durante la década de los noventa, cuando, entre otras cosas, el Estado mexicano se deshizo de más de mil empresas paraestatales. Ambos modelos se construyeron bajo gobiernos priístas, y ahora, ambos están en pleno enfrentamiento.

Sin duda, las señales del conflicto en torno a la “ley secundaria” son confusas. Peña Nieto llegó fuertemente cuestionado a la presidencia por su relación con Televisa. Después hubo un rompimiento o al menos distanciamiento político entre Televisa y el gobierno, al aprobarse las reformas constitucionales. Ahora se dio un tercer movimiento, en el cual el gobierno busca colocarse por encima de todos los jugadores. La oportunidad de crear un sistema de comunicación plural, diverso, democrático y que tenga como principal interés tutelar el derecho a la información y comunicación de los mexicanos, ya pasó. La reforma constitucional actualizó el modelo de comunicación mexicano en términos de una democracia que busca jugar bajo las reglas del capitalismo contemporáneo. En términos reales, la actualización del modelo significó un gran avance. Sin embargo, ahora estamos ante la posibilidad de regresar las manecillas del reloj a 1960, cuando se aprobó la primera Ley Federal de Radio y Televisión, que en su momento dio un gran poder al gobierno y posibilitó la formación del monopolio televisivo. Muchos se han preguntado qué significa el regreso del PRI al poder y qué consecuencias ha traído. Aquí hay un claro ejemplo. Vemos a un PRI que camina en la senda neoliberal, pero que al mismo tiempo recuerda nostálgicamente el modelo semi-autoritario que encabezó durante buena parte del siglo XX. Esta esquizofrenia ideológica hace difícil prever en qué terminará el culebrón.

No obstante, no todo está perdido. La oposición política, que es pequeña y fragmentada, buscará descarrilar la propuesta de ley. Por otro lado, movimientos ciudadanos están organizándose para combatir la contrarreforma peñanietista. Es difícil saber si estos contrapesos serán suficientes, pero al menos serán una voz crítica dentro de la trama que enmarca la Guerra de las Telecomunicaciones en México.

 

Este artículo fue publicado el 30 de marzo de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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  1. Larrosa-Fuentes, Juan S. (2010a). Una larga transición democrática: el caso de la televisión mexicana. Sistema Autorreferencial. Recuperado de  http://autorreferencial.wordpress.com/2010/04/19/una-larga-transicion-democratica-el-caso-de-la-television-mexicana/
  2. Larrosa-Fuentes, Juan S. (2013). El fin de la guerra de las telecomunicaciones o el reacomodo de una industria trasnacional. Sistema Autorreferencial. Recuperado de http://autorreferencial.wordpress.com/2013/04/08/el-fin-de-la-guerra-de-las-telecomunicaciones-o-el-reacomodo-de-una-industria-trasnacional/
  3. Larrosa-Fuentes, J. S. (2011). La lucha por las telecomunicaciones en México: una disputa en contra de los viejos modelos políticos y económicos. ITESO. Recuperado de http://rei.iteso.mx/handle/11117/729
  4. Larrosa-Fuentes, Juan S. (2010b). La “Licitación 21”: hacia la (re) consolidación del sistema de comunicación mexicano. Sistema Autorreferencial. Recuperado de http://autorreferencial.wordpress.com/2010/09/06/la-%e2%80%98licitacion-21%e2%80%99-hacia-la-re-consolidacion-del-sistema-de-comunicacion-mexicano/

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Quince años de Letras Libres, Liberales, Neoliberales

Por Juan S. Larrosa Fuentes (3 de marzo de 2014)

Portada de Letras Libres

Portada de Letras Libres

En enero pasado se cumplieron quince años de la aparición de la revista Letras Libres, la cual nació en el último año de la década de los noventa, como parte de una historia importante de la literatura y la crítica política mexicana. Esta historia inició con la revista Plural (1971-1976) y continuó con Vuelta (1976-1998), ambos proyectos editoriales comandados por Octavio Paz. Aunque Enrique Krauze ha declarado en varias ocasiones que Letras Libres no es una heredera de Plural y Vuelta, hay líneas políticas, económicas y culturales muy claras entre estos proyectos. Desde su fundación Letras Libres se convirtió en uno de los espacios de discusión política y cultural más influyentes del país, en un contexto completamente distinto al de sus predecesoras: Plural se editó durante el periodo más álgido del autoritarismo mexicano y Vuelta, aunque también vivó parte de ese autoritarismo, se desarrolló durante el proceso de democratización y neoliberalización de México. Letras Libres nació en un país que vivía inmerso en un largo proceso de transformación estructural y en un recambio generacional en el campo intelectual. Atrás quedaron las generaciones de artistas y escritores del siglo XX, la cultura hegemónica priísta y la Guerra Fría. En su futuro Letras Libres veía en su fundación la construcción de nuevas generaciones de escritores, la participación en el debate público bajo mejores condiciones en el terreno de la libertad de expresión y dentro de una cultura (neo) liberal que vislumbraba una nueva etapa política alejada de las grandes ideologías del siglo XX.

El análisis del trabajo de Letras Libres admite muchas dimensiones y una de ellas es la ideológica. Una dirección para pensar sobre qué rol tiene esta revista en la crítica mexicana contemporánea la ofrece la economía política a partir de tres aspectos centrales (los cuales, por supuesto no se agotan en este artículo): las características de propiedad de esta publicación, sus relaciones de poder, así como sus fuentes de financiamiento. Letras Libres es una empresa que desde sus inicios ha sido dirigida por Enrique Krauze, quien ha destacado por su trabajo como historiador y empresario cultural. Letras Libres es una empresa familiar, que tiene un consejo editorial, pero que no está por encima de su director. En una entrevista reciente con Grupo Milenio, Krauze dejó entrever que a pesar de que la revista tiene un grupo de trabajo y que muchas de las decisiones se toman de forma colegiada, él tiene la última palabra en la dirección. Dentro de la historia de la revista también destaca la presencia de los hijos de Krauze, León y Daniel, quienes en distintos momentos han trabajado para el proyecto. León ahora es conductor de Univisión, una televisora de Estados Unidos y Daniel un joven escritor quien recientemente ganó un importante galardón literario. Es evidente la importancia y el poder de esta familia en el campo cultural mexicano.

Enrique Krauze es un escritor que tiene una larga obra intelectual y que durante su carrera cultivó relaciones con personajes clave de la cultura mexicana, entre los que destacan Daniel Cosío Villegas y Octavio Paz. Pero no solamente ellos, basta ver la lista de los más de mil colaboradores de Letras Libres para verificar el éxito de las relaciones de Krauze con el campo intelectual contemporáneo. Además, una pieza relevante de estas relaciones es que Krauze es parte del consejo de administración de Televisa, la empresa que posee la red de comunicación audiovisual más poderosa de México. En esta red se transmiten los documentales sobre historia de México producidos por Clío, editorial de la cual también es dueño este empresario. Al igual que otras publicaciones en México, Letras Libres tiene ingresos de recursos públicos. Por ejemplo, según lo documenta el informe de Artículo XIX, “Editorial Vuelta SA de CV”, en el primer semestre de 2013, recibió $748,488.74 pesos por concepto de publicidad del gobierno federal.

Letras Libres, como vemos, tiene poder en el campo cultural visto desde la economía política, pues goza de los medios para producir su producto, tiene buenos acuerdos y contactos para distribuirlo y posee relaciones que se convierten en un importante capital político y económico. Sin embargo, hay que escarbar aún más para entender a esta revista y escudriñar en su contenido. Tal como lo señala Krauze y como se puede corroborar en la publicación, Letras Libres ha sido una revista que ha abierto sus puertas a una gran cantidad de autores, temas y polémicas. Dentro de este contexto, la visión liberal de la revista tampoco es un secreto y se evidencia a lo largo de sus páginas. Letras Libres ha sido, durante estos quince años, un espacio que ha combatido abiertamente aquellas ideas que van en contra de un modelo político liberal y de uno neoliberal en lo económico. Esto ha sido claro al momento de discutir temas como el zapatismo, la relación de México con Estados Unidos y el Cono sur, la democracia en América Latina, los medios de comunicación en el país o los proyectos ideológicos de la izquierda partidista mexicana. No es una línea editorial monolítica pero es posible señalar que en lo general y en lo esencial, Letras Libres ha sido un proyecto editorial que ve con buenos ojos el modelo de democracia liberal y de economía neoliberal que ha prevalecido en México desde finales de la década los ochenta; es un espacio que promueve una ideología conservadora, que busca mantener el orden político y cultural en el país. No es una revista que se produce desde los márgenes, sino desde los centros de poder. Letras Libres es un espacio de debate y de discusión que ha contribuido al desarrollo del país y me parece que su existencia debe celebrarse. Sin embargo, no hay que perder de vista que es un espacio de debate y de discusión dentro de los márgenes de las ideas dominantes de nuestro tiempo. Ante esto, es notorio que actualmente en México no existe un proyecto del tamaño y la calidad de Letras Libres, en donde se discuta desde otras coordenadas políticas, económicas y culturales.

Este artículo fue publicado el 3 de marzo de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

También puedes estar interesado en otros artículos que he escrito al respecto:

Larrosa-Fuentes, J. S. (2001, de diciembre de). La Jornada versus Letras Libres: todos ganan, todos pierden. Sistema Autorreferencial. Recuperado de http://autorreferencial.wordpress.com/2011/12/05/la-jornada-versus-letras-libres-todos-ganan-todos-pierden-2/

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Un déjà vu noventero y neoliberal: Saving Mexico

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (17 de febrero de 2014)

La agenda mediática nacional ha adquirido un extraño tono en las últimas semanas. Es un tono que evoca la década de los noventa. Primero fueron los veinte años del zapatismo, que estuvieron presentes en la agenda, pero apenas fueron comentados. Después llegó un ajuste de cuentas y los tecnócratas trataron de convencer a la opinión pública sobre las bondades del Tratado de Libre Comercio. A finales de enero, en el Foro Económico Mundial, los medios de comunicación reportaron que Felipe Calderón, ex presidente de México, dio su visto bueno a las reformas estructurales que se están finalizando en el Congreso de la Unión y CNN reportó un abrazo entre Peña Nieto y Zedillo. Días más tarde, en febrero, El Universal publicó a ocho columnas una entrevista con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari quien, hundido en su sonrisa y en un sillón de piel, hizo un recuento acrítico de su administración y manifestó su alegría por las reformas que finalmente están ocurriendo en el país y que completan su obra inacabada de los noventa. Durante la semana pasada se “filtró” la información de que Peña Nieto aparecería en la portada de la revista Time, encabezando un reportaje titulado “Saving Mexico”. Para cerrar con broche de oro, Milenio publicó ayer unas declaraciones de otro ex presidente, el filósofo Vicente Fox, quien dice que las “ideologías son cosas del pasado” y que él apoya a Peña Nieto porque es lo mejor para el país.

El hecho de que todas estas historias estén relacionadas, evidentemente no es una coincidencia. Los medios de comunicación construyen historias y es muy claro que hay personas e instituciones, afuera de los medios de comunicación, quienes tienen más poder que otros para influir en la agenda y crear una historia de acuerdo a sus intereses. Sin embargo, hay un error de interpretación de lo que actualmente está pasando cuando se juzga el presente bajo el sistema de valores que predominó en el periodismo del siglo XX, cuando en México teníamos un régimen autoritario, encabezado por el PRI. Como lo han documentado varios investigadores, este modelo de relación entre prensa y poder se le llamó autoritario[1] o simplemente de subordinación.[2] Bastaba con que el Secretario de Gobernación hiciera una llamada a alguna redacción, para que al día siguiente apareciera una historia a modo en la primera plana o para descarrilar la publicación de alguna noticia. El traslado de recursos económicos del Estado hacia los periodistas estaba naturalizado. A los reporteros críticos se les ofrecía plata o plomo. Muchos periodistas fueron amedrentados durante estas décadas, muchos murieron por violencia directa del Estado mexicano y en los archivos de Lecumberri todavía hay historias que desenterrar al respecto. Es probable que este modelo siga reproduciéndose en comunidades pequeñas de México, pero en general, ya no existe.

El modelo autoritario dio paso a un modelo de mercado, aderezado con mucha corrupción. Este modelo, basado en una competencia darwiniana por los recursos económicos de la publicidad privada, pero también pública, rompió con la correa, única y monolítica, que el poder público tenía sobre la comunicación en México. A finales de los noventa perecieron muchos medios de comunicación, especialmente periódicos, que estaban oficialmente enraizados a las finanzas públicas. Es el caso de El Nacional, o de El Jalisciense y El Diario de Jalisco en el caso local. Las reformas neoliberales abrieron una nueva cartera de clientes para los medios de comunicación. Por otra parte, a finales de los noventa y principios del siglo XXI, una de las novedades que imprimó el PAN en sus gobiernos, fue una fuerte inversión económica en sus estrategias de comunicación política y social. Sin embargo, la bonanza que trajo esta liberalización del mercado tuvo un fuerte golpe con la crisis económica de 2002 y otro más en la crisis de 2008. Fue entonces cuando el aparato de gobierno se convirtió en la principal fuente de ingresos por concepto de publicidad de los medios de comunicación.

Actualmente el Presidente de México difícilmente descolgará un teléfono para hablar a una redacción e imponer línea. Corren tiempos en los que cualquier político puede influir, a través de recursos económicos, la agenda de los medios de comunicación. Esto no quiere decir que los medios hagan todo su trabajo a modo de la clase política. En este modelo, los medios publican la historia que el político quiere contar y al mismo tiempo se pueden dar el lujo de ser críticos en otros espacios o momentos. Esta situación está documentada, por ejemplo, a nivel local, con periódicos que publican notas pagadas por los ayuntamientos, pero que en el contrato de compra-venta de esta información se explicita el derecho de los medios a ser críticos hacia el poder público en otras historias.[3]

Lo que estamos viendo en la agenda nacional e internacional con relación al Gobierno Federal y sus reformas estructurales, es la construcción de una historia. En otras palabras, es el resultado de un equipo de comunicación social, de relaciones públicas y de cabildeo, que se ha dado a la tarea de construir una historia mediática que fortalezca la percepción de un cambio positivo en México. Esto está muy relacionado con la dimensión económica, pues para que las “reformas estructurales” como la reforma energética “funcionen”, no basta con cambiar la ley, también se impone el cambio en la percepción de los inversionistas, quienes deben ver a México como un país en donde la mesa está puesta para depositar su dinero.

Tal vez el filósofo Vicente Fox tiene razón y la clave para leer los tiempos actuales esté en el tema de la ideología. El modelo comunicativo de mercado es un claro correlato del modelo político en nuestro país. A finales de los noventa y hasta el día de hoy, México ha sido gobernado por una clase política afín a una ideología neoliberal, con diferentes matices, pero neoliberal al fin. Las reformas que se están terminando en el Congreso cierran la pinza en el modelo neoliberal. Es una clase política que ha tenido veinte años para cambiar al país. Dicen que ya tenemos una gran clase media y con base en estadísticas nos dicen que vivimos en un país mejor. La realidad dice lo contrario. Quienes se han levantado de la cama en estos días y han sentido un déjà vu al leer la prensa, despierten, no estamos a mediados de los noventa a punto de “entrar en el primer mundo”, estamos a punto de “ser salvados”. Veinte años después, la promesa de esta clase política es mucho más austera.


[1] Sallie Hughes, Newsrooms in Conflict (University of Pittsburgh Press, 2006), 33.

[2] José Carreño Carlón, “Cien Años de Subordinación: Un modelo histórico de la relación entre prensa y poder en México en el siglo XX,” Sala de Prensa 2, no. 16 (Febrero 2000), http://www.saladeprensa.org/art102.htm.

[3] Fabián Ramírez Flores, “Cuando la publicidad se disfraza de periodismo,” en Medios de Comunicación y Derecho a la Información en Jalisco, 2011, ed. Juan S. Larrosa-Fuentes (Guadalajara, México: ITESO, Departamento de Estudios Socioculturales, 2012), 105–126.

Este artículo fue publicado el 17 de febrero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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El monopolio de las decisiones públicas: déficit de diálogos públicos

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (3 de febrero de 2014)

Poco hemos estudiado en México sobre cómo nos comunicamos públicamente para tomar decisiones colectivas. Es posible definir el tipo de estructuras políticas que tenemos y podríamos decir que vivimos una larguísima transición democrática, o que somos una democracia con un pasado reciente con un sistema político que en el papel era democrático, pero con una profunda cultura autoritaria. La Revolución Mexicana dio paso a la creación de grandes estructuras institucionales, monolíticas y con poca posibilidad para la discusión o el disenso. En la práctica, estas estructuras le dieron estabilidad al país, el cual pudo vivir un proceso de pacificación y se encarriló hacia a ruta modernizadora que sus líderes trazaron. En una sociedad que se mudaba del campo a las ciudades y en pleno proceso de industrialización, poco espacio hubo para discutir colectivamente cuál era la ruta que el país debía seguir. En el último cuarto del siglo XX, el país poco a poco comenzó a transformar estas instituciones, hasta llegar al punto en que estamos actualmente.

Evidentemente no hay comunidad ni democracia perfecta, pero sí podemos encontrar ejemplos de sociedades que han logrado discutir sus problemas con mayor éxito que otras. Pienso, por ejemplo, en Costa Rica, un país que ha sabido debatir públicamente sus problemas y aspiraciones ambientales, que ha lo llevado a convertirse en un centro de servicios ambientales para el mundo. Los países escandinavos son reconocidos por las decisiones que han tomado en relación a cómo administrar sus poderes energéticos. En México seguimos atorados con las discusiones públicas que nos unen como nación. Si lo revisamos en un nivel macro, encontraremos temas importantísimos que siguen en el cajón de los pendientes de la Revolución: el caso de un país que se niega a pensarse como multicultural, aun a pesar de su importante porcentaje de población indígena; está el caso del uso y administración de los recursos naturales, el cual sigue enfrentando a diversas fuerzas políticas; o también podemos traer a cuento los modelos de desarrollo a través de los cuales México está vislumbrando su futuro.

Esta situación también se puede observar en el plano local. La ciudad de Guadalajara y el estado de Jalisco tienen serios problemas sociales por la falta de una discusión pública democrática. Está el caso de la discusión sobre el agua, que ha llevado a postergar durante décadas la elaboración de una estrategia que garantice el abasto de este servicio a la población durante los siguientes años. La falta de un debate al respecto, ha detonado un conflicto social en Temacapulín, un evidente deterioro del lago de Chapala y ha dejado a muchos jaliscienses sin este servicio. Otro caso paradigmático de la falta de discusión, gira en torno al modelo bajo el cual se debe desarrollar la capital del estado. En semanas recientes, el caso de Valle Real, da pie para ejemplificar la falta de diálogos públicos, pues vemos a una comunidad, con alto capital político y económico, que se niega a discutir la incorporación de ciclovías en sus alrededores y la apertura de calles pública que de facto las han convertido en privadas.

Hace un par de años participé en un proyecto de investigación en el cual observamos, precisamente, cómo se desarrolló una discusión pública en Guadalajara. El caso que utilizamos para realizar esta observación fue el de la Vía Exprés. Eran tiempos en los cuales Emilio González, en su megalomanía de quedar inmortalizado, ideó planes para realizar grandes obras públicas, como el tristemente famoso “Puente Atirantado”. La Vía Exprés, era un proyecto que pretendía crear una autopista privada que cruzaría la ciudad a través de un puente elevado que pasaría por encima de lo que hoy es la avenida Inglaterra. La propuesta causó fuertes polémicas, pues muchos técnicos, ciudadanos, activistas y académicos, evaluaron de forma negativa el proyecto emilista. En la investigación observamos cómo es que el tema de la Vía Exprés se discutió en los periódicos de mayor circulación de Guadalajara y encontramos “cuatro elementos que limitan el diálogo público: un gobierno que no abre espacios de comunicación con la sociedad civil, y que por el contrario, buscar imponer sus políticas públicas de forma unilateral; un sistema de medios de comunicación, en este caso de periódicos, que hace poco periodismo de investigación, que privilegia la voz de los funcionarios públicos y relega la participación de otros actores sociales; una amplia participación de ciudadanos que escriben ‘quejas’ en la sección de correo de lector de los diarios, pero que no trascienden a esta acción (no se organizan ni se integran a asociaciones o movimientos sociales), y una sociedad civil (organizaciones y movimientos) muy activa, pero con estrategias poco efectivas para integrase al diálogo público”.[1]



El plan de la revolución institucionalizada (sic) de principios del siglo XX sirvió para ordenar a un país que durante el siglo XIX había vivido momentos políticos y culturales sumamente caóticos, sin embargo es insuficiente para servir a una sociedad completamente distinta. La cultura política de México desde hace varias décadas va a destiempo respecto de las necesidades que manifiesta la sociedad. Esto es contradictorio, pues esta misma sociedad, que ya es otra, es la que permite y contribuye la reproducción de esta cultura política. Una ciudad zanjada históricamente por la Calzada Independencia y que resguarda en cotos a una sociedad burguesa que teme mezclarse con otros sectores sociales, son solo algunos de los rasgos de una sociedad que está llamada a discutirse a sí misma. De lo contrario, las condiciones de vida de los habitantes de esta comunidad seguirán siendo altamente desiguales.


[1] Las conclusiones de esta investigación se publicaron en el artículo: Raúl Acosta, Juan S. Larrosa-Fuentes, y Sofía Paláu Cardona, “Decisiones Públicas Sin Diálogo Público: Análisis de Los Argumentos Sobre El Caso de La Vía Exprés Vertidos En La Prensa de Guadalajara,” Comunicación y Sociedad no. 21 (2014): 139–159, http://www.comunicacionysociedad.cucsh.udg.mx/sites/default/files/a5_37.pdf.

Este artículo fue publicado el 4 de febrero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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La Crónica de Hoy Jalisco, periodismo local, de capital foráneo

Por Juan S. Larrosa Fuentes (20 de enero de 2014)

Imagen de la primera portada de La Crónica de Hoy Jalisco.

Imagen de la primera portada de La Crónica de Hoy Jalisco.

En un contexto en el cual es difícil pensar que invertir en la prensa escrita es un buen negocio, el 6 de diciembre de 2013 comenzó a circular una edición local en Jalisco del periódico La Crónica de Hoy. Este nuevo periódico, al que han llamado La Crónica de Hoy Jalisco, se une a un sistema compuesto por seis periódicos generalistas: El Informador, El Occidental, Mural, Milenio Jalisco, La Jornada Jalisco y Reporte Índigo. Este nuevo periódico, que tiene muchos retos por delante, confirma una tendencia del diarismo tapatío, en donde hay un número considerable de empresas que editan periódicos locales, pero casi todas ellas de capitalistas externos al estado. Hace quince años, en 1998, se fundó Público, el último emprendimiento de capital local, el cual fue vendido a empresarios regiomontanos un año más tarde. Es así como el día de hoy en Guadalajara solamente circula un periódico de capital local, El Informador, tal vez la publicación más influyente en términos políticos y económicos de la ciudad. Además hay tres publicaciones de origen regiomontano, dos de la capital del país, entre las que se encuentra La Crónica de Hoy Jalisco. Finalmente no está claro si La Jornada Jalisco se puede considerar como un periódico cuyos orígenes económicos provienen de Michoacán o de la Ciudad de México.

La historia de este nuevo diario se remonta al 17 de junio de 1996, cuando La Crónica de Hoy comenzó a circular en la Ciudad de México, como un emprendimiento económico del periodista Pablo Hiriart Le Bert, nacido en 1956 en Chile y radicado en México desde hace ya muchos años. Este periodista trabajó en el semanario Proceso y fue fundador de La Jornada. Además fue director de la agencia Notimex, así como del periódico oficial El Nacional. Actualmente es director del diario La Razón, que circula en la Ciudad de México y colabora regularmente para los medios de Grupo Imagen y para Televisión Azteca. La fundación de La Crónica de Hoy por Pablo Hiriart levantó suspicacias por las estrechas relaciones que este periodista tuvo con Carlos Salinas de Gortari, pues trabajó en la oficina de información de la presidencia y después fue nombrado director del diario El Nacional. Estos hechos hicieron que algunos periodistas[1] y académicos[2] aventuraran la idea de que La Crónica de Hoy fue financiado en sus inicios por el salinismo, aseveración que hasta ahora no ha sido probada. En esta primera etapa, el periódico se caracterizó por ser crítico en contra de la administración de Vicente Fox, pero también de Andrés Manuel López, especialmente durante su primera candidatura presidencial. Sin embargo, el periódico tuvo serias dificultades económicas y realmente estuvo lejos de competir frontalmente con periódicos como El Universal, Reforma o La Jornada, quienes dominan el mercado periodístico de la capital del país.

Ante estos apuros económicos, Pablo Hiriart se asoció con el empresario Jorge Kahwagi Gastine, quien a la postre se hizo de todas las acciones del diario. Luego de las elecciones del 2006 Hiriart y Kahwagi comenzaron a tener serias diferencias por la postura editorial del diario, lo cual propició la salida del director. En esta segunda etapa de trabajo, encabezada por la familia Kahwagi, La Crónica de Hoy suavizó su línea editorial y contrató a Guillermo Ortega Ruiz, un periodista edulcorado, poco crítico y que en su currículum destaca haber sido el sucesor de Jacobo Zabludovsky en el noticiario nocturno de Televisa, puesto en el cual duró un par de años. Desde entonces el periódico ha tenido un bajo perfil y no se le asocia con periodistas o columnistas que tengan voz en el debate nacional. Grupo Editorial Crónica, en tiempos recientes ha tenido dos proyectos importantes: fundar versiones estatales del periódico, como es el caso del recién nacido en Jalisco, y el desarrollo de un canal de televisión en línea, el cual se puede ver desde la página principal de La Crónica de Hoy.

Equipo de trabajo de La Crónica de Hoy Jalisco. Imagen recuperada de la cuenta de Facebook del director del diario, publicada el 26 de noviembre de 2013.

Equipo de trabajo de La Crónica de Hoy Jalisco. Imagen recuperada de la cuenta de Facebook del director del diario, publicada el 26 de noviembre de 2013.

La Crónica de Hoy Jalisco es un periódico que tiene un tiraje de tres mil ejemplares diarios, los cuales se imprimen en la que fue la rotativa del periódico Ocho Columnas, ubicada en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Guadalajara. La falta de una rotativa propia es una debilidad del periódico, pues no tiene el control sobre su producto final. Las oficinas del diario se encuentran en la Plaza Exhimoda y su edición digital está disponible todos los días a partir de las diez de la mañana. En el periódico trabajan diez reporteros, cuatro editores y seis coeditores, lo cual habla de una redacción pequeña. Su formato es tabloide y tiene similitudes con el diseño y secciones de antiguos periódicos como Siglo 21, Público o ahora Milenio Diario. Llama la atención, en las ediciones que hasta ahora he revisado del impreso, que no tiene publicidad. Cada ejemplar del periódico cuesta siete pesos a los lectores.

Es muy prematuro para evaluar el trabajo periodístico de La Crónica de Hoy Jalisco, sin embargo, entre sus fortalezas destaca la contratación de tres periodistas locales con mucha experiencia, como es el caso de Sergio René de Dios Corona, Esperanza Romero y Manuel Falcón, quienes integran la columna vertebral del periódico. Por otra parte, se hicieron de buenos columnistas locales como Juan Carlos Núñez, Andrés Valdez o Jorge Rocha, por mencionar a algunos. Estos nombres son garantía de un buen trabajo periodístico. Habrá que esperar para conocer, con detalle, qué tipo de información se publica en el periódico y si realmente logra producir información que se diferencie de su competencia.

La crisis financiera de la prensa escrita, la fuerte competencia en la plaza de Guadalajara, la inexorable caída en la circulación de los diarios locales, el decrecimiento de lectores de diarios y la baja inversión de publicidad privada en los periódicos, son elementos de un contexto que este nuevo medio de comunicación tendrá que sortear y combatir con la formación de nuevos periodistas y lectores, con la construcción de nuevos modelos de financiamiento y con el emprendimiento en el campo del periodismo digital.

Más información:

Mora, M. (2013). De los jaliscienses y para los jaliscienses. La Crónica de Hoy Jalisco. Guadalajara, México. http://www.cronicajalisco.com/notas/2013/1923.html

De Dios Corona, S. R. (2014). Un nuevo diario, una buena noticia: nace La Crónica en Jalisco. La Crónica de Hoy Jalisco. Guadalajara, México. http://www.cronicajalisco.com/notas/2013/1965.html


[1] “Sale Pablo Hiriart Del Diario La Crónica,” Proceso, consultado el 19 de enero de 2014, http://www.proceso.com.mx/?p=204904.

[2] Eva Salgado Andrade, “La prensa escrita en México frente al cambio de régimen,” Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales XLIX, no. 199 (2007): 35–62, http://www.redalyc.org/resumen.oa?id=42119903.

Este artículo fue publicado el 19 de enero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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Tres giros comunicativos durante los 20 años de neozapatismo: el militar, el semiótico y el silencio

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (6 de enero de 2014)

EZLN & Indigenous Resistance Compilation. Este disco lo puedes encontrar en: http://maddecent.com/ezln-indigenous-resistance-compilation/

EZLN & Indigenous Resistance Compilation. Este disco lo puedes encontrar en: http://maddecent.com/ezln-indigenous-resistance-compilation/

Hace apenas algunos días se cumplieron dos décadas del levantamiento zapatista en Chiapas, cuando México está entrando, aparentemente, en una ruta de cambios y de reformas ideológicamente muy similares a las que estaban ocurriendo hace veinte años en el país. La presencia del EZLN en la vida pública de México ha sido fundamental, pues ha señalado claramente algunos de los grandes debates que luego de la Revolución de 1910 no han sido resueltos y que tienen que ver con el reconocimiento de un país multicultural, en el cual, cien años después, estas diversas formas culturales siguen sin participar en un diálogo entre iguales. El EZLN ha desarrollado esta presencia pública a través de distintos emprendimientos comunicativos, los cuales dicen mucho de su propio movimiento, pero también de cómo, a través de la comunicación, los movimientos sociales pueden desafiar al poder.

La primera etapa de comunicación del EZLN, y la más efímera, fue la insurgencia militar, la cual duró los primeros doce días de 1994. Esta incursión militar, que costó numerosas vidas, fue un elemento que logró activar al zapatismo en el plano comunicativo y en el mapa político mexicano. Una de las novedades históricas que aportó este movimiento, y seguramente sin habérselo propuesto, es que suscitó rápidamente la simpatía y solidaridad internacional, que sirvió como un escudo de protección ante la eminente acción militar del Estado mexicano, que dada la disparidad de recursos bélicos, habría terminado rápidamente con el Ejército Zapatista. Esta primera etapa, violenta, es muy poderosa para entender al EZLN: solamente un golpe de esta magnitud pudo activar a los zapatistas, indígenas mexicanos, como interlocutores del mundo político.

Poco a poco, el EZLN se fue develando como un movimiento armado de izquierda, de profundas raíces marxistas y amalgamadas con la teología de la liberación, pero que comenzaba a transitar a un giro retórico que a la postre lo colocó en la vanguardia discursiva de los movimientos antisitémicos, que años después explotarían globalmente en las ciudades de Seattle, Praga o Génova, tan solo por mencionar algunas. Este viraje llevó a un movimiento armado a convertirse en un fuerte nodo discursivo en contra de quienes veían el fin de la historia luego de la muerte del comunismo y celebraban el nuevo respirar del capitalismo a través de la globalización económica. Para una izquierda anquilosada y abatida, el zapatismo se convirtió en un abrevadero ideológico. Esta segunda etapa comunicativa, el de una guerrilla semiótica que jugó con las palabras y los símbolos, fue clave para la supervivencia de los zapatistas, que constantemente se vieron acosados por el Ejército mexicano y grupos paramilitares, los cuales fueron contenidos por una comunidad internacional atenta al conflicto. Esta guerrilla semiótica, que fue pionera en la comunicación digital, marcó el inicio de una nueva etapa de los movimientos sociales y que sin duda tiene ecos en las manifestaciones sociales como los indignados españoles, los pingüinos chilenos, Occupy Wall Street o #YoSoy132.

El EZLN fue duramente criticado por el protagonismo del sub comandante Marcos en el contexto de un movimiento a favor de la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. La comunicación zapatista giró en torno al SupMarcos, quien se descubrió como un personaje con grandes destrezas para el manejo discursivo en los medios de comunicación. Sin embargo, el personaje y el discurso se fueron desgastando debido a excesos y errores políticos, como el intento por influir en el conflicto vasco en España, por la frivolización de la figura de Marcos, convertido en un icono para vender portadas de revistas, camisetas y suvenires para los turistas revolucionarios, y porque todo producto mediático, a final de cuentas, es efímero. A mediados de la década pasada, los zapatistas dejaron de estar en el centro de las discusiones nacionales, y como el mismo Marcos ha señalado, pasaron de moda. Frente a esta encrucijada, el movimiento tomó un nuevo giro comunicativo: el silencio. En este nuevo periodo el EZLN se encerró en sí mismo para dedicarse enteramente a la construcción de su autonomía, a partir de una propuesta de orden y desarrollo social. Con este nuevo giro el EZLN pasó de ser una guerrilla semiótica, a una comunidad que puso en marcha una propuesta que cuestiona y cambia a los modelos políticos y económicos que denunció durante los años de su estrategia de ataque semiótico. El silencio ha tenido costos altos, pues sus lazos internacionales se debilitaron y en algunos casos se desvanecieron y en el plano nacional, las voces zapatistas no han sido tomadas en cuenta en las discusiones políticas.

Más allá de alabar acríticamente el movimiento zapatista, me parece fundamental reconocer, en el plano comunicativo, que este conflicto nos recuerda a todos los mexicanos, incluidos a los zapatistas, que no hemos sabido discutir en pluralidad y bajo el reconocimiento de que somos un país multicultural, no nada más en lo étnico, sino también en lo político, en lo sexual, en lo familiar o en lo religioso. El conflicto nos dice que después de cien años no hemos sabido resolver las tensiones entre la tradición y la modernidad de un país que ha sido construido en los últimos quinientos años. Un partido de estado, como lo fue (¿es?) el PRI, construyó una nación monolítica, un yo que se discute a sí mismo, que “integra” el universo a su organismo. El zapatismo nos recuerda que esto es falso: México somos muchos, muchos que se tienen que discutir a sí mismos como colectividad. Mientras no logremos este diálogo, México seguirá teniendo grandes franjas de su población inconformes por el desarrollo del país y por las decisiones que se toman en otros temas como la energía, la agricultura o la economía. Finalmente, los zapatistas también han reivindicado la rebeldía y el disenso como derecho, ellos nos recuerdan que la creatividad para vivir mejor no empieza ni termina en la democracia liberal y el neoliberalismo económico.

Este artículo fue publicado el 6 de enero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

 

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10 años del zapatismo en México (texto publicado en 2004)

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (enero de 2004)

Diez años es un lapso de tiempo largo. Es una década. En diez años se pueden hacer muchas cosas: lograr una nueva vida, pagar un crédito hipotecario, sembrar diez cosechas, cambiar varias veces de trabajo, consolidar un matrimonio, trabajar un negocio propio. De cualquier forma, diez años es un periodo tiempo considerable. Hoy vale la pena hacer un pequeño alto en el camino y pensar en los últimos diez años de México: en los pasados tres mil seiscientos cincuenta días (3,650), el país ha sufrido una transformación gigantesca, que muy probablemente sea prematuro escribirlo, pero a la postre se podrá considerar como un periodo histórico.

En 1994, querido lector, usted tenía diez años menos, y el primero de enero de ese mismo año, el Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos entraba en vigor y con ello, el supuesto sueño que el ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, vendió a los mexicanos de entrar a la lista de países de primer mundo. Y fue el mismo primero de enero de 1994, cuando en el sur más sur del país, un ejército insurgente de indígenas chiapanecos se levantó en armas contra ‘el mal gobierno’ (el de México): había nacido el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Además, 1993 y 1994 fueron unos los peores años de inestabilidad política del país, ya que se cometieron los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, José Francisco Ruiz Massieu y del que muy probablemente habría sido presidente de México, Luis Donaldo Colosio. Como si esto fuera poco, hacia el final del año 1994, en el in pass de la sucesión de Salinas de Gortari, el nuevo presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, se encontró en los primeros días de su mandato con una de las crisis económicas más fuertes de la historia de México, que a la postre ocasionó una fuerte devaluación del peso frente al dólar: el famoso error de diciembre. Y de eso hace diez años. A continuación dejamos algunas reflexiones sobre la mesa, acerca de lo que fueron hechos que marcaron el rumbo del país, que particularmente pueden referirse como la metáfora de dos proyectos económicos y políticos totalmente disímiles y encontrados entre sí.

Diez años de tlc: saldo en el campo mexicano

La década de los años noventa en el mundo fue caracterizada por la consolidación de un sistema capitalista, que poco a poco se fue desarrollando por los terrenos teóricos e ideológicos del neoliberalismo. Pareciera como si la historia hubiera sido tajante en su desarrollo: una vez que el muro de Berlín fue derribado y la guerra fría terminó, el mundo estaba listo para entrar a una nueva forma de desarrollo económico. Eran pocos los que realmente entendían los nuevos postulados, que lentamente se fueron desdoblando en otros términos como ‘la regulación del mercado’ o la ‘globalización económica’, ahora ideas que resultan lugares comunes.

Mientras el mundo se reorganizaba, en México, a finales de la década de los ochenta, el pri cometía uno de los fraudes electorales más grandes de la historia: Carlos Salinas de Gortari, avalado por toda una maquinaria de Estado, asumía la presidencia de la República, en medio de serios cuestionamientos de legitimidad. Fue este presidente quien se alineó a la ‘vanguardia’ mundial y comenzó a pugnar por reformas de Estado que pudieran colocar al país en condiciones de ‘competir’ bajo las leyes del libre mercado. La obra maestra de Salinas de Gortari: el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México.

Diez años han pasado, y la mentada apertura económica de México hacia el mundo está consolidada, pero no con los resultados que sus impulsores prometieron: no ‘brincamos’ al primer mundo, no ‘competimos’ en igualdad de circunstancias con el resto del planeta, la economía solo ha mejorado en términos macroeconómicos, y la pobreza, sin duda alguna, sigue siendo la moneda de cambio en el país —según investigadores como Julio Boltvinik del Colegio de México, en el país existen cerca de 70 millones de pobres.

Analizar a fondo el tlc nos llevaría mucho tiempo y muchas hojas, pero vale dar un ejemplo paradigmático: los alcances del tratado en el rubro agrícola. Van los datos: según información tomada del diario el Universal (6/enero/2004), en los últimos diez años con el tlc, se perdieron un millón 300 mil empleos; cada año 360 mil personas migraron del campo a las ciudades; y en los mismos periodos, cerca de 300 mil mexicanos salieron del país para vivir en Estados Unidos. Nada alentador. Van los económicos: en los últimos 10 años de tratado, se sumaron 97 mil 606 millones de dólares en inversión extranjera directa en el país y sólo 265 millones de ésos, es decir, 2.5 por ciento, llegó al campo mexicano; la importación de productos agropecuarios pasó de dos mil 62 millones de dólares, en 1990, a tres mil 346 millones, en 1994 —el primer año del tlc—, para 2001, la cifra se ubicó en cinco mil 81 millones de dólares. A su vez, las importaciones de productos agroindustriales se elevaron de tres mil 955 millones de dólares en 1994, a cinco mil 919 millones, para el año 2001. Es decir, que en casi 10 años, las importaciones totales en el sector agroalimentario pasaron de 7 mil 301 millones de dólares a 11 mil millones.

Después de los datos anteriores, difícilmente alguien se atrevería a argumentar a favor del Tratado de Libre Comercio, al menos en el rubro agropecuario. Sin embargo, aún a pesar de que hay ciertos datos optimistas en industrias como la automotriz o la maquila —datos optimistas que matizados ya no lo resultan tanto—, lo cierto es que el tratado comercial con los países del norte, lejos de lanzar a México hacia el desarrollo económico, han ratificado, a través de un sistema económico estructural, el estatus de ser un país subdesarrollado.

En días pasados, dos de los famosos operadores políticos que lograron este tratado, Salinas de Gortari y Serra Puche, se pavonearon en los medios argumentando que el país no ha sabido aprovechar los beneficios que le podría aportar el tlc: diez años han bastado para que ambos personajes hayan podido volver a caminar tranquilamente por las calles de México. Diez años han bastado para demostrar que el libre comercio y el mercado, no son la panacea en cuestiones del desarrollo de una nación subdesarrollada.

Celebración en la selva: los 10 y 20 años del ezln

El mismo primero de enero de 1994, cuando el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá entró en vigor, otra historia se escribía en el sur de México: el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (ezln), hizo irrupción en la vida del país. Mientras la clase política celebraba la entrada al primer mundo, el tercer mundo se sublevaba en la selva Lacandona. En este enero celebran sus diez años en la escena pública y veinte como organización clandestina.

Diez años han pasado, y al igual que el tlc, el ezln sigue vivo y dando de qué hablar. Han sido diez años de trabajo de este grupo de indígenas, que en un principio apeló a las armas y que poco a poco y de manera muy particular, e incluso extraña e inaudita, se han ido acercando a las esferas públicas y de participación política, dejando a un lado su lucha armada.

Fue el 16 de febrero de 1996 cuando se firmaron los acuerdos de San Andrés Larrainzar entre miembros del ezln y el gobierno federal, documentos fundamentales en la lucha zapatista: a casi diez años de este primer acercamiento, estos postulados apenas si han sido cumplidos. No ha bastado el congreso indígena en Nurio, ni la marcha zapatista al congreso de la República, ni la seudo ley aprobada por los diputados federales de la pasada legislatura. Sin embargo, los acuerdos de San Andrés Larrainzar ahí están, y aunque algunos puntos han envejecido con el paso del tiempo, otros siguen totalmente vigentes:

  1. El ezln advierte que el problema del agro nacional requiere de medidas urgentes para resolverlo.
  2. Se propone que lo territorios indígenas sean respetados y cubiertos bajo leyes y políticas que tengan como marco teórico el desarrollo sustentable.
  3. Se exige una nueva construcción social nacional en torno a las mujeres, y en especial, las indígenas, ya que según dicen los acuerdos, son triplemente oprimidas: por indígenas, por mujeres y por pobres.
  4. El ezln exige que se esclarezcan los tiempos y mecanismos para llevar a cabo estas reformas estructurales.
  5. El ezln exige que en todos los juicios contra indígenas, existan representantes e intérpretes de la cultura indígena.
  6. Se pide también, que se legisle para proteger los derechos de los migrantes indígenas y no indígenas.
  7. EL ezln pide que junto con el gobierno, se desarrollen mecanismo para fortalecer a los municipios en su infraestructura para atender las necesidades antes mencionadas.
  8. Y por último, el ezln exige la legislación y el cumplimiento del derecho a la información, tanto en territorios indígenas, como en el resto del país

El neozapatismo ha dejado profundas huellas en la historia de México en los últimos diez años. En términos políticos, el ezln se ha convertido en un contrapeso importante del gobierno federal, al grado de ser —de forma ondulante—, uno de los temas más importantes del debate nacional. Sin embargo, el ezln no ha logrado ser un movimiento que haya conseguido unir y cohesionar el tema de la reivindicación indígena en el país y en otros lugares de Latinoamérica, con esto no se sugiere que no tenga contacto con otros grupos indígenas, sino que pareciera que el movimiento no ha podido figurar como un símbolo de sinergia.

La lucha por la reivindicación de lo indígena ha tenido muchos contratiempos. Por una parte, el ezln ha dado importantes golpes políticos y mediáticos: su marcha al Distrito Federal y su aparición en el Congreso les valió un gran capital político, sin embargo, después de esa victoria, pareciera que el ezln intenta seguir dando golpes mediáticos, pero no pasos firmes para su consolidación como grupo político —que no partidario. El subcomandante Marcos ha sido una de las figuras centrales para que el movimiento zapatista haya crecido, pero al mismo tiempo, también ha sido el actor que lo ha hecho caer en sus peores trampas. Después de ciertos movimientos de operación política que rayan en la genialidad (la marcha zapatista y la vista al Congreso), Marcos se ha visto envuelto en polémicas innecesarias como su debate con el juez Garzón o su bamboleante y torpe apoyo al movimiento separatista de la eta. La figura de Marcos como caudillo comienza a debilitar el capital político que el ezln tuvo durante los primeros años desde su aparición.

Aún así, el ezln todavía sigue contando con un gran apoyo en el país y sobre todo, de grupos de la sociedad civil mundial; tan es así, que para muchos líderes de la resistencia mundial, el zapatismo y su irrupción, fue la mecha de inicio e inspiración para comenzar el movimiento altermundista, o en términos zedillistas, de globalifobia. Los próximos años serán decisivos para el ezln, que tiene que seguir en la búsqueda y confección de ideas creativas que los sigan posicionando como un actor político importante, más por sus ideas y planteamientos, que por sus golpes mediáticos.

Epílogo

Justamente hace diez años, en México comenzaba un año que marcaría su historia para siempre. La entrada en vigor del tlc y la irrupción del ezln fueron tan solo algunos de los hechos que sacudieron a México. Diez años después, el curso del país se ha visto totalmente influido por estos hechos. Por eso, en este primer mes del año 2004, vale mucho la pena hacer esta recapitulación de los últimos años del país. Probablemente podamos comprender parte de lo que se viene para este año que comienza.

Este artículo fue publicado en enero de 2004, en el periódico El Puente, en Ciudad Guzmán, Jalisco.

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