¿Informar o vender?: batallas del periodismo contra la publicidad

Por Juan Larrosa-Fuentes

Hace algunos días un amigo me contaba de su experiencia en una escuela de chefs. Apenas había tomado sus primeras lecciones y me dijo que uno de sus mayores aprendizajes había sido incorporar a su rutina cotidiana la cuidadosa selección de cualquier ingrediente para cocina. La clave para seleccionar alimentos procesados, me dijo, está en leer lo que dicen las etiquetas. En sus largos paseos por los supermercados (que además tiene la extraña pasión de acudir a ellos a media noche), se percató de que la mantequilla que regularmente compraba en realidad no era mantequilla, o que la salsa que usaba para condimentar la jícama no era salsa. Encontró que una serie de productos que consumía regularmente eran alimentos que simulaban ser lo que decían ser, pero que en realidad eran otra cosa. El problema, me dijo para finalizar, es que esos alimentos no son nutritivos y en muchos casos son nocivos para la salud. Algo así ocurre cuando consumimos buena parte de los productos que propalan los medios de comunicación mexicanos: no podemos tener la certeza de si lo que estamos leyendo, escuchando o viendo, es información o publicidad. Afortunadamente, en el terreno alimenticio, podemos tomarnos el tiempo para leer las etiquetas de los productos que compramos para saber más o menos qué es lo que nos vamos a meter al estómago. En el caso de los medios de comunicación estamos lejos de tener elementos para conocer las características informativas de lo que estamos consumiendo.

Uno de los temas que dejó en la agenda pública el (dizque) debate entre los candidatos a la presidencia de la República, fue precisamente la compra de información (noticias, reportajes, comentarios, opiniones) en medios de comunicación tradicionales como la prensa, la radio o la televisión. El tema está ahí, reconocido por algunos, minimizado por unos y desconocido por la mayoría. En el post debate se pudo observar que todos los gobiernos, unos más otros menos, gastan cifras millonarias para invertir en el tema de la comunicación. Gastan en anuncios publicitarios en medios, en espectaculares y también en la compra de tiempo aire para que aparezcan notas favorables a ellos o para que simplemente se hable de ellos. El caso de Peña Nieto es ejemplar: durante seis años apareció un día sí y el otro también en el noticiario estelar de Televisa. Y también ocurrió lo mismo con Marcelo Ebrard y con otros políticos de menor tamaño. El televidente crítico bien se pudo preguntar: ¿cuál es la relevancia noticiosa para una audiencia nacional, que el gobernador del estado de México haya comprado cincuenta patrullas nuevas para su policía? Ninguna. Hubo temas mucho más relevantes en la agenda pública que no se trataron.

Y esto ocurre en todos los niveles. En el caso local, la situación no es diferente. En 1995, en los primeros años panistas, los gobiernos locales hicieron pública esta situación de contubernio entre medios y poder. Se cortaron los subsidios a pasquines, periodistas y periódicos (llamados chayotes, embutes) y se documentó cómo los gobiernos priístas compraban publicidad que aparecía como información, a lo cual se le ha llamado “gacetillas” (El Informador,  20 de abril de 1995). El problema fue que años después se volvieron a activar estas redes de colusión entre los medios y los gobiernos, y se profundizaron durante las crisis económicas de 2002 y 2008, cuando el dinero público se convirtió en un salvavidas, especialmente para los periódicos.

Algunas de estas gacetillas se pueden identificar. Por ejemplo, en El Informador, todas las notas que terminen con un asterisco, son gacetillas. En el caso de Mural, algunas de las notas que se publican bajo la firma “Mural/Staff”, también lo son. Otra forma de identificar estas gacetillas o notas que en realidad son publicidad, es a través de peticiones de información pública. En algunos de los contratos que se firman entre medios y gobiernos se estipulan estos tratos. Sin embargo hay muchos cabos sueltos, particularmente en los medios electrónicos, pues es un secreto a voces que muchas de las entrevistas que aparecen en radio o televisión tienen un costo. Algunos de estos arreglos pueden documentarse, como fue la entrevista que López Dóriga la hizo a Emilio González, cuando éste todavía pensaba en que podía ser candidato presidencial. Con dinero público se compró tiempo aire en Televisa. Funcionarios estatales se escudan diciendo que la entrevista no estuvo comprada, que solamente se pagó por el tiempo aire. De cualquier forma este fue un caso que se puede comprobar, pero hay muchos otros que no, pues los pagos entre medios y gobiernos se hacen en efectivo y no generan ningún tipo de documentación administrativa o fiscal.

Estas prácticas son perniciosas para la vida de una comunidad democrática, pues atentan en contra del derecho a la información de los ciudadanos. La publicidad, groso modo, busca mover los sentimientos y necesidades de las personas para consumir un producto. La información periodística, en cambio, tiene por objetivo notificar sobre temas de interés público. La publicidad no tiene empacho en simular o en mentir, con tal de lograr una acción de consumo. Un buen trabajo periodístico tiene el compromiso no nada más de informar, sino de complejizar críticamente los temas de interés colectivo. Es grave, entonces, cuando los ciudadanos consumen publicidad pensando que es información, pues la discusión de lo público se empobrece y se vuelve un asunto de elegir entre copetes o repúblicas amorosas.

Muchas veces he comentado este problema con políticos, sus asesores o con periodistas o empresarios de la comunicación y en no pocas ocasiones ellos se han encogido de hombros y han dicho cínicamente que los medios de comunicación son empresas privadas y que pueden vender lo que les venga en gana. En un mundo liberal y de libre comercio, pareciera que no hay otros caminos que darles la razón (aunque sí los hay, pero no lo discutiré en este espacio). Pero lo que sí podemos exigir, como consumidores, es que los medios de comunicación nos aclaren cuándo están difundiendo información y cuándo publicidad. Al igual que los alimentos tienen etiquetas que nos informan de qué están hechos y a partir de ellas podemos deducir si lo que nos están vendiendo realmente coincide con su referente publicitario en la etiqueta, de la misma forma tenemos el derecho de exigir que los medios hagan lo propio.

Aunque el mensaje a veces pareciera no ser muy preciso, los estudiantes que se han manifestado frente a las instalaciones de Televisa están exigiendo, precisamente, esto: una cobertura informativa que no excluya a aquellos actores que no quieren o no pueden pagar por salir en la pantalla, pero sobre todo, una cobertura que asegure el derecho a la información de las audiencias, especialmente al derecho de tener al alcance productos comunicativos en los que sean claras las diferencias entre la publicidad y la información.

 

Este artículo fue publicado el día 21 de mayo de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Dejar un comentario

Archivado bajo El Informador, Libertad de expresión, Media, Televisión

Pronunciamiento: Exigimos al Congreso del Estado que emita, inmediatamente, una convocatoria pública para renovar el Consejo del ITEI

Reblogged from :

Guadalajara, Jalisco a 9 de mayo de 2012

 

Pronunciamiento:

Exigimos al Congreso del Estado que emita, inmediatamente, una convocatoria pública para renovar el Consejo del ITEI

Congreso del Estado de Jalisco

Instituto de Transparencia e Información Pública de Jalisco

Sociedad de Jalisco

El 2 de mayo pasado venció el término para que el Congreso del Estado de Jalisco emitiera una convocatoria pública para renovar el Consejo del Instituto de Transparencia e Información Pública de Jalisco (ITEI).

Leer más… 716 more words

Dejar un comentario

Archivado bajo Media

Los debates en México

Por Juan Larrosa-Fuentes (7 de mayo de 2012)

En menos de diez días, los jaliscienses hemos visto sendos debates entre los aspirantes al gobierno del estado y quienes desean hacerse de la silla presidencial. En ambos casos, al apagar el televisor, me saltó una pregunta: ¿cuánto tiempo más demorará la fase final de esta larga transición democrática mexicana? Para quienes gustan de ver con optimismo la historia política del país, entre ellos, los políticos mismos, los debates son una conquista de nuestra democracia. Seguramente replicarán que si no estamos contentos con lo que tenemos, bien valdría la pena que regresáramos la mirada a los años setenta y ochenta, décadas cúspide del autoritarismo. Y claro, sería estúpido no ver los avances que como país hemos tenido en los últimos treinta años. El problema es la lentitud con la que hemos avanzado. Lo que nosotros hemos hecho en treinta años, otros lo han hecho en un lustro. ¿Qué condiciones hacen falta para que veamos debates como los que ocurren en Francia, en España o en Estados Unidos? En realidad no es tanto lo que falta, pero en México nos hemos perdido en los detalles.

El sistema de comunicación política mexicano, en periodos electorales, está estructurado bajo tres grandes pilares: los spots, la producción y circulación informativa y de entretenimiento a través de los medios de comunicación (especialmente de la televisión) y el desarrollo de las campañas a ras de tierra como los mítines o el trabajo que los candidatos realizan comunicado sus ideas casa por casa (ver por ejemplo, el caso de las recientes elecciones en Francia, en las que Hollande y su equipo se impusieron la tarea de visitar puerta a puerta, a una buena cantidad de hogares). Las primeras dos estructuras se desarrollan de forma muy limitada debido a una legislación rígida y complicada. La tercera vive con un mayor grado de libertad, aunque también restringida por la normativa. A estos tres pilares habría que añadirle una serie de apéndices, que si bien menores, sí tienen un peso significativo como las comunidades virtuales (Facebook, Twitter, Youtube) o, en este caso, los debates.

Como lo hemos constatado, los spots, incluso en sus mejores versiones, son previsibles y comunican poco, pues tienen el objetivo de instalarse emocionalmente entre las audiencias. Luego de que un spot se repite al infinito, los ciudadanos aprenden mecánica y acríticamente una serie de mensajes propios de la publicidad y que buscan, simplemente, generar una serie de impulsos que lleven a una acción de consumo político. Por su parte, los espacios noticiosos, al menos en este proceso electoral, han sido muy discretos. Buscan la equidad y hacer eco de lo que los candidatos intentan comunicar. Nada más. Son realmente pocos los medios que están llevando la práctica periodística hacia los terrenos de la investigación o del análisis (ver los monitoreos de medios del IFE y el IEPC). En este escenario, los debates podrían adquirir un peso mucho más determinante.

Dicen que en los detalles está el diablo y este caso no es la excepción. Me parece que nadie o muy pocos estarán en desacuerdo con la idea de que los debates son importantes en un proceso electoral. ¿Pero por qué la insatisfacción de estos ejercicios en México? Luego de ver los debates entres los candidatos al gobierno de Jalisco y de los que buscan la presidencia, enumero algunos de los detalles. Ciertamente el primer ejercicio resultó mucho más primitivo que el segundo, pero no dejan de ser, en su esencia, muy similares. Dejaré de lado la obviedad de que, en sentido estricto, ninguno de los dos ejercicios fueron debates.

Un elemento central que contribuye a la mala factura de los debates, es la falta de reglas que dejen satisfechos a todos. En los días previos y posteriores de ambos debates, candidatos y partidos políticos manifestaron su insatisfacción por no sentirse cómodos con el formato. Esto es grave, pues si no hay un consenso en torno a esto, cualquiera de los actores puede descalificar el ejercicio: “ven, se los dije, estas reglas no sirven para nada”. Muy distinto sería llegar a un debate en el que hay un mayor grado de consenso entre la clase política, ya no digamos entre la ciudadanía. Sin embargo, es alta la dificultad para llegar a estos acuerdos, pues hay una serie de burocracias que se encargan hacer largos y tortuosos estos procesos deliberativos.

El debate cobra sentido en tanto los ciudadanos pueden verlo, escucharlo y analizarlo. Entre más puedan verlo, mayor será su utilidad para el proceso de deliberación democrática. Por ello, no es menor la discusión sobre si las televisoras privadas transmiten o no los debates. En muchas discusiones sobre este tema se arguyeron ideas que intentaron minimizar los hechos, por ejemplo: “las televisoras son empresas privadas y tienen el derecho de transmitir lo que mejor les resulte en términos económicos”, “obligar a las televisoras a transmitir los debates es un acto autoritario”, “los televidentes tienen el derecho de decidir si ven el debate o un partido de futbol”, “cualquier ciudadano que tuvo el interés de ver el debate, lo pudo hacer”. El derecho que debe prevalecer en este caso, es el derecho a la información de los ciudadanos. El Estado tiene la obligación de garantizar a todos los ciudadanos la posibilidad de ver por televisión (o vía Internet), el debate. Y los ciudadanos tienen el derecho a elegir qué es lo que quieren ver, pero siempre en un escenario que posibilite estas opciones. Ciertamente la mayoría de los mexicanos tuvieron la opción de ver el debate por televisión, pero no fue una posibilidad que estuvo al alcance de todos. Esto estaría resuelto si existieran canales de televisión pública de cobertura nacional que pudieran asegurar este derecho, pero sabemos que históricamente esto no ha sido posible por la indolencia del gobierno y por las presiones de los concesionarios que han evitado la implementación de nuevas reglas de competencia en el sector.

La sociedad no es tomada en cuenta para la organización del debate, tampoco se le considera para discutirlo o analizarlo. Estos ejercicios podrían llevarse a cabo en un lugar público, en el que la gente pueda asistir para escuchar de viva voz a los candidatos. Tampoco se toma en cuenta a los ciudadanos para establecer el formato del debate y mucho menos se permite que tomen la voz durante el ejercicio para preguntar, cuestionar, increpar o dialogar con los candidatos. Tecnologías como Facebook o Youtube podrían servir para posibilitar este tipo de ejercicios. En lo que se conoce como el post debate, la discusión se emplaza en los espacios propios de lo que se conoce como el “círculo rojo” y en las “redes sociales”. A partir de ahí se toma el pulso sobre quién ganó o perdió el debate, sin embargo, en este ejercicio se excluye a buena parte de la población.

Hay otros detalles, frívolos, como la decisión del Instituto Federal Electoral de colocar a cuadro a una voluptuosa edecán al principio del debate (¿en el IFE no hay decenas de asesores con estudios de posgrado que puedan advertir lo estúpido de esta decisión?), o los evidentes errores técnicos de producción en ambos debates, pero frente a todo esto, queda la frustración de la lenta, lentísima transición democrática en México.

Este artículo fue publicado el día 7 de mayo de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

2 comentarios

Archivado bajo Media, Sistema de comunicación política en México, Televisión

El tedio y la indiferencia ante las campañas electorales en Jalisco

Por Juan Larrosa-Fuentes

Las campañas electorales en Jalisco tienen un mes de haber comenzado y poco han dado de qué hablar hasta el momento. Percibo una gran indiferencia de los medios de comunicación y de los ciudadanos hacia las candidaturas hacia el gobierno del estado y es algo que hemos podido corroborar en las distintas investigaciones que al respecto estamos haciendo en el observatorio “Quid: análisis crítico de medios”. ¿Por qué existe esta gran apatía e indiferencia frente a las campañas?

1. Los ciudadanos tienen pocos motivos por interesarse por políticos corruptos e ineficientes. En años recientes, la clase política de Jalisco se ha esmerado por cultivar personajes memorables por sus agravios en contra de la sociedad. En primer lugar tenemos al gobernador del estado, que a mitad de su gestión le mentó la madre a todos los que habitamos en Jalisco; él iba borracho, a entregar dinero público a una iniciativa privada, y en un acto de honestidad, confesó su animadversión a todos lo que no piensan como él. Por supuesto, está el tema de los diputados, que se llenaron los bolsillos con pagos extraordinarios y compensaciones por su arduo trabajo, a quienes, por cierto, ahora vemos compitiendo por otros puestos públicos. Y también en el Poder Judicial ocurrieron varios casos de corrupción, que difícilmente se olvidarán en este periodo electoral. Por eso, una explicación importante respecto de esta apatía frente a los candidatos es, precisamente, el hartazgo ciudadano que de antemano sabe que de llegar x o y, el orden de cosas poco se modificará.

2. Los reflectores electorales se van, decididamente, hacia los candidatos de la presidencia de la República. Basta hacer un breve recorrido por la prensa, la radio, la televisión , Facebook o Twitter, para darse cuenta que la mayoría de los mensajes que circulan por esos espacios de comunicación, están relacionados con las campañas por la presidencia de la República. Esto es un rasgo más de una cultura mexicana que tiende a generar una estructura de poder centralista. Por supuesto, las campañas presidenciales son muy importantes, pero desde hace más de tres lustros, que otros poderes políticos han tomado cada vez mayor fuerza. Es preocupante que los comicios presidenciales erosionen la comunicación / discusión sobre otros puestos de elección popular.

3. La reciente reforma electoral tiene descontentos a los medios de comunicación. Esta reforma, que ha sido muy polémica, tuvo la virtud de arrebatar un negocio muy jugoso a los concesionarios de radio y televisión, pues ya no pueden cobrar por la transmisión de spots. Pero a esa restricción se agregó otra: tampoco pueden cobrar por la publicación de notas informativas, menciones o entrevistas de los candidatos. Esto los ha dejado atados de manos, pues ya no pueden cobrar por nada que esté relacionado con el tema electoral. No les basta con sus ingresos que llegan de publicidad y quieren recuperar el negocio perdido. Esto ha ocasionado, como lo hemos podido verificar en los trabajos del observatorio, que la mayor parte de los medios de comunicación, especialmente la radio y la televisión, dediquen lo mínimo de sus agendas informativas para tratar el tema de los candidatos al gobierno delo estado de Jalisco.

4. Hay pocos espacios de debate o discusión sobre temas políticos. Al punto anterior habría que agregar que si bien en sus agendas informativas los medios han relegado el tema de las elecciones locales, además, no han abierto espacios de discusión en torno al tema. Esto no tendría gran relevancia si el sistema de comunicación política mexicano no estuviera basado en los spots. Este formato publicitario (spots, productos audiovisuales de treinta segundos), es incompatible con el diálogo y la discusión y por el contrario, se instala en el terreno de la movilización sentimental. En otras palabras: nuestro sistema de comunicación no está hecho para construir una decisión que racionalice las ideas, por el contrario, busca que a partir de sentimientos y emociones, se decida el voto. No es malo “sentir” (ya puedo escuchar a varios que me tacharán de positivista), pero no es lo más recomendable para decidir a quién se le otorgará el poder. Si votamos porque nos gusta el copete de Aristóteles o la pelona de Alfaro, podremos cometer un grave error.

Como se podrá observar, mucho de lo aquí expuesto, tiene que ver con un sistema de comunicación política que en aras de la equidad, ha simplificado al extremo sus posibilidades políticas. No estoy en contra de la equidad, pero sí me parece muy criticable que debido a nuestra cultura de corrupción, hayamos tenido que construir una estructura jurídica tan restrictiva y acartonada. Mientras tanto, tendremos que seguir presenciando, con tedio, el desarrollo de estas campañas electorales.

Dejar un comentario

Archivado bajo Sistema de comunicación política en México

Conferencias en torno al día mundial de la libertad de prensa

Reblogged from Sistema Autorreferencial:

Click to visit the original post

Invitados están a estas conferencias. En una de ellas participo junto con otras personas, hablaremos sobre periodismo, ética y derechos humanos.

Día mundial de la libertad de prensa

Dejar un comentario

Archivado bajo Media

Veinte años de transformaciones sociales

Por Juan Larrosa-Fuentes

Tomado de El Occidental, 23 de abril de 2012.

Tomado de El Occidental, 23 de abril de 2012.

Ayer, como seguramente los radioescuchas y lectores de esta columna ya lo saben, se cumplieron veinte años de lo que en Guadalajara se conoce como “las explosiones del 22 de abril”. Esta tragedia, ocurrida en 1992, hizo volar por los aires varias avenidas del oriente de la ciudad. En dos décadas han ocurrido muchas cosas en Guadalajara: es otra la sociedad, otra su forma de hacer política y la ciudad ha transformado sus dimensiones, sus calles y sus avenidas, sus problemas y sus virtudes, sus luchas y sus apatías. Es evidente que las explosiones del 22 de abril se convirtieron en un hecho que marcó y bifurcó la historia de Guadalajara. Sin duda, su sistema de comunicación también fue afectado.

Son varios los periodistas y académicos que han señalado el 22 de abril como un momento en que los medios tapatíos y la forma de hacer periodismo en la ciudad, avanzaron notoriamente en su desarrollo histórico. Tal vez, incluso, sea ya un lugar común traerlo a la mesa, pero vale la pena darle una vuelta más a la tuerca.

Como ya lo he mencionado en otros artículos (“A dos décadas de la aparición Siglo 21 en Guadalajara, “Ocho Columnas), a finales de los años ochenta el sistema de comunicación de la ciudad se sentía viejo y anquilosado. De la televisión hay poco qué contar, Canal 6 (XEHL-TV) vivía sus últimos años como un medio semi independiente, antes de ser engullido completamente por Televisa. En la prensa, El Informador y El Occidental se disputaban una plaza que tenían ampliamente dominada. Muchos reporteros, de distintos medios, cobraban sus quincenas en dependencias oficiales. Como se revelaría en 1995, en ayuntamientos como el de Guadalajara, se subsidiaban a decenas de pasquines que pocos leían y menos compraban. Y en general en el país todavía existían evidencias de que la libertad de expresión incomodaba a la clase política y eran más o menos comunes, los actos autoritarios de censura o silenciamiento de los medios de comunicación ante ciertos temas políticos. Pero la sociedad estaba en un proceso de profunda transformación. Aquellos años fueron parte de la larga transición política en México.

Por ello, cuando ocurrieron las explosiones, la sociedad de Guadalajara, incluidos sus periodistas, buscó la forma de contar con información independiente, veraz y alejada de los tentáculos del gobierno priista que en aquel momento todavía tenía el control del gobierno local. Según algunos reporteros que estaban activos en aquel tiempo, es muy claro que ciertas estaciones de radio (como Radio Universidad) hicieron un trabajo memorable en torno a la tragedia de Guadalajara, pues se convirtieron en medios de comunicación a través de los cuales fluyó la información y lograron poner en contacto a las distintas partes de una sociedad que necesitaba, primero, conocer la gravedad de la tragedia y después, medios que permitieran la organización ante la incapacidad y hermetismo del gobierno local.

Si dentro de la historia de la Ciudad de México el temblor de 1985 aparece como una herida que se convirtió en un catalizador para la organización social, siete años después, las explosiones de Guadalajara ejercieron una influencia similar. Y como bien decía ayer Agustín del Castillo en un programa especial sobre el tema en Milenio Jalisco, hace veinte años no había Facebook ni Twitter, pero sí se construyeron redes sociales a través de la radio o de la comunicación cara a cara. (Aquí, otra muestra de la poca pertinencia de llamar “redes sociales” a las tecnologías que hoy permiten el microbloging.) La radio no nada más dio a conocer temas que en otros medios fueron censurados, también ayudó a reconstruir las características de la tragedia, pero sobre todo, fue un medio que permitió organizar a los ciudadanos quienes requerían saber a dónde recurrir y qué hacer para unirse a tareas propias del rescate de sobrevivientes, del cuidado de los heridos o de la solidaridad con todos aquellos que perdieron a sus seres queridos, sus hogares o sus negocios.

En el caso de la prensa ocurrió un fenómeno curioso, aunque también ya ampliamente comentado. En general, los periódicos no hicieron un trabajo memorable y se plegaron a un oficialismo temeroso. Sin embargo, no hay que olvidar que Siglo 21 fue un periódico que, lleno de jóvenes reporteros y con apenas unos meses de existencia, despertó a la opinión pública gracias a sus coberturas valientes y con esquemas frescos para hacer periodismo. A partir de esta cobertura, la circulación diaria de Siglo 21 aumentó significativamente, lo que le permitió competir directamente a los decanos de la prensa local.

Veinte años después, el orden de cosas se ha transformado y me parece, estamos en vías de una nueva transformación, bien conservadora, bien progresista. En 1992 la sociedad se organizó, la clase política fue repudiada y señalada por corrupta e ineficiente y hubo medios de comunicación que aceptaron el reto de informar a una comunidad mucho más identificada con la democracia que con el autoritarismo. En 2012 estamos por cumplir 18 años de gobiernos panistas y vemos cómo comienzan a derrumbarse figuras e instituciones de un viejo orden. La Universidad Autónoma de Guadalajara en un lustro perdió a su fundador (Antonio Álvarez del Castillo), a su periódico emblemático (Ocho Columnas) y ahora a su equipo de futbol (Estudiantes Tecos). Por otra parte, en meses recientes nos enteramos del fin de la carrera de Juan Sandoval Íñiguez, un cardenal de gran ascendencia política y moral en la vida pública de Jalisco. Y hace un par de días supimos que Francisco Ramírez Acuña, político que llegó a tener un gran poder en el estado, se va, exiliado, a tomar las riendas de una embajada europea. Por otro lado, vemos que los medios también se han transformado diametralmente: en la televisión se ofertan tres canales públicos que hace veinte años no existían (C7, Once TV, Canal 44) y aunque marginales, hay dos canales de cable que generan producción audiovisual local; la radio, como industria, ha ido en picada, pero en meses reciente hemos visto la aparición y consolidación de espacios informativos interesantes; y vemos cómo los periódicos buscan sobrevivir en un contexto de crisis económica y baja inversión publicitaria.

A unos meses de la elección por el gobierno del estado, quienes habitamos Jalisco debemos reflexionar seriamente sobre nuestra historia reciente y preguntarnos sobre nuestros deseos sociales de cara al futuro. Muchas respuestas las podemos encontrar al hacer una conmemoración y reflexión sobre los veinte años de las explosiones del 22 de abril de 1992.

Este artículo fue publicado el día 23 de abril de 2012 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

1 comentario

Archivado bajo El Informador, Libertad de expresión, Media, Periódicos de Guadalajara, Prensa, Radio, Siglo 21, Sistema de comunicación de Guadalajara

La ciudad virtual y sus avenidas

Por Juan Larrosa-Fuentes

Imaginen ustedes una ciudad en la que sus habitantes, para transportarse, solo lo pueden hacer a través de un automóvil. Además, quienes se transportan (para ir a la universidad, para hacer sus compras o para salir a conversar con sus amigos), tienen que pagar no nada más por su automóvil, su gasolina, sino también una cuota por peaje. Los calles, avenidas y bulevares son privados, no públicos y se estila que cada ciudadano pague por el tiempo que desee andar en su automóvil. Como esta ciudad imaginaria también vive en un régimen capitalista, es natural que algunos puedan usar el transporte más que otros, pues entre más dinero pague el habitante, más tiempo podrá pasar en su automóvil. Durante mucho tiempo, quienes más pagaban, tenían la prerrogativa y el derecho de circular el tiempo que quisieran.

Sin embargo, un buen día comenzaron a ocurrir cosas muy extrañas. Los dueños de las calles se pelearon entre sí y de pronto las avenidas empezaron a saturarse, mientras otras, extrañamente, permanecieron vacías. De pronto, para los habitantes de esta ciudad, daba lo mismo pagar diez pesos que cien, pues de todas formas tendrían que transitar por las mismas avenidas inseguras, llenas de baches y con mucho tráfico. Cuando los dueños de las calles voltearon a ver al gobierno para pedirle cuentas, éste les dijo: arréglense como puedan, porque no tenemos leyes, ni las pensamos hacer; estamos más preocupados por otras cosas. Mientras tanto, los habitantes de esta ciudad tuvieron que pagar mucho por utilizar las calles, pero sin ningún derecho cambio. Por su parte, los empresarios comenzaron lo que después fue denominado como la “Guerra por las calles”.

Pues bien, si a la pequeña historia anterior le modificamos los personajes y los escenarios, bien podríamos entender lo que se ha denominado como la “Guerra de las Telecomunicaciones”. Cambien automóvil por computadora, gasolina por luz, cuota de peaje por recibo mensual de Internet, calles por ciberespacio y dueños de las calles por dueños del espacio radioeléctrico (ergo, Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Emilio Azcárraga o Joaquín Vargas). Sucede que para que haya servicio de internet y de telecomunicaciones en general, se tiene que utilizar el espacio radioeléctrico, es decir, el aire; este espacio es finito y actualmente en México comienza a saturarse, por eso no debe sorprendernos que la semana pasada, Telcel haya decidido eliminar su servicio de Internet ilimitado, pues las carreteras (espacio radioeléctrico, aire) por donde transita la información, ya están llenas.

Ahora bien, aunque el espacio radioeléctrico es limitado, es amplio. En México todavía queda mucho espacio, el problema es que no hay una estructura legal que permita saber, a ciencia cierta, cómo se debe repartir este pastel. Y como el pastel es muy codiciado, se ha repartido de forma inequitativa y solamente entre algunos jugadores. Desde hace más de cinco años que organizaciones civiles como la Amedi, han propuesto una nueva ley que incluya la regulación de los medios tradicionales (prensa, radio, televisión, cine) y los nuevos servicios de telecomunicaciones (Internet, comunicación satelital, entre otros). Es una propuesta que busca la participación de nuevos jugadores y bajo reglas democráticas, por lo que es comprensible que los actuales jugadores prefieran arreglárselas solos (a través de la Guerra de las Telecomunicaciones) y no lamentan la indolencia del Poder Legislativo para regular este campo.

Mientras tanto, los mexicanos seguiremos habitando una ciudad en donde hay que pagar por transportarse a través de calles lentas, maltrechas e inseguras.

Dejar un comentario

Archivado bajo Calidad de los medios de comunicación, Economía política de la comunicación y la cultura, Internet, Lucha por las telecomunicaciones en México, Media, Silim versus Azcárraga, Televisa versus Carso