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Moments, News y Notify: el desplazamiento del poder comunicativo de los medios de comunicación a las plataformas virtuales

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (9 de noviembre de 2015)

Tomado de FishbowlNY

Tomado de FishbowlNY

La crisis de la prensa escrita y del periodismo en general, son temas que han sido discutidos desde hace por lo menos una década. Cada cierto tiempo aparece la noticia del cierre de un periódico o del despido masivo de empleados en medios de comunicación. Cada año, organizaciones como PEW en Estados Unidos o el instituto Reuters en Inglaterra, informan que las cifras de circulación y lectoría siguen a la baja, y que en la radio y la televisión hay un incremento en la prensa partidista y una disminución en los espacios informativos. Por el contrario, desde hace mucho escuchamos que el futuro está en Internet y que los consumidores de noticias ya no están dispuestos a pagar por la información periodística ni a leer en un soporte tan antiguo como el papel. Lo cierto es que hasta ahora Internet ha sido un buen experimento de las industrias informativas que piensan en su sobrevivencia, pero el negocio de las noticias sigue produciéndose y financiándose en las industrias de comunicación como la prensa, la radio y la televisión. Sin embargo, en meses recientes han aparecido diversas informaciones que a muchos han hecho pensar que ahora sí, estamos ante una gran transformación informativa.

En Estados Unidos hay un gran entusiasmo por el desarrollo tecnológico que está ocurriendo en este país, especialmente en California, en donde están asentadas las oficinas de grandes empresas como Alphabet (antes Google), Facebook, o Yahoo!, solo por mencionar a algunas de las más conocidas. Todos los días aparecen noticias del nacimiento de una empresa, del desarrollo de una aplicación que revolucionará al mundo, o el lanzamiento de la última actualización para un gadget. Este entusiasmo, que a veces llega al furor y la histeria, no es nuevo. Desde hace mucho que estas noticias aparecen en sitios mundialmente conocidos como el New York Times o el Financial Times, pero también en blogs y sitios menos conocidos. Lo que ha cambiado es que los nuevos gigantes de la comunicación han comenzado a dar muestras claras de su interés por el mundo informativo y periodístico. El caso de Facebook es un claro ejemplo de ello, aunque no el único.

En meses recientes el centro de investigación PEW publicó un estudio titulado “Los millennials y su consumo de información política.” El dato que más sensación causó de este informe es que 61% de los millennials en Estados Unidos utilizan Facebook para encontrar y leer información política. Esto supone un cambio muy relevante en el consumo periodístico de la población joven en este país. Ya sabíamos que los jóvenes no leen los periódicos, que tampoco consumen telediarios y que la mayor parte del tiempo utilizan Internet como un medio de socialización. Lo desconocido hasta ahora era que no solamente son usuarios intensivos de las llamadas redes sociales, sino que una fuente importante para el consumo de piezas periodísticas está en Facebook y otras redes como Twitter o Snapchat. Con esta información queda claro que se muy complicado, por no decir imposible, que los periódicos, la radio o la televisión, como plataformas de distribución comunicativa, logren atraer las miradas de la generación millennial, una población que va de los 15 a los 35 años. Al parecer quedaron lejos los días en los que todo un país se informaba a través de dos o tres telediarios nocturnos, una decena de diarios de circulación nacional, y un sistema monopólico de prensa local.

PEW Research Center

PEW Research Center

Tiempo después de conocerse la información difundida por el centro PEW, Facebook anunció un acuerdo de colaboración con algunas de las ediciones digitales de medios internacionales como BuzzFed, BBC News, National Geographic, The Atlantic, NBC News y el New York Times. El acuerdo consiste en que estos medios de comunicación producirán parte de su contenido especialmente para Facebook. Esto quiere decir que cuando un internauta vea alguna de estas publicaciones en Facebook, en lugar de que el enlace que pulse lo lleve al sitio Web del medio de comunicación, el enlace lo llevará a la información dentro de la plataforma de Facebook. Con esto el usuario gana rapidez en la navegación, pues los enlaces se cargan y despliegan de forma mucho más veloz y con un diseño amigable para la plataforma. Estos medios de comunicación pueden escoger entre insertar publicidad dentro de sus publicaciones sin pagarle un centavo a Facebook, o permitir que Facebook se encargue de la publicidad bajo una comisión del 30%. ¿Qué ganan los medios con este acuerdo? Una audiencia potencial de mil millones de usuarios activos (1.4 billones en inglés), un mejor servicio para sus usuarios, e información detallada sobre cómo, cuándo y dónde consumen su información en Facebook. Por su parte, Facebook obtiene algunos de los mejores contenidos periodísticos del mundo, con un costo cero para sus audiencias. Aparentemente parece un trato en el que todos ganan, lo cierto es que, según ha trascendido, los medios no tuvieron un gran poder de negociación ante una plataforma que de cualquier forma es una herramienta importante para la distribución de su contenido. Por ejemplo, Facebook acarrea entre 16 y 32% del tráfico del New York Times.

Nuevos agregadores de noticias. Imagen tomada del Financial Times.

Nuevos agregadores de noticias. Imagen tomada del Financial Times.

De acuerdo al Financial Times, el día de hoy, 9 de noviembre de 2015, Facebook lanza su nuevo sistema de agregación de noticias. Este nuevo sistema de agregación será una aplicación distinta a Facebook y tendrá el nombre de Notify (“notificación” en español). Según el periódico FT, los usuarios del nuevo servicio de Facebook podrán tender acceso a miles de noticias provenientes de medios de comunicación como Vogue, Mashable, CNN, Washington Post, CBS o Comedy Central. El lanzamiento de Notify está precedido, sin duda, por la alta demanda de noticias en Facebook, pero también por las estrategias de agregación de noticias que otras compañías están lanzando al mercado. En septiembre Apple puso en marcha su servicio News (“noticias” en español), el cual cuenta con servicios de medios como CNN, The Atlantic, o Time Magazine. Y en octubre Twitter lanzó Moments (“momentos” en español), un servicio, que en lo personal me parece fantástico, y que ofrece la selección informativa de un equipo de editores quienes crean historias periodísticas a través de tuits y videos producidos por medios de comunicación, reporteros, celebridades o personas comunes y corrientes.

¿Qué interpretación se le puede dar a todo esto si a primera escucha estas noticias suenan al coro que celebra la innovación tecnológica en Palo Alto? Las hipótesis son muchas y darán para varias entregas de esta columna. En esta ocasión dejo sobre la mesa la que a mi parecer es la hipótesis más interesante. Con estos movimientos, los medios de comunicación tradicionales, es decir, la prensa, la radio y la televisión, están en riesgo de convertirse en simples agencias de noticias que surten información a plataformas como Facebook, Twitter o Snapchat. Luego de varios años de existencia, las redes sociales virtuales han absorbido, entre otras cosas, algunas de las funciones que antes recaían exclusivamente en los medios masivos de comunicación. La primera usurpación ha sido en el terreno de la agregación de contenidos. Por ejemplo, una de las tareas más importantes de un periódico es publicar una edición diaria con una variedad informativa amplia. Ahora esa variedad aparecerá, gratuita y personalizada, en News de Apple. La segunda usurpación ocurre en el terreno de la distribución. Siguiendo con el ejemplo, un periódico distribuye todos los días su producto físico entre sus lectores a través de un largo y engorroso proceso de impresión del producto y posterior distribución a través de voceadores, quioscos, tiendas de autoservicio, suscripciones y más. Ahora Facebook podrá hacer una distribución de noticias teledirigida entre sus más de mil millones de usuarios.

A finales de los años noventa era común escuchar el discurso utópico y emancipador sobre Internet que señalaba que la red de redes terminaría por democratizar el mundo contemporáneo. Las cosas han cambiado. Actualmente no estamos ante la lucha entre el bloguero David quien batalla en contra del conglomerado mediático Goliat. Con las noticias que hemos escuchado en los últimos meses podemos decir que estamos ante el remplazo y actualización de Goliat.

Este artículo fue publicado el 9 de noviembre de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

Aquí, el podcast original:

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Vicente Leñero, Julio Scherer y “el golpe” al Excélsior en dos instantáneas

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (12 de enero de 2015)

35 días tardó Julio Scherer en dar alcance a su amigo Vicente Leñero. Estos hombres, quienes fueron dos de los más destacados periodistas mexicanos del siglo XX, expiraron de forma casi consecutiva. Vicente en diciembre, Julio en enero. Estos periodistas compartieron toda una vida profesional y según cuentan quienes los conocieron, también mantuvieron una gran amistad. Por ello, la cantidad de escenas y capítulos de vida que entre ellos construyeron se deben poder contar por decenas, o tal vez más. Sin embargo, entre todas las vivencias que vincularon a Scherer y Leñero hay una que destaca por el efecto que tuvo en la vida política y periodística de México. Este capítulo, que ocurrió en la Ciudad de México el 8 de julio de 1976, es conocido como “el golpe al Excélsior”.

Diversos periodistas que salen del Excélsior

Diversos periodistas que salen del Excélsior. Autor: Juan Miranda / Proceso

En las hemerotecas mexicanas y en Internet existe una fotografía que retrata una de las escenas más importantes del golpe al Excélsior. La fotografía, en blanco y negro, fue hecha por el periodista Juan Miranda. En la imagen aparecen catorce hombres, quienes visten trajes, corbatas y zapatos oscuros y que fueron capturados por el lente de la cámara mientras caminaban por una banqueta amplia, forrada por baldosas cuadriculares y separadas por líneas blancas. En el límite de la banqueta hay una herrería negra que separa a las baldosas de los árboles que adornan la calle. Los caminantes van a paso firme, algunos de ellos miran a la cámara, otros al horizonte, otro tiene los ojos clavados en el suelo. En la foto destacan tres hombres que están en primer plano. El periodista Gastón García Cantú aparece a la derecha de la foto, abrazando por los hombros a Julio Scherer. A su vez, Julio Scherer abraza al caricaturista Abel Quezada. La avenida por donde caminan estos periodistas es Paseo de la Reforma.

Esta imagen, la de los periodistas caminando en la calle, después sería narrada con mucha precisión por Vicente Leñero en su novela-reportaje, Los Periodistas. En una instantánea literaria, Leñero escribió :

“Al llegar a las escaleras repletas de ensombrerados y escuchar los primeros ¡fuera! ¡fuera!, nuestra respuesta fue unánime: ¡Sche rer Excél sior! ¡Sche rer Excél sior! Bajamos gritando sin mirar a quienes nos miraban. No sentíamos el peso del cuerpo. Nuestras piernas de hilacho parecían caer sobre escalones de arenas movedizas y los muros, la gente, las puertas del edificio, la calle, el tránsito, la banqueta familiar, los establecimientos de todos los días se desenfocaron como si la cámara de Televisa apuntada contra el grupo compacto que abandonaba el periódico sustituyera nuestra mirada dando únicamente foco a las figuras próximas y negándose al big long shot de aquel insólito desfile por la acera oriente del Paseo de la Reforma entre el asombro de los transeúntes borrosos, dejando atrás las oficinas de Iberia, el estacionamiento al aire libre, el restorán La Calesa, deteniendo el tránsito de Donato Guerra y desmadejándose en la segunda cuadra para volverse de nuevo un grupo compacto en la esquina con avenida Morelos. ¡Sche rer Excél sior! ¡Sche rer Excél sior! entre el asombro de automovilistas y andantes vueltos hacia ese grupo de tipos, quién sabe qué ocurre. Justo al salir del edificio un reportero fuera de foco trató de entrevistar a Miguel Ángel Granados quien lo apartó con una exclamación tronante: ¡Es un golpe del fascismo! Reporteros de otros diarios que jamás se preocuparon por Excélsior eran rechazados por el director general. Julio Scherer caminaba en la punta con Abel Quezada a su derecha, Gastón García Cantú a la izquierda y detrás Armando Vargas, Arnulfo Uzeta, Jorge Villa caminando como disparados, dueños de una acera, sin rumbo ya; cien periodistas caminando detrás de Julio Scherer hasta la esquina con Morelos. Lloraban Jorge Ramírez de Aguilar, el grandote Ramón Márquez, el güero Manuel Arvizu, Marta Sánchez. Se conformaron grupos para abrazar al gerente y al director. Se acercaban amigos, curiosos, lectores de Excélsior. ¿Pero qué pasó? ¿Cómo estuvo?, preguntó Francisco Zendejas. Media hora estacionados en la vía pública sin saber qué hacer ni a dónde ir. No nos separemos. Vamos a mi oficina, dijo Abel Quezada, pero nadie se movió porque en la oficina de Quezada no había lugar para tantos”. (Vicente Leñero, Los Periodistas)

Estas dos instantáneas narran uno de los puntos nodales en la historia del periodismo contemporáneo en México, en donde Julio Scherer y Vicente Leñero fueron dos de sus principales protagonistas. Como es bien sabido, en 1968 Scherer asumió la dirección del periódico Excélsior y logró desarrollar un medio de comunicación sustentable, crítico y con una autonomía frente al poder hasta entonces no vista. Al ver la transformación del Excélsior y por ir en contra de las políticas autoritarias del gobierno, el presidente mexicano Luis Echeverría creó un conflicto en el sindicato de trabajadores del periódico y logró que Scherer dimitiera a su cargo. Más de cien periodistas y trabajadores se solidarizaron con el director y abandonaron al Excélsior, un diario que durante las siguientes décadas tuvo una línea editorial abyectamente oficialista.

La escena de los periodistas en la calle, caminando desconcertados por Paseo de la Reforma, cobró un significado muy distinto al paso del tiempo. El primer significado fue el de la derrota de los periodistas y la victoria de la política autoritaria, de los periodistas que fueron violentados en su casa y echados a la calle. El presidente Echeverría parecía haber ganado. Sin embargo el tiempo dio un nuevo significado a esta escena. Los periodistas que fueron expulsados a la calle entendieron que la calle era la libertad para hacer su trabajo y fuera del alcance de los tentáculos políticos y económicos de un gobierno autoritario. Echeverría, lejos de exterminar un proyecto periodístico, aceitó sus objetivos y pulió sus valores críticos. El ex presidente no supo que, al final, su estrategia daría un severo golpe al periodismo oficialista. El golpe al Excélsior significó el nacimiento de la revista Proceso y del periódico unomásuno, y después, indirectamente, de otros diarios como El Financiero y La Jornada.

Las muertes de Vicente Leñero y Julio Scherer operan como la conclusión o el término de una generación de periodistas que lograron transformar las relaciones de poder entre la prensa escrita y la estructura política. Hoy la prensa mexicana enfrenta nuevas y numerosas amenazas como el asesinato y desaparición de periodistas, la neoliberalización y mercantilización de las redacciones, o el financiamiento de los medios a través de recursos públicos. Sin duda, la imagen de los periodistas en la calle, debe recordarnos que ahí y así es como debe hacerse el periodismo: en libertad, de cara a la sociedad y sin ataduras económicas.

Este artículo fue publicado el 12 de enero de 2015 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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El monopolio de las decisiones públicas: déficit de diálogos públicos

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (3 de febrero de 2014)

Poco hemos estudiado en México sobre cómo nos comunicamos públicamente para tomar decisiones colectivas. Es posible definir el tipo de estructuras políticas que tenemos y podríamos decir que vivimos una larguísima transición democrática, o que somos una democracia con un pasado reciente con un sistema político que en el papel era democrático, pero con una profunda cultura autoritaria. La Revolución Mexicana dio paso a la creación de grandes estructuras institucionales, monolíticas y con poca posibilidad para la discusión o el disenso. En la práctica, estas estructuras le dieron estabilidad al país, el cual pudo vivir un proceso de pacificación y se encarriló hacia a ruta modernizadora que sus líderes trazaron. En una sociedad que se mudaba del campo a las ciudades y en pleno proceso de industrialización, poco espacio hubo para discutir colectivamente cuál era la ruta que el país debía seguir. En el último cuarto del siglo XX, el país poco a poco comenzó a transformar estas instituciones, hasta llegar al punto en que estamos actualmente.

Evidentemente no hay comunidad ni democracia perfecta, pero sí podemos encontrar ejemplos de sociedades que han logrado discutir sus problemas con mayor éxito que otras. Pienso, por ejemplo, en Costa Rica, un país que ha sabido debatir públicamente sus problemas y aspiraciones ambientales, que ha lo llevado a convertirse en un centro de servicios ambientales para el mundo. Los países escandinavos son reconocidos por las decisiones que han tomado en relación a cómo administrar sus poderes energéticos. En México seguimos atorados con las discusiones públicas que nos unen como nación. Si lo revisamos en un nivel macro, encontraremos temas importantísimos que siguen en el cajón de los pendientes de la Revolución: el caso de un país que se niega a pensarse como multicultural, aun a pesar de su importante porcentaje de población indígena; está el caso del uso y administración de los recursos naturales, el cual sigue enfrentando a diversas fuerzas políticas; o también podemos traer a cuento los modelos de desarrollo a través de los cuales México está vislumbrando su futuro.

Esta situación también se puede observar en el plano local. La ciudad de Guadalajara y el estado de Jalisco tienen serios problemas sociales por la falta de una discusión pública democrática. Está el caso de la discusión sobre el agua, que ha llevado a postergar durante décadas la elaboración de una estrategia que garantice el abasto de este servicio a la población durante los siguientes años. La falta de un debate al respecto, ha detonado un conflicto social en Temacapulín, un evidente deterioro del lago de Chapala y ha dejado a muchos jaliscienses sin este servicio. Otro caso paradigmático de la falta de discusión, gira en torno al modelo bajo el cual se debe desarrollar la capital del estado. En semanas recientes, el caso de Valle Real, da pie para ejemplificar la falta de diálogos públicos, pues vemos a una comunidad, con alto capital político y económico, que se niega a discutir la incorporación de ciclovías en sus alrededores y la apertura de calles pública que de facto las han convertido en privadas.

Hace un par de años participé en un proyecto de investigación en el cual observamos, precisamente, cómo se desarrolló una discusión pública en Guadalajara. El caso que utilizamos para realizar esta observación fue el de la Vía Exprés. Eran tiempos en los cuales Emilio González, en su megalomanía de quedar inmortalizado, ideó planes para realizar grandes obras públicas, como el tristemente famoso “Puente Atirantado”. La Vía Exprés, era un proyecto que pretendía crear una autopista privada que cruzaría la ciudad a través de un puente elevado que pasaría por encima de lo que hoy es la avenida Inglaterra. La propuesta causó fuertes polémicas, pues muchos técnicos, ciudadanos, activistas y académicos, evaluaron de forma negativa el proyecto emilista. En la investigación observamos cómo es que el tema de la Vía Exprés se discutió en los periódicos de mayor circulación de Guadalajara y encontramos “cuatro elementos que limitan el diálogo público: un gobierno que no abre espacios de comunicación con la sociedad civil, y que por el contrario, buscar imponer sus políticas públicas de forma unilateral; un sistema de medios de comunicación, en este caso de periódicos, que hace poco periodismo de investigación, que privilegia la voz de los funcionarios públicos y relega la participación de otros actores sociales; una amplia participación de ciudadanos que escriben ‘quejas’ en la sección de correo de lector de los diarios, pero que no trascienden a esta acción (no se organizan ni se integran a asociaciones o movimientos sociales), y una sociedad civil (organizaciones y movimientos) muy activa, pero con estrategias poco efectivas para integrase al diálogo público”.[1]



El plan de la revolución institucionalizada (sic) de principios del siglo XX sirvió para ordenar a un país que durante el siglo XIX había vivido momentos políticos y culturales sumamente caóticos, sin embargo es insuficiente para servir a una sociedad completamente distinta. La cultura política de México desde hace varias décadas va a destiempo respecto de las necesidades que manifiesta la sociedad. Esto es contradictorio, pues esta misma sociedad, que ya es otra, es la que permite y contribuye la reproducción de esta cultura política. Una ciudad zanjada históricamente por la Calzada Independencia y que resguarda en cotos a una sociedad burguesa que teme mezclarse con otros sectores sociales, son solo algunos de los rasgos de una sociedad que está llamada a discutirse a sí misma. De lo contrario, las condiciones de vida de los habitantes de esta comunidad seguirán siendo altamente desiguales.


[1] Las conclusiones de esta investigación se publicaron en el artículo: Raúl Acosta, Juan S. Larrosa-Fuentes, y Sofía Paláu Cardona, “Decisiones Públicas Sin Diálogo Público: Análisis de Los Argumentos Sobre El Caso de La Vía Exprés Vertidos En La Prensa de Guadalajara,” Comunicación y Sociedad no. 21 (2014): 139–159, http://www.comunicacionysociedad.cucsh.udg.mx/sites/default/files/a5_37.pdf.

Este artículo fue publicado el 4 de febrero de 2014 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa “Señales de Humo”, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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