Control Room y la Guerra contra el narcotráfico en México

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

En México, vivimos en guerra. Lo dice el Presidente, lo reportan las noticias, lo confirman los hechos: es la guerra contra el narcotráfico. Este tema se ha convertido en la médula de la agenda pública del país y me parece que viene a cuento reflexionarlo. Entonces comienzo con la recomendación de un documental, que proyectamos hace unos meses en la universidad, como parte de un ciclo de cine sobre medios de comunicación. La selección de esta muestra, hecha cuidadosamente por Diego Mejía, incluyó una serie de documentales que tienen en común una temática orientada hacia los medios de comunicación. Para esta ocasión quisiera retomar el caso de Control Room. Éste es un documental que salió a la luz en 2004, dirigido  por Jehane Noujaim (realizador de ascendencia egipcia y estadounidense) y que retrata las relaciones entre televisora Al Jazeera y un Centro de Mando del Ejército de los Estados Unidos durante la invasión a Irak en 2003. Los personajes del documental son, por un lado los directivos y reporteros de este canal de televisión árabe, y por el otro, los soldados y voceros de prensa del ejército estadounidense.

Este documental, que lo pueden comprar o descargar de la red, muestra el lado oscuro de la luna durante una intervención militar y que difícilmente podemos observar críticamente en occidente, si es que tenemos como referencia a CNN o a Fox News. La de Irak fue una guerra desigual, con una gran cantidad de errores militares que costaron vidas civiles, pero sobre todo, fue una guerra que, al menos públicamente, tenía un objetivo ficticio: derrocar a Sadam Housein porque supuestamente durante los últimos años se había dedicado a desarrollar armas de destrucción masiva. Todos sabemos que las armas nunca fueron encontradas y que la invasión continuó pero con otro objetivo: llevar la libertad del mundo occidental hasta los territorios del medio oriente.

Control Room comienza con la voz de Samir Khader, entonces productor ejecutivo de Al Jazeera, quien dice (y cito): “no se puede hacer la guerra sin rumores, sin medios de comunicación o sin propaganda. Si quien planea una guerra no coloca a los medios de comunicación en la parte principal de su agenda… es un militar que hace mal su trabajo” (fin de la cita). La construcción mediática de esta guerra logró que los estadounidenses, quienes pagaron por ella, se convencieran que no quedaba más que seguir pacificando con armas aquellos territorios que amenazaban su propia libertad. Los medios, no nada más informan, sino que también crean consensos para tomar decisiones, en este caso, la de entrar a una guerra.

La legitimación de una guerra, y la lejanía de quienes están a su cabeza y la financian, me recuerda aquella vieja serie de “Los años maravillosos” en la que Kevin Arnold, sumergido en los suburbios gringos, desayuna tranquilamente mientras observa las atrocidades de la guerra de Vietnam.

Esto me lleva a un segundo momento de reflexión. ¿Han ustedes tomado su desayuno mientras una voz grave y contundente señala: “el mochomo fue localizado”? ¿Les ha tocado conducir en su automóvil y escuchar en la radio que el pozolero será sentenciado? ¿Se han dispuesto a ver los noticiarios nocturnos de López Dóriga y Javier Alatorre y constatar las decenas de minutos que utilizan para reportar a “los sicarios que se matan entre sí” y a un envalentonado presidente que desde la comodidad de un estrado dirige una guerra contra el narcotráfico?

Este observador se declara pacifista. Sin embargo, habría que señalar que la guerra se gana con las acciones en el campo. Es cierto, claro, que se necesita del consenso, tal como lo señala Chomsky o los productores de la película de Control Room, para que una población financie estas operaciones bélicas. Pero sin éxito en el campo, el fracaso será atroz. Tal como sucedió a Estados Unidos en Vietnam o ahora en medio oriente, la guerra contra el narcotráfico (lo que quiera que esa denominación signifique) está lejana al calificativo de exitosa.

La propaganda que el Estado mexicano propala a través de los medios de comunicación, desde hace tiempo que se ha visto rebasada por la realidad. Los platós cinematográficos y las campañas publicitarias ayudan al consenso, pero muchas veces están lejos de influir en el orden de realidad de las cosas. Es entonces cuando el discurso político se agota y cuando la comunicación del Estado se reporta como un fracaso rotundo.

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Archivado bajo Censura, Cine, Criminalización de la protesta social, Democracia y comunicación, Derecho a la información, Libertad de expresión, Medios de comunicación masiva, Televisión, Terrorismo y medios de comunicación

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