Citizen Kane, o el imperio periodístico de William Randolph Hearst

Citizen Kane

Citizen Kane

Por Juan S. Larrosa-Fuentes

Hace setenta años, en 1941, Estados Unidos aún no entraba cabalmente a la Segunda Guerra Mundial y mientras tanto, desarrollaba con gran prosperidad las nuevas industrias de entretenimiento, que más tarde algunos las denominarían como industrias culturales. Y fue precisamente en aquel año cuando se estrenó en Nueva York la que para muchos críticos cinematográficos ha sido la mejor película de todos los tiempos. Me refiero, por supuesto, a Citizen Kane, dirigida e interpretada por Orson Welles.

Siete décadas después vale la pena recordar este filme por muchas razones. Un de ellas es para alentar a quienes no han visto Ciudadano Kane a que lo hagan, pues más allá del sospechoso mote de ser “la mejor película de todos los tiempos”, sí es una pieza cinematográfica que merece ser visitada; el DVD se consigue fácilmente y se espera que a finales de septiembre se lance una versión en formato Blue-Ray a manera de celebración de su setenta aniversario. Pero también vale la pena regresar a ella porque narra la historia de Charles Foster Kane, el controvertido dueño de una cadena de periódicos en Estados Unidos que se destaca por sus incursiones en las esferas políticas, por sus éxitos empresariales, por un retorcido entendimiento de la práctica periodística y por las excentricidades de su vida privada… un personaje que tiene similitudes con muchos magnates de la comunicación que desarrollaron sus fortunas durante el siglo XX.

En 1940 Orson Welles llegó a Hollywood como un genio de apenas 24 años que había triunfado espectacularmente en Nueva York, luego de haber dirigido obras de teatro memorables y de revolucionar la industria de la radio a través de obras de ficción. La adaptación radiofónica de “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells, que narra la llegada de marcianos a la Tierra fue todo un suceso porque al ser transmitida sembró el pánico entre los escuchas (aunque recientemente se ha puesto en duda esta idea, para más información ver: “A 75 años de la transmisión de La Guerra de los Mundos: entre el mito y la realidad”), pues muchos pensaron que no se trataba de una pieza de ficción y que realmente nuestro planeta estaba siendo invadido por extraterrestres. Esta trayectoria hizo que Orson Welles fuera contratado por RKO Pictures para realizar dos películas. Al final de su historia, Welles tan solo pudo hacer una: Citizen Kane, que a la postre sería reconocida como “la mejor película de la historia”, pero que en su tiempo fue un fracaso comercial. Después de esta incursión, el director norteamericano hizo trabajos audiovisuales nada relevantes y poco a poco su fama y éxito se diluyeron hasta llegar al olvido.

El paradójico destino de esta película (su fracaso comercial y su éxito en la historia del cine), tiene su explicación en la trama de la película. Herman J. Mankiewicz, guionista de Ciudadano Kane y ganador de un premio Oscar en 1941, convenció a Orson Welles de crear un argumento basado en la vida del empresario William Randolph Hearst, quien desarrolló uno de los grandes emporios mediáticos estadounidenses de la primera mitad del siglo XX. Orson Welles creó una brillante pieza cinematográfica, pero a costa de la reputación de uno de los hombres más poderosos de su tiempo. Hearst hizo todo lo que estuvo en sus manos para boicotear la película y logró que fracasara comercialmente, pues tuvo una exhibición muy pobre, también consiguió darle un golpe mortal a la carrera de Welles, pero no pudo detener lo que finalmente se convertiría en un hito de la historia del séptimo arte.

William Randolph Hearst

William Randolph Hearst

William Randolph Hearst fue un estadounidense que nació el 29 de abril de 1863 y que murió el 14 de agosto de 1951, diez años después de la publicación de Ciudadano Kane. Hearst nació y murió rico, pues su padre poseía una de las minas de oro más prósperas de Estados Unidos del siglo XIX. Sin embargo, cuando llegó su tiempo de trabajar, Hearst rechazó hacerlo en las minas y se dedicó a dirigir un pequeño periódico que su padre poseía en California, el San Francisco Examiner (su slogan era “Monarch of the dailys”), el cual sería la base del imperio mediático que construiría en las siguientes décadas. En aquellos años Hearst se distinguió por ser un empresario joven con ideas muy arriesgadas y poco usuales para su época y comenzó a crear noticias para vender más periódicos. Por ejemplo, entre algunas de estas noticias inventadas, se cuenta que un día le pidió a un reportero que se subiera a un ferry y que después saltara a la bahía de San Francisco, para saber cuánto tiempo tardarían en rescatarlo las autoridades de la localidad.

Sin embargo, la ciudad de San Francisco comenzó a ser pequeña para las grandes aspiraciones de Hearst y en 1895 decide mudarse a Nueva York para competir con los 14 periódicos que en ese entonces circulaban en esa ciudad, pero particularmente contra el rotativo New York World de J. Pulitzer. La batalla con estos periódicos no se hizo esperar y generó una gran competencia comercial y periodística. Cada uno de estos medios de comunicación buscó ser el más leído y para tales fines comenzaron a desarrollar un periodismo que privilegiaba la estridencia, que magnificaba los hechos sangrientos y que pagaba a los involucrados en las noticias para dar entrevistas exclusivas. De esta guerra de periódicos entre 1895 y 1898 se desprendió el concepto de “prensa amarilla” o de “amarillismo informativo”, para describir estas prácticas periodísticas. (Le llamaron “prensa amarilla” porque los diarios de Hearst y Pulitzer, comenzaron a editar historias en color amarillo. Particularmente, en ambos diarios, se popularizó la caricatura “The Yellow Kid”).

Hearst (Ciudadano Kane), tuvo la primera cadena nacional de periódicos en Estados Unidos,[1] uno de cada cinco norteamericanos leía sus diarios, logró vender hasta un millón de copias en sus mejores días y se jactaba de “dictar la opinión pública de su país”. Fue congresista y después quiso ser alcalde de Nueva York, pero fracasó en el intento. Años más tarde se postuló un par de veces para la presidencia con escasos resultados. Poco a poco, en la primera década del siglo XX Hearst fue perdiendo el poderío que tuvo en décadas atrás. Sus periódicos comenzaron a perder la influencia política de antaño y su éxito se basaba en un periodismo que reporteaba la farándula estadounidense y la vida privada de los personajes públicos. De ahí que la publicación de la película Citizen Kane, en donde se exhibía toda su vida privada, haya sido como una taza de su propio chocolate.

Setenta años después, Ciudadano Kane sigue siendo una narración muy exitosa sobre el desarrollo de los emporios mediáticos en un mundo capitalista, ya que la producción de periódicos brinda poderes económicos, pero particularmente políticos. En la actualidad estamos observando uno de los últimos ejemplares de esta clase de empresarios al estilo William Randolph Hearst. Este es el caso de Rupert Murdoch, el empresario de origen australiano que en pleno siglo XXI tiene un gran emporio mediático diversificado en periódicos, estaciones de televisión y estudios cinematográficos en todo el mundo. En semanas recientes su nombre ha estado en el centro del debate internacional, precisamente porque algunos de sus periódicos han sido exhibidos por sus prácticas periodísticas deleznables, como el espionaje de líneas telefónicas de políticos, deportistas o artistas o la creación de noticias inexistentes… tal como en su momento lo hicieron los creadores del periodismo amarillo William Randolph Hearst y J. Pulitzer.

A siete décadas de la aparición de la película Citizen Kane, el debate sobre la regulación económica y política de los medios de comunicación sigue más vigente que nunca. ¿Hasta dónde el Estado debe intervenir en la regulación de estas empresas privadas? ¿Hasta dónde se debe dejar que el mercado regule a los medios de comunicación? Sin duda, la vieja historia de Hearst y el reciente culebrón de Murdoch, nos dejan muchas respuestas.


[1] Entre los 28 diarios que integraron su imperio mediático se pueden mencionar ‘Los Angeles Examiner’, ‘The Boston American’, ‘The Atlanta Georgian’, ‘The Chicago Examiner’, ‘The Detroit Times’, ‘The Seattle Post-Intelligencer’, ‘The Washington Times’, ‘The Washington Herald’ y el que fue su diario principal ‘Tha San Francisco Examiner’. Fuente: Wikipedia. Además, tuvo la posesión de empresas editoriales, emisoras de radio y revistas, de las que destacan ‘Cosmopolitan’, ‘Town and country’ y ‘Harper´s Bazaar’.

Este artículo fue publicado el día 15 de agosto de 2011 como parte de la columna de opinión “Sistema Autorreferencial” del programa Señales de Humo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara.

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7 comentarios

Archivado bajo Cine, Medios de comunicación masiva, Monopolios y medios de comunicación, Prensa

7 Respuestas a “Citizen Kane, o el imperio periodístico de William Randolph Hearst

  1. Bernardo Masini

    ¡Muy ilustrativo! Y por supuesto, la película es una joya.

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  2. Eduardo Carrillo

    El link de la película completa
    http://www.cuevana.tv/peliculas/841/citizen-kane/

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  3. literaturadolores

    ¡Qué buena clasesita de historia de comunicación! Sobre todo la analogía con el caso de Murdoch que nos tiene al filo de la butaca, jajaja. Un saludo a los Quids!

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  4. Magdalena Sofía Paláu Cardona

    Excelente artículo… muy oportuno para mis alumnos que verán la película dentro de un par de semanas…Gracias Juan!

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